Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Inglaterra

El comité del Nore

Richard Parker se convierte en la figura pública de un motín naval en el Nore. Borrow recoge las reivindicaciones de los marineros, las tentativas de conciliación y las acusaciones de desobediencia y violencia, antes del proceso contra Parker y su ejecución en junio de 1797.

Cuando la barca del almirante Buckner acudió a buscar a Richard Parker a bordo del Sandwich, en la madrugada del miércoles, nadie parecía tener la certeza de que pudiera descender con vida de la nave. Pocos días antes, había capitaneado la escuadra amotinada en el Nore y hablado en nombre de sus delegados. Ahora, la marinería del Sandwich se revolvía en su contra. Parker se puso en manos de cuatro miembros de la tripulación, esperando verse a salvo de su venganza, y se dejó conducir a la chalupa. En tierra firme, la multitud lo recibió entre abucheos. Les replicó que él no era el responsable y que sabría justificarse. Le ataron las manos a la espalda. Ante las autoridades, se limitaron a fijar su identidad antes de expedir el mandamiento de prisión que debía enviarlo a la cárcel de Maidstone.

En 1797, los marineros exigían reparación por ciertos agravios cuya resolución venían demorando los oficiales y la administración. La sublevación de la flota en el Nore siguió a la de Spithead y sobrecogió al país. Los hombres tomaron el control de sus bajeles; Parker, marinero supernumerario del Sandwich, pasó a presidir el comité de delegados. No gozaba de un mando reconocido por el Almirantazgo, pero portaba las peticiones de una escuadra que había dejado de obedecer a sus capitanes. Para el gobierno, la vindicación organizada se había tornado en motín. Para los tripulantes, las reclamaciones desatendidas seguían concediendo su razón de ser al movimiento.

Los delegados presentaron al almirante un pliego de quejas y exigieron que el Almirantazgo acudiese a ratificarlas. Buckner atestiguó que los oficiales habían perdido sus armas y su autoridad; Parker alegó que el almirante no había sido recibido a bordo del Sandwich porque se hallaba ausente, y que le había presentado sus excusas. Sostuvo que el motín no se había iniciado en su buque, sino en el Inflexible, donde conservaba su cariz más violento. Esta versión no lo exime de la dirección de los hechos: reconocía haber entregado las propuestas y haber manifestado al almirante que su poder tocaba a su fin. Intentaba así deslindar el papel de portavoz del de instigador de toda acción.

Dicho límite resulta menos fácil de sostener a la luz de las declaraciones de varias tripulaciones. Un capitán afirmó que Parker se presentaba como el representante de toda la escuadra y amenazaba a un piloto con mandarlo colgar de una verga. Otro refirió que había impartido órdenes sobre hombres transferidos desde un buque auxiliar. El cirujano del Sandwich declaró que Parker había dictado una pena de azotes de cuerda contra un hombre acusado de embriaguez, advirtiendo a la marinería de que quienes desobedecieran al comité podrían correr la misma suerte. El motín había derribado la jerarquía oficial, pero instituía otra nueva, provista de sus propios castigos.

El punto más grave del proceso fue el tiroteo en torno al Repulse. A medida que varios navíos retornaban a la obediencia, el Repulse intentó ganar el puerto de Sheerness. Parker subió a bordo del Director, donde solicitó primero un bote y una bandera de tregua para evitar que se vertiera sangre inocente. Los testigos afirmaron después que había ordenado maniobrar el buque sobre su cable de ancla a fin de enfilar sus cañones contra el Repulse. Cuando partió un tiro de este último, se abrió fuego desde el Director. Un marinero del Monmouth aseveró que Parker había dirigido la artillería e intentado introducir una barra de hierro en un cañón ya cargado con una bala rasa; recordó asimismo haberle oído proclamar que no debía darse cuartel.

Parker impugnó tal versión. Explicó que había subido a bordo para hacer tocar a la banda de música y que su primer propósito era impedir el fuego. Declaró haber solicitado bandera de tregua y procurado apaciguar a la dotación. Si los hombres habían disparado a su pesar, sostenía, se vio precisado a fingir que se unía a ellos para aminorar los estragos. Los testigos del Director confirmaron que había solicitado un bote, pero narraron asimismo la maniobra dispuesta para orientar los cañones. Otro marinero confirmó los disparos ejecutados desde el Monmouth, añadiendo no obstante haber arrebatado a Parker la barra de hierro.

Las señales de sumisión acabaron por sucederse. Después de que un teniente leyera la proclama del rey, Parker prorrumpió en tres vítores y entregó al oficial las llaves de la santabárbara. Pidió a continuación ser arrestado, mas rehusó entrar en la cámara donde pretendían encerrarlo y anunció que ayudaría en la maniobra del buque. Al día siguiente, le echaron los grillos y lo condujeron a tierra. En su descargo, hizo hincapié en estos gestos de restitución del orden. Adujo que los barcos no habían sido entregados al enemigo, que los amotinados no eran jacobinos ni traidores, y que la escuadra habría embestido contra los holandeses de hallarse el enemigo en alta mar. La lealtad proclamada no borraba el quebrantamiento de la obediencia; complejizaba la estampa del rebelde como enemigo de la patria.

