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Bandidos y caminos reales · Irlanda

El nombre de Cooney

Jeremiah Grant, a quien Pelham apodó capitán, regresó en 1816 al Queen’s County y asaltó la morada de Thomas Cambie. Detenido en Killoughram bajo el nombre de Cooney, fue reconocido, devuelto a Maryborough y condenado por dicho robo con allanamiento el 16 de agosto. Pelham da cuenta de una primera fuga y de una segunda, frustrada por su traslado; Grant fue ajusticiado el 29 de agosto, fecha inscrita en la misma secuencia procesal de 1816.

Cuando los soldados le rodearon, Jeremiah Grant yacía sobre un lecho de paja dentro de una cueva. Cinco de sus hombres lo acompañaban. Al penetrar los militares y los yeomen en el bosque de Killoughram, la cuadrilla presentó batalla hasta herir a cinco soldados. Los forajidos fueron reducidos y desarmados. Conducido a la prisión de Wexford, Grant ingresó bajo el nombre de Cooney. En la relación de Pelham, no fue su captura lo que puso término a su carrera, sino el descubrimiento del verdadero patronímico que ocultaba tras de sí.

Camden Pelham recogió la peripecia de este bandolero en The Chronicles of Crime, compilación retrospectiva aparecida en 1887. Define a Grant como un «freebooter» irlandés y desgrana su trayectoria con la ironía y los juicios de valor propios de su época. La fuente no constituye una pieza de autos ni un sumario judicial. Las alabanzas a la apostura del reo y los relatos atribuidos a la admiración popular no son sino licencias del compilador. Sin embargo, diversas fechas y hitos son concretos: una antigua fuga del penal de Maryborough, un robo con fractura en la casa de Thomas Cambie en marzo de 1816, una detención en Wexford bajo el alias de Cooney y el consiguiente juicio en Maryborough.

Pelham sitúa los comienzos de Grant en el Queen’s County, como hijo de un modesto campesino. Afirma que a los diecinueve años el mozo ya desvalijaba a los viajeros por los caminos, y que a los veintiuno otros ladrones le nombraron capitán de una partida. El libro no ofrece fechas precisas de aquellas fechorías ni consigna la identidad de las víctimas. Alude, en cambio, a la supuesta generosidad de Grant como el origen de su celebridad: parte del botín habría sido repartida entre los desamparados, mientras los hacendados abonaban una suerte de canon anual para librarse de las visitas nocturnas de sus secuaces. Pelham describe esta protección como una costumbre consentida, mas no aporta contrato, pagaré ni testimonio formal alguno.

El relato de su primera detención involucra a un público bien distinto. En Maryborough, refiere Pelham, caballeros principales y damas de alta alcurnia acudían a la cárcel a contemplar al prisionero en su celda. El compilador presume que semejante curiosidad ofendió el orgullo de Grant. Una noche, el cautivo limó los barrotes de un ventanuco y ganó la libertad. Dejando atrás las montañas de Slieve Bloom en compañía de los miembros que restaban de su banda, fue a guarecerse en el bosque de Killoughram, en el condado de Wexford, no lejos de Enniscorthy.

En aquel nuevo paraje se hacía llamar Cooney. Pelham asegura que frecuentaba las poblaciones limítrofes bajo dicha identidad supuesta y que conservó su guarida durante algún tiempo. En marzo de 1816 regresó al Queen’s County. Escogió por objetivo la residencia de Thomas Cambie, de donde sustrajo dinero en metálico y platería de estimable valor, a tenor de la crónica. La señora Cambie se hallaba sola en la estancia. Le sirvió cena y vino; al observar que el capitán forcejeaba con los dientes para descorchar una botella, le facilitó un tirabuzón. El texto insiste en esta singular cortesía, sin aclarar si la dueña de la casa conocía la verdadera condición de su forzado huésped.

Al abandonar el lugar, Grant se apoderó asimismo del caballo y del carruaje ligero del señor Cambie para emprender el regreso hacia el bosque. Tal pormenor engarza el asalto con su refugio: el saqueo no vino seguido de una dispersión improvisada campo a través, sino de un viaje deliberado a Killoughram, cuartel general de la partida. Las correrías de estos hombres sembraron la inquietud en el condado de Wexford, donde, según Pelham, los robos con fractura eran por entonces infrecuentes. Una delación permitió localizar la madriguera. Archibald Jacob movilizó a la tropa apostada en Enniscorthy y tendió un cerco en torno al bosque.

La cueva se ocultaba en la espesura más intrincada. Los soldados hallaron en su interior a Grant y a cinco de sus camaradas tendidos sobre la paja. Pelham relata que los salteadores se batieron a la desesperada y que cinco militares cayeron heridos antes de lograrse la rendición. Dentro del antro, las fuerzas del orden se incautaron de herramientas propias para el allanamiento y de numerosas armas. Este cuadro revela por qué el arresto no se redujo a la recuperación de la montura o de los bienes de Cambie: la guarida contenía, según el documento, pertrechos bastantes para cometer nuevos asaltos.

Grant ingresó en la cárcel de Wexford bajo el falso nombre de Cooney. Pelham añade que los indicios reunidos contra él por aquella causa resultaban endebles y que las autoridades temían una absolución por falta de pruebas. Mas no tardó en descubrirse que se trataba del célebre capitán Grant. El alcaide de Maryborough reclamó de inmediato la entrega del preso y ordenó su traslado al establecimiento de donde se había evadido. El reconocimiento de su identidad alteró por completo el curso del proceso: el encausado que respondía por un nombre postizo regresaba al condado que guardaba viva memoria del hombre al que la leyenda atribuía largos años de bandolerismo.

A decir de Pelham, el traslado se produjo en el momento crítico. Afirma el autor que existía un plan dispuesto para propiciar la fuga de Grant de la cárcel de Wexford aquella misma noche en que fue transferido. No detalla la trama, ni quiénes eran los conjurados, ni de qué modo se enteró la guardia. Procede, pues, atenerse a lo que consigna la crónica: la prisión de Wexford iba a ser el escenario de una nueva evasión, y la partida forzosa del reo la malogró de raíz. Tras la lograda fuga de Maryborough, la segunda tentativa quedó en suspenso.

El proceso contra Grant se vio en Maryborough el 16 de agosto de 1816. Fue hallado culpable del robo con allanamiento perpetrado en la mansión del señor Cambie. Pelham omite el pormenor de las declaraciones relativas al dinero, la plata, el tiro o la calesa; tampoco permite discernir si se formularon cargos adicionales por tenencia ilícita de armas o por las heridas infligidas a los soldados. El veredicto registrado concierne formalmente a la burglary ejecutada en casa de Cambie. Conviene, pues, no confundirlo con una condena que abarcase la totalidad de la biografía legendaria desgranada en las páginas previas.

Requerido para manifestar lo que a su derecho conviniese antes de oír la sentencia, Grant solicitó un aplazamiento. Aseguró no albergar esperanzas de burlar el cadalso ni pretender gracia o indulto alguno; demandaba tiempo para arbitrar la restitución de sus bienes a cuantas personas hubiese perjudicado con sus desafueros. Añadió que las visitas recibidas en su celda habían mudado el temple de su conciencia. Es la única conversión que escenifica la crónica, y adopta la forma de una súplica dirigida al tribunal una vez emitido el veredicto. Las fuentes no aclaran si semejantes reparaciones llegaron a cumplirse de manera efectiva.

Se dictó la pena capital. Pelham señala que la ejecución fue postergada hasta el 29 de agosto, fecha en que Grant expiró dando muestras de una serenidad («fortitude») y una devoción que el autor no duda en ensalzar. El texto no reitera el año al consignar el desenlace; la inmediatez respecto a la vista del 16 de agosto de 1816 permite fechar el ajusticiamiento en el mismo mes y dentro de la misma secuencia forense. El antiguo prófugo había mudado de patronímico, de condado y de calabozo. Al cabo, la sentencia recayó sobre el despojo cometido en casa de Cambie; el relato, por su parte, se clausura con una promesa de reparación cuyo cumplimiento la historia dejó en sombras.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La relación se ciñe al capítulo retrospectivo «Jeremiah Grant. Executed for burglary», de Pelham (1887), pp. 576-577; no se han consultado autos procesales ni declaraciones de testigos coetáneas. El semblante del forajido magnánimo, cortés y bienquisto, así como el supuesto tributo de amparo, responden a la perspectiva de dicho compilador. Pelham data el asalto a la casa de Cambie en marzo de 1816, el arresto en Killoughram bajo el nombre de Cooney, el reconocimiento de Grant, su remisión a Maryborough y su ulterior condena por robo con fractura el 16 de agosto de 1816. La crónica añade que el suplicio se postergó hasta el 29 de agosto, sin reiterar el año; asignarlo a 1816 se desprende de la lógica interna del juicio. Se menciona un plan de evasión en Wexford, mas no se pormenoriza; el traslado penitenciario impidió que fraguara. No consta documentalmente que la reparación pecuniaria impetrada por Grant antes de recibir sentencia llegase a consumarse.

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