El presidente del tribunal resumió la desaparición como una auténtica puesta en escena: Bouvot habría encargado un almuerzo en La Varenne-Saint-Maur, escrito a su patrono anunciándole que se abriría las venas y alquilado después un bote, en el que abandonó su pierna ortopédica y varios lienzos ensangrentados. La embarcación quedó a la deriva. Se dio crédito al suicidio y se dictó un primer auto de sobreseimiento. Sin embargo, varios testimonios aseguraron haberlo visto en la calle Laffitte. Se incoó un nuevo sumario y, en el mes de marzo de 1874, Bouvot fue detenido en Pontoise.
Cuando compareció ante la Audiencia del Sena, el 29 de junio, era todavía joven, vestía con elegancia y caminaba con dificultad apoyándose en un bastón. La Gazette des Tribunaux refiere que se mostró impresionado y derramó lágrimas. El acusado dijo llamarse Pierre-Eugène Bouvot, nacido en Londres en 1845 de padres franceses, de profesión cajero en la casa del señor Gagelin. La crónica reducía el litigio a dos cifras esenciales: 13 200 francos constatados en un principio por el comerciante y 21 938 francos según el examen pericial de los libros de contabilidad.
El escrito de acusación señalaba que Bouvot había entrado al servicio de Gagelin con un sueldo de 2 500 francos anuales. El interrogatorio aportó otro matiz: contratado el 15 de octubre de 1871, percibía, según declaró el reo, 2 400 francos además del sustento. Había permanecido allí cerca de dos años. Durante una ausencia del empleado, Gagelin dispuso el cobro de varias facturas a distintos clientes; estos respondieron que ya habían sido satisfechas. El descubierto quedó entonces al descubierto en los libros. El periódico no reproduce los asientos contables mismos, pero la discordancia entre las primeras sumas y el total peritado pesaría sobre todo el interrogatorio.
Antes de abordar este desfase, el presidente quiso interrogarlo acerca de la Comuna. Bouvot había servido en la guardia móvil y más tarde en los tiradores. La acusación lo presentaba como capitán de Estado Mayor de los federados, herido en el fuerte de Issy. Él respondió que solo había tomado parte en la Comuna del 15 al 21 de mayo y que jamás prestó servicio activo. Admitió haber resultado herido, pero en la calle de Roma, y negó haber combatido tanto en las filas de los insurrectos como en las del ejército de Versalles. El magistrado le recordó que vestía por entonces el uniforme de capitán de la Comuna y que se le había amputado un pie en el domicilio de un testigo interrogado durante la instrucción. Bouvot reconoció haber abandonado París tras los sucesos. El presidente le reprochó haber pretendido justificar honorablemente su mutilación afirmando que la había sufrido combatiendo a los federados. Bouvot admitió que se trataba de una mentira.
La cuestión de los caudales volvió sobre las facturas. El presidente expuso que los clientes habían pagado, que se había reconocido un descubierto de 21 934 francos y preguntó a Bouvot si admitía haber sido un empleado infiel. Este contestó afirmativamente. Más adelante, el magistrado le recordó la cifra redonda de 21 000 francos. No obstante, al abrirse la causa, el auto acusatorio fijaba 21 938 francos, total que el perito ratificó en estrados. Gagelin, por su parte, explicó que en un principio había estimado el desfalco entre 10 000 y 12 000 francos. Al regresar Bouvot, le puso al corriente de sus comprobaciones; el dependiente habría contestado que estaba perdido, que era inútil seguir buscando y que el descubierto ascendía en realidad a 13 000 francos.
Bouvot relató cómo se produjo la primera sustracción. Había tomado 300 francos de la caja de su patrono para pagar a un acreedor que amenazaba con delatar su intervención en la Comuna. Dado ese primer paso —afirmó—, se vio arrastrado a nuevas detracciones. Invocó entonces la necesidad de sostener a su familia y a sus cuatro hijos, así como el establecimiento de su mujer en un comercio de flores. Esta había sido durante largo tiempo su amante antes de convertirse en su legítima esposa. La crónica no pormenoriza los desfalcos sucesivos; recoge más bien la justificación que Bouvot ofreció al tribunal: los primeros tropiezos lo habían empujado mucho más lejos de lo que jamás pretendió.