El consejo de guerra se reunió a partir del 22 de junio. Parker no podía costearse la elocuencia de un letrado, según alegó, y rogó al tribunal que no aguardara una defensa primorosa de parte de un marinero entregado al mar desde la mocedad. Reiteró que sus actos habían sido ordenados por los delegados o ejecutados con miras a templar los ánimos. Solicitó que la declaración de Barry se examinase con particular rigor, pues anhelaba limpiar su nombre. Confiaba también en que su muerte bastase para librar a los demás. El tribunal declaró probados los cargos por unanimidad y lo sentenció a la pena capital. Parker respondió que acataría el fallo sin resistencia, pues creía en la rectitud de sus intenciones. Imploró luego el perdón para los demás marineros y aseguró que reanudarían gustosos el servicio.

El 30 de junio de 1797, se levantó a la diana, mandó llamar a un barbero y vistió un traje de luto que le había enviado un amigo. Desayunó, habló de un testamento y de unas tierras que decía haber heredado, y evocó el perjuicio inferido a la nación por la sublevación. Negó haber mantenido tratos con facciosos de tierra firme. En cubierta, pidió una copa de vino y brindó por la salvación de su alma, y después por el perdón de sus enemigos. Al pie del patíbulo, puntualizó que no deseaba arengar a la dotación: sólo anhelaba que su muerte supusiera expiación suficiente y salvara a los demás.

El capitán Moss le estrechó la mano. Parker le encomendó trasladar un último mensaje a los camaradas confinados en el Neptune: que se prepararan para su destino y abandonaran las chocarrerías fuera de lugar. Seguidamente, se arrodilló por un instante. Una vez ajustados el dogal y la capucha, avanzó hasta el borde del cadalso levantado a bordo, soltó el pañuelo y metió con presteza las manos en los bolsillos. El cañonazo rubricó la ejecución. El cuerpo fue izado a la verga.

Aquel que había hablado en nombre de la flota había suplicado que su muerte bastara. Varios otros cabecillas del motín fueron, sin embargo, juzgados y ajusticiados tras él; otros hombres purgaron largos años de presidio. En las naves que habían vuelto a la obediencia, ya se había retirado la pólvora de los pañoles, por temor a que un postrer arrebato de rebeldía las hiciera saltar por los aires.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

La campana de guardia

Una novela corta de ficción seguiría a un joven campanero encargado de marcar los cuartos de guardia durante un motín imaginario. Cree que el comité procura ampararlo, hasta que dos señales contradictorias llevan a los bajeles a dispersarse. Su hermana, que lleva los libros del avituallamiento, le descubre que una de las órdenes ha sido falsificada para encubrir un desfalco. Todos los hechos y personajes serían ficticios. Si denuncia el fraude, su hermana perderá el empleo que sustenta a la familia. Elija Novela corta para una narración marinera sobre el deber y la encrucijada moral.

Cargando votos…

novela

Los papeles del cabrestante

Esta novela de ficción seguiría a una escribana de a bordo que toma nota de las demandas de la dotación mientras un teniente redacta la versión oficial. En el cuaderno de bitácora, ella desliza vocablos jamás proferidos por los marineros, pero su propio hermano los convierte en prueba de cargo en su contra. Tras el fracaso de una componenda, deberá decidir cuál de los dos legajos entrega a la comisión pesquisidora. El suceso y los personajes serían inventados. Su hermano le exige silencio para salvaguardar su carrera; ella se arriesga a destruir su último lazo fraternal. Elija Novela para presenciar una pugna de relatos en alta mar.

Cargando votos…

trilogía

Tres puertos en rebeldía

Esta trilogía de ficción situaría tres alzamientos marítimos imaginarios a lo largo de tres siglos distintos. Una enfermera de a bordo, un piloto y una oficial de pluma presenciarían sendas batallas por la paga y la disciplina. Los protagonistas no compartirían navío ni época, pero sus diarios personales serían exhumados juntos por un archivero. Cada volumen ofrecería una trama cabal y un desenlace independiente. El archivero descubre que los descendientes de aquellos cronistas pretenden expurgar una parte del fondo documental. Elija Trilogía para adentrarse en crónicas de mar unidas por la voz de sus gentes de trabajo.

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

El capítulo de Borrow sigue el motín del Nore, el papel atribuido al comité y a Parker, las negociaciones, las acusaciones de insubordinación y el juicio. Da cuenta de una controversia sobre el fuego trabado a bordo del Repulse: la acusación y la defensa no lo exponen del mismo modo. El relato constata tales divergencias y refiere la sentencia y el ajusticiamiento. La fecha del 30 de junio de 1797 queda corroborada por el asiento PAD3034 de los Royal Museums Greenwich, aun cuando Borrow imprimió por error el 29.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete