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Justicia y escándalos · Reino Unido

El bando de Tring

En Tring, en 1751, un bando público señala a John y Ruth Osborne para someterlos a la prueba del agua. El gentío los arranca de sus sucesivos refugios; Ruth perece en el estanque de Marlston Mere. Thomas Colley es condenado y ejecutado. Esta versión sigue la relación retrospectiva publicada por Camden Pelham en 1887.

El 18 de abril de 1751, un hombre llamado Nichols acudió ante William Dell, pregonero público de Hemel Hempstead, en Hertfordshire. Le entregó un papel que debía ser leído en voz alta. El bando anunciaba que, el lunes siguiente, un hombre y una mujer serían arrojados públicamente al agua en Tring, como castigo por sus crímenes. No decía quiénes eran. No aportaba prueba alguna. Se limitaba a prometer una ceremonia a la que el público quedaba invitado.

En la edición de 1887 consultada, la recopilación retrospectiva de Camden Pelham da cuenta del caso. Da los nombres de las personas señaladas: John Osborne y su esposa Ruth. El anuncio también fue pregonado en Winslow y en Leighton Buzzard, en días de mercado; viajaba así de villa en villa antes de que el matrimonio fuera conducido hacia el estanque. Su fórmula cabía en unas pocas líneas. El gentío que estaba llamada a congregar, en cambio, pronto no cabría ya en los lugares donde se intentaría ocultar a los Osborne.

El señor Barton, celador parroquial de Tring, supo que las dos personas destinadas al escarmiento eran los Osborne. No tuvo, según el relato, duda alguna de su buena reputación. Los hizo trasladar a la workhouse, el asilo parroquial, a fin de protegerlos de quienes los acusaban de brujería. La voz circulaba ya como una sentencia: al hombre se le tachaba de brujo; a Ruth, de bruja. Mas el aviso público no precisaba falta alguna, y Pelham no consigna, en este punto, ningún hecho que pudiera dotar de sustancia a la acusación.

El primer amparo no pareció suficiente. La víspera del día anunciado, el regente de la workhouse, alarmado por lo que había oído sobre las disposiciones del vecindario, hizo trasladar a John y a Ruth a la sacristía de la iglesia. Eligió dicha estancia por parecerle más segura. Semejante desplazamiento, no obstante, no los puso fuera de peligro. Su resguardo seguía siendo provisional: no había cambiado el tenor del bando ni detenido su difusión.

El relato distingue dos medidas que fácilmente podrían confundirse. Barton, avisado de antemano de la designación del matrimonio, lo pone a salvo; el regente de la workhouse, que oye hablar de las intenciones amenazantes de la población, traslada después a sus protegidos. Uno obra en nombre de la parroquia antes de la llegada de la muchedumbre; el otro busca un recinto más seguro en la víspera del día fijado. Entre estas dos decisiones, los cónyuges no son llevados ante un juez: cambian de escondite en una aldea donde el bando circula ya abiertamente. El relato muestra así que la protección dependía de personas y de edificios que la multitud podía alcanzar.

Llegado el día, cerca de cinco mil personas, según el cálculo transmitido por Pelham, se congregaron junto a la workhouse. Exigían que se les entregara al matrimonio. Derribaron parte de un muro, hicieron pedazos las ventanas y sus marcos. El rumor había precedido a los Osborne; la asamblea deseaba ahora ver a quienes ya había juzgado. El encargado afirmó que se habían marchado. Nadie le creyó.

Varios hombres irrumpieron en el edificio y registraron alacenas, cajas, arcones, hasta el salero de la casa. Buscaron asimismo en el techo, donde los yeseros habían dejado una abertura. Thomas Colley figuraba entre los más activos; propuso inspeccionar aquel rincón. No hallaron a nadie. Entonces las amenazas cambiaron de escala: el gentío anunció que echaría abajo la casa y prendería fuego a la aldea si no le entregaban a la pareja.

El regente de la workhouse terminó por revelar adónde habían conducido a los Osborne. Pelham censura esta decisión, tomada con desprecio de su seguridad; consigna, al mismo tiempo, la coacción ejercida sobre el hombre obligado a protegerlos. La sacristía, que había sucedido a la workhouse como cobijo, dejó de serlo. Colley se puso al frente del grupo que marchó hacia el templo. John y Ruth fueron arrancados de su asilo y conducidos a continuación hasta Marlston Mere, el estanque donde debía consumarse la pena improvisada.