Las pesquisas se habían reanudado después de que varios testigos creyeran reconocer a Bouvot en París. Se abrió una segunda instrucción judicial y luego una tercera; el relato periodístico no precisa las fechas de cada una de estas fases. Se limita a señalar que Bouvot fue apresado en Pontoise en el mes de marzo de 1874.
Durante la vista, Bouvot reconoció su culpa. Explicó que había rogado a Gagelin que le permitiese acudir junto a su abuelo, anciano de ochenta y siete años, quien hubiera podido entregarle 10 000 francos para reparar al menos una parte del perjuicio. En el último instante, no se atrevió a confesárselo todo. Regresó entonces a casa de su patrono y se puso a su disposición. Gagelin confirmó que el reo le había hablado de 13 000 francos y del abuelo, pero añadió, a preguntas del presidente, que Bouvot no se presentó en dos ocasiones a someterse a su arbitrio. La publicación consigna, pues, en este punto, las declaraciones del patrono y las del acusado sin fundirlas en un relato unívoco.
El nombre bajo el cual Bouvot había vivido durante su fuga era el de su madre. Admitió haber trabajado bajo esa filiación. El presidente le recordó que también había pretextado mudarse de identidad aduciendo que un hermano había deshonrado a su familia. Interrogado de nuevo sobre los motivos de las malversaciones, volvió a evocar la sustracción inicial de 300 francos y el chantaje del acreedor. Dijo después haberse dejado arrastrar, arrepentirse en lo más hondo y haber pedido perdón a todos. La Gazette señala que lloraba. El presidente juzgó tardíos sus remordimientos y calificó el delito de grave.
Gagelin, de setenta y seis años, prestó declaración a continuación. Había empleado a Bouvot avalado por excelentes recomendaciones y se declaró satisfecho de su labor; le dispensaba, aseguró, una confianza absoluta. Su testimonio confirmó que el hallazgo del descubierto quebrantó esa fe y lo determinó a presentar la querella.
El presidente mandó asimismo dar lectura a dos declaraciones prestadas por la esposa durante el sumario. En la primera, manifestaba estar casada apenas desde el mes de noviembre y se quejaba de la violencia de su marido. El 14 de septiembre de 1873 —relató—, él le exigió urgentemente entre 400 y 500 francos para el día siguiente, sin revelarle el motivo. Ella le propuso entregarle sus joyas y cobrar unas facturas pendientes que estimaba en 550 francos. El marido tomó las alhajas y los documentos, salió de la casa y ella no volvió a verlo. Al día siguiente recibió una carta fechada en París en la que le comunicaba haber cometido una falta grave y verse obligado a expatriarse.
En su segunda declaración, posterior al 30 de octubre, la mujer aseveró no tener noticia alguna de su cónyuge. La policía le había comunicado el suicidio y le había hecho entrega de una pierna ortopédica que ella reconoció como una de las dos que él poseía. Explicó que no guardaba luto por carecer de medios económicos. En cuanto a la herida de guerra, declaró que había sido herido en las filas insurgentes el 21 de marzo de 1871; en la vista oral, el presidente y Bouvot habían situado el hecho el 21 de mayo. Mencionó igualmente ocho días de servicio en el Estado Mayor de Dombrowski, un alistamiento en los tiradores argelinos durante el asedio y una medalla militar que su marido llevó un día a la casa, si bien ella jamás vio el diploma de concesión. La Gazette recoge estas aseveraciones como manifestadas por la esposa, sin dirimir la contradicción histórica.
El fiscal Fourchy sostuvo la acusación pública sin oponerse a la apreciación de circunstancias atenuantes. El letrado Octave Falateuf asumió la defensa. El jurado contestó afirmativamente a la cuestión de culpabilidad y admitió las circunstancias atenuantes. El tribunal condenó a Bouvot a cuatro años de prisión. La crónica no detalla las motivaciones particulares del jurado. Deja frente a frente una confesión, unos libros contables cuyo balance final fijó el peritaje judicial, una fuga urdida en torno a un falso suicidio y dos versiones sobre la vida de Bouvot antes de su captura.
