El reverendo Anthony Plow regresaba de dar un paseo cuando la puerta trasera de la rectoría se resistió. Alguien la sujetaba desde el exterior. Rodeó la casa y descubrió a Miles Wetherill en el patio. El joven tejedor había cortejado a Sarah Elizabeth Bell, antigua criada de los Plow, y no se resignaba al alejamiento impuesto. Plow le preguntó qué hacía allí. Wetherill alzó una pistola; el fulminante percutió sin detonar. De inmediato, atacó al párroco a golpes de hacha.
Plow consiguió refugiarse en la vivienda. Jane Smith, Elizabeth Spink y Mary Hodgson acudieron en su auxilio. Wetherill apretó un segundo gatillo, pero el arma volvió a fallar. Golpeó entonces a Jane en la cabeza. La muchacha se desplomó con los brazos en alto, implorando piedad. Plow logró escapar por la puerta principal y alcanzar la casa vecina. Según su testimonio, Wetherill lo persiguió a través del patio y le disparó de nuevo.
El agresor regresó al interior llamando a Sarah a grandes voces. Jane se había refugiado en el comedor. Wetherill introdujo el brazo por el resquicio de la puerta o forzó la entrada, y disparó. Murió en el acto. Elizabeth y Mary habían intentado detenerlo: una tirándole del cabello, la otra arrebatándole el hacha. No arremetió contra ellas. En la cocina, recargó su arma y subió hacia el dormitorio de la señora Plow, que acababa de dar a luz.
La nodriza, Margaret Ball, intentó cerrarle el paso. Wetherill la apartó asegurándole que no le haría daño alguno. Sabía, afirmó, que la mujer a la que buscaba se hallaba abajo. Cuando Ball descendió a abrir la puerta a quienes llegaban a socorrerlos, él entró en el aposento. La señora Plow se había ocultado bajo la ropa de cama. Disparó hacia el lecho sin alcanzarla y luego la golpeó en el rostro y la cabeza con el hacha. Ella se protegió con los brazos antes de quedar inmóvil. Wetherill, creyéndola muerta, cesó en su ensañamiento. Sobreviviría a sus heridas.
El recién nacido no sufrió golpe alguno. La crónica contemporánea del Home News, reproducida en el Southland Times, señala que murió tras verse separado de su madre herida. Este fallecimiento indirecto no debe confundirse con los de Jane y Anthony Plow, que las fuentes atribuyen de manera directa a los golpes de Wetherill.
El autor fue detenido sin oponer resistencia. El procurador Eastwood, que figuraba entre los primeros auxilios, declaró haberlo examinado: no le pareció ebrio ni presa de un arrebato de locura. Wetherill se refirió con serenidad a lo que acababa de hacer y pidió que el dinero hallado en sus bolsillos fuera entregado a su madre. En el bolsillo llevaba una fotografía de Sarah. Dijo que deseaba morir sosteniéndola entre las manos. Al preguntársele por qué había muerto Jane, respondió que otras dos personas habrían perecido de haber funcionado sus pistolas.
El asalto tuvo lugar en Todmorden el 2 de marzo de 1868. El Pitaval deforma el topónimo como «Trimorden» y su transcripción tipográfica lee 1863 en la frase de apertura; la prensa de la época sitúa los hechos en Todmorden en 1868. Las fechas de la muerte de Plow y del juicio difieren asimismo según los relatos; quedan consignadas conforme a sus fuentes en la nota documental.
Wetherill tenía unos veintitrés años. Vivía con su madre y gozaba de fama de joven formal. En 1867 se había prendado de Sarah, que contaba diecisiete años y servía en casa de los Plow. Solicitó al clérigo autorización para cortejarla. Plow se negó, juzgándola demasiado joven, y le exigió la promesa de no hablarle. Con todo, continuaron viéndose a hurtadillas. Al descubrir estos encuentros, Plow despidió a Sarah en el mes de noviembre.
