Una noche de enero de 1790, Anne Porter fue herida en la cadera cuando regresaba de un baile, en las inmediaciones del domicilio familiar de St James’s Street. La lesión era de gravedad. Las declaraciones de sus hermanas y dos procesos consecutivos situarían a Renwick Williams en el centro de una causa donde los jurados dictarían veredictos contradictorios: culpable con arreglo a una ley de excepción y, más tarde, absuelto bajo la common law.
Anne y Sarah asistían al baile de Saint James’s en compañía de una amiga. Su padre debía acudir a recogerlas a medianoche, pero el salón cerró a las once; las jóvenes resolvieron volver a pie. Sarah testificó haber visto a un hombre al final de St James’s Street, quien, profiriendo una exclamación, le asestó un violento golpe en la cabeza. Instó a Anne a apresurar el paso, advirtiéndole que observara al sujeto que las seguía. Cerca ya de la casa, el individuo se interpuso entre las dos hermanas y desgarró el vestido de Sarah.
Anne declaró que, en el instante de doblar junto a las verjas, recibió un golpe en el costado derecho de la cadera. Al volverse, vio al hombre inclinarse. Lejos de huir de inmediato, la joven afirmó haber dispuesto de tiempo suficiente para examinar sus facciones. Ya lo conocía: la había seguido en reiteradas ocasiones, dirigiéndole palabras obscenas. Sus ropas quedaron hendidas y la piel abierta. Sarah aseveró asimismo haber visto al individuo en cuatro o cinco ocasiones anteriores. Ambas hermanas identificaron al acusado como Williams.
El 13 de junio, Anne volvió a divisarlo en St James’s Park, donde paseaba en compañía de su madre, sus dos hermanas y el señor Coleman. Su turbación alertó a sus allegados. Coleman siguió a Williams hasta South Molton Street, y continuó tras sus pasos cuando este se introdujo en una vivienda. Williams se negó en un principio a facilitar sus señas, antes de indicar el número 52 de Jermyn Street. Coleman lo conminó a presentarse en casa de las Porter. Las dos hermanas se desmayaron al verlo y lo señalaron como su agresor. Él inquirió si lo tomaban por «el monstruo anunciado en los pasquines». Fue conducido ante un magistrado y, acto seguido, encarcelado.
El tribunal no insistió en que Anne reprodujera las expresiones soeces que aseguraba haber oído durante aquellos seguimientos. La herida de la víctima fue descrita con minuciosidad durante la vista: la incisión comenzaba de forma superficial, alcanzaba, según el facultativo, de tres a cuatro pulgadas en su sección media y menguaba luego en profundidad. Medía entre nueve y diez pulgadas, descendiendo desde la cadera. Las ropas se hallaban asimismo laceradas. Con anterioridad al arresto, un rumor profusamente divulgado atribuía diversas heridas a un agresor en fuga. Se contaba que ofrecía un ramillete ocultando una hoja entre las flores; otros situaban las lesiones en el muslo, en la espalda o en las partes pudendas. Tales patrañas avivaban el espanto colectivo; no todas se imputan a Williams en la presente reseña.
El 8 de julio de 1790, en las sesiones del Old Bailey, Williams fue procesado por el ataque contra Anne Porter. El acta acusatoria constaba de dos cargos: asalto con lesiones y desgarro malicioso de la capa, el vestido, las enaguas y la camisa. El ministerio público presentó los testimonios de las dos hermanas, de Coleman y el dictamen pericial de la herida. Williams solicitó dar lectura a un escrito preparado, temeroso de que le flaqueara la memoria. Proclamó su inocencia, invocó la rectitud del jurado y se definió como devoto defensor del sexo femenino. En apoyo de su coartada, su patrón, el señor Mitchell, describió una prolongada jornada laboral en su taller de flores artificiales: Williams habría comparecido a las nueve, salido a la una, regresado hacia las dos y media y permanecido allí hasta la medianoche, antes de cenar y retirarse cerca de las doce y media. Mitchell adujo que el taller afrontaba una gran carga de trabajo y mencionó un encargo urgente de un vestido para la actriz Mrs. Abington. Durante el interrogatorio, la precisión sobre los horarios y dicho encargo resultó más endeble; ciertos testigos reconocieron haber rememorado la hora de salida con posterioridad a la detención. La coartada contaba, pues, con el respaldo del obrador, pero su cronología exacta fue objeto de fundadas dudas.
La pesquisa no aportó arma alguna a la causa de la acusación. El alguacil Macmanus refirió que, al registrar el aposento arrendado por Williams en The George, en Bury Street, halló prendas de vestir y botas, mas ningún instrumento cortante. Los testigos asociaban la agresión a una cuchilla por la longitud del corte y los desgarros. La diligencia judicial, en este extremo, resultó estéril.
El juez Buller expuso la complejidad jurídica del litigio. La ley invocada exigía, a su juicio, que la parte acusadora demostrase no solo la intención de inferir daño corporal, sino asimismo la de desgarrar las vestiduras. Habiendo quedado acreditados la herida y el destrozo, restaba dilucidar si Williams albergaba el doble propósito. El magistrado subrayó el carácter inédito del procedimiento y manifestó su resolución de someter la cuestión al colegio de los doce jueces. No obstante, el jurado declaró a Williams culpable. El fallo no se ejecutó de inmediato: Buller suspendió la sentencia y aplazó la decisión sobre la validez jurídica de la imputación.
En diciembre, los jueces dictaminaron que el acta de acusación era improcedente y que la ley de Jorge I no amparaba los hechos bajo tal tipificación. Ello no conllevaba la exculpación del ataque. Williams fue remitido a una jurisdicción distinta para ser juzgado con arreglo a la common law —el derecho jurisprudencial ordinario dimanado de los tribunales— y no bajo la figura especial de daños a las prendas. El 13 de diciembre, en Hicks’s Hall, compareció imputado por la agresión a Anne Porter. La audiencia se prolongó durante dieciséis horas. El pliego comprendía tres cargos: agresión con intención de matar, lesiones y agresión simple.
Declararon los mismos testigos. La defensa citó a Miss Amet y al señor Mitchell para apuntalar la coartada, cuyo testimonio no fue rebatido. El jurado hubo de dirimir entre este alegato y las identificaciones efectuadas por las hermanas. En esta ocasión, el jurado absolvió a Williams. Pelham refiere que las deposiciones de ambas partes se estimaron de idéntico valor probatorio.
A la mañana siguiente, Williams regresó al banquillo para responder por las restantes causas pendientes. Fue declarado culpable en tres de ellas. El tribunal le impuso dos años de prisión en Newgate por cada una, imponiéndole asimismo una fianza de buena conducta: debía comprometer doscientas libras y aportar dos avales de cien libras cada uno. La absolución por el asalto a Anne Porter no cancelaba las condenas decretadas al día siguiente; estas últimas tampoco elevaban a la categoría de hechos probados cada uno de los rumores de agresiones que habían precedido a la captura. Dicha caución supeditaba su libertad definitiva a la total extinción de las penas.
