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Justicia y escándalos · Inglaterra

Las voces de Whaddon Chase

Un testigo ve a Charles Lynn matar a Abraham Hogg en un bosque de Buckinghamshire. En el juicio, Lynn es declarado culpable de haber dado muerte a su compañero, pero enajenado de juicio en el momento de los hechos; el tribunal ordena su reclusión.

El 5 de enero de 1825, dos jóvenes tomaron en Londres sendos asientos exteriores en el carruaje Express con destino a Brick-hill. Al día siguiente caminaban hacia Fenny Stratford, llevando uno de ellos un fusil dentro de un saco de lona verde y el otro una caja sobre el hombro. El coche Eclipse les dio alcance; subieron al pescante y luego saltaron a tierra en Whaddon Chase. Pocos instantes después, un hombre que reparaba un seto oyó un alarido que tomó por una llamada de socorro ante un crimen.

Aquel hombre, llamado Meechan, dirigió la mirada hacia Snell’s Copse. Divisó a dos viajeros a quienes ya había advertido por los alrededores. Uno levantó el fusil y derribó a su compañero de un golpe con la culata. La madera del arma pareció quebrarse; el hombre arremetió entonces en repetidas ocasiones contra el cuerpo tendido sirviéndose del cañón. El espanto impidió a Meechan intervenir. Vio al agresor despojarse de su traje azul para vestir una chaqueta de caza de fustán y, acto seguido, alejarse. Cuando el pavor hubo menguado, corrió hacia la morada de su amo, sita a unas doscientas yardas, y relató cuanto había presenciado.

El señor Clarke y sus tres hijos partieron con él. Tras cerca de dos horas de pesquisas infructuosas, vieron al hombre emerger de un matorral y lo prendieron. Lo condujeron al Haunch of Venison, taberna de Whaddon, ante la presencia de los magistrados Lowndes, Smith y Mansel. El cautivo declaró llamarse Charles Lynn y dio el nombre de Abraham Hogg para su extinto compañero. La pesquisa del juez de instrucción olivero escuchó a los testigos acerca de la agresión, el hallazgo del cadáver y sus heridas, que la crónica señala como causa indudable de la muerte. El jurado del forense dictó veredicto de homicidio voluntario contra Lynn.

La crónica distingue lo publicado en un principio de lo que Lynn refirió más tarde. Según las primeras noticias, ambos hombres habían pernoctado en el White Lion y caminado luego hacia Fenny Stratford antes de subir al Eclipse. Tras su arresto, Lynn ofreció un itinerario distinto. Afirmó haber partido con Hogg desde Snow Hill en la diligencia de Liverpool. Sostuvo que dos hombres habían parlamentado largamente con Hogg, a quienes Lynn aseguró haber identificado como ladrones de cadáveres. Dos cirujanos viajaban asimismo allí, según sus palabras. Pretendió haber creído que Hogg consentía en vender el cuerpo de Lynn a dichos cirujanos una vez muerto.

Conforme a esta segunda declaración, ambos compañeros descendieron en el White Lion, en Brick-hill. Ciertas conversaciones oídas en la posada acerca de robos y asesinatos disgustaron a Lynn, quien cruzó a dormir al establecimiento de enfrente. A la mañana siguiente, al regresar al White Lion, afirmó que el posadero le espetó que había tenido fortuna al no levantarse antes, pues su cadáver se hallaría ya a medio camino de Londres. Lynn relató luego haber subido a otro carruaje con Hogg. Al pasar junto a un comunal, saltó y huyó a la carrera; Hogg lo persiguió llevándose el fusil de Lynn. Al aproximarse a un bosque, Lynn aseguró haber oído cuernos y trompetas, creído que los profanadores de tumbas le daban caza y pensado que Hogg pretendía matarlo. Su conclusión fue que había asestado el golpe primero para salvaguardar su propia vida. La crónica presenta esta defensa como una mera declaración de Lynn; no confirma la confabulación atribuida a Hogg ni la imputada a los pasajeros de la diligencia.

Antes de su traslado a Aylesbury, Lynn intentó quitarse la vida en repetidas ocasiones. Al ser informado del fallecimiento de Hogg, replicó que se congratulaba de ello, pues su compañero no se quedaría con el dinero. Solicitó escribir a su madre y comenzó la misiva con estas palabras: «Querida madre: he cometido un asesinato», tras lo cual dio nuevas muestras de desesperación. Solo después de estas tentativas fue conducido el reo a Aylesbury. Contempló el cuerpo de Hogg sin mostrar, a decir de la crónica, turbación alguna; al ingresar en la prisión, dictó una carta para su madre al carcelero King. El capellán Ashfield le dispensó visita; su madre, su hermana y un dependiente de la manufactura de sir Robert Burnett acudieron asimismo a la cárcel.

A instancias de su madre, Lynn prestó ante ella, su hermana y el empleado de Burnett la declaración cuyo tenor acababa de exponer Pelham. El cronista precisa que se puso por escrito y se aportó al juicio. No dejaba de ser la versión del acusado, enteramente distinta de la escena que Meechan afirmó haber presenciado.

La vista judicial se celebró en Aylesbury el martes 8 de marzo de 1825. Pelham indica que las declaraciones reprodujeron en lo sustancial los hechos expuestos en la instrucción del forense. En su descargo, Lynn reiteró que creía que pretendían arrebatarle la vida y entregar sus restos a los cirujanos. Varios testigos declararon creerlo demente. Los jurados lo declararon culpable de haber dado muerte a Hogg, aseverando al propio tiempo que se hallaba enajenado de juicio en el momento de los hechos. Dicha fórmula pertenece al veredicto recogido en la crónica; no aporta dictamen médico más riguroso.

El tribunal ordenó la reclusión de Lynn a disposición de Su Majestad; con posterioridad fue conducido a un manicomio. Pelham añade que Lynn había trabajado desde temprana edad como tonelero en la fábrica de vinagre de sir Robert Burnett, en Vauxhall, gozando allí de excelente reputación. Hogg trabajaba allí también como tonelero y se había convertido en el compañero inseparable de Lynn. La madre del procesado regentaba una confitería en el número 4 de Morehall-place, Vauxhall; el dependiente que la acompañó a Aylesbury pertenecía a la casa de Burnett.

El capítulo concluye ocupándose de Mangan, apodado «Long Dan», compañero de fatigas de ambos hombres. Se le había visto con Lynn el domingo 2 de enero en Manor-place, Walworth, tras lo cual se le perdió la pista. La observación de Lynn sobre el dinero de Hogg avivó las sospechas que rodearon aquella desaparición. Mangan acabó presentándose y declaró haberse alistado en la Compañía Británica de las Indias Orientales, rehusando exponer los motivos. La crónica puntualiza que aún se ignoraba por qué Lynn y Hogg habían abandonado el taller para tomar el camino de Liverpool. Concluye con este enigma sin resolver, mientras la suerte judicial de Lynn quedaba ya sellada: declarado culpable por el jurado, considerado enajenado en el instante del acto y recluido por mandato judicial.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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El bosque de los dos caminos

Novela corta enteramente ficticia. En un bosque aledaño a una ruta de postas, un hombre es hallado muerto tras haber visto un testigo huir a su acompañante. El sospechoso afirma que temía ser vendido a traficantes de cadáveres; dos viajeros ofrecen, empero, una versión dispar de su trayecto. Una posadera custodia el libro de postas y descubre que los testimonios convergen en una venta donde nadie asegura haber dormido. La trama sigue esta pesquisa local y a su testigo, creando desde la ficción a los personajes, el crimen, el proceso y su desenlace.

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Tres novelas ficticias que siguen causas judiciales independientes vinculadas a los caminos ingleses. La primera arranca con un homicidio en la espesura y dos caminantes que narran de modo contradictorio su marcha; la segunda, con un empleado desaparecido y hallado después en un puerto de embarque; la tercera, con un procesado cuyas palabras mudan entre el arresto y la audiencia. Una jueza que reaparece en los tres tomos aprende a no erigir la ausencia de móvil en prueba acusatoria. Los motivos del viaje, el testigo y el veredicto proceden de la crónica de Lynn, mas no reaparece en ellas personaje histórico ni episodio real alguno.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Pelham da cuenta del asesinato de Abraham Hogg en Whaddon Chase en enero de 1825, de la deposición de Meechan y del juicio de Charles Lynn en Aylesbury el 8 de marzo. El jurado lo halló culpable de dar muerte a Hogg y de hallarse enajenado de juicio en el momento de los hechos; el tribunal dictó su reclusión a disposición de Su Majestad. Las dos versiones del viaje y los móviles aducidos figuran en calidad de declaraciones atribuidas.

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