Para Wetherill, aquel despido constituyó una afrenta que no logró superar. Culpó al pastor de haber arruinado el trabajo y la reputación de la muchacha. Aseguró que regresaría a la rectoría, quisieran o no, y que se cobraría su venganza. Plow declaró no haberlo visto merodear cerca de la casa después de febrero de 1868. No obstante, se oyeron detonaciones en las inmediaciones y la puerta trasera recibió varios perdigonazos. El testigo no pudo certificar que Wetherill fuera el autor.
La correspondencia permite seguir la mutación de su cólera. Durante el otoño, Wetherill aconsejaba aún a Sarah que abandonase su empleo si lo deseaba, expresándole a la vez cuán penosa le resultaría la separación. Tras el despido, el tono cambia: los Plow, escribe, han destruido su felicidad y jamás los perdonará. En noviembre, amenaza con revelar un secreto de Jane Smith, a quien considera instigadora de la ruptura. Sarah le suplica que renuncie a la venganza. No promete regresar; sus cartas procuran aplacar una ira cuyo peligro intuye. Este hilo epistolar no refleja una resolución súbita, sino una escalada: despido, agravios, amenazas. Aquellas líneas habrían de ser leídas de nuevo durante el proceso, a la luz del crimen consumado.
Sarah había encontrado una nueva colocación cerca de York. El 1 de marzo, Wetherill viajó hasta allí para verla. Conversaron, se devolvieron parte de sus cartas; él le entregó un guardapelo e insistió en que volviera a las cercanías de Todmorden. Ella se negó: se hallaba satisfecha con su nuevo empleo. El encuentro concluyó sin riña aparente, mas sin resolver nada. Al partir, él le escribió desesperado por abandonarla y le pidió que conservase el guardapelo. Al día siguiente, compró pólvora, perdigones y fulminantes a un armero. La distancia recorrida para ver a Sarah y su regreso a Todmorden pertrechado con estas municiones dotan a la víspera del ataque de una progresión palpable; los documentos callan lo que bullía en su mente durante el trayecto.
En la vista oral, Sarah confirmó que él le había hablado de venganza el día anterior a los hechos. Su declaración corroboraba cuanto dejaban entrever las cartas y lo que la adquisición de pólvora, plomo y cápsulas hacía materialmente patente. Ninguno de estos indicios, aislado, condensaba por sí solo su relación. En conjunto, ponían de manifiesto el abismo entre los reproches de Wetherill —que achacaba la ruptura a los Plow y a Jane— y la invariable respuesta de Sarah: no retomaría su empleo y le exigía abandonar sus amenazas. El jurado escuchó esta cronología. La acusación se apoyó en la concatenación de rencores y en los preparativos; la defensa pretendió hacer pasar la brutalidad del ataque por una manifestación de demencia.
Plow no compareció en el juicio: falleció a consecuencia de las heridas antes de la audiencia, si bien se dio lectura a su testimonio previo. El jurado declaró a Wetherill culpable del asesinato de Jane Smith. The Spectator ratifica la condena y la pena capital; su formulación periodística aludiendo a los «asesinatos» no altera el cargo preciso del veredicto. El Pitaval describe a un reo impasible y a un magistrado que desestimó el argumento de la enajenación. Ningún dictamen médico independiente figura en aquellas crónicas.
El fallecimiento de Plow motivó una pesquisa independiente del juez de instrucción forense (coroner), quien vetó la entrada a los periodistas a pesar de las quejas del jurado. Esta segunda instrucción dictaminó asimismo homicidio premeditado, si bien el Pitaval puntualiza que careció de ulteriores efectos penales: Wetherill ya había sido condenado a la horca por Jane. Fue ejecutado en Mánchester el 4 de abril, junto a Timothy Flaherty, otro reo de muerte. La compilación refiere que una multitud presenció el cadalso.
Jane Smith halló la muerte en la mansión donde servía; Anthony Plow pereció días después a causa de las heridas. La señora Plow sobrevivió, pero su criatura expiró tras aquella separación forzosa. Sarah, que había partido de Todmorden antes del crimen, acudió únicamente a testificar sobre la correspondencia; los archivos consultados pierden su rastro tras la conclusión del proceso.
