Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Amores y traiciones · Francia

Los hilos del gatillo

En El Havre, Joséphine Perrin es asesinada por Charles-Alexandre Brunaux tras una velada en el teatro. Él confiesa el disparo pero niega la premeditación; el jurado declara el homicidio premeditado con circunstancias atenuantes.

El domingo por la noche, Joséphine Perrin y Charles-Alexandre Brunaux asisten al teatro. Han pasado la jornada juntos, y los testigos los ven en un palco, donde Brunaux le toma las manos y se las besa. Al alba, se encuentran en la misma habitación, en la calle de Étretat. Él se levanta y la despierta diciéndole que se marcha de caza. Ella camina hacia la puerta para alumbrarle el paso; él dispara a quemarropa. En pocas horas, la reconciliación que parecía exhibirse en un espacio público se convierte en el último acto de una relación cuyas disputas bien conocían los vecinos.

El periódico data el relato en la audiencia del 17 de mayo. Refiere que Brunaux, empleado de comercio en El Havre, tiene veintitrés años. El retrato trazado al comienzo de los debates es el de un joven pálido, abatido, de atuendo modesto, con un espeso bigote rubio. Se llama Charles-Alexandre. En cuanto a la víctima, Joséphine Perrin, trabaja como dependienta en un almacén y cría a un niño pequeño con el fruto de su jornal.

Había estado a punto de desposar a Brunaux. Vacilaba, señala la crónica, en contraer matrimonio porque temía que aquel hombre le hiciera la vida amarga a su hijo. La unión ya se hallaba minada por los celos y los malos tratos. El vecindario oía con frecuencia griteríos y vajilla rota; un testigo recuerda haberlo visto golpear a Joséphine en el rellano de la escalera. Estos hechos no son un decorado añadido tras el crimen: entran en la sala de vistas por boca de quienes habitaban cerca de la pareja.

En diciembre de 1872, según el acta de acusación, fracasa un proyecto de boda y sobreviene la ruptura. Brunaux pasa varios días entregado a la disipación, tras lo cual los dos amantes se reconcilian. La paz no dura mucho. El 18 de enero, la descubre en un baile público, acompañada por un hombre. Se siente ofendido. Sus quejas y reproches se enconan, y la velada siguiente no borra la afrenta de lo que ha presenciado.

El domingo 19 de enero, la pareja sale junta y acude al teatro de l’Ambigu. Terminada la función, Brunaux lleva a Joséphine a su morada. Ella se acuesta en su lecho. La crónica señala que la concordia parece total. Al alba, Brunaux se alza. El viento arrecia desde hace dos días; afirma que desea partir de caza. Su escopeta lleva dos cartuchos. Despierta a Joséphine y le pide que le alumbre para bajar la escalera. Ella se incorpora y da unos pasos por la habitación. En cuanto se aproxima al umbral donde él la aguarda, él dispara.

El proyectil le desgarra la cabeza a bocajarro. El informe fiscal describe la muerte como instantánea y la huida de Brunaux como inmediata: abandona el arma. Esa misma noche lo arrestan en Saint-Aubin-Routot. La violencia de la escena resulta espantosa, pero la instrucción no se contenta con constatar el escopetazo. Pretende desentrañar si fue el desenlace imprevisto de una riña o la ejecución de un designio madurado.

Durante la audiencia, el presidente hace repartir entre los miembros del jurado, el ministerio público y la defensa un plano de la estancia. Dicho croquis señala el lugar del cadáver al descubrirse el crimen. La acusación lo describe semidesnudo, tendido ante el lecho. El dibujo proporciona a los jurados un espacio que escudriñar, con sus distancias y sus salidas; no sustituye, empero, los testimonios contradictorios que han de sucederse.

Brunaux admite haber disparado, pero rechaza la premeditación. Cuenta que, al levantarse, habría advertido que su escopeta estaba cargada. Le pregunta a Joséphine quién lo hizo. Ella lo niega. Él afirma haber creído que ella pretendía atentar contra su vida. Luego dice haber visto unos hilos atados al gatillo, haberle preguntado qué significaban y haber hecho fuego llevado por la cólera cuando ella se negó a responderle. Sostiene que su proceder fue un arrebato ciego, una suerte de acto maquinal, bajo los efectos de la embriaguez.

