El lunes 2 de diciembre de 1816, William Andrew Beckwith abandonó su armería de Skinner Street entre las once y el mediodía. Se dedicaba a la venta de armas de fuego. Antes de su partida, los fusiles y pistolas expuestos tras el cristal ocupaban su lugar habitual; cuando regresó, hacia las tres, el comercio había sido saqueado. La ventana y su bastidor habían sido hechos pedazos. Diversas armas, pólvora y munición habían desaparecido. La tienda formaba parte inseparable de su vivienda: quienes la asaltaron penetraron, por consiguiente, en un domicilio donde se encontraban varias personas.
Lo sucedido en aquel intervalo se enmarcó en una jornada de revuelta generalizada. Un joven había sido detenido tras disparar contra un tal Piatt y se hallaba custodiado en el interior del establecimiento cuando la multitud acudió a liberarlo. John Roberts, aprendiz de Beckwith, vio congregarse primero a cuatrocientas o quinientas personas que exigían la entrega del reo; poco después, los cristales cedieron, surgieron manos a través de la abertura y las armas comenzaron a ser sustraídas. Según declaró Roberts, una vez dentro del local, John Cashman forzó los cajones, tomó fusiles y munición, y los repartió entre la masa. Aseguró haberlo visto trajinar de un lado a otro, sacando hasta una docena de piezas a la vez. Roberts se declaró categórico en su identificación.
La acusación, vista en Londres en enero del año siguiente, sentó en el banquillo a cinco hombres: Cashman, John Hooper, Richard Gamble, William Gunnell y John Carpenter. Se les imputaban los cargos de robo con fuerza en establecimiento habitado y de sedición tumultuaria. El inventario de los efectos sustraídos incluía escopetas de caza, un mosquetón, trabucos, pistolas y cargas metálicas. Beckwith calculó en más de mil trescientas libras el valor total del género expoliado. Durante la vista, este quebranto se desglosó en una serie de armas aprehendidas en diversos puntos de la urbe, reconocidas unas por su dueño e imputadas otras a los procesados mediante el testimonio de terceros.
Charles Griffin, perfumista con negocio en la misma calle, relató otro instante de la jornada. Había entrado en la tienda mientras un agente registraba al primer detenido y salió unos minutos con el fin de buscar unos grilletes. A su regreso, una turba montaba guardia fuera; afirmó no haber visto desperfecto alguno en ese momento. En la continuación de su relato, señaló a Gunnell como el individuo que fracturó una ventana con el palo de una escoba. El orden cronológico de estas observaciones resultó confuso. El aprendiz Roberts creyó asimismo reconocer a Gunnell, mas no pudo aseverarlo con total certeza.
Griffin situó a Hooper y a Cashman apostados junto a la puerta. Hooper habría gritado: «¡Seguidme!» Acto seguido, ambos hombres habrían avanzado desde el lugar donde ondeaba una bandera con la leyenda «Soldados y hermanos amantes». Griffin refirió haber sido sujetado por Hooper; luego Cashman lo habría agarrado por el cuello para exigirle qué ocurría allí dentro. Con el propósito de eludir los golpes, Griffin fingió que él también se sumaba al rescate del prisionero. Los asaltantes lo soltaron y se dirigieron a la trastienda. Griffin los siguió, cogió un trabuco y amartilló el percutor. Hooper, según su testimonio, extrajo una pistola de su gabán, lo encañonó y le espetó que él podía hacer lo propio. Preso del pánico, Griffin huyó a refugiarse en la cocina.
En un principio, empero, había narrado la escena de otro modo. Una declaración previa, leída en sala, atribuía a Cashman el gesto de encañonarlo. Llamado de nuevo a estrados, Griffin matizó que Hooper se hallaba junto a Cashman vistiendo un capote amplio; al ser interrogado sobre si el hombre próximo a Cashman le había apuntado, había contestado «el del gabán». Admitió no haber releído su declaración antes de estampar la firma. Semejante discrepancia no invalidaba su testimonio respecto a la irrupción de ambos individuos, pero impedía sostener que la amenaza a mano armada constituyese una identificación incontrovertible.
