Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Reino Unido

El caballo tordo de Wadebridge

Dos hermanos, James y William Lightfoot, son acusados del asesinato y robo de Nevill Norway, comerciante de Wadebridge, ultimado en el camino de Bodmin en febrero de 1840. Camden Pelham relata sus versiones contradictorias, su condena en Bodmin y su ejecución el 13 de abril, sin reproducir la totalidad de las actas procesales.

El caballo tordo reapareció en el camino desprovisto de jinete. Un labrador que se dirigía a Wadebridge lo vio ensillado, pero solo; tras renunciar a darle alcance, interrogó a varios hombres acerca de la cabalgadura, y uno de ellos creyó reconocer el caballo de Mr. Nevill Norway. El labrador se encaminó a la morada del comerciante. El animal permanecía junto al establo, y se advirtieron manchas de sangre sobre la silla. Dos criados partieron de inmediato por el camino de Bodmin en busca de su amo.

Camden Pelham sitúa la desaparición en la tarde del 8 de febrero de 1840. Norway, tratante en maderas y mercancías diversas, residía en Wadebridge, a unas nueve millas de Bodmin, y había acudido al mercado de dicha ciudad. Hacia las cuatro de la tarde, refiere el compilador, Norway sostenía su bolsa para abonar una suma cuando William pasó a su lado muy de cerca, debiendo de haberlo visto. Poco antes de las diez de la noche, el comerciante había emprendido a caballo el camino de regreso. Un compañero cabalgó a su lado durante unas pocas millas antes de despedirse. El animal, devuelto en solitario a su hogar, mudó un sendero familiar en una inquietud acuciante: ¿dónde se había desvanecido su amo y quién había podido atajar su marcha?

El camino era solitario y quebrado. Tras recorrer cerca de dos millas, uno de los criados divisó un brillo en un arroyo. Se trataba del cadáver de Norway. Lo trasladaron a Wadebridge sobre su propia monture; el cirujano Tickle constató heridas en la cabeza y en el rostro, que Pelham atribuye a reiterados golpes asestados con un objeto contundente. Muy cerca de allí, unas huellas conducían desde un charco de sangre hasta el riachuelo; no lejos del lugar se hallaron el sombrero del comerciante y una pieza rota perteneciente a la llave de una pistola. El cronista señala que las pisadas delataban la presencia de dos hombres y un desplazamiento hacia un huerto colindante. No obstante, semejante lectura del terreno carece de testimonios exhaustivos en los límites de la fuente.

El robo se perfiló como móvil verosímil. Faltaban la faltriquera, el dinero, un libro de notas y un manojo de llaves; las pesquisas practicadas en torno al paraje donde yacía el cuerpo no permitieron recuperarlos. El libro no especifica el caudal sustraído, ni describe pormenorizadamente la investigación ulterior. Menciona, sin embargo, varias deposiciones que orientaron a las autoridades hacia dos jornaleros de la comarca, James y William Lightfoot, hermanos criados en las inmediaciones.

Harris, zapatero, recordó haberlos visto cerca del arroyo la noche del crimen. Ayres, vecino de James, refirió otra circunstancia: esa misma noche oyó a su vecino regresar a deshora y hablar con su mujer; sin distinguir las palabras, percibió cómo la esposa y la criatura rompían a llorar. Al registrarse la casa de James el 14 de febrero, se halló una pistola cuyo mecanismo de disparo se hallaba incompleto, oculta en una viga del techo. James alegó haberla quebrado al matar a un gato; su actitud infundió sospechas a los oficiales y fue puesto bajo custodia. William fue detenido tres días más tarde, tras manifestar a Vercoe que, si su hermano recibía castigo, él también debía padecerlo, «pues entrambos estaban metidos en ello», según la versión que consigna Pelham.