La relación describe los actos sin dejar lugar a dudas sobre su brutalidad. Despojaron a los dos esposos de sus vestiduras y los envolvieron por separado en unas telas. Pasaron una soga bajo las axilas de Ruth; dos hombres tiraron de ella dentro del agua y la hicieron cruzar varias veces de una orilla a otra. Colley entró también en el estanque. Con la ayuda de un palo, la volteaba de un lado a otro. Después la dejaron en la orilla, mientras sumergían a John.

El hombre fue sometido dos veces a esta prueba; a Ruth la devolvieron al agua en tres ocasiones. En la última tanda, la tela que la envolvía se desató. Este detalle figura consignado en el relato, pero la violencia del episodio no precisa ser exagerada para comprenderse. Extenuada, Ruth intentó aferrar el palo que Colley empujaba contra su pecho. Pereció en el acto, según Pelham. Tras llamarla «la vieja bruja», Colley dio la vuelta al estanque recaudando dinero entre los espectadores, como cobro por el entretenimiento que afirmaba haberles brindado.

La multitud se dispersó. Sacaron el cadáver del agua y el cirujano Foster lo examinó. En las pesquisas del juez de instrucción, declaró no haber hallado herida interna ni externa alguna, salvo una leve rozadura en la piel de uno de los pechos. Atribuyó el deceso al agua y al cieno que habían sofocado a Ruth. El informe no convierte esta comprobación en una descripción sensacionalista: basta para distanciar la violencia colectiva de las palabras que la habían precedido. La acusación había anunciado una prueba; el cirujano describía una muerte.

Colley fue puesto bajo custodia. Al celebrarse el juicio, Foster reiteró su testimonio. Pelham añade que existían otras pruebas concluyentes contra el reo, sin detallarlas en este pasaje. La defensa de Colley consistió en sostener que, lejos de desear el mal de los esposos, había pretendido protegerlos de la violencia. El jurado lo declaró culpable y fue condenado a muerte. La distancia entre esta versión y los hechos atestiguados quedaba ya sometida a los magistrados: Colley había guiado a la turba hasta la sacristía y luego tomado parte en lo sucedido en el estanque.

Tras la condena, Pelham lo presenta como un hombre que aparentaba estar arrepentido. Esta apreciación pertenece al relato de 1887; no nos faculta para escrutar el fuero interno del sentenciado. La crónica refiere, en cambio, con exactitud las últimas etapas de su traslado. La víspera de la ejecución, cien hombres del regimiento de los Oxford Blues, a las órdenes de siete oficiales, lo escoltaron desde la cárcel de Hertford hasta la de St Albans. A las cinco de la mañana siguiente, subió a una carreta junto al verdugo; llegaron al cadalso hacia las once.

Su esposa y su hija acudieron a darle el último adiós. El clérigo de Tring lo asistió en sus postreros momentos. Thomas Colley fue ejecutado el 24 de agosto de 1751; su cadáver fue colgado después con cadenas en Gubblecut, cerca del paraje donde se había perpetrado el crimen. El relato concluye con este suplicio, sin dilucidar la suerte judicial de los demás partícipes ni llevar la cuenta de los miles de personas congregadas.

La causa se había iniciado con un bando, como si la infamia pudiera suplir a la prueba y la multitud a los jueces. Pasó de la workhouse a la sacristía, de la sacristía al estanque, derribado cada amparo por una nueva embestida de la muchedumbre. La sentencia recayó sobre Colley. En las páginas de Pelham, las voces que habían reclamado a John y a Ruth permanecen anónimas; su número, sin embargo, perdura. Así fue como aquel papel de Hemel Hempstead, concebido para convocar a los curiosos, se convirtió en el acto primero de una muerte colectiva por la que un solo hombre fue conducido aquí hasta el cadalso.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La fuente es una recopilación retrospectiva de Camden Pelham publicada en 1887, no la transcripción íntegra del proceso. El relato le atribuye los hechos y las declaraciones que refiere; el capítulo concluye antes del texto dedicado a George Burroughs en la colonia de Massachusetts, causa por completo distinta.

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