Las detenciones posteriores permitieron recuperar otras armas. Samuel Levi, agente de la City, vio a Cashman en el Royal Exchange en medio del gentío, empuñando un fusil. Lo detuvo y entregó el arma a Daniel Cartwright, quien constató que se hallaba cebada con pólvora y perdigones menudos. Beckwith estimó que bien podía proceder de su armería: llevaba grabada la marca Ing, de la cual poseía varias piezas, si bien no pudo reconocerla de forma individualizada. Cartwright declaró que Cashman sabía perfectamente que el arma estaba cargada, asegurando haberla tomado «para matar o morir».
Los indicios contra Gamble siguieron una pauta similar. Abraham Samuel lo vio ante el Exchange con un fusil; John Gough lo arrestó hacia las dos en Queen Street con el arma bajo el brazo y el rostro tiznado de hollín. Gamble alegó haber recogido el fusil tirado en Skinner Street. Gough observó que la cantonera de la culata estaba enlodada como si hubiese reposado en el suelo, mientras que el resto presentaba mejor aspecto. Beckwith reconoció formalmente esta pieza: la había fabricado para un cliente de Kingston, quien se la había devuelto por resultarle excesivamente pesada. Roberts ratificó haberla visto expuesta en la vitrina antes del asalto.
Carpenter quedó vinculado a una pistola por un conducto diferente. Eliza Owen declaró habérsela recibido el 5 de diciembre para empeñarla en una casa de préstamos. William Hill, el dependiente, la interceptó con el arma y alertó al agente Friend. Beckwith creyó reconocer una de las dos pistolas que había comprado a un tal Mortimer y que aún no había vendido. Hooper, por su parte, fue interceptado cerca del Exchange por John Huggins, quien afirmó haber hallado bajo su capote un par de pistolas, una de ellas cargada con bala rasa. Las armas exhibidas en el proceso procedían, en consecuencia, de manos diversas: el fusil hallado sobre Cashman, el que Gamble decía haber encontrado en el fango y las pistolas rastreadas hasta Carpenter y Hooper.
Las testificaciones procuraron asimismo ubicar a los acusados en las diversas concentraciones del día. Edward Goodspeed afirmó haber visto a Cashman y a Hooper en Spa Fields, para luego toparse de nuevo con ellos entre el gentío de Coppice Row. Cashman portaba un estandarte, según su versión. El dueño del carromato empleado en Spa Fields, F. Windermede, relató que Hooper y otro hombre habían concertado una cita con él y le habían indicado hacia dónde guiar el tiro. Un fardo depositado en el carruaje contenía proyectiles, pólvora y fragmentos de plomo. Windermede creía que Hooper lo había colocado allí, o que cuando menos se hallaba presente. Su declaración y la de Goodspeed situaban a los procesados en el mitin antes de su comparecencia frente a la armería.
Dichos testimonios conferían a la jornada un matiz político que el auto de procesamiento no lograba delimitar con nitidez. La bandera interpelaba a «soldados» y «hermanos»; uno de los sujetos lucía una escarapela tricolor; se habían aprovisionado municiones con antelación. Con todo, Cashman alegó que solo había ido a visitar a un camarada convaleciente en el hospital y luego al Almirantazgo, y que solo empuñó un arma al verse arrastrado por la marea humana, confesando hallarse ebrio. Hooper negó haber pisado la armería o portado distintivo alguno, sosteniendo que su único fin era advertir al Lord Mayor de los desmanes. Gamble reiteró que buscaba empleo y que solo cogió el fusil tras seguir a la turba. Gunnell negó haber empuñado vara alguna o haberse aproximado al comercio. Carpenter aseguró que le habían encasquetado la pistola a la fuerza y que se encontraba de vuelta en su hogar antes de la una.
Al término del proceso, el jurado declaró culpable a Cashman, al tiempo que Hooper, Gamble, Gunnell y Carpenter resultaron absueltos. Cashman fue ajusticiado en Snow Hill, justo enfrente de la casa de Beckwith. La crónica no explicita los motivos del jurado para discriminar la suerte de los cinco acusados. La sentencia del único condenado se ejecutó ante la vivienda donde las armas habían sido arrebatadas: el escenario del pillaje devino cadalso de su expiación.
