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Imposturas y fortunas · Francia

La prensa del tercer piso

En Aviñón, un proceso reúne a diez acusados en torno a la fabricación y puesta en circulación de billetes falsos de veinte francos. La instrucción sigue el rastro de una prensa trasladada en secreto, de billetes distribuidos por varios municipios y de funciones disputadas; el veredicto deslindará las condenas, la absolución bajo vigilancia y las absoluciones plenas.

En Jonquières, Pierre-Auguste Jean recorrió los cafés pagando cada consumición con un billete de veinte francos. Estaba domiciliado en Sorgues. Llevaba consigo varios de ellos, y fue precisamente semejante abundancia lo que despertó las sospechas. El alcalde examinó los papeles y los reconoció como falsos. El portador, Pierre-Auguste Jean, no tardó en declarar que obraba por cuenta de Villon y de Rolland. La crónica sitúa este episodio un domingo 27 de julio, sin precisar el año en dicha frase. Ofrece, en cambio, el hilo conductor que guio a los magistrados desde una moneda sospechosa hasta una prensa trasladada de un domicilio a otro.

Jean no era el único intermediario. En los días precedentes, un niño de corta edad perteneciente a su familia había llevado, según el acta de acusación, billetes a los municipios limítrofes. Villon y Rolland habían abandonado su domicilio de Aviñón escasas horas antes de que la justicia se presentara en él, el 28 de julio. Los agentes detuvieron esa misma noche a Léontine Bouyac, concubina de Villon, en el momento en que regresaba a su casa. Sus primeras confesiones fueron incompletas. Poco después, Coulomb compareció ante el magistrado instructor; Bouyac admitió entonces, a su vez, que no había revelado toda la verdad. Las revelaciones del primero y los consiguientes careos condujeron pronto a Raymondi y al matrimonio Arnould.

Diez fueron los acusados que comparecieron ante la Audiencia de lo Criminal de Vaucluse durante las sesiones de los días 29, 30 y 31 de enero. Jean-Joseph-Dorothée Villon, de oficio panadero, figuraba en el centro del relato acusatorio; no obstante, la fabricación y la puesta en circulación incriminaban a varios allegados: Rolland, Raymondi, Arnould, Coulomb, el litógrafo Bedel, Jean, Bouyac, así como las esposas de Raymondi y de Arnould. Los oficios y los vínculos de parentesco consignados por el periódico no bastan para esclarecer la responsabilidad de cada cual; el auto de acusación, los careos y los testimonios aportaron las precisiones que el veredicto habría de dirimir en última instancia.

Según el sumario, Villon había concebido cerca de un año antes el plan de imprimir billetes de veinte francos. La crónica le atribuye el anhelo de amasar una rápida fortuna y satisfacer sus apetencias; semblanza que emana del relato del ministerio público. Deseaba aprender el arte de la litografía. Con el pretexto de adquirir tinta o papel, frecuentaba talleres de imprenta e indagaba el parecer de los operarios, prometiendo gratificaciones a quien le instruyera en el procedimiento. El proyecto no cobró forma en un taller clandestino previamente acondicionado: fue preciso comprar piedras, encontrar una prensa, desplazarla, fracasar y volver a empezar.

Villon intentó en primer lugar grabar la impronta de un billete con el concurso de Bedel y de Raymondi. Asimismo, habría actuado concertadamente con Rolland, Coulomb, Bouyac y el matrimonio Arnould. Bedel solicitó la ayuda de Joseph Bexia, quien se negó a tomar parte. La prensa fue adquirida por trescientos francos a Delmas, patrono de Bedel, y trasladada luego a Châteauneuf-de-Gadagne por Villon, Bedel y Bouyac. Rossignol había colaborado en su transporte; una vez alejado este hombre, Villon y Bedel ensayaron diversas tiradas. Resultaron infructuosas. Pocos días después, la máquina regresó a Aviñón y fue vendida a Dubois por cincuenta francos.

El fracaso no dio al traste con el propósito. Con fondos facilitados por Rolland y Raymondi, Villon recompró la prensa por setenta francos. Se instaló primero en la primera planta y, más tarde, en la tercera, en el domicilio de los Raymondi. En esta ocasión, los inculpados habrían reunido los enseres indispensables y participado en la elaboración. El perito del Banco de Francia, encargado de cotejar los billetes, concluyó que la estampación distaba mucho de ser perfecta. Una primera tirada de una sola cara alcanzaba un valor nominal de veintiún mil francos; una vez concluido el anverso y el reverso, los billetes medianamente logrados sumaban apenas unos siete mil francos. El perito computó trescientos cincuenta billetes. Tales valores nominales nada revelan sobre el dispendio invertido ni sobre el beneficio que los encausados hubieran obtenido efectivamente de su distribución.

El reparto, según consta en la acusación, pone de manifiesto los acuerdos del grupo. Villon, su concubina, Rolland, Coulomb, el matrimonio Raymondi y los esposos Arnould se distribuyeron los efectos. Quedaban aún seiscientos francos por repartir; Raymondi tomó trescientos para resarcirse de sus anticipos y Villon se reservó el remanente. Acto seguido, la prensa fue vendida por segunda vez a Dubois. De suerte que el instrumento mismo de la fabricación circuló de mano en mano, al tiempo que los billetes se dispersaban por diversas poblaciones y comercios.

