A finales de mayo de 1825, en Tunbridge Wells, John Peele se presenta bajo el nombre de George Watson y solicita a los banqueros Beeching e Hijos la apertura de una cuenta. Afirma haber alquilado una casa por cinco meses. Para que su solicitud parezca natural, presenta dos letras de cambio de treinta y treinta y cinco libras, supuestamente aceptadas por Coutts y Cía., en Londres. Endosa ambas con el nombre de Watson y recibe el dinero en metálico. Los papeles ya han comenzado a desempeñar la labor que él les asigna: infundir la confianza antes de traicionarla.
El hombre que firma como Watson se llama en realidad John Peele. La crónica de Pelham lo describe como un antiguo aprendiz de la firma Cowley y Sancton, en cuyo servicio permaneció hasta seis o siete años antes de su ejecución, para luego asociarse con Henry en un negocio de Mark Lane. Su padre ya había descubierto una primera tanda de falsificaciones, pagado las letras y enviado a su hijo a América y luego a las Antillas, proveyéndole medios para subsistir con la esperanza de apartarlo de semejante camino. Peele regresa a Inglaterra. Según los datos recabados antes de su arresto, habría vivido dos años en el lujo gracias a nuevos efectos apócrifos, jactándose incluso de haber dejado su marca en cada condado.
Para trasladarse de una ciudad a otra, se da aires de caballero acaudalado. Adopta el nombre de George Watson y viaja ya en un carruaje de tipo stanhope, ya en un faetón de doble caja. Una mujer conocida en Portsmouth lo acompaña; la llama Mrs. Watson y al principio le habló de una gran fortuna en América y las Antillas. A los banqueros les presenta efectos extranjeros fechados en las Indias Orientales o en los Estados Unidos. Tales procedencias lejanas complican la verificación de las firmas y, según Pelham, le ahorran asimismo ciertos derechos de timbre. Rara vez emite sumas cuantiosas de golpe; a menudo, las víctimas juzgan que un pleito costaría más que la propia pérdida. Pelham refiere que llevaba encima cientos de formularios en blanco y sacaba provecho de la reticencia de los acreedores a sufragar gastos contra una sola letra de escaso valor. Los banqueros no comienzan a seguirle la pista hasta que su comité de protección mutua inicia una investigación en todo el país.
En la banca Beeching, Peele no se detiene en los dos primeros efectos. Entrega asimismo un resguardo de depósito extendido por el banco de Carlisle, por un importe de 275 libras, 11 chelines y 6 peniques, y solicita que sea presentado por conducto de sus agentes londinenses. El resguardo de depósito es un documento bancario legítimo, obtenido por Peele a cambio de una letra girada junto a una suma adicional. El banco de Carlisle informa a los corresponsales de que dicha letra, al llegar a su vencimiento, ha resultado ser falsa.
Su procedimiento estribaba en el intercambio de papeles auténticos y falsificados. En una ciudad, entregaba billetes legítimos en el banco y pedía a cambio efectos sobre una casa londinense. Elegía documentos con abundantes firmas, que copiaba de muy diversas maneras —hasta veinte versiones, según Pelham— sobre hojas en blanco. Acto seguido, presentaba al mismo tiempo los efectos legítimos y los que él mismo había fabricado; los primeros servían de fianza aparente para los segundos. En otros casos, como el de Carlisle, una letra fraudulenta le permitía obtener un documento o una suma auténtica. Esta estratagema de confianza complicaba la labor de los dependientes mientras ninguno de los efectos llegara a término.
En Beeching quedan otros dos efectos «en depósito», supuestamente para su custodia. Uno figura como librado por Alexander y James Liddell de Dundee y aceptado por Robinson y Brown de Glasgow. El otro, de treinta y siete libras, once chelines y seis peniques, está fechado en Antigua y atribuido a Nathaniel Underwood, con aceptación de J. Bell e Hijos, en Leith. Pese a ello, Peele obtiene veinte libras contra estos papeles mediante un cheque firmado por Watson. Cuando se presentan al vencimiento, ninguno de los nombres que debían haberlos librado o aceptado corresponde a una persona real, según el acta del proceso.
Una vez obtenido el dinero, Peele se marcha con la mujer que lo acompaña. Se dirigen a Londres pasando por Maidstone y Rochester. En Maidstone entrega otro cheque de veinte libras girado contra Beeching y lo cobra en el hotel de Widdish. El banco lo abona a continuación, convencido de que las garantías depositadas por Peele son firmes. Uno o dos días después de su marcha, la letra regresa de Carlisle y la investigación revela que los restantes efectos y garantías también han sido falsificados. La estafa ya no es un percance aislado: los banqueros intentan desentrañar cómo ha circulado toda esa masa de papel.
La investigación halla a Peele en las Midlands. Un posadero de Derbyshire, a quien ha endosado una letra de cuarenta y cinco libras, lo reconoce mientras bebe vino y no lo pierde de vista hasta su arresto y reclusión en Derby. El procurador Gates, enviado por el comité de banqueros tras conocer su presencia en la comarca, llega luego para organizar el curso de las diligencias. Comprende que Peele planea declararse culpable de la emisión de la letra del posadero. De ese modo, el acreedor podría ser indemnizado e interceder a favor de una petición de clemencia, dejando los cargos relativos a los demás efectos sin persecución judicial.
Gates recurre al Lord Chief Baron, que celebra audiencia en Derby. Tras consultar la mejor vía a seguir, se acuerda no presentar acta de acusación alguna en Derby. Peele es puesto en libertad por proclamación e inmediatamente entregado a un agente provisto de una orden de detención dictada por sir Richard Birnie. Se le conduce a la prisión de Maidstone, donde podrán juzgarse los hechos cometidos en Kent. Este ardid procesal impide que la causa quede reducida al pagaré de cuarenta y cinco libras descubierto en Derbyshire.
En las siguientes sesiones de la corte de circuito, Peele es procesado por las falsificaciones cometidas contra Beeching y sus socios. El jurado lo declara culpable. Es condenado a muerte. El 26 de enero de 1827 es ejecutado en Pennenden Heath, cerca de Maidstone. Pelham refiere que conservó durante largo tiempo la esperanza de esquivar la horca y mantuvo un ánimo jovial hasta que el plazo fatal estuvo próximo. Entonces se volcó en los deberes de la religión y expiró con resignación.
Las cartas halladas entre los documentos custodiados por la mujer con la que convivía dejan entrever la vertiente íntima de su vida bajo el nombre de Watson. En una misiva fechada en Liverpool, le escribe a Martha que ha perdido quinientas libras a causa de una quiebra, pero le ruega que no desespere. Se presenta como su amparador devoto, a pesar de los constantes viajes y de la zozobra. Las cartas y los alias prolongaban así, hasta en el seno de esa relación, el mismo abismo entre la apariencia y la verdad.
En el momento de su prendimiento, los agentes hallan en posesión de Peele letras de cambio en blanco, otras parcialmente cumplimentadas y algunas ya endosadas. Aquel arsenal de papel que lo había acompañado de ciudad en ciudad se convirtió en una última prueba de cargo.
