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Imposturas y fortunas · Francia

El restaurante y los cuatro títulos

En Chambéry, los cuatro títulos sustraídos de la residencia del presidente Tiollier reaparecen en manos del hostelero Aghettar y de Senta, mientras un segundo allanamiento permanece sin autor conocido. Los testimonios divergen; el jurado condena a Aghettar por receptación y absuelve a Aimone.

Al despuntar la mañana, la arqueta del señor Tiollier yacía en el umbral de su establecimiento, en una de las calles más transitadas de Chambéry. Estaba cerrada. El manojo de llaves que el comerciante solía llevar consigo descansaba encima; en su interior permanecían otros valores de mayor cuantía que los que habían desaparecido. No obstante, cuatro títulos de deuda pública al portador habían abandonado su escondite. Pocas semanas más tarde, dos de ellos serían negociados en Marsella bajo una identidad supuesta, y otros dos en el propio Chambéry.

El señor Tiollier presidía el tribunal de comercio. A principios de septiembre de 1873, constató el robo de cuatro títulos de renta tasados en 1025 francos en las actas judiciales. A finales de octubre, hallándose él y sus criados todavía en el campo, tuvo lugar un segundo allanamiento. En esta ocasión, los ladrones se llevaron seiscientos francos en moneda extranjera. El armario ya violentado con anterioridad había sido forzado de nuevo y registrado con meticulosidad. Ambas desapariciones guardaban correspondencia, mas su autor continuaba en la penumbra.

La pista de los títulos no afloró hasta más adelante, merced a una misiva del director de la deuda inscrita. Dos títulos habían sido negociados en Marsella el 13 de octubre; otros dos, tres días después, en Chambéry. En esta última plaza, el hostelero Aghettar los había presentado a su banquero habitual. En Marsella, el individuo que los había llevado se había hecho llamar Pierre Senta. La distancia geográfica entre ambas urbes no impidió que las tramas confluyeran: Aghettar conocía a Senta, y ambos se alojaban en casa de Aimone.

Interrogado sobre la operación efectuada en Chambéry, Aghettar no negó haber presentado los títulos; no obstante, alteró su procedencia. Según sus explicaciones, Senta y Aimone le habrían presentado a un desconocido italiano, y él no habría tenido motivo alguno para desconfiar de semejante forastero. En un primer momento, Senta y Aimone corroboraron esta versión, declarando al unísono no poder suministrar indicio alguno sobre el personaje. Aimone fue arrestado; Senta logró darse a la fuga.

Las cartas remitidas con posterioridad por Aghettar a su compinche confirieron a aquella cautela un matiz bien distinto. El 27 de diciembre, mientras la gendarmería le seguía los pasos, Aghettar escribió a Senta bajo una señas y un nombre supuestos. Le informaba de que Aimone aún permanecía en su tienda, de que a él lo buscaban con afán, y le prometía mantenerlo al corriente. Dos días más tarde, lo urgía a reunirse con él en Bardonecchia, en las inmediaciones de la frontera italiana, a fin de concertar el modo en que habrían de responder a los interrogatorios.

A finales de aquel mes, Aghettar fue sometido a un nuevo interrogatorio. Declaró entonces que Senta se había ausentado de Chambéry durante tres días de octubre bajo el pretexto de viajar a Lyon, y adujo ignorar su paradero actual. Añadió que Senta debió de haberlo engañado al entregarle los títulos. La deposición de Troccar había confirmado en un principio la presencia de Senta en Marsella el 13 de octubre. Sin embargo, Troccar rectificó tras aconsejarse con su esposa, tía carnal de Aghettar: reveló entonces que había sido el propio Aghettar quien acudiera a negociar ambos títulos bajo el nombre de Pierre Senta, cobrando la suma de 18 400 francos. Aquella revelación desmentía de plano la especie según la cual Senta había marchado a Lyon y Aghettar desconocía su paradero.

Senta, confinado en Italia tras haberse entregado a las autoridades, ofreció una relación inédita de los hechos. Aseguró haber entregado los cuatro títulos a Aghettar en una misma jornada. A su juicio, la fábula del desconocido de Chambéry era una estratagema concebida para presentar los títulos ante el banquero como procedentes de un parroquiano endeudado, manteniendo a Aghettar a cubierto de cualquier contratiempo. Añadió haber recibido únicamente quinientos francos, que de inmediato puso en manos de Aimone. La demasía, sostuvo, había quedado en poder de Aghettar; este solo habría ido a prevenir a Aimone tras el arresto, desvelándole entonces que la gestión marsellesa se había consumado a nombre de Senta.

La justicia se hallaba huérfana de un testimonio concorde. Aghettar negaba la negociación en Marsella, admitiendo tan solo los dos títulos que ya había reconocido haber cursado en Chambéry y que decía haber recibido de un desconocido. Senta lo acusaba de haberse reservado la mayor parte del producto obtenido en Marsella. Aimone negaba toda participación. Con todo, los instructores cotejaron las declaraciones con sus fechas, con el cruce de correspondencia y con los desembolsos de Aghettar. A su regreso a Sottegno, Senta se encontraba, según los autos, en la más absoluta indigencia. Aghettar, por el contrario, venía efectuando desde la fecha del robo pagos y adquisiciones que parecían desbordar con creces los caudales de su restaurante.

El 3 de diciembre, entregó catorce mil francos a cuenta de la adquisición de una finca valorada en treinta y dos mil francos, e insistió en satisfacer con prontitud la totalidad del importe. Luego, el 30 de diciembre, víspera de su detención, exigió el reintegro inmediato de diversas cantidades que le adeudaban sus deudores, a pesar de haberles otorgado moratorias previas. Les arguyó que se hallaba en apuros, que había adquirido ciertos efectos y que confiaba en solventar la situación con numerario. En un interrogatorio ulterior, explicó haber retenido los fondos durante varias semanas a la espera de que el legítimo dueño de los títulos se manifestara; dejó entender, empero, que en tal caso bien habría podido remitírselos por conducto postal.

El segundo expolio planteaba un enigma independiente. Las divisas extranjeras se volatilizaron el 26 de octubre, con posterioridad a la negociación de los títulos los días 13 y 16. La fractura guardaba similitud con la primera y el armario había sido registrado de nuevo; no obstante, la crónica no vincula esta segunda sustracción con los procesados por la receptación de los títulos. La deja consignada en el relato como un hecho huérfano de autor imputado. Dicha distinción resulta capital: la causa penal no refunde dos robos sucesivos en una sola acusación con respuestas para cada extremo.

La vista no exhibió a un reo desasistido frente al clamor general. Cerca de cuarenta testigos —banqueros, comerciantes y menestrales— comparecieron para manifestar la confianza y estima que profesaban a Aghettar. Aimone gozaba asimismo de excelentes informes. La defensa hizo valer la laboriosidad y el crédito de que había gozado el hostelero. En el curso de los debates, Tiollier se constituyó en parte civil. Aghettar, por boca de su letrado, se mostró presto a resarcirlo en capital, intereses y costas. A la mañana siguiente, antes de reanudarse la sesión, se formalizó una transacción en escritura pública con el afianzamiento del matrimonio Troccar. Restaban aún por deponer numerosos testigos de descargo; el resarcimiento se verificaba, por ende, durante el juicio y no tras el fallo.

El ministerio fiscal rehusó considerar dicho reintegro como la clausura del proceso. A ojos del fiscal general, la tardía restitución no podía cancelar el quebranto inferido al orden público; es más, el crédito social de Aghettar le habría servido cabalmente para derivar la responsabilidad hacia el compinche prófugo. La defensa, por su parte, insistió en la actividad de su patrocinado, en sus virtudes profesionales y en el crédito que le dispensaban sus relaciones. Arguyó que las apariencias no bastaban para acreditar que conociese la espuria procedencia de los títulos.

Los debates concluyeron tras varias jornadas de viva controversia. El jurado declaró a Aghettar culpable de receptación, sin circunstancias agravantes; no lo condenó, por tanto, como autor material de la sustracción de los títulos. El tribunal le impuso cinco años de prisión y diez años de sujeción a vigilancia. Aimone resultó absuelto. La crónica no refiere el destino judicial de Senta ni esclarece el segundo robo de los seiscientos francos. Al término de la causa, cuatro títulos de renta habían conducido así ante el tribunal a un respetado hostelero, a un compinche errante y a un posadero cuyo papel exacto jamás llegó a dilucidarse.

Nota documental: crónica contemporánea de las sesiones de los días 25, 26 y 27 de mayo de 1874. Los relatos contradictorios de Aghettar y Senta quedan consignados; la condena referida recae sobre el delito de receptación, al paso que Aimone es absuelto. El registro OCR de origen presenta diversas lecturas defectuosas y no ha sido cotejado con el facsímil.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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El recibo de Bardonecchia

En una ciudad ficticia, un hostelero indemniza a su víctima antes de que concluya el juicio por unos títulos robados. El recibo notarial parece zanjar el litigio, hasta que una carta cursada bajo nombre supuesto reaparece en el sumario. Personajes, proceso y veredicto son fruto de la invención. La novela corta sigue los pasos de una joven empleada que presenció la firma del documento, ignorando que la fianza encubre una deuda más remota; cada testigo jura velar por la honra ajena, mientras una rúbrica decisiva falta siempre en el momento oportuno.

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Los cuatro títulos al portador

Un joven juez de ficción debe esclarecer dos allanamientos, una negociación bancaria en el extranjero y tres versiones irreconciliables de una misma entrega. Personajes, escenarios, hechos y desenlace son imaginarios. La novela alterna las epístolas de un prófugo con las declaraciones de un acreditado hostelero, hasta que un billete de banco falsificado descubre que el dinero de la indemnización cambió a su vez de manos. La trama escudriña la sima que media entre una reputación intachable y la prueba de un conocimiento culpable, sin elevar la sospecha a certidumbre.

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Los papeles del crédito

Esta trilogía de ficción entrelaza tres procesos financieros en urbes imaginarias: unos títulos negociados bajo falsa identidad, una caja mercantil desvalijada tras una quiebra fraudulenta y un testamento alterado para salvar un emporio familiar. Acusados, testigos, autos y veredictos son ficticios. Una oficiala de justicia sigue el rastro de los legajos de una causa a otra y comprende que el crédito no descansa únicamente en la confianza; depende asimismo de quién gobierna el relato cuando las cuentas no cuadran, y de quién tiene caudales para pagar antes de que caiga el veredicto.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Gazette des Tribunaux, entrega del 1–2 de junio de 1874, Audiencia de lo Criminal de Saboya, sesiones del 25–27 de mayo, páginas impresas 524–525. Crónica periodística contemporánea, transcripción OCR privada no diplomática, ceñida a la reseña del proceso. El primer robo concierne a cuatro títulos tasados en 1025 francos según la fuente; en Marsella, Troccar señaló en un inicio a Senta para luego, tras retractarse, declarar que Aghettar había negociado los títulos en su propio nombre y percibido 18 400 francos. El segundo allanamiento, relativo a seiscientos francos, no fue atribuido.

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