Los vecinos descubren en primer lugar a Elizabeth Wilson, degollada en la cocina. En la planta superior, George Chennel padre yace en su lecho, con la cabeza casi cercenada del cuerpo. En una mañana de noviembre de 1817, la casa de George Chennel en Godalming se convierte en el escenario de un doble asesinato. Su hijo, George Chennel hijo, y John Chalcraft, el carretero de la casa, serán juzgados juntos ante el tribunal de lo criminal de Guildford el 12 de agosto de 1818.
El padre es un próspero curtidor, dueño de cierto patrimonio. Elizabeth Wilson, a quien los testigos llaman «Bet», lleva largos años al frente de la casa como gobernanta. George hijo suele hacer las comidas en casa de su padre, pero alquila su propio aposento en la ciudad. El vecindario habla de una pésima relación entre ambos. Henry Causton recuerda que el joven llegó a desear la muerte de su progenitor; también le oyó manifestar su anhelo de que despidieran a la gobernanta. Estas palabras referidas preceden al crimen, mas no bastan por sí solas para probar un móvil. El mozo de posada William Coombes refiere otra conversación acaecida pocos meses antes: Chennel decía que iría a comer a casa de su padre, pero no a dormir, pues Bet sabría a qué hora regresaba. Habría añadido que no lamentaría encontrarla muerta y que jamás delataría a su asesino. James Tidy, el posadero del Richmond Arms, afirma asimismo haberle oído desear la muerte de la gobernanta. Son testimonios retrospectivos; no obstante, en la vista oral ofrecen un marco a las enemistades ya descritas.
El lunes por la noche, varios vecinos divisan a los dos hombres cerca del pasaje que conduce a la vivienda. Charles Woods los ve en el callejón, junto a la puerta de la cocina; pasa de nuevo en dos ocasiones y cree reconocerlos, siempre en el mismo sitio, al resplandor de una tahona situada enfrente. William Stillwell ve a Chalcraft encaminarse hacia la casa, con Sarah Hurst a sus espaldas. El palafrenero William Cooper los advierte frente a frente en la calle, ataviados ambos con blusones de faena. George Chennel pasa también parte de la velada en el Richmond Arms. Según el mesonero, llega a las siete, sale cerca de las nueve dejando su pipa sobre la mesa, regresa hacia las diez menos cuarto y vuelve a marcharse a las once y media. Pocos días antes, Chalcraft habría anunciado a un carretero que pronto se oiría hablar en Godalming de un estallido más estrepitoso que ninguno; la frase se menciona en el proceso sin que se llegue a desentrañar a qué aludía. Esa misma noche, el testigo William Cobely oye un grito agudo cerca del pasaje, seguido del ruido de una caída. Divisa a Chennel en mitad del callejón, hablando con una mujer, pero no ve ingreso alguno en la casa ni golpe asestado.
Sarah Hurst relata que Chalcraft la convidó, hacia las cinco, a bajar al pueblo durante la velada. Se reúne con él poco después de las nueve, a escasas puertas de la casa; en ese instante, él le pide que vigile la entrada de los Chennel. Ella pasea frente a la fachada mientras él penetra en el inmueble; ve asimismo entrar a George hijo. Cuando Chalcraft sale de nuevo, ella oye un grito y le pregunta qué han hecho. Conforme a su testimonio, él responde: «Hemos acabado con los dos». Distingue sangre en sus mangas. Al día siguiente, él le ofrece cuatro libras a cambio de su silencio. Ella las rechaza y declara que no quiere volver a oír hablar del asunto.
Hurst se halla a su vez comprometida en el secreto que describe. En el estrado, su complicidad al custodiar la puerta y su silencio inicial son sometidos a un riguroso contrainterrogatorio. Su deposición no procede, por tanto, de una observadora imparcial; debe sopesarse junto a los testimonios que sitúan a los dos hombres en las inmediaciones de la casa y con la mancha advertida en la manga de Chalcraft.
A la mañana siguiente, los testimonios vuelven a cruzarse en torno a la vivienda. John Ourrington, peón agrícola de Chennel, llega con los caballos hacia las seis y media. Halla la puerta del establo abierta y a Chalcraft con una criba para el grano en las manos; jamás la había visto abierta antes de que el amo se levantase. John Knight hijo llega a continuación al pasaje. Al abrir la puerta de la cocina, divisa a Wilson tendida en el suelo. Chalcraft se queda rezagado y afirma que es incapaz de subir. Cuando cunde la alarma, él ya sabe con precisión dónde se encuentran ambos cuerpos: Bet en la cocina, el amo en la planta alta.
Es también Chalcraft quien llama a John Earl: el señor no aparece por ninguna parte y hay sangre en la cocina. Earl entra, descubre a Wilson y sube después con otros hombres hasta el lecho de Chennel padre. Desciende y encuentra a George hijo junto a una puerta. Cuando Earl le anuncia la muerte de su padre, Chennel exclama: «¿Qué hay que hacer?», y sube a ver el cadáver. Se sienta en el dormitorio, con un pañuelo cubriéndole el rostro, dejando escapar lamentos. Earl permanece luego dos o tres horas en la casa.
El martes, George Austin repara en lo que le parece una mancha de sangre en la manga derecha de Chalcraft. Este se niega todavía a ver los cadáveres. Al día siguiente, Austin regresa en compañía de John Kean y de Chalcraft, que ya se halla bajo custodia. El carretero consiente esta vez en la inspección: sortea el cuerpo de la gobernanta y sube al piso superior. Afirma entonces no haber visto jamás esa estancia y desconocer cuál de ellas es el aposento de su señor. La crónica procesal no consigna explicación alguna por su parte respecto a la mancha.
El dinero hallado en poder de Chennel es asimismo objeto de prueba testifical. Un agente de policía registra su alojamiento y encuentra en un arca dos billetes de banco y catorce chelines; uno de los billetes parece manchado de sangre. El dependiente de almacén Allathorp reconoce los billetes gracias al nombre de Mrs. Baker que él mismo había anotado en ellos. Declara habérselos entregado al «señor Chennel» el 4 de noviembre. La crónica no especifica en este punto a cuál de los dos hombres de idéntico nombre se refiere, ni cómo pudo estamparse aquella huella sobre el papel.
El itinerario de Chennel sigue siendo controvertido. Johnstone cuenta que lo acompañó hacia Hasscombe el lunes y que el joven solo llevaba dos peniques encima. Su patrona, Elizabeth Stillwell, declara no haberlo visto el lunes, pero sí haberle oído salir hacia las diez de la mañana; no habría regresado hasta pasada la medianoche, adeudándole por entonces cinco semanas de alquiler. Otros testigos vieron a Chennel y a Chalcraft cerca de la casa. Sus declaraciones yuxtaponen trayectos y horarios sin llegar a reconstruir cada hora de la noche.
Ante el tribunal de lo criminal, el 12 de agosto de 1818, ambos hombres son procesados por el asesinato de George Chennel padre y, en un segundo auto de acusación, por el de Elizabeth Wilson. El escrito de cargos describe un cráneo fracturado a martillazos y sendas gargantas seccionadas; ningún testigo presenció los asesinatos en sí. Hurst refiere la orden de vigilar la puerta, los gritos, los rastros de sangre y las palabras de Chalcraft. La defensa recalca la intervención de la testigo en el encubrimiento. El jurado declara culpables a los dos acusados.
Chalcraft proclama que es tan inocente como una criatura por nacer; Chennel guarda silencio. Sus familias los visitan el 13 de agosto; ambos sostienen su inocencia. A la mañana siguiente, dos eclesiásticos acuden para exhortarlos a confesar. Se niegan de nuevo. Reunidos en la misma celda para recibir la comunión, reiteran dicha negativa. Tras el oficio, el reverendo John West conversa a solas con ellos. Rompen al fin a llorar, mas sin admitir los asesinatos. El 14 de agosto son ahorcados en un prado al norte de Godalming, ante una multitud que colma asimismo los altos vecinos. Hasta el último instante protestaron contra el veredicto que los condenó.