Las preguntas del presidente ponen al desnudo las fisuras de semejante versión. Si Brunaux creía a Joséphine capaz de asesinarlo, ¿por qué pasó la noche a su lado? Si de verdad iba a cazar, ¿por qué no llevaba sus botas altas ni el morral? Aquella mañana vestía botines ligeros de ciudad. El tiempo era desapacible. Tales preguntas no constituyen una prueba aislada; confrontan sus explicaciones con su indumentaria y sus desplazamientos reales.

El acta de acusación aporta otro haz de indicios. Brunaux habría amenazado a Joséphine en repetidas ocasiones. Se había negado a vender su escopeta, aun cuando se había deshecho del resto de sus pertrechos de caza. Sobre todo, las dos cuerdas sujetas a los disparadores habrían servido para simular las apariencias de un suicidio. Para el ministerio fiscal, este pormenor transmuta el arma: no es solo el instrumento homicida, sino la pieza de una tramoya destinada a extraviar las primeras pesquisas. Brunaux no lo admite como plan preconcebido. Sostiene que los hilos suscitaron la disputa y que jamás maquinó la muerte de su amante.

El comisario Magoulès narra el hallazgo. Alertado de que un hombre se había quitado la vida en una habitación de la calle de Étretat, comprende nada más entrar que se trata de una mujer. La escopeta yace no lejos del cuerpo; uno de los cañones sigue cargado. La disposición del arma no concuerda con la que ha observado en suicidios en los que el tiro se disparó con el pie. Repara asimismo en las ropas de Joséphine y, algo más allá, en las botas y el sombrero empapados de un hombre. El médico Lecadre examina el cadáver y practica la autopsia. Dictamina que el disparo se efectuó a quemarropa, de manera oblicua, de abajo hacia arriba, hacia el ángulo del ojo derecho. Conjetura que la víctima debía de hallarse apoyada contra la pared, mas añade que el suicidio sigue siendo posible y que el homicidio lo es en igual medida. Duda; el presidente le recuerda que el suicidio había sido, según sus propias palabras, «perfecta y hábilmente preparado».

Magoulès impugna la hipótesis del suicidio partiendo de la posición del arma; Lecadre, por su parte, mantiene ambas hipótesis abiertas. La crónica yuxtapone así la observación policial, la incertidumbre facultativa y la convicción del auto acusatorio. El sumario debe, por tanto, fijar la intencionalidad por otras vías: el arma, las cuerdas, las amenazas, la conducta antes y después del estampido. Vallin, comisario de policía, testifica sobre los antecedentes de Brunaux. Manifiesta que su conducta era intachable antes de la guerra, pero que, tras recibir una herencia de 28 000 francos, se entregó a una vida de placeres. Ya había convivido con otra mujer, a la que una vez hirió en la frente con una botella; Joséphine, a su vez, se quejaba de su brutalidad.

Un tendero de la calle de Étretat, Allain, lo había visto la víspera del crimen. Brunaux le refirió haberse topado con Joséphine en el baile y haber quedado muy contrariado. Al día siguiente, tras la detonación, varios testigos lo ven en una taberna. En las horas que siguen al homicidio, bebe licor y propone una partida de dados. Pierde, y acto seguido marcha a casa de su tío, donde pasa el resto del día. La frialdad que le atribuyen los testigos alimenta la tesis de la acusación; no pasa de ser su observación externa, no una ventana abierta a lo que bullía en su interior.

El ministerio público recalca la dulzura y laboriosidad de Joséphine, contrapuestas a los hábitos violentos y disolutos que imputa al reo. Considera las cuerdas como la prueba de un preparativo, y los sucesos de enero como un plan madurado con saña. Su informe combina el análisis de los indicios con una severa moraleja sobre el alcohol y las costumbres; al momento de emitir veredicto, los jurados deben desenredar esa retórica de las preguntas capitales.

