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Justicia y escándalos · Inglaterra

El capote robado en el camino

Antes de ser condenado como salteador de caminos, Henry Cook protagonizó una larga cadena de robos, deudas y huidas. Durante el asalto a una diligencia de Colchester, el capitán Mawley abatió al ladrón Taylor; acto seguido, Cook despojó a Mawley y saqueó el cadáver de su compinche. Diversas identificaciones y efectos robados condujeron finalmente a su detención.

En la semblanza de Henry Cook transmitida por George Borrow, una escena memorable tiene por escenario Finchley Common: el ladrón aferra la brida de un caballo y conmina al jinete a descabalgar so pena de muerte. El hombre obedece. Cook se apodera de su dinero y de su montura. El caballero le ofrece entonces tres guineas a cambio de que envíe el animal a una posada de St Albans. El salteador lo promete, pero, una vez en marcha, decide conservarlo. El propietario aguardará en vano una cabalgadura que el forajido no tiene intención de restituir.

Cook había sido en su origen aprendiz de cortador de cuero. Su padre le estableció más tarde con taller propio en Stratford, donde el joven contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. El negocio decayó cuando empezó a desatender el oficio y a frecuentar malas compañías; las deudas llegaron a ser tan acuciantes que abandonó el hogar por temor a los alguaciles. En compañía de un boticario llamado Young, saqueó huertos, estanques de pesca y corrales. Se ofreció una recompensa y se libró una orden de arresto. Advertido a tiempo, Cook permaneció oculto durante dos meses en casa de un pariente en Grays, en el condado de Essex.

Llegó luego a sus oídos que un corchete de Stratford prometía prenderle. Cook le escribió intimándole a «mirar por su pellejo»: si sus caminos se cruzaban, le saltaría la tapa de los sesos. Aquella misiva bastó para amedrentar al oficial de justicia. De regreso en Stratford, Cook descubrió a un hombre en actitud íntima con su esposa; enfurecido, cargó con los muebles y los malvendió en Londres. Un pariente de Shoreditch le dio cobijo mientras le duró el peculio. Cuando se agotaron sus últimos recursos, Cook adquirió pólvora, balas y pistolas en Moorfields.

En el camino de Newington despojó de quince chelines a un viajero y regresó de inmediato a Londres. Al día siguiente se apostó en Finchley Common e interceptó al jinete del episodio inicial. Tras guardarse el caballo prometido a St Albans, cruzó el campo hasta Enfield Chase y solicitó amparo en una posada donde era conocido, pretextando temer una orden de arresto. Permaneció allí dos jornadas y luego robó unas seis libras en Tottenham. Al día siguiente obtuvo ocho libras de una diligencia en la ruta de St Albans. La publicación de un bando que describía con exactitud el caballo sustraído le forzó a abandonar su guarida.

En Hadley Common, cerca de Barnet, Cook desvalijó a un caballero y le obligó a trocar las monturas, dejando su propio caballo a la víctima. En Mims divisó en la posada a otro viajero al que ya había asaltado con anterioridad. Se precipitó a las caballerizas, montó a horcajadas y huyó a galope tendido. Entre Mims y Barnet se topó con ocho jinetes; uno de ellos reconoció al animal. Cook fingió haberlo comprado en la posada de Bell, en Edmonton, y propuso cabalgar juntos hasta allí para corroborar su coartada. Cerca de la aldea se desvió por una callejuela y encañonó con su pistola a los perseguidores. Se congregaron lugareños y cayó la noche; Cook abandonó el caballo y se internó en la espesura de un bosque.

Regresó a Londres y no tardó en volver a los caminos. En Finchley, aún receloso por la persecución, dejó pasar primero a varios viajeros; mas, al caer la noche, arrebató el caballo y cinco libras a un anciano. Poco después obligó a otro jinete a canjear su montura por la que acababa de robar. El legítimo dueño del primer caballo alcanzó a este segundo viajero, reconoció a la bestia y la recuperó, dejando al inocente forzado a proseguir a pie. Cook, por su parte, regresó a su antiguo refugio junto a la Chase.

Pronto se insertaron anuncios sobre el caballo en las gacetas. Su propietario, acompañado por tres hombres, sorprendió a Cook y lo condujo a Newgate. No obstante, en la siguiente sesión de Old Bailey, el damnificado no osó jurar con certeza sobre su semblante, por lo que Cook resultó absuelto. Sus allegados saldaron sus deudas y el hombre volvió a convivir con su esposa en Stratford. Reabrió asimismo su taller, pero el dinero del bandidaje seguía siendo una tentación constante. Tras exhibir treinta libras ante su oficial Taylor, Cook le preguntó cómo invertir tal suma en la compra de cuero. Taylor comprendió al instante de dónde procedía el caudal y le propuso asociarse para actuar en los caminos. Cook aceptó el trato.

Los dos hombres asaltaron a partir de entonces numerosas diligencias en los confines de Epping Forest. Sus reiterados golpes sembraron el terror en la comarca, si bien su cautela demoró las sospechas. El capitán Mawley tomó asiento en la cesta zaguera de la diligencia de Colchester con el propósito expreso de tenderles una emboscada. Cuando Cook y Taylor exigieron el dinero a los pasajeros, Mawley disparó: el proyectil alcanzó de lleno a Taylor en la cabeza. Sin vacilar, Cook encañonó al capitán, le arrebató el dinero bajo amenaza de muerte y registró con presteza el cadáver de su socio mientras el carruaje reanudaba la marcha. Oyó a unos campesinos comentar que conocían al finado y que solía acompañarle Cook. Se agazapó tras un seto, escuchó con atención y cruzó campo a través en dirección a Londres.

En la capital, Cook pasó tres días entregado al desorden y al despilfarro, tras lo cual encomendó a un pariente recabar noticias en Stratford. Se habían librado mandamientos judiciales en su contra y le aconsejaban enrolarse en la marina. Fingió asentir, pero compró un caballo y partió hacia Brentwood. Allí oyó hablar del «célebre salteador de caminos de Stratford» y, a la mañana siguiente, siguió a una diligencia a cuyos viajeros despojó de treinta libras. Se unió fugazmente después a una cuadrilla londinense. Cerca de Bow interceptaron un carruaje que devolvía a varios colegiales a sus hogares. Llegó entonces a caballo el señor Cruikshanks; uno de los bandidos le exigió la bolsa y, ante su vacilación, otro cómplice le asestó un golpe mortal en el acto. Los forajidos se repartieron el botín en una taberna próxima a Hackney Marsh. Cook abandonó pronto la banda, pero el recuerdo de aquel homicidio no dejó de atormentarle.

Bajo nombre supuesto se trasladó a St Albans, donde trabajó tres semanas como zapatero. Mas, al ver cruzar la villa a un salteador de caminos perseguido por la justicia, presa del pánico huyó hacia Woburn. En el trayecto robó cincuenta libras y un caballo a un hacendado, y continuó hasta Birmingham, donde vendió el animal y abrió una tienda bajo la identidad de Stevens. La señora Barrett, a quien contrató como ama de llaves y más tarde tomó por amante, le acompañaba a las carreras y a los festejos. Los fondos menguaban con rapidez. Cook le refirió que una tía suya le pasaba una renta de cien libras anuales y partió con el pretexto de cobrar el vencimiento. Cerca de Dunstable robó un caballo y dieciséis libras a un labrador; en Daventry conoció a un mercader de Mánchester con quien cabalgó hasta Coventry. Cook le recomendó ocultar el dinero ante el peligro del camino, metió el suyo en la caña de la bota y observó cómo el comerciante se guardaba una bolsa de oro en el bolsillo. En un atajo desierto le encañonó y le arrebató treinta y cinco guineas.

Cook regresó a Birmingham y prosiguió con su comercio, volviendo al camino tan solo cuando escaseaban los caudales. La pregunta de un comerciante de Londres sobre el tiempo que llevaba avecindado en la ciudad bastó para precipitar su huida. Cerca de Highgate despojó de su caballo y de su dinero a un tal Zachary. Al día siguiente perpetró otro asalto en Epping Forest y regresó por Stratford. Saludó a antiguos conocidos sin desmontar de la silla. Su pariente le instó nuevamente a escapar. En Mims, adonde acudió a reunirse con él, Cook le pidió que vendiera cinco relojes; el hombre se negó y le aconsejó darles salida él mismo en Londres. Casi al anochecer siguió a una calesa hasta la pendiente de Holloway y exigió la bolsa a los dos caballeros que viajaban en ella. Estos espolearon los tiros en lugar de obedecer. Cook disparó, hirió a uno de ellos en el brazo y huyó hacia Mims.

A la mañana siguiente marchó a Londres para deshacerse de los relojes. Una mujer lo reconoció en Cheapside, lo siguió sigilosamente hasta una posada de Norton Folgate y fue en busca de un alguacil. El agente halló en poder de Cook cinco relojes y cerca de nueve libras. Zachary lo identificó formalmente ante el magistrado. Cook se ofreció a declarar contra supuestos cómplices; la oferta fue desestimada y se decretó su ingreso en Newgate. La crónica refiere asimismo que urdió un plan para matar a los carceleros y fugarse, pero la conjura fue descubierta y dio con sus huesos en los calabozos subterráneos.

Juzgado en Old Bailey y condenado a muerte, Cook blasonó al principio de despreciar la sentencia. Cuando llegó la orden de ejecución, le sobrevinieron violentas convulsiones y no recuperó ya la salud ni el denuedo. Fue ahorcado en Tyburn el 6 de diciembre de 1741. Borrow no precisa cuál de todos los asaltos relatados constituyó el cargo que le acarreó la pena capital.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Borrow sitúa la ejecución de Cook en la horca de Tyburn el 6 de diciembre de 1741. La crónica enumera diversos asaltos e imputaciones, impidiendo deslindar con certeza cuál de los robos fundamentó de manera exclusiva la condena capital.

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