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Justicia y escándalos · Inglaterra

La taza, el dedo y la declaración

Mary Cox fue herida de muerte en casa de Mary Benson, llamada Maria Theresa Phipoe, tras una visita a Garden Street el 25 de octubre de 1797. Los testigos hallaron la estancia cerrada; la víctima señaló a su agresora antes de expirar. En el juicio, los testimonios de Cox y de Benson divergieron sobre el inicio de la disputa y la amputación de un dedo.

La taza de porcelana no formaba parte del trato. Mary Cox había comprado a Mary Benson un reloj de oro y otros efectos por once libras; el 25 de octubre de 1797, pidió que se añadiera a la venta una taza colocada sobre la repisa de la chimenea. Poco después, yacía malherida en la casa de Garden Street. En el juicio contra Benson, conocida asimismo por el nombre de Maria Theresa Phipoe, la taza reapareció en dos relatos que disentían tanto en el origen del forcejeo como en el dedo cercenado. La crónica contemporánea del European Magazine, publicada en diciembre de 1797, da cuenta de los testimonios, la sentencia y la ejecución.

La dueña de la casa oyó una lucha y gemidos que provenían del aposento de Benson. Llamó a unas vecinas y aporreó la puerta, que se hallaba atrancada. Benson respondió que la mujer había sufrido una indisposición y que ya se reponía. Cuando por fin entreabrió la puerta, los testigos la vieron empapada en sangre. Una de las mujeres forzó entonces la entrada y descubrió a Cox tendida en el suelo. Bajó a toda prisa las escaleras al grito de «¡asesinato!». El periódico añade que la herida la siguió hasta la cocina, donde se encontraba cuando llegaron los cirujanos y los bedeles parroquiales.

Cox ya no podía hablar, pero logró darse a entender ante un bedel: señalaba hacia la mujer del piso superior como la causante de sus heridas. El hombre subió de nuevo y encontró a Benson sentada en el lecho. Interrogada sobre lo que había hecho, se dice que respondió: «No lo sé; creo que el diablo y la pasión me han embrujado». Sobre la mesa yacían un trozo de dedo y un cuchillo. Benson reconoció el arma y afirmó que el dedo era el suyo, y que Cox se lo había cortado. El bedel formuló entonces la pregunta a la moribunda, quien negó haber seccionado dedo alguno.

Al día siguiente de los hechos, Cox prestó declaración ante un magistrado. Afirmó haber reclamado la taza tras la adquisición del reloj y de los demás objetos. Cuando extendía la mano hacia la chimenea, Benson la habría acometido en el cuello con un cuchillo, continuando luego con las heridas e inmovilizándola sobre la cama. Cox sostenía que su agresora pretendía impedirle hablar.

En el juicio, Benson ofreció un origen muy distinto a la violencia. Según su testimonio, se había entablado una querella a propósito de John Cortois. Cox le habría reprochado que pretendía volver con Cortois para ser de nuevo su manceba; Benson replicó que jamás lo había sido. La disputa derivó en injurias. Había dos cuchillos sobre la mesa. Cox habría empuñado uno de ellos y asestado un golpe a Benson, cortándole el dedo. Trastornada por el dolor y la cólera, Benson habría herido entonces a Cox. Declaró no recordar nada de lo sucedido después. Esta versión reconocía las cuchilladas infligidas por Benson, pero situaba la herida del dedo y la primera agresión en el bando contrario. No negaba, pues, la violencia comprobada; trasladaba su causa y presentaba los golpes letales como una reacción al dolor.

Pelham refiere un proceso anterior de Benson, acaecido en 1795 y vinculado a John Cortois. Se trata de un episodio independiente y no del homicidio de Cox. Aquí, el nombre surgió en el altercado tal como lo relató Benson; Cox habría replicado que ya en Old Bailey se había probado que Benson había sido amante de Cortois, extremo que esta negó con vehemencia. El acta yuxtapone estas inculpaciones sin considerarlas una prueba irrefutable de lo acaecido en la habitación.

Los cirujanos describieron cinco heridas en el cuello y la garganta, además de otras tantas lesiones corporales. Tanto el facultativo que examinó a Cox en la vivienda como el que la asistió en el hospital coincidieron en que dichas heridas causaron su muerte. Así, las lesiones y su fatal desenlace no dependían únicamente de las palabras de Benson o de la víctima. No obstante, los pormenores del enfrentamiento seguían en disputa: quién empuñó primero el cuchillo, de qué forma fue cortado el dedo y en qué instante el altercado degeneró en ataque mortal.

La patrona con la que Cox se hospedaba y otra persona allegada testificaron acerca de la estima que la víctima profesaba a Benson. A menudo la habían oído manifestar que creía que dicho afecto era recíproco. El periódico no sitúa a estas testigos en el aposento durante la agresión; aludieron únicamente a la relación que habían observado de antemano. Sus declaraciones introdujeron en la vista un pasado de cercanía, precisamente cuando ambas versiones exhibían palabras de hostilidad. Recordaban que acusada y víctima habían mantenido un trato asiduo antes del día del crimen, pero nada revelaban sobre el motivo de la disputa ni sobre el orden de los golpes. El testimonio contrastaba con las injurias referidas por Benson, sin bastar por sí solo para dirimir cuál de los dos relatos reflejaba el gesto inicial.

La causa se juzgó en Old Bailey ante el barón Perryn. Tras veinte minutos de deliberación, el jurado declaró a Benson culpable. Durante la lectura de la sentencia, ella solicitó al juez que hablara más alto y afirmó carecer de miedo. Ante la fórmula final que impetraba la misericordia divina sobre su alma, la crónica le atribuye una réplica escéptica. Al registrarla a la salida de la sala, se le incautó un gran frasco de láudano en el bolsillo. El periódico consigna el objeto sin brindar explicación alguna sobre su presencia.

Según Pelham, Benson fue ejecutada el 11 de diciembre; la crónica coetánea sólo precisa que fue un lunes, frente a la puerta de los deudores de Newgate. El artículo refiere que la acompañó un sacerdote católico, que entregó una guinea al recluso considerado más digno de socorro y otra al verdugo. Permaneció suspendida de la horca durante una hora, a la vista de una nutrida muchedumbre, antes de que su cadáver fuera entregado a los cirujanos para su disección. La crónica detalla este desenlace público con mayor minuciosidad que el instante en que se desencadenó la violencia.

Al principio de la causa, una mujer solicita una taza de porcelana que la otra le había autorizado a llevarse. En la declaración de Cox, la mano tendida hacia la chimenea antecede a la cuchillada en el cuello. En la defensa de Benson, una reyerta a cuenta de Cortois precede al ataque con el arma blanca, y Cox le cercena primero el dedo. Los testigos, las heridas y los objetos materiales atraviesan ambas versiones, pero no consiguen disipar su contradicción. El jurado zanjó la culpabilidad; el acta deja al lector el accidentado sendero por el que las voces y los indicios condujeron a tal veredicto.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La fuente primordial es la crónica contemporánea de la European Magazine, diciembre de 1797, artículo 7, pp. 426-427, cotejada con las dos páginas del facsímil. El capítulo de Pelham ha sido asimismo examinado en su totalidad, si bien contiene un proceso previo e independiente concerniente a John Cortois. Este último solo se menciona aquí a título de antecedente alegado en el altercado habido entre Cox y Benson; en ningún caso se confunde con el homicidio. Las declaraciones textuales se ciñen a las recogidas por la publicación periódica y su transcripción original.

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