El letrado Homais no niega el tiro. Suplica al jurado que no transmute en certeza lo que el fiscal expone como premeditación. Invoca la embriaguez, el ajenjo, la juventud de Brunaux, su comportamiento en el frente militar y la respetabilidad de sus hermanos. Discute que los hilos basten para probar un complot urdido y subraya que el procesado jamás hizo mención de suicidio alguno en sus interrogatorios. Solicita circunstancias atenuantes.

El jurado responde afirmativamente al homicidio voluntario y a la premeditación. Reconoce asimismo circunstancias atenuantes. El tribunal condena a Brunaux a trabajos forzados a perpetuidad. El veredicto no avala, pues, la idea de un disparo fortuito ni la de un simple arrebato de cólera sin premeditación; fija, no obstante, una pena que toma en cuenta las circunstancias admitidas por los jurados.

En el teatro, apenas una noche antes, los testigos habían contemplado a Brunaux tomar y besar las manos de Joséphine. En la alcoba, al alba, las cuerdas atadas al disparador fueron objeto de una explicación que Brunaux rechaza y de una interpretación que él discute. El perito forense describió una trayectoria compatible con el homicidio, sin descartar por completo el suicidio; los testigos hablaron de malos tratos, de botines ligeros y de dados arrojados al azar. El jurado zanjó la cuestión de la premeditación. Lo que pervive en la crónica no es un enigma resuelto por una sola prueba irrefutable: es una sucesión de ademanes, de versiones y de interrogantes cuyo conjunto bastó para convencer al tribunal del crimen.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

La habitación de arriba

En una ciudad portuaria imaginaria, una joven alquila un cuarto sobre un taller de música. La noche en que desaparece un instrumento y se desata un incendio en la calle, escucha dos versiones distintas de una misma disputa: la del vecino que busca proteger su reputación y la de una aprendiza que no se atreve a confesar la verdad. La novela corta, de ficción absoluta, transcurre en una sola mañana. Transforma el contraste entre la apariencia pública y la violencia doméstica en una pesquisa al filo del rellano, donde el plano de una planta y los ruidos entrevistos pesan tanto como las declaraciones formales.

Cargando votos…

novela

Los botines del testigo

En una novela histórica enteramente ficticia, un joven aprendiz de zapatero reconoce sus botines en un grabado divulgado tras una muerte sospechosa. Descubre que la ilustración fue copiada del croquis de una vista judicial y alterada para encubrir a un prohombre local. Al rastrear la cadena de encargos, tropieza con una cupletista de café cantante y un antiguo soldado, cada uno con sobrados motivos para mentir. La narración no toma personaje ni delito alguno del caso real; hace de una prenda de vestir el hilo conductor de una trama sobre las clases sociales, el crédito y la forja interesada de las reputaciones.

Cargando votos…

trilogía

Trilogía: Los testigos del umbral

Tres novelas independientes siguen a testigos vecinales en distintas urbes: una planchadora que escucha una riña tras el tabique, un portero que reconoce a un visitante por su indumentaria y una sirvienta encargada de abrir una habitación cerrada por dentro. Las intrigas, los crímenes y los protagonistas son inventados. Cada entrega confronta lo que se cree haber visto con lo que puede demostrarse ante un tribunal de justicia. El motivo del umbral une los volúmenes sin tomar elemento alguno del proceso contra Brunaux ni de la tragedia de Joséphine Perrin.

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Gazette des Tribunaux, n.º 14332, con fecha de 20-21 de mayo de 1873, Tribunal de lo Criminal del Sena Inferior (Cour d’assises de la Seine-Inférieure), sesión del 17 de mayo, págs. 479-480 (PDF local págs. 1-2), crónica del proceso contra Charles-Alexandre Brunaux; transcripción íntegra en OCR privado source-integrale.txt, SHA-256 ad0a9f37382561e234adb672edad73c276a9ff5fe76cf4a7b9f581e90f4c4bd1. Facsímil primario conservado localmente en work/cap800/prospection/enap-18730519.pdf, SHA-256 227e475beb9af57c9ad5ba1c4c5f1333afbd2fc9d90513a6b7b398481348d07c.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete