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Justicia y escándalos · Escocia

El bosque de Lettermore

Tras el asesinato de Colin Campbell de Glenure en mayo de 1752, James Stewart de Aucharn es acusado de haber ayudado a huir a su pariente Allan Breck. Un jurado lo condena basándose en testimonios e indicios materiales discutibles; Stewart niega todo conocimiento previo del crimen y es ejecutado en noviembre.

El disparo resonó en el bosque de Lettermore en el instante preciso en que Colin Campbell de Glenure avanzaba por un sendero demasiado angosto para que dos caballos cabalgaran a la par. Mungo Campbell marchaba delante de él; John Mackenzie, su criado, le seguía los pasos. El primero oyó la detonación, desanduvo el camino a toda prisa y ayudó al intendente a desmontar de su cabalgadura. «¡Ay, estoy muerto!», repetía Glenure. Dos orificios perforaban su chaleco por encima del vientre. Mungo ascendió por la pendiente y divisó a un hombre con un abrigo oscuro y un fusil en la mano; se hallaba demasiado lejos para distinguirle el rostro. Tras media hora de agonía, el herido expiró sin haber señalado a su asesino.

Al día siguiente, nadie había determinado aún quién había disparado. Sin embargo, el nombre de James Stewart de Aucharn ya circulaba de boca en boca en un asunto donde la tierra, las lealtades y las viejas derrotas se habían entrelazado mucho antes del disparo. Stewart era hermano de Charles Stewart, apodado Ardshiel, cuyos bienes habían sido confiscados tras la insurrección de 1745. Colin Campbell, nombrado intendente por los barones de la Tesorería Real, administraba aquellas tierras y debía desalojar a varias familias de sus granjas. Una de ellas había sido la de Stewart; se habían anunciado nuevos desahucios para el día siguiente al crimen.

Glenure no viajaba solo. Había cruzado en el transbordador de Ballachulish acompañado por Mungo Campbell, un notario, su criado y varios hombres encargados de ejecutar las órdenes de expulsión. John Beg MacColl, sirviente de Stewart, se le había adelantado con menos de una hora de ventaja, presuroso por alcanzar la otra orilla. El hombre explicó que tenía un encargo en Fort William. Mungo oyó el tiro cuando se encontraba más adelante; Mackenzie, detrás de su señor, reconoció el estruendo de un arma pero no alcanzó a ver de dónde provenía. En el paraje donde cayó Glenure, el bosque ofrecía múltiples escondrijos a quien hubiese deseado apostarse allí.

La persecución no tardó en volverse hacia Allan Breck Stewart, pariente de James, antiguo soldado y desertor que iba y venía entre Francia y Escocia. Varios testigos lo habían visto por la comarca en los días precedentes. Se murmuraba que había proferido amenazas contra Glenure a causa de los desahucios y que hablaba de «quitarlo de en medio». Otra declaración le atribuía una frase más oscura: había que atrapar a un «zorro rojo». Glenure llevaba el sobrenombre de Colin Roy, el Rojo. Aquellas palabras no constituían una confesión ni demostraban que Allan hubiera disparado; con todo, pasaron a formar parte del cúmulo de indicios de la acusación.

Las vestimentas cobraron a su vez una singular relevancia. El 11 de mayo, Allan Breck había llegado a Aucharn con un abrigo azul y chaleco encarnado. Otros testigos lo vieron después con una chaqueta negra de botones claros y una capa amplia. La criada Catherine MacColl declaró haber visto a la esposa de James envolver las primeras ropas en un saco y pedirle que las ocultara. Las prendas no fueron halladas en la casa. La muda de ropa coincidía con las descripciones de los testigos, pero dichos testimonios procedían a menudo de personas que apenas habían vislumbrado a Allan fugazmente.

James, por su parte, se hallaba en su morada cuando el criado de Glenure acudió a anunciar el crimen. Preguntó si su amo había sido abatido y manifestó su inquietud por la conmoción que el suceso pudiera desatar en la comarca. No se acercó al cadáver. Explicó que no mantenía buenas relaciones con Glenure y que hombres armados podían rondar el lugar de los hechos. Aquella negativa fue incorporada al relato incriminatorio de la fiscalía.

El agravio de los arrendatarios era patente. James había abandonado Glenduror después de que Glenure asignara su granja a otro colono. Con todo, los testigos que aludían a esta desavenencia no coincidían en sus versiones. Algunos referían amenazas vertidas en la taberna al calor de las copas; otros afirmaban que James había aceptado su traslado con la condición de que el excedente de las rentas se destinara todavía al sustento de los hijos de Ardshiel. Había escrito a un notario con el fin de notificar una suspensión cautelar contra el desahucio de los demás renteros. Sus pasos recurrían a los tribunales antes de transitar, si la acusación decía la verdad, por la senda de una conspiración homicida.