Coulomb colocó billetes en varias localidades, muy en particular en Tarascón, contando con Rolland como vigía mientras él accedía a las tiendas. Ambos hicieron entrega de cincuenta francos a Villon en concepto de su parte por los billetes canjeados. Las mujeres de Raymondi y de Arnould intentaron colar algunos en Nîmes; tres mercaderes los examinaron, y la repulsa de uno de ellos las forzó a regresar a Aviñón. La esposa de Arnould habría hecho circular otros tantos en la ciudad, en ocasiones valiéndose de terceros que ignoraban la naturaleza del papel moneda. En las proximidades de Montfavet, encargó a una joven de quince años la compra de pan con un billete de veinte francos, advirtiéndole que no mencionara a quien se lo había entregado. Varios comerciantes declararon haber recibido billetes falsos del matrimonio Arnould.

La estratagema alcanzó asimismo la estación ferroviaria de Aviñón. Arnould admitió haber solicitado a un viajero el cambio de un billete de veinte francos; el sujeto lo rechazó por considerarlo espurio. En Sorgues, Villon y Rolland confiaron billetes a Jean y a su hijo menor para que los cambiaran en los pueblos vecinos. El arresto de Jean truncó la maniobra. Al enterarse Coulomb y Rolland de la detención, acudieron, a decir de la acusación, a arrojar al río Ródano las piedras empleadas para la estampación. Las pesquisas no lograron recuperarlas. Fueron incautados diversos billetes, pero muchos otros quedaron sin localizar; algunos procesados alegaron que habían sido pasto de las llamas o enterrados en descampados.

La fase instructora no atribuyó a todos la misma gravedad. Villon no negó los hechos que se le imputaban, pero procuró descargar el peso principal sobre los Raymondi, a quienes tildó de inductores del delito. Rolland negó su concurso, si bien reconoció no pocas circunstancias esclarecidas por la investigación. Jean sostuvo que ignoraba el origen del dinero; Villon y Rolland aseveraron, por el contrario, que conocía su falsedad y que se le había prometido una prima de cincuenta francos. La crónica consigna que, en el instante de su apresamiento, tragó apresuradamente unos papeles, ademán que el redactor interpretó como un intento de hacer desaparecer los billetes. Bedel rechazó de plano las acusaciones. El matrimonio Arnould se mantuvo en sus negativas; la crónica reseña asimismo que un magistrado oyó a Raymondi instar a Arnould a confesar. Semejantes relatos forman parte de la instrucción y de los testimonios de los coacusados; no constituyen en todos los casos hechos judicialmente probados.

Declararon cerca de setenta testigos. Alfred Soubet, funcionario adscrito al Banco de Francia, expuso minuciosamente el procedimiento de fabricación de los billetes; el periódico apunta que los pormenores técnicos de su declaración no fueron transcritos, pero que el tribunal y el jurado los siguieron con suma atención. Las dos primeras jornadas se consagraron al examen testifical y la tercera a los alegatos forenses. La acusación corrió a cargo del fiscal sustituto Chamontain; la defensa logró que se sometiera a consideración el atenuante o eximente legal de colaboración fundada en las delaciones producidas durante el proceso. El jurado admitió dicha dispensa en favor de Coulomb, pero la desestimó para Bouyac.

Tras la deliberación, Bedel y Jean fueron absueltos. Coulomb resultó absuelto de la pena corporal, si bien quedó sujeto a la vigilancia de la policía por el resto de sus días. Villon y Raymondi fueron condenados a trabajos forzados a perpetuidad; Rolland y Arnould, a doce años de trabajos forzados. La mujer de Raymondi y la mujer de Arnould recibieron siete años de reclusión, y Bouyac, cinco años. El jurado concedió circunstancias atenuantes a varios de estos penados, denegándoselas a Villon y a Raymondi. La crónica documental no pormenoriza cada cuestión planteada; preserva, no obstante, una rigurosa distinción entre la máquina empleada en el delito, los intermediarios que intentaron hacer circular los billetes y las sanciones que la justicia finalmente impuso.

Nota documental: Gazette des Tribunaux, n.º 14599, 9 de abril de 1874, p. 342, reseña de las audiencias del 29 al 31 de enero. La fecha del primer suceso figura en el artículo como «el pasado domingo 27 de julio»; la crónica alude en otro apartado a hechos acaecidos en julio de 1873, sin dirimir explícitamente todas las fechas. Los papeles atribuidos a los procesados, la acusación y las declaraciones recogidas proceden de dicha fuente; el veredicto y las penas se deslindan rigurosamente de las sospechas y de las imputaciones recíprocas entre encausados.

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Gazette des Tribunaux, n.º 14599, 9 de abril de 1874, p. 342, causa de los días 29 a 31 de enero. El artículo menciona «el pasado domingo 27 de julio» para el episodio de Jonquières, omitiendo el año en dicho pasaje. Discierne con claridad el importe nominal de los billetes, las conclusiones periciales y las condenas judiciales.

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