Interrogado ante el magistrado, William prestó una minuciosa declaración. Reconoció haberse reunido con James en el camino de vuelta y haberlo secundado hasta los aledaños del paraje donde se perpetró el homicidio. Declaró que se habían emboscado en una finca; a tenor de su relato, James disparó dos veces sin que el arma prendiera, golpeando seguidamente a Norway con la misma pistola. William admitía su presencia, la fuga de los hermanos y su propia intervención en la rapiña: había sepultado la bolsa en su huerto antes de arrojarla desde el puente de Pendavey. Su relación cargaba en su hermano el primer ademán y los golpes que derribaron a la víctima, si bien lo situaba a él dentro de la empresa criminal.

William guio después a los pesquisidores hasta un matorral de tojos donde se recuperaron el cuaderno de notas y las llaves del mercader. El hallazgo no acreditaba por sí solo quién asestó los golpes, pero corroboraba parte del testimonio relativo a la sustracción y ocultamiento de los enseres. James fue trasladado de la prisión de Bodmin a Wadebridge el 19 de febrero. Jackson, el oficial de policía, testificó luego que el reo había formulado una confesión concorde en lo sustancial con la de William, mas en la cual James procuraba atribuir a su hermano la iniciativa de la agresión.

Otro relato atribuido a William alteraba nuevamente el reparto de culpas. El carcelero de Bodmin declaró que, tras su ingreso en prisión, William le aseguró haber revelado toda la verdad a Mr. Molesworth. En esta versión, James había intentado disparar dos veces contra Norway; William le habría propinado entonces un garrotazo, antes de que James machacara a la víctima con su arma. Las dos declaraciones atribuidas a William difieren, pues, en el alcance de sus propios actos: una lo dibuja como mero cómplice y partícipe del despojo; la otra le atribuye un golpe asestado al comerciante. En cuanto a James, se le atribuía una confesión semejante, pero inculpando a William del inicio del asalto.

La justicia no dispuso, en la relación de Pelham, de una confesión unívoca y constante que zanjara esta discordancia. El compilador hace notar, por el contrario, que los hermanos permanecieron incomunicados hasta el juicio y que sus testimonios procuraban descargar sobre el otro la mayor responsabilidad. A sus alegatos se sumaban las declaraciones testificales que los situaban en la ribera, el fragmento de la pistola, el arma incautada a James, las prendas escondidas y demás indicios que, al decir de Pelham, robustecían las acusaciones. Empero, el capítulo no traslada la totalidad de los debates ni los términos de la deliberación del jurado. Importa, por ende, deslindar tales noticias de la resolución judicial sobrevenida.

La vista de la causa dio principio en Bodmin el 30 de marzo de 1840, ante el juez Coltman. Al comparecer en el estrado, Pelham describe a ambos hombres con semblante sosegado, tras un prolongado aislamiento mutuo. Instados a formular sus descargos, se proclamaron inocentes. El juez recapituló los elementos sometidos al tribunal y el jurado pronunció veredicto de culpabilidad contra los dos hermanos. Ambos fueron condenados a la última pena. El fallo de la corte fundía de este modo, bajo una sentencia idéntica, a dos encausados cuyas palabras referidas se habían acusado recíprocamente sin llegar jamás a avenirse.

Tras dictarse sentencia, se consintió que los reos se reunieran en la misma celda. Pelham relata que rompieron en recriminaciones y pasaron a las manos, hasta que los celadores hubieron de separarlos de nuevo. Dicho altercado no esclarece lo acaecido en el camino; patentiza tan sólo que los vínculos de sangre no habían acercado sus descargos. Durante varios días aún, la compilación los describe como desapegados de su destino. El 7 de abril recibieron a sus deudos; tras este encuentro, la crónica los muestra más solícitos a las exhortaciones de los reverendos Kendall y Molesworth. El domingo siguiente comparecieron a los oficios divinos de la cárcel.

El ajusticiamiento tuvo lugar en Bodmin el lunes 13 de abril. William contaba treinta y seis años y James veintitrés. Marcharon hacia el cadalso acompañados por los ministros eclesiásticos, oraron y suplicaron el envío de un postrer mensaje a sus familias. Pelham estima en más de diez mil las almas congregadas, apuntando que escasas fueron las muestras de conmiseración. En el mismo pasaje, recuerda que se allegó una suscripción de 3500 libras esterlinas en favor de la viuda y los hijos de Norway, entre la fecha del homicidio y la de la ejecución. La vindicta pública y el socorro a los deudos componen así las dos consecuencias que el compilador resuelve preservar.

El caballo tordo había traído a Wadebridge los primeros indicios; las declaraciones de los hermanos, por su parte, no cesaron de arrojarse mutuamente la culpa. El jurado condenó a entrambos, mas la relación de Pelham no permite transformar aquellos testimonios interesados en una reproducción cabal del proceso. Brinda al lector la materia primordial —el camino, los despojos, las versiones encontradas, el veredicto—, mas le escamotea las palabras y contradicciones que la crónica hubo de callar. En ese intervalo entre la inculpación recíproca y el fallo indiviso reside el verdadero nudo del proceso.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

El puente de sal

Novela corta enteramente ficticia. Dos arrieros hermanos son acusados de haber desviado un cargamento de sal en un camino montañoso. Uno de ellos entrega al juez un plano que incrimina a su primogénito; el otro afirma que el pliego fue trazado con posterioridad a su captura. Una contrabandista, la única persona que los avistó por separado aquella noche, rehúsa declarar por haber trasegado misivas clandestinas. Un pasante novel advierte que ambas relaciones son fidedignas, mas correspondientes a dos viajes distintos. Se verá en la tesitura de salvar a un inocente sin disipar el delito que entrambos pretenden encubrir. La trama no toma elemento alguno del homicidio, la víctima o la conclusión histórica.

Cargando votos…

novela

La última almoneda de Plymouth

Novela histórica ficticia. Un comisionista naval perece tras vender a dos armadores el mismo casco prometido para zarpar en expedición. Su socia, acusada de envenenamiento, halla en los diarios de navegación una serie de firmas imposibles de haber sido estampadas el mismo día. Un viejo carpintero de ribera asevera haberla visto en la dársena, mientras el escribano atestigua su presencia en una villa distante. Al desentrañar la estafa comprende que ambos deponentes no mienten: el primero contempló a su doble; el segundo, una identidad suplantada. La intriga versa sobre la falsedad documental y el tráfico marítimo; los personajes y el desenlace son de absoluta invención.

Cargando votos…

trilogía

Las dos columnas

Trilogía de ficción estructurada en tres causas independientes, enlazadas por una letrada itinerante que rehúsa aceptar los rencores de familia a modo de prueba judicial. En Bristol defiende a dos hermanas enemistadas por un caudal sucesorio, probando que ninguna de ellas rubricó el testamento. En Ruan indaga el litigio de dos comerciantes que se acusan mutuamente tras la desaparición de un libro de créditos. En Dublín patrocina a un antiguo militar acusado por su hermano de haber vendido un secreto de guerra. Cada volumen alcanza su propio desenlace —una partición, una vista pública, una partida— y desentraña una faz distinta de la lealtad quebrantada, sin relación alguna con los hermanos Lightfoot ni con el homicidio de Nevill Norway.

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

El relato se sustenta en el capítulo íntegro de Pelham, compilación retrospectiva estampada en 1891, y no en las minutas originales del proceso. La fuente deslinda la deposición de William ante el juez instructor, las palabras transmitidas con posterioridad por el alcaide y la confesión imputada a James por el oficial Jackson; tales testimonios discrepan en cuanto a la iniciativa de la agresión y a la intervención de William. Ambos hermanos proclamaron luego su inocencia en la vista oral, tras lo cual el jurado los declaró culpables. Las imputaciones, descargos, el veredicto, las penas y el ajusticiamiento son según constan en Pelham.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete