En el verano de 1696, sir John Fenwick es arrestado en Kent mientras intenta ganar las costas de Francia. Guillermo III ha escapado unos meses antes a una conspiración de magnicidio; el historiador Paul Seaward distingue, no obstante, este proyecto de otro en el que Fenwick se halla implicado: una empresa destinada a secundar una invasión francesa. El texto del acta de proscripción —el bill of attainder— señala que fue acusado el 28 de mayo, bajo juramento de George Porter y Cardell Goodman, por haber participado en reuniones encaminadas a enviar a Robert Charnock ante Jacobo II y alentar una invasión del reino. Esta formulación jurídica expone el cargo retenido por el Parlamento; en modo alguno constituye la relación neutral de un juicio contradictorio.
En la carta que remite a su esposa tras su detención, Fenwick se da por perdido. Solo le quedan, escribe, las gestiones de protectores influyentes; en su defecto, sobornar a algunos miembros del jurado para que resistan hasta que los demás cedan. Haría falta, sin embargo, que la misiva llegara a lady Mary sin ser leída. Es interceptada en manos del mensajero. El historiador Seaward precisa que el acusado se había ocultado tras descubrirse el complot de magnicidio y que fue capturado en junio, al intentar huir. La carta, referida por Borrow, descubre de entrada el terreno en el que se ventilará la causa: no únicamente lo que Fenwick hizo, sino la manera en que se podrá demostrar.
Durante su primer interrogatorio ante los lords jueces, lo niega todo. Al exhibírsele la carta, queda desconcertado. Pretende entonces una garantía sobre su vida a cambio de revelaciones, en una negociación privada con el duque de Devonshire. El rey rehúsa prometer nada por adelantado: desea juzgar por sí mismo la veracidad y la trascendencia de las informaciones.
Fenwick opta entonces por ponerse a merced del soberano. En una primera memoria, describe conciliábulos jacobitas, pero dispensa a los miembros de su propia facción. Afirma que Jacobo II y sus agentes les habían asegurado que los condes de Shrewsbury y de Marlborough, lord Godolphin y el almirante Russell se habían reconciliado con el antiguo rey y actuaban desde entonces a su favor. Borrow juzga estas acusaciones desprovistas de fundamento y destinadas, sobre todo, a sembrar la desconfianza. Fenwick no aporta circunstancias ni indicios que las sostengan.
La respuesta real no le proporciona la certidumbre que anhela. Una orden prevé su enjuiciamiento en caso de no aportar nuevas revelaciones. Fenwick solicita un nuevo examen bajo juramento ante los lords jueces. Reconoce entonces la existencia de comunicaciones entre los jacobitas, Jacobo II y la corte de Francia. Refiere que el conde de Aylesbury se habría entrevistado con el monarca francés y propuesto el envío de un ejército de treinta mil hombres, con la promesa de que un nutrido número de caballeros y caballos se sumaría a sus filas. Así presenta Fenwick las negociaciones, según la versión transmitida por Borrow.
Estas revelaciones sacan asimismo a la luz las fracturas del movimiento. Borrow distingue a los compounders, que pretendían arrancar a Jacobo II garantías para la religión y las libertades del reino, de aquellos a quienes denomina non-compounders, resueltos a confiar en él sin condición alguna. Fenwick describe esta controversia, pero, a decir de la crónica, continúa escudando a sus allegados: señala ante todo a individuos ya comprometidos por testimonios previos o lo bastante distanciados como para no quedar expuestos de forma inmediata.
La batalla de los testigos había comenzado antes de la detención misma, a juicio de Seaward. Borrow refiere sus maniobras siguiendo los afanes de lady Mary: la esposa de Fenwick se aproxima a Porter. Se le ofrece abandonar Inglaterra a cambio de una suma inmediata y una renta vitalicia. Porter aparenta aceptar la negociación, mas prepara una celada: reúne a quienes le han hecho la oferta, entre ellos lady Mary, en la cita concertada para la entrega del dinero. Varios testigos ocultos escuchan el coloquio; a una señal acordada, irrumpen y apresan al grupo junto con los fondos. Borrow consigna que se instruyó un proceso penal y que los implicados fueron declarados culpables y castigados.
El otro testigo, Goodman, sufre en principio un ataque contra su reputación. Su tenor de vida, apunta Borrow, brinda materia sobrada para desacreditarlo. Dicho recurso no basta; se le persuade de abandonar el país. Cuando llegan las últimas instrucciones previas a la vista, no quedan ya dos testigos de cargo. Conforme a la crónica de Borrow, mediante la aplicación del procedimiento ordinario, Fenwick debió haber sido absuelto. La causa, no obstante, queda reservada para el periodo de sesiones del Parlamento.
El rey transfiere a los Comunes los dos pliegos entregados por Fenwick. Conducido ante la Cámara, este rehúsa ofrecer mayores explicaciones sobre su contenido. Los representantes rechazan sus acusaciones, calificándolas de falsas y escandalosas, y ordenan acto seguido la presentación de un bill de proscripción (attainder), mecanismo que permite condenarlo por decreto parlamentario y no mediante el juicio penal ordinario. El acta aprobada recuerda que Porter y Goodman habían prestado testimonio jurado contra él con anterioridad, y que Goodman había desaparecido durante las prórrogas otorgadas a Fenwick para formular las revelaciones prometidas. Retoma asimismo la acusación de que Fenwick había asegurado una confesión cabal antes de presentar papeles fundados en meros rumores que arrojaban sospechas sobre miembros del gobierno. Tales son, desde ese instante, los términos de su condena.
Borrow recalca la tenaz oposición que el trámite halló a cada paso. Los estudios de Seaward confirman la controversia: el acta de attainder fue impugnada porque facultaba al Parlamento a imponer una pena capital prescindiendo de las garantías probatorias de un juicio ordinario. En la Cámara de los Lores, el texto sale adelante por una estrecha mayoría de siete votos. La sanción regia es otorgada el 11 de enero de 1697.
Fenwick comprende entonces que ya no le asiste esperanza alguna de salvar la vida. Solicita el auxilio de un obispo suspendido de sus funciones, gracia que le es denegada; es finalmente el obispo Burnet quien lo asiste. Fenwick es decapitado en Tower Hill el 28 de enero de 1697. Esta fecha, ofrecida por Seaward y corroborada por los registros de archivo, enmienda el 23 de enero que figura impreso en Borrow. El cronista le atribuye cincuenta y dos años de edad. Yace sepultado junto al altar de St Martin-in-the-Fields al lado de sus tres hijos. Lady Mary, primogénita del conde de Carlisle, mandaría levantar asimismo un monumento a su memoria en la catedral de York. La última semblanza que Borrow traza de ella es la de su lealtad conyugal: ningún ardid, escribe, dejó de ensayarse para intentar salvarlo.
