Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Francia

Las cenizas de Montreuil

Ante la audiencia provincial del Sena, Félix-Albert Pel responde en junio de 1885 a dos acusaciones vinculadas a Eugénie Buffereau y Élise Bœhmer. Se examinan peritajes, piezas de convicción y testimonios; la crónica concluye tras la primera jornada, sin veredicto.

En la relación de la acusación recogida por la Gazette el 17 de julio de 1884, los vecinos de Félix-Albert Pel aprovechan su ausencia para colocar una escalera contra la fachada de su vivienda en Montreuil. Una de las mujeres trepa hasta el tragaluz. Asegura haber distinguido una cama desplazada en mitad de la estancia, colchones revueltos y cloruro esparcido por el suelo. Los vecinos habían denunciado un olor a carne putrefacta; en la estufa, los residuos pardos se describen como espesos y húmedos. Élise Bœhmer, que convivía con Pel, ha desaparecido. No se halla cadáver alguno.

Diez meses más tarde, el 11 de junio de 1885, esta ausencia ocupa el centro de una sesión de la audiencia provincial del Sena. La Gazette des Tribunaux describe la mesa de las piezas de convicción: redomas, frascos, cajas, libros, una sierra, un cuchillo y dos pequeñas estufas. Cincuenta y cuatro testigos deben comparecer. El público se agolpa desde la mañana, mientras la guardia solo permite la entrada a la sala a quienes disponen de pase. Pel comparece poco antes de mediodía. El presidente le pide sus datos de identidad: Félix-Albert Pel, nacido en Grand-Cœur, en Saboya, el 12 de junio de 1849.

El acta de acusación retiene dos cargos, remitidos ambos por la Gazette al artículo 302 del Código Penal. Le reprocha a Pel haber, en París en 1880, «atentado voluntariamente contra la vida» de su esposa Eugénie Buffereau «por el efecto de sustancias capaces de dar la muerte»; y más tarde, en Montreuil en 1884, haber atentado voluntariamente contra la vida de Charlotte-Élisabeth, llamada Élise Bœhmer, por el mismo medio. Son los términos de la acusación, no un veredicto. Los debates deben confrontar los testimonios, los hallazgos médicos y las respuestas del acusado.

El diario repasa en primer lugar la trayectoria de Pel. Fue aprendiz de varios relojeros y luego se estableció por su cuenta en la calle Rochechouart, en 1869. Tras la muerte de su padre, en 1873, recibe una herencia que la Gazette estima en veinte mil francos. Cambia después de domicilio y de ocupación, presentándose sucesivamente como organista, profesor o médico, al tiempo que se interesa por la física y la química. El artículo alude a sospechas anteriores en torno a Marie Mahoin y Eugénie Meyer, dos mujeres que habían vivido en su casa y cayeron enfermas. Precisa, no obstante, que la instrucción no halló base suficiente para incluirlas en la acusación formulada ante este tribunal.

Eugénie Buffereau contrae matrimonio con Pel el 26 de agosto de 1880. El 20 de octubre juzga necesario llamar a su madre, domiciliada en Évreux. Esta acude junto a su hija y constata la gravedad de su estado. La crónica refiere cólicos, vómitos y una sed ardiente. El doctor Raoult, llamado el 12 de octubre, sospecha en un principio una intoxicación por setas. Pel y su esposa le aseguran no haberlas consumido; prescribe entonces un tratamiento contra la gastroenteritis. Eugénie fallece el 24 de octubre. Según la crónica, Pel no permite que se amortaje el cadáver y nadie permanece a su lado para velarlo. Se proyecta una investigación judicial que luego se desestima, indica el diario, para evitar el escándalo.

Las dudas no se disipan. El 23 de octubre de 1884, el cuerpo es exhumado en el cementerio de Clichy. Los doctores Brouardel y Lhôte examinan los restos y la tierra del féretro. Su análisis revela una cantidad notable de arsénico en las partes correspondientes al abdomen, al hígado y a los riñones; las muestras de tierra no contienen arsénico. La mezcla antiséptica empleada por los servicios fúnebres tampoco lo contiene. Pel replica que su esposa seguía desde hacía tiempo un tratamiento arsenical y tomaba, en particular, licor de Fowler. Los peritos reconocen que las sales arsenicales administradas con fines terapéuticos pueden hallarse en las vísceras, pero el diario consigna que no consideran suficiente esta explicación a la vista de sus hallazgos. Estas conclusiones, unidas al expediente, no constituyen una resolución del jurado.

