En Hounslow Heath, dos viajeros sentados en una calesa son despojados de cinco guineas, ocho chelines y un reloj. El jinete que les corta el paso desaparece con el botín, que empeña al día siguiente por libra y media. El reloj pasa del bolsillo de un viajero al mostrador de un prestamista; el hombre que se desprende de él ya ha cruzado el Atlántico y mudado de identidad para volver a vivir a expensas ajenas, según la trayectoria consignada por Borrow.
Hijo de un baronet, nacido en Londres en 1717 y educado en las aulas de Eton, Parsons es enviado en primer término como guardiamarina en el Drake, con rumbo a Jamaica. Un permiso en tierra firme le permite reanudar el cortejo a la hija de un médico de Bishop’s Waltham; acaricia el propósito de desposarla para poner la mano sobre sus bienes. Su tío lo devuelve a alta mar, primero hacia Jamaica y después rumbo a Terranova. Más adelante, Parsons entra al servicio de la Royal African Company en el río Gambia, pero se enemista con el gobernador y regresa a Inglaterra. Esta sucesión de partidas no le depara fortuna ni independencia alguna; únicamente alimenta nuevas exigencias hacia unos allegados a los que ya ha defraudado con creces.
En la hacienda de su tío, deja encinta a una sirvienta y es puesto de patitas en la calle. Vaga hasta Londres con tres medios peniques para sobrevivir durante cuatro jornadas. Un cochero le permite dormir en un pajar; un antiguo conocido le procura un camastro y qué llevarse a la boca. Su padre consiente después en recibirlo, pero tan solo le deja cinco chelines. Parsons se entera de que una tía ha legado una suma a su hermano: pide dinero prestado bajo la promesa de dicha herencia, haciéndola pasar por suya.
La parentela le consigue luego un despacho de alférez en el regimiento de Cholmondeley. Contrae matrimonio con una joven cuyo padre acaba de fallecer y cuyo patrimonio restablece su desahogo financiero. El matrimonio alquila residencias, mantiene carruaje, caballos y servidumbre muy por encima de sus rentas. Es entonces cuando se cruza con el doctor N., tahúr y asiduo a los garitos de juego, quien se gana su confianza y lo arrastra a sus partidas. Las deudas crecen; muy pronto, el tren de vida y los acreedores pesan mucho más que el flamante rango militar.
Destinado con su regimiento en Flandes, Parsons continúa contrayendo empréstitos mediante anualidades e hipotecas. Acosado por los acreedores castrenses, vende su comisión para saldar sus compromisos. El doctor N. regresa con él a Inglaterra. Las deudas impiden a Parsons hacer vida marital; toma en arriendo una habitación en Gough Square bajo el falso nombre de capitán Brown y finge ser soltero. Corteja a la hija de su casero, la abandona a su suerte y la desdichada doncella termina en la prisión de Newgate por deudas. La crónica presenta este lance como el instante preciso en que el engaño hiere de forma directa a quienes han procurado tenderle la mano.
Llega al extremo de urdir una farsa de ceremonia nupcial con el único fin de expoliar a un joyero. En una taberna, manda llamar a un clérigo y pide alianzas sencillas y sortijas de diamantes, destinadas, según dice, a su futura esposa. Cuando el orfebre exhibe las joyas, Parsons saca una letra de cambio y exige el cambio en efectivo. En el último instante, alega que liquidará la cuenta tras la bendición. La mujer abandona el aposento con el pretexto de una repentina indisposición; Parsons sale a su vez, dejando su sombrero para no levantar sospechas, y desaparece en compañía de su cómplice. El clérigo y el joyero se ven obligados a sufragar el gasto que el tunante ha dejado pendiente.
El mar parece brindarle de nuevo un borrón y cuenta nueva. En 1745, embarca como capitán de infantería de marina a bordo de un corsario. Tras apresar un navío francés que conducen hasta Cork, cae enfermo y permanece en tierra cuando el barco zarpa. Falto de fondos, gira letras de cambio contra comerciantes londinenses. Abandona luego Irlanda en una embarcación francesa capturada, desembarca en Plymouth y emprende el regreso a Londres. Los pagos prometidos jamás se honran; las idas y venidas de Parsons parecen marchar al compás de los bajeles que logra abordar y de los créditos que consigue abrir.
No tarda en ser apresado por una estafa y condenado a la deportación penal de ultramar. Refiere el texto que, tras purgar siete meses de cárcel, es embarcado con rumbo a Maryland y desembarcado en Annapolis el 30 de noviembre de 1749. Borrow lo califica de «common slave» durante unas siete semanas tras su condena a la transportación; la crónica no dilucida el contrato o la condición jurídica precisa bajo la cual fue enajenado en Virginia. Un noble, conmovido por su infortunio, lo acoge bajo su techo; Parsons no tarda en marcharse a lomos del caballo de su bienhechor. Por el camino, asalta primero a un jinete y después a una dama y a su acompañante en una calesa. Cruza acto seguido el Potomac, vende la montura y sube a un barco que lo devuelve a costas inglesas.
En Whitehaven, su retorno le depara una nueva coyuntura propicia. Falsifica una carta en la que se comunica el fallecimiento de su padre y aduce haber regresado para entrar en posesión de una inmensa hacienda. Un comerciante le adelanta setenta libras contra una letra librada contra un banquero de Londres. Parsons malgasta el dinero en ropajes y en los garitos que frecuentaba antes de su partida. Cuando sus recursos se agotan, pasa de las cédulas fraudulentas a las armas de fuego y al asalto en los caminos.
Borrow sitúa a continuación un asalto en descampado en Hounslow Heath, fijando la fecha en agosto de 1748. Semejante hito cronológico no concuerda con el relato que acaba de condenar a Parsons al destierro ultramarino, conducirlo a Maryland en noviembre de 1749 y regresarlo más tarde a Whitehaven. El texto no esclarece este anacronismo ni permite enmendarlo a falta de otra fuente documental. El reloj sustraído se empeña al día siguiente; más adelante, Fuller, un antiguo perseguidor de Parsons, lo reconoce en el camino en compañía de Best.
Fuller y Best le intiman a mantener las distancias; Parsons, no obstante, persiste en seguirlos hasta Hounslow, donde un tercer jinete se incorpora a su comitiva. Los dos hombres bajan de la calesa, le conminan a rendirse o ser arrestado y lo conducen a una estancia de la posada. Parsons les entrega sendas pistolas cargadas. El posadero, que regenta el Rose and Crown, reconoce en sus facciones la filiación de un salteador de caminos intensamente buscado por la zona. Un alguacil halla en sus bolsillos un cuerno de pólvora y munición de plomo. El texto no consigna que Fuller y Best fuesen las víctimas del robo de la calesa: Fuller es presentado de forma explícita como el antiguo querellante de Parsons en una causa por estafa.
Ante el magistrado, Parsons invoca la honorabilidad de su linaje e implora clemencia. Es remitido a Newgate. Borrow refiere que abrigó la esperanza de un indulto hasta el último minuto. El título de un impreso coetáneo custodiado en la Biblioteca Huntington aclara lo que esta compilación deja en la penumbra: Parsons fue ajusticiado en Tyburn el 11 de febrero de 1751 por el delito de quebrantamiento de condena de deportación. Su retorno a Inglaterra, tras tantas partidas presentadas como flamantes comienzos, se convierte en la causa de su suplicio. En la posada, entregó sus pistolas cargadas a los dos hombres que lo habían reconocido; ante la justicia, ya no le quedaba más recurso que esgrimir el ilustre apellido familiar.
