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Justicia y escándalos · Francia

La puerta de Réville

Tras un primer intento frustrado, once hombres asaltaron en febrero de 1769 el castillo de Réville, mataron al señor y a su cochero y robaron dinero y diversos enseres. La crónica de Champagnac da cuenta de las detenciones, la remisión al Parlamento de Normandía y las distintas penas impuestas según la participación de cada cual.

El 10 de febrero de 1769, nueve hombres se reunieron en la casa de Étienne Leroi, cerca del castillo de Réville, en los alrededores de Montreuil. Con los rostros tiznados, se presentaron ante la puerta pasadas las nueve de la noche. Uno de ellos afirmó que debía entregar una carta a la señora del castillo. Se le pidió que regresara al día siguiente, a una hora menos intempestiva. La partida se retiró. Quince días después, otra cuadrilla regresó armada y dispuesta a forzar la entrada.

Esta secuencia en dos actos la relata J.-B.-J. Champagnac en su Chronique du crime et de l’innocence, publicada en 1833. Su artículo no cita signatura archivística ni pieza procesal alguna. El catálogo en línea de los Archivos departamentales del Eure conserva la indexación de una antigua ficha, la E 3129, titulada «Sentencia del Parlamento de Ruán y correspondencia relativas al asesinato cometido en el castillo de Réville (1769-1772)». El enlace directo del inventario detallado devuelve actualmente un error 404; la página estable del portal permite localizar el cuadro de clasificación, pero no ofrece el texto de la sentencia. Dicho registro constituye un indicio de catalogación, no una constatación documental de las penas. Las escenas y las condenas que siguen proceden, por tanto, del relato de Champagnac. El autor sitúa el castillo «cerca de Montreuil» y en Normandía: ningún indicio permite identificarlo con el actual Réville del departamento de la Mancha.

Durante la primera tentativa, la carta debía servir de pretexto para que abrieran la puerta. Los otros ocho hombres aguardaban en las inmediaciones, prestos a aprovechar cualquier acceso propicio. La puerta permaneció cerrada. Los moradores alegaron lo tardío de la hora e invitaron al mensajero a volver a la mañana siguiente. Champagnac no refiere violencia alguna ni allanamiento de la casa aquella noche; señala que los nueve hombres se marcharon con el propósito de organizar mejor la empresa.

Aporta sus nombres: François-Antoine y Jean-Joseph Cotis, Jean Benjamin y Augustin Lecomte, Simon Bernais padre, Jean Dumoutier, Thomas Énaut, Charles Pannier y Étienne Leroi. El 25 de febrero, a las ocho de la tarde, tres de ellos —Énaut, Pannier y Leroi— no tomaron parte en el nuevo asalto. A los seis restantes se sumaron otros cinco hombres: Charles Cotis, Robert Bernais (hijo de Simon), Adrien Perrier, Jean Lejeune (llamado Lajeunesse) y Pierre Vavasseur (llamado Carrière). La cuadrilla la formaban ahora once individuos.

Champagnac refiere que los asaltantes portaban fusiles, pistolas, sables, espadas y hachas. Tres de ellos vigilaban los caminos para impedir la llegada de socorro; los otros ocho aguardaban a que se abriera alguna puerta. El señor de Réville salió. Apenas abierta la hoja, los hombres se abalanzaron sobre él y lo empujaron al interior de la cocina. Descerrajaron varios disparos de pistola. El dueño de la casa resultó herido en un brazo; Jacques Hermey, su pastor, recibió un golpe en la cabeza y cayó al suelo. François Chevreuil, el cochero, fue derribado y murió en el acto. Catherine Goujon, una criada, fue herida. El propietario recibió asimismo un hachazo en la cabeza.

Los demás moradores no se consideraron en condiciones de ofrecer resistencia. Según Champagnac, la señora y varios criados huyeron hacia las zonas más ocultas de la casa. Los agresores condujeron al dueño malherido de una habitación a otra para obligarlo a indicar dónde guardaba el dinero. Él se negó. Entonces destrozaron puertas, muebles y arcones. La crónica calcula el botín en seis o siete mil libras en oro y plata, a las que se sumaban relojes, tabaqueras, joyas, vajilla y otros enseres. Esta cifra es la que propone el compilador; al no haberse consultado las actuaciones judiciales de la época, no puede tenerse aquí por un inventario fehaciente.

Tras apoderarse de cuanto pudieron, los hombres hirieron de nuevo al señor de Réville, esta vez con una estocada en el bajo vientre. Murió poco después. Champagnac relata que los atacantes acudieron luego a casa de Jean-Joseph Cotis para repartirse el botín. La noticia del crimen no tardó en propagarse. Los criados supervivientes marcharon a Orbec para alertar a la gendarmería.

La crónica antigua no precisa el nombre de pila del amo de la casa. Nombra a otras dos víctimas, el cochero François Chevreuil y el pastor Jacques Hermey, y menciona a la criada como Catherine Goujon. La señora del castillo, en cambio, permanece en el anonimato y no se reproduce deposición alguna. Es posible, pues, seguir los papeles que indica el texto, pero no reconstruir los parentescos, la composición exacta de la servidumbre ni las declaraciones testimoniales recabadas con posterioridad.

La gendarmería se personó en el castillo y, según el relato, levantó atestado al día siguiente. En él se daba fe de los dos cadáveres, las heridas del pastor y de la sirvienta, los destrozos y los objetos robados. La acción penal se inició a instancias del procurador del rey en la gendarmería. Cuatro hombres fueron detenidos y conducidos a Orbec: Jean-Benjamin Lecomte, Adrien Perrier, Charles Pannier y Thomas Énaut. La fuente señala que fueron interrogados y encarcelados por los oficiales de dicho cuerpo.

Al mismo tiempo, la justicia del bailiazgo de Montreuil se desplazó al lugar de los hechos y dictó mandamiento de prisión contra los acusados. En París, la policía detuvo a los tres Cotis y los trasladó al Châtelet, donde el teniente criminal dirigió sus interrogatorios y careos. Tres jurisdicciones entendían así de la misma causa: la gendarmería, el bailiazgo de Montreuil y el Châtelet. Champagnac indica que el Consejo avocó la causa para remitirla luego a la sala de la Tournelle del Parlamento de Normandía, que debía juzgar en primera y última instancia. Se remitieron los autos a dicho tribunal; la sentencia definitiva, puntualiza, se pronunció el 11 de julio de 1769.

Según el artículo, once cómplices fueron condenados, por los asesinatos y robos del 25 de febrero, a ser quebrantados vivos en la rueda en la plaza pública de Bernay. Sin embargo, Champagnac distingue entre la pena dictada y su ejecución material. Solo cinco hombres sufrieron el suplicio efectivo: los tres Cotis —François-Antoine, Jean-Joseph y Charles—, Jean-Benjamin Lecomte y Adrien Perrier. Los otros seis condenados eran Simon y Robert Bernais, Jean Dumoutier, Augustin Lecomte, Jean Lejeune (alias Lajeunesse) y Pierre Vavasseur (alias Carrière). El cronista señala que se habían dado a la fuga, que fueron juzgados en rebeldía y ejecutados en efigie; añade asimismo que no consta que cayeran jamás en manos de la justicia. Su paradero posterior queda, pues, sin esclarecer en esta fuente.

Los tres hombres que se habían abstenido de intervenir en el ataque del 25 de febrero fueron juzgados por la tentativa del día 10. Thomas Énaut y Charles Pannier fueron condenados a nueve años de galeras; Leroi, presentado como quien presidió la reunión y prestó su casa, fue sentenciado a galeras a perpetuidad. Tales son las penas que recoge Champagnac. En su escrito no ofrece más precisiones sobre cuándo fueron trasladados estos reos ni cuál fue su suerte tras el fallo.

La distancia entre ambas noches resulta así evidente. La primera velada, la puerta no se abrió y los hombres se marcharon. La segunda, fue el propio señor quien la franqueó para salir; aquel acceso condujo a la cocina y luego a las estancias que los asaltantes saquearon. Las pesquisas no se redujeron a una detención aislada: el proceso transitó por varios tribunales antes de que una corte de Normandía dictara su resolución. Por último, las once condenas por las muertes y los robos no derivaron en once ejecuciones reales. Champagnac deslinda los cinco suplicios efectivos, las seis ejecuciones en efigie y las penas de galeras impuestas por la tentativa previa. El catálogo archivístico conserva constancia de una sentencia y correspondencia relativas a Réville; dado que el inventario detallado resulta inaccesible por su antiguo enlace, sería necesario examinar los legajos originales para contrastar los pormenores transmitidos por el compilador.

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Lectura íntegra del artículo francés de Champagnac. Esta compilación retrospectiva no cita las piezas procesales en el cuerpo del texto. Por consiguiente, las escenas del asalto, la cuantía del botín, las detenciones y las penas se recogen según las aseveraciones de Champagnac, sin presentarse como datos contrastados en autos judiciales. El catálogo en línea de los Archivos del Eure conserva la indexación de una antigua ficha, E 3129, titulada «Arrêt du Parlement de Rouen et correspondance relatifs à l’assassinat commis au château de Réville (1769–1772)». El enlace directo del inventario detallado arroja en la actualidad un error 404; la página estable de búsqueda no ofrece el texto de la sentencia ni el desglose de las penas. Esta mención constituye una pista de clasificación archivística, no una comprobación del veredicto. Champagnac sitúa el castillo en Normandía, «cerca de Montreuil»; no se identifica con el actual Réville del departamento de la Mancha. Su cronología distingue el fracaso de la tentativa del 10 de febrero de 1769 del asalto consumado el 25 de febrero. El autor refiere cinco ejecuciones efectivas entre los once condenados por los crímenes del 25 de febrero, seis ejecuciones en efigie tras sendos juicios en rebeldía y penas de galeras independientes para Énaut, Pannier y Leroi por la tentativa previa. Respecto a los seis prófugos, el artículo no permite determinar su suerte posterior.

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