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Justicia y escándalos · Francia

El nombre devuelto en las galeras

De regreso a Saint-Hilaire para vender sus derechos sucesorios, Remy Baronet es acusado de usurpar el nombre de Guillaume Babilot. Pese a los reconocimientos locales, la marca corporal invocada para identificar a Babilot no aparece y las solicitudes de investigación de Baronet son desestimadas. Marcado con hierro al rojo y enviado a galeras bajo el nombre de Babilot, el Parlamento de París lo exonera finalmente de toda acusación y condena el 26 de agosto de 1778.

Hicieron falta más de dos años de galeras para que al hombre condenado bajo el nombre de Guillaume Babilot le fuera restituido, al fin, el de Remy Baronet. Antes de partir con la cadena de forzados, había sido arrastrado ante los tribunales, marcado a fuego y encarcelado como falsario y despojador de herencias; tras la sentencia del 26 de agosto de 1778, tales infamias fueron revocadas por el Parlamento de París, que lo exoneró de las querellas y condenas dictadas en su contra. Entre uno y otro extremo mediaron una herencia disputada, un pretendido reconocimiento paterno y una instrucción que se negó sistemáticamente a escuchar a los testigos señalados por el acusado.

Remy Baronet había nacido en 1717 en Saint-Hilaire-le-Petit, en la diócesis de Reims, hijo de un labrador. En 1742, sin oficio aprendido y pasada ya la edad de iniciarse en alguno, entró a servir como criado. Durante veintidós años trabajó para diversos amos, en distintas ciudades y aldeas. Su ausencia lo mantuvo apartado de los asuntos familiares hasta 1764, cuando supo que su hermana de doble vínculo, Françoise, viuda de Quentin Lamort, había obtenido un fallo judicial que la ponía en posesión de los bienes que a él le correspondían en la sucesión materna.

Remy Aubert, esposo de su hermana uterina Nicole Carnot, fue a buscarlo a Saint-Thibaut. Ambos hombres liquidaron la parte de Baronet, quien vendió a su cuñado sus derechos sucesorios por quinientas libras. Aubert notificó el contrato a la viuda Lamort; esta se negó a cumplirlo, sosteniendo que el vendedor no era su hermano, sino un impostor que había usurpado su nombre. El documento la privaba del disfrute de unos bienes de los que se había acostumbrado a disponer durante la prolongada ausencia de Remy; la identidad del otorgante se convirtió, pues, en el eje sobre el cual se trabó el litigio.

Para zanjar la objeción, Aubert instó a Baronet a regresar a la aldea y hacerse reconocer por los suyos. El domingo 17 de junio de 1764, Remy se presentó en la iglesia parroquial de Saint-Hilaire. Varios vecinos lo reconocieron; seis de ellos formalizaron su declaración ante el notario del lugar. El juez, a la vista de la correspondiente acta de notoriedad, ordenó la ejecución de la venta y desestimó las pretensiones de la viuda.

Aquel pronunciamiento no puso fin a la disputa. La viuda Lamort apeló ante el bailiazgo de Reims e interpuso tacha de falsedad contra el contrato. Sostiene Champagnac que la mujer pretendió hacer pasar a Remy por el hijo de un viñador de Avaux-le-Château, François Babilot, cuyo vástago Guillaume llevaba desaparecido varios años. Concertada, según el cronista, con el cura Roland —pariente político de su difunto marido—, hizo invitar a Baronet a la rectoría. Baronet acudió sin recelo alguno, acompañado por Aubert.

Apenas hubo llegado, entró François Babilot padre, seguido de varias personas. Miró a Baronet y declaró reconocer en él a su hijo. Remy lo negó de inmediato: no conocía a aquel hombre y no era su hijo. Babilot alegó entonces una marca de nacimiento que Guillaume debía de llevar, según afirmó, en el muslo. Baronet mostró las piernas; fueron examinadas y no se halló en ellas señal alguna. Este pormenor debió bastar para desbaratar el pretendido reconocimiento. Lejos de ello, varios testigos se dispersaron por el pueblo repitiendo que el padre había reconocido al hijo, silenciando la comprobación ocular que desmentía su relato.

Babilot quiso retractarse poco después, pero su esposa se lo impidió, según refiere la crónica. La especie ya había corrido y encontrado oídos dispuestos a acogerla. La viuda Lamort perseveró: el hombre que había firmado la venta con el nombre de Remy Baronet no era sino Guillaume Babilot, regresado de una larga ausencia para usurpar la identidad del heredero. El 18 de marzo de 1769, el bailiazgo anuló la escritura de venta, prohibió a Baronet usar tal nombre y decretó su mandamiento de prisión.

Remy apeló y fue conducido a las cárceles de Reims. En noviembre logró escapar aprovechando una fuga colectiva perpetrada por otros reclusos. Se refugió en casa de Aubert, donde fue apresado de nuevo, antes de enfermar de escorbuto en 1770. El juez ordenó su traslado a la Conciergerie. El 5 de mayo, un auto admitió a trámite su apelación contra el procedimiento extraordinario del bailiazgo. Pasó más de un año en la Conciergerie antes de ser remitido de nuevo a los jueces de primera instancia para la sustanciación de la causa. Reingresado en las cárceles de Reims, se evadió por segunda vez, buscó otra vez amparo en casa de Aubert y allí fue prendido una vez más.

La nueva instrucción no abrió, según la crónica, la investigación contradictoria que Baronet exigía. El tribunal se limitó a interrogar de nuevo y confrontar a los testigos ya oídos con anterioridad. El reo solicitó diligencias complementarias y señaló a las personas que deseaba fuesen llamadas a declarar; sus peticiones fueron denegadas. El 29 de octubre de 1773, el bailiazgo pronunció su sentencia definitiva: bajo el nombre de Guillaume Babilot, se le declaraba falsario y usurpador de herencia. Debía hacer pública abjuración y amende honorable en camisa, descalzo, con una soga al cuello y una antorcha en la mano, portar un cartel infamante, ser marcado con hierro candente y conducido a galeras a perpetuidad.

Un recurso de súplica reiteró su petición de diligencias adicionales, pero fue desestimado. El 14 de enero de 1774 se confirmó la sentencia y Baronet, cargado de cadenas, regresó a las prisiones de Reims. Llegado el día del suplicio, fue entregado al verdugo, conducido ante la multitud y conminado a declarar que había abandonado maliciosamente su nombre de Babilot para usurpar el de Baronet. Debía implorar el perdón de Dios, del rey y de la justicia. La crónica refiere que se negó a pronunciar estas últimas palabras, pues entrañaban confesar una culpa que jamás había cometido.

El verdugo le aplicó el hierro incandescente hasta el hueso, según refiere Champagnac. Baronet fue devuelto a la prisión, infamado y privado de sus derechos civiles, y entregado luego al capitán de la cadena de presidiarios, el señor Prevots. Este lo condujo a París y lo confinó en la torre de Saint-Bernard bajo el nombre procesal de Guillaume Babilot. Una hermana de Guillaume, Laurence, que servía como doncella en París, tuvo noticia de su presencia allí. Se encaminó a la torre y compareció ante el hombre a quien las actas judiciales llamaban su hermano.

El alcaide, su esposa y varios convidados presenciaron la entrevista. Preguntado sobre el vínculo que lo unía a Laurence, Baronet respondió que no la conocía de nada. Ella manifestó a su vez que no conocía a aquel hombre, que no guardaba parecido alguno con Guillaume y que su verdadero hermano era de buena estatura y apostura, mientras que el prisionero era jorobado. Concluyó advirtiendo que se había condenado a un inocente y que semejante fallo carecía de sentido. En aquel trance, la justicia le había arrebatado su nombre; mas la propia hermana del hombre cuya identidad decían que había usurpado rehusaba reconocer en él a su sangre.

Aun así, Baronet fue enviado a galeras. Durante más de dos años compartió el remo, la fatiga y la miseria de los forzados. Varias personas convencidas de su inocencia elevaron sus clamores hasta las más altas instancias; la revisión de la causa fue encomendada al Parlamento de París. Desenganchado de la cadena, fue devuelto a la Conciergerie. La crónica evoca entonces sus lágrimas de júbilo y su renacida esperanza de proclamar la verdad: al fin iba a ser escuchado por un tribunal facultado para reexaminar el proceso de raíz.

La sentencia del 26 de agosto de 1778 lo descargó de cuantas querellas y acusaciones se habían promovido contra él, así como de las condenas falladas por el bailiazgo de Reims bajo el nombre de Guillaume Babilot. El Parlamento le restituyó su nombre y la plenitud de sus derechos ciudadanos. Aquella resolución restablecía formalmente la identidad que el acta notarial de 1764 y los seis vecinos de Saint-Hilaire habían atestiguado desde el principio, pero que la ceguera judicial había conculcado. La crónica no pormenoriza todas las diligencias de la revisión ni la suerte de los demás implicados; se limita a consignar el desenlace forense que puso término al calvario de Baronet.

Una modesta herencia de quinientas libras había arrastrado así a un hombre de una aldea de Champaña a las prisiones de Reims, a la Conciergerie y al remo de las galeras. Había comparecido acusado de robar el nombre ajeno, mientras que la prueba invocada en su contra estribaba en una mancha corporal que el examen anatómico no halló y en rumores propalados con omisión de su dato capital. Los vecinos que lo reconocieron, los testigos que asistieron a la inspección y Laurence, que se negó a ver en él a su hermano, componían un coro de voces que los primeros jueces desdeñaron escuchar. Solo tras la infamia del hierro y los años de grillete devolvió la sentencia a Remy Baronet aquello que el rigor de los tribunales le había arrebatado primero: su propio nombre.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Lectura íntegra del capítulo IV03 (fuente local work/cap400/sources/champagnac/tome-4-chap-03.txt). Remy Baronet, nacido en 1717 en Saint-Hilaire-le-Petit, vende sus derechos hereditarios a Remy Aubert por 500 libras en 1764. Seis vecinos lo reconocen a su regreso. La viuda Lamort sostiene que es Guillaume Babilot; el padre de este alega una marca en el muslo, inexistente en el examen físico. Sentencia del bailiazgo de Reims el 18 de marzo de 1769, y fallo definitivo el 29 de octubre de 1773; confirmado el 14 de enero de 1774. Baronet es marcado con hierro candente y enviado a galeras bajo el nombre de Babilot; Laurence, hermana de Guillaume, afirma no reconocerlo. Tras más de dos años en galeras, se produce la revisión y el fallo del Parlamento de París de 26 de agosto de 1778, que lo absuelve de acusaciones y condenas, restituyéndole su nombre y sus derechos cívicos. El texto fuente es retrospectivo y polémico; por tanto, los móviles atribuidos a la viuda Lamort, al cura Roland o al padre Babilot se presentan como parte de la narración de Champagnac. No se consigna el destino posterior del resto de los encausados.

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