Durante la semana del crimen, los movimientos en la casa de Aucharn fueron interpretados como las piezas de un plan preconcebido. James envió a John Beg MacColl a Fort William con una misiva para el notario y una petición relativa a cuatro vacas. Le encomendó que no perdiera tiempo. Allan Breck se había dejado ver por la casa pocos días antes. En la noche del asesinato, la esposa de James ordenó a los criados que ocultaran las armas, por temor a la llegada de los soldados. Al día siguiente, las armas fueron trasladadas más lejos, bajo una peña. Una estaba cargada con perdigones menudos; la otra se hallaba descargada y denotaba falta de mantenimiento. El capitán que las descubrió no pudo precisar cuánto tiempo hacía que se había disparado la segunda.

Otros hechos atañían al dinero y a la ropa. Allan Breck se había guarecido en la espesura y pidió a varios allegados que avisaran a James de que precisaba fondos para abandonar el país. El 15 de mayo, según el buhonero Alexander Stewart, James le pidió que recabara cinco libras del comerciante William Stewart para Allan, así como otra suma destinada a John Breck MacColl; también le encargó reclamar cuatro libras por el importe de dos vacas. Al día siguiente, el comerciante solo le entregó tres guineas. Cuando James fue arrestado, añadió dos guineas extraídas de una bolsa verde: las cinco guineas reunidas de este modo debían entregarse a Allan para secundar su huida. La esposa de James encomendó asimismo al buhonero que se llevara las ropas de Allan. Si no hallaba al fugitivo, debía entregar el dinero a John Breck MacColl, pero manteniendo las prendas fuera de la casa para que no fuesen vistas. El hombre vaciló; ella insistió. Al cabo, depositó el fardo al pie de un abeto y entregó las monedas a John Breck.

Este auxilio podía convertir a James en cómplice; mas también podía haber sobrevenido tras el crimen, cuando el prófugo corría peligro de ser perseguido por otros motivos, entre ellos su deserción. Allan negó haber dado muerte a Glenure. James negó saber nada del asesinato. Los testimonios sobre las amenazas de clan se consignaban con frecuencia a posteriori, al tiempo que varios declarantes eran parientes, sirvientes o vecinos de los Stewart. El proceso no dilucidó estas tensiones antes de que la familia entera quedara sujeta a los rigores de la justicia.

En Inveraray, los letrados de James impugnaron en primer término el procedimiento. Sostenían que no podía juzgarse al presunto cómplice antes de haber condenado al autor material del disparo. El tribunal desestimó la objeción. Borrow censura la prolijidad de los alegatos de la defensa, aun reconociendo la sensatez del reparo. Advierte que los fiscales sacaron provecho de tales debates para exponer a los miembros del jurado un relato minuciosamente articulado en torno a la culpabilidad. El móvil político se adueñó de los estrados: el procurador invocó la autoridad regia y la rebelión jacobita, cuando la causa versaba sobre un homicidio concreto.

Los testigos volvieron a declarar sobre el transbordador, las ropas, las palabras de Allan Breck, los fusiles escondidos, la carta, el dinero solicitado para Allan y las cinco guineas finalmente reunidas. El jurado declaró a James culpable por unanimidad como autor o cómplice del asesinato. Allan Breck, que se había dado a la fuga, no compareció. El tribunal condenó a James a morir en la horca y a ser expuesto después encadenado cerca del transbordador de Ballachulish. Al pronunciarse la sentencia, perdonó al jurado y a los testigos a quienes acusaba de haber mentido. Aseguró no haber tenido conocimiento previo alguno de la muerte de Glenure y se proclamó tan inocente como un niño por nacer.

El 8 de noviembre, escoltado por la tropa militar, fue conducido al cadalso. James había dispuesto tres copias de su alocución: una para el magistrado civil, otra para el comandante del destacamento y la tercera para el gentío. Leyó su protesta con voz firme y clara. Una tempestad se desató durante los últimos instantes. Borrow refiere que la serenidad del reo convenció a los presentes de su inocencia; no pasa de ser el parecer de un cronista, no el dictamen de un nuevo tribunal. Su cadáver permaneció suspendido en cadenas junto al paso del transbordador. Mucho después de concluido el juicio, todavía se discutía quién, en aquel bosque, había empuñado en verdad el fusil.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

El texto de Borrow presenta un defecto de OCR en el año del proceso; el índice de su obra señala 1753, mientras que los registros consultados sitúan el asesinato, el juicio y la ejecución en 1752. La crónica conserva la fecha de 1752. El capítulo se leyó íntegramente a partir del OCR local delimitado, sin recurrir al volumen completo.

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