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Imposturas y fortunas · Inglaterra

Los nombres falsos de Charles Price

Charles Price multiplica las identidades y los disfraces para poner en circulación billetes falsificados. Tras arrastrar a un joven criado a sus ardides, regresa ante comerciantes y banqueros; acorralado tras un nuevo golpe contra el Banco, es hallado muerto en su celda antes del juicio.

El joven se presenta en la camisería bajo el nombre de «el honorable señor Bolingbroke». Elige unas medias de seda, dispone que se entreguen en Hanover House y empeña su palabra de pago. Acto seguido, se despoja de su atuendo elegante, recobra su aspecto habitual y regresa a la tienda: su patrón le encomienda precisamente el paquete destinado a tan imaginario cliente. El mancebo lo lleva de inmediato a una casa de empeños. Charles Price ha urdido la farsa para robar a su propio amo; descubierta la trapisonda, pierde su puesto de trabajo. En la crónica de Pelham, esta escena prefigura ya su método invariable: usurpar una identidad, valerse de la reverencia a las apariencias y encomendar a un tercero el transporte de los frutos del fraude.

Price había nacido en Londres hacia 1730. Su padre regentaba un negocio de ropas usadas en Monmouth Street. Según la crónica, el muchacho le sustraía prendas, las revendía oculto tras algún disfraz y dejaba a veces que su hermano encajara los golpes en su lugar. Entró como aprendiz de un camisero de St James’s Street. El robo de las medias truncó de golpe aquella primera tentativa de seguir un oficio honrado.

Trasladado más tarde a Holanda, adoptó el nombre de Johnson y logró colocarse como dependiente en la casa de un comerciante mediante una carta de recomendación apócrifa. Sostiene Pelham que sedujo a la hija de su principal y huyó con una suma considerable antes de regresar a Inglaterra. Allí disipó el dinero con presteza. Pelham lo muestra pasando de una ocupación a otra al compás de sus descalabros: una cervecería, la predicación metodista, peticiones de fondos, rifas y operaciones mercantiles.

En 1775, Price hizo publicar un anuncio en busca de un socio para una fábrica de cerveza. Prometía una rentabilidad del cincuenta por ciento «sin riesgo alguno» y solicitaba entre quinientas y mil libras para la compra de enseres. La dirección señalada era el Cardigan Head, en Charing Cross. Samuel Foote, célebre actor y comediógrafo, le adelantó quinientas libras. El dinero se esfumó; la empresa no reportó a Foote un solo penique. Price regresó tiempo después para proponerle asociarse en una panadería. Foote le espetó: «Bien ha cocido usted la cerveza, y bien podrá ahora hornear el pan; ¡pero juro que jamás cocerá como ha dejado escaldada mi bolsa!». La réplica zanjó el lance, mas Price no tardó en asumir un nuevo papel.

Cuenta asimismo Pelham que Price se erigió en predicador metodista, insertó anuncios matrimoniales para caballeros y sonsacó cincuenta guineas a un hombre llamado Wigmore. Perseguido por esta estafa, restituyó parte de la suma y se dio a la fuga. Levantó luego una cervecería en Gray’s Inn Lane, quebró en 1776 y huyó rumbo a Alemania. Detenido por contrabando, regresó a Londres con trescientas libras, según Pelham. Probó fortuna de nuevo con otra cervecería en Lambeth, explotó una lotería y remitió cartas de pedigüeño. Pelham lo vincula a una banda dedicada a la fabricación y despacho de papel moneda falso; evitaba él mismo, según refiere, presentar los billetes y reclutaba intermediarios.

En 1780, bajo el nombre de Brant, tomó a su servicio a un joven mozo tras publicar un aviso. El muchacho aguardó una semana hasta que un cochero fue a recogerlo. En el interior del carruaje se topó con un anciano de rostro casi del todo embozado: piernas vendadas con franela, capote abotonado hasta la barbilla, un ancho parche negro sobre el ojo izquierdo y un marcado acento extranjero. Cuando el criado volvió a ver a su señor, este se había transformado en un joven esbelto y pulcramente vestido. La crónica recalca el contraste; no consigna el nombre del zagal. Price lo habría escogido por juzgarlo lo bastante simple como para cumplir los recados sin desconfiar de la carga que transportaba.

A decir de Pelham, el joven puso en circulación cerca de mil quinientas libras en papel moneda adulterado, destinadas sobre todo a la compra de billetes y participaciones de lotería. Prendido por la justicia, permaneció casi un año en prisión; con el tiempo se reconoció su inocencia y fue puesto en libertad. Price, por su parte, se había eclipsado de la escena pública.

Price reapareció en 1782 y se valió de un mozo llamado Power para sus menudas diligencias. Visitó asimismo a Roberts, un tendero de ultramarinos de Oxford Street, primero como parroquiano corriente, luego disfrazado de anciano decrépito y finalmente con el rostro teñido como si padeciera ictericia. El mancebo de la botica le suministró un remedio casero que su propio padre solía emplear. Días después, Price volvió asegurando haber sanado por completo y gratificó al joven con un billete de diez libras. Le rogó a continuación que le cambiara un billete de cincuenta libras. El dependiente obtuvo la moneda en casa de un vecino.

Al día siguiente, Price se presentó aprovechando la ausencia del amo. Entregó otros cinco billetes de cincuenta libras al muchacho y le encomendó llevarlos a los banqueros de Roberts. Los banqueros, creyendo atender una instrucción ordinaria de su cliente, efectuaron el canje. El dependiente había prestado un servicio a simple vista inocuo; aquella cortesía lo convertía, sin saberlo, en portador de billetes falsos por múltiples establecimientos. La aparente complicidad brotaba de la ignorancia minuciosamente orquestada por Price.

Procedió del mismo modo, bajo el alias de Wilmot, ante Spilsbury, afamado mercader de un ungüento milagroso, y ante otros comerciantes. Afirma Pelham que, en una sola jornada, Price colocó sesenta billetes de diez libras y cambió catorce billetes de cincuenta por siete billetes de cien.

Para su última intentona contra el Banco, Price adoptó el nombre de Palton y se hizo pasar por un tratante de lienzos irlandés. Encargó a dos jóvenes hacer correr los billetes mientras él permanecía al margen, invariablemente enmascarado tras sus disfraces. Un prestamista contribuyó finalmente a desbaratar su incógnito. Detenido el 14 de enero de 1786, Price negó con solemnidad los cargos y se mostró altivo ante el magistrado. Con todo, varios testigos lo identificaron bajo sus sucesivas metamorfosis. Pelham no da cuenta de vista pública ni de sentencia judicial: antes de que el Banco incoara formalmente su causa penal, Price apareció ahorcado del montante de la puerta de su celda, en la prisión de Bridewell, en Tothill Fields.

El carcelero descolgó el cadáver. Ocultas entre sus ropas hallaron tres cartas: una dirigida a los gobernadores del Banco, en la que, según Pelham, confesaba su responsabilidad en el grabado y puesta en circulación del papel; otra para su esposa; la tercera para el alcaide, agradeciéndole el trato deparado entre rejas. El tribunal del juez de instrucción municipal dictaminó que se trataba de un suicidio. Refiere la crónica que el cuerpo fue sepultado en Tothill Fields y que se atravesaron sus despojos con una estaca, conforme al rito de los ajusticiados por su propia mano.

Tras su óbito, se descubrieron en una arqueta dos narices postizas primorosamente moldeadas al natural. Las planchas empleadas para imprimir los billetes yacían enterradas en un descampado próximo a Tottenham Court Road, con el terreno debidamente allanado. La policía ordenó la destrucción de las matrices, de una prensa y de los demás útiles confiscados en su aposento. Su esposa, recluida como supuesta cómplice, fue excarcelada tras las exequias. Había alumbrado ocho hijos de Price.

De este caso podría nacer un libro

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

El nombre en el billete

En una ciudad portuaria imaginaria, un aprendiz de impresor descubre que las libranzas que le ordenan entregar llevan la firma de su propio padre. Deberá elegir entre denunciar el taller clandestino o permitir la condena de un muchacho reclutado como mandadero. Elija «Novela corta» para adentrarse en una trama concisa donde la lealtad filial, la sospecha y la culpa colisionan en el transcurso de una sola noche. Los personajes, los escenarios y la trama son enteramente ficticios; el relato no recrea la figura histórica de Charles Price.

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novela

La casa de las dos puertas

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trilogía

Las tres prensas

Esta trilogía de ficción sigue a tres generaciones de una estirpe de tipógrafos a través de ciudades imaginarias. El primer volumen gira en torno a un grabado prohibido; el segundo, sobre salvoconductos y cartas de navegación apócrifas; el último aborda unas cartas de crédito donde cada ejemplar incrimina a un miembro distinto del clan. Elija «Trilogía» para recorrer una saga donde las técnicas evolucionan, pero la fe entre los parientes se erige en el dilema supremo. Ningún personaje ni acontecimiento real de Charles Price ha sido incorporado a la obra.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Lectura íntegra del capítulo consagrado a Charles Price en la obra de Camden Pelham, The Chronicles of Crime or The New Newgate Calendar, vol. 1, transcripción OCR local, líneas 18628–18832 inclusive (2063 palabras), desde el epígrafe «CHARLES PRICE» hasta el término de la entrada correspondiente, antes de «HENRY STERNE, alias GENTLEMAN HARRY». No se han consultado el volumen completo, el facsímil impreso, las piezas procesales originales ni otras causas evocadas en la noticia. El texto constituye una crónica retrospectiva que reúne diversos episodios biográficos y estafas sin transcribir sus autos judiciales. Señala que Price fue prendido el 14 de enero de 1786 y hallado muerto en prisión antes de formalizarse la acusación del Banco; por consiguiente, el registro no contiene veredicto judicial de culpabilidad respecto a este encausamiento.

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