Pel vuelve a casarse en julio de 1881 con Angèle Murat-Belliole. La Gazette recoge que también solicita a la madre de su nueva esposa que otorgue testamento a favor de su hija. Estos elementos confieren a la acusación un trasfondo patrimonial, pero no bastan por sí solos para demostrar el móvil ni los dos cargos imputados. En la vista, Pel niega los reproches. Su segunda esposa y su suegra, que habrían podido responder a ciertas preguntas, se hallan en Inglaterra y no comparecen aquel día.

La historia de Élise Bœhmer comienza con un reloj. Nacida en Deux-Ponts en 1840, lleva a reparar varios relojes a Pel, quien trabaja entonces en Nanterre. Le presta quinientos francos, le anticipa luego más dinero y vende una obligación del Crédit Foncier. Le confía asimismo títulos. La crónica estima que de este modo él dispone de gran parte de los ahorros de la mujer. Pel abandona más tarde Nanterre con ella y, el 21 de junio de 1884, se instala en una vivienda de la calle de l’Église, en Montreuil. La pieza principal sirve de taller y tienda; un dormitorio da a un lateral y otra abertura permite acceder al patio.

En la audiencia se da lectura a una carta fechada en Montreuil el 2 de julio: Élise expresa en ella su inquietud y anuncia su deseo de hablar en persona con su destinataria. El presidente sostiene que ya se encontraba enferma al escribirla; Pel responde que siempre lo había estado. El debate se centra en el empeoramiento de su salud. Las vecinas Chesnel y Deven-Emus van a verla. Según sus declaraciones, tal como las reproduce la Gazette, Élise padece cólicos, vomita y se queja de dolores y de sed. Pel afirma que padece un cáncer y que arroja cloruro para disipar los olores de la enfermedad. Los testigos no coinciden por completo en la fecha ni en la naturaleza de los olores que afirman haber percibido.

A partir del 15 de julio, varios vecinos del patio común señalan un hedor que les recuerda a la putrefacción. Algunos afirman haber visto grandes fuegos en la vivienda. El 17, hallándose Pel ausente, los vecinos se asoman al tragaluz. La mujer de Deven ve la habitación revuelta, la cama deshecha, los colchones movidos y el cloruro derramado. Las cenizas de la estufa son húmedas y parduzcas. En el auto de acusación extractado por la Gazette, estos residuos y las fogatas se interpretan como indicios de una cremación; se precisa asimismo que el cuerpo de Élise jamás fue hallado. Una sierra incautada en casa de Pel presenta vestigios que los peritos califican de sangre de mamífero y materia animal. Durante unos experimentos incorporados al sumario, queman en una estufa semejante un cadáver de sesenta kilogramos: se requieren cuarenta horas y restan seis kilogramos de cenizas. Estos ensayos demuestran la capacidad de la estufa; no devuelven el cuerpo ausente.

Pel sostiene que Élise lo abandonó el 13 de julio. Afirma haber ido a buscar un coche de punto a la parada del Faubourg Saint-Antoine; según su versión, ella habría subido al carruaje con rumbo a una dirección que no le reveló. Asegura no haberla vuelto a ver. Manifiesta haber esparcido cloruro en el alojamiento debido a la dolencia de la mujer. Las vecinas responden que no vieron carruaje alguno aguardando ante la casa. La acusación le opone igualmente la falta de rastro del cochero por él descrito en los registros consultados, así como los olores, los fuegos y el desorden advertidos tras la desaparición. Pel contradice estos testimonios y guarda silencio ante ciertas preguntas. El diario expone estas versiones contrarias sin aportar una conclusión judicial.

El presidente interroga por extenso sobre las relaciones de Pel con sus esposas, sus deudas y las sumas recibidas de Élise. El acusado rectifica algunos importes, discute los términos empleados por la acusación y califica de calumnias varios relatos. Su letrado, el señor Jolly, interroga al testigo y destaca que Pel trabajaba con asiduidad. Las declaraciones de los vecinos y los dictámenes facultativos obran ya en las actuaciones sumariales; no todos son oídos ante el tribunal durante esta primera jornada. Al término de la sesión, Sophie Reichembach refiere haber conocido a Pel cuando este trabajaba en casa de su madre. Declara haber visto enferma a esta última y relata que Pel hablaba de llamar a un facultativo, sin que ella viera llegar a ninguno antes del fin. El señor Jolly la interroga sobre las costumbres de Pel; ella contesta que era por entonces muy aplicado y se dedicaba a la relojería y a la química.

Se levanta la sesión a las seis y media. La prosecución de las declaraciones testificales se aplaza al día siguiente. Élise sigue en paradero desconocido y los dos cargos continúan pendientes de examen. La crónica del 12 de junio concluye ahí: no ofrece el desenlace del proceso ni el veredicto. La acusación ha presentado indicios y conjeturas; el tribunal aún debe escuchar a los testigos. El lector abandona Montreuil con un enigma irresuelto, no con una certidumbre que la prensa aún no ha consignado.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

La luz tras la vidriera

Ficción explícita. En una vidriería, la aprendiz Jeanne Vautrin advierte un horno encendido tras el cierre. Su hermano Lucien, acusado de sustraer los ahorros de su madre, desaparece esa misma noche. El capataz afirma haber visto su silueta; la viuda del maestro vidriero reconoce una chaqueta quemada y cree poseer la prueba definitiva. Jeanne descubre que Lucien huía de una deuda contraída por el padre de ambos, mientras el fuego devoraba la contabilidad de la fábrica. Logra rehabilitar el honor de su hermano, pero pierde la herencia familiar. Así, la verdad también tiene su precio. ¿Desearía leer esta novela corta?

Cargando votos…

novela

El inventario de las ausentes

Ficción explícita. En Lyon, en 1891, la oficiala judicial Adèle Varin recibe un inventario donde dos mujeres figuran con el mismo nombre. Una ha muerto; la otra no consta en ningún padrón municipal. Su superior pretende archivar las actuaciones; el hijo de una lavandera reclama la casa donde vivió su madre. Adèle coteja recibos del lavadero y censos de inquilinos, sacando a la luz una adopción secreta destinada a proteger a un niño de la quiebra familiar. Hace pública la prueba, arruina a una estirpe influyente y permite al huérfano elegir su propio apellido. ¿Desearía leer esta novela?

Cargando votos…

trilogía

Las estancias del registro

Ficción explícita. Tres novelas independientes siguen los pasos de varios archiveros ficticios en una ciudad portuaria. En 1848, el escribiente Marin raspa un nombre del protocolo para librar a su padre de una condena; pierde con ello su empleo. En 1872, su nieta Louise halla el folio suprimido y se lo entrega a una viuda decidida a que se reconozca la filiación de su hija. En 1901, el impresor Sorel es procesado por publicar el documento; gana el pleito, pero rechaza un cargo ofrecido por las autoridades locales. Cada volumen resuelve su conflicto y lega al siguiente una honda reflexión sobre el valor de las huellas del pasado. ¿Desearía leer esta trilogía?

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La Gazette des Tribunaux del 12 de junio de 1885, páginas 559 a 561, recoge la primera jornada del juicio contra Félix-Albert Pel ante la audiencia provincial del Sena. El artículo expone los dos cargos de la acusación, reproduce el interrogatorio de Pel, extracta elementos del sumario y recoge la declaración testifical de Sophie Reichembach; concluye con el aplazamiento de las testificales para el día siguiente, sin ofrecer veredicto. Únicamente se han delimitado y consultado estas tres páginas del ejemplar digital local; la página 562 y las demás secciones han quedado excluidas. El texto constituye una crónica de prensa, no una transcripción judicial literal; no se ha examinado legajo procesal alguno. La referencia documental remite a la biblioteca digital de la Enap, depositaria de la colección; el enlace directo al número concreto no pudo localizarse durante la presente compulsa.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete