Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Francia

El proceso del padre y del hijo

En 1793, el general Adam-Philippe Custine fue procesado por el Tribunal Revolucionario tras la capitulación de Maguncia. La causa versó sobre sus operaciones militares, una esquela atribuida a su firma y diversas declaraciones testificales. Tras su condena, su hijo resultó a su vez acusado de complicidad debido a su correspondencia y a una misión ante el duque de Brunswick, siendo ejecutado el 4 de enero de 1794. La crónica sostiene su inocencia, si bien algunas de sus aseveraciones políticas conservan un cariz polémico.

El general Custine regresó a la sala de audiencias tras la deliberación del jurado y advirtió que sus defensores ya no se hallaban a su lado. El presidente le notificó el veredicto y le hizo saber que podía formular alegaciones sobre la aplicación de la ley. El militar declaró que su conciencia nada le reprochaba y que moría en paz. El relato de Champagnac convierte esta escena en el primer proceso de una secuencia en la que la acusación de traición se transmitió del padre al hijo.

Adam-Philippe Custine había nacido en Metz en el seno de una familia noble. Siguió la carrera de las armas, tomó asiento en la Asamblea Constituyente como diputado de la nobleza y obtuvo más tarde el mando de un ejército. Tras la defección de Dumouriez del bando francés, Custine le sucedió al frente del ejército del Norte. Champagnac ensalza sus hechos de armas y su lealtad, pero su capítulo fue redactado contra el gobierno revolucionario: sus juicios sobre las facciones y los móviles de la acusación deben entenderse como los de un autor de parte.

El 29 de julio de 1793, en tanto que la Convención decretaba la acusación de varios diputados girondinos fugitivos, Custine se vio personalmente encausado. La rendición de Maguncia ante los prusianos sirvió de pretexto para tal medida, según el cronista. El general se hallaba en París por orden del consejo ejecutivo. No emprendió la huida tras el decreto y continuó acusando al ministro de la Guerra de haberlo privado de refuerzos y de haber sembrado la desconfianza entre sus tropas. Champagnac interpreta esta actitud como un exceso de franqueza; el acta de acusación apreció en ella una tentativa de provocar una sublevación en la capital.

Custine fue arrestado, conducido en primer término a la abadía de Saint-Germain-des-Prés y trasladado después a la Conciergerie el 31 de julio. Quince días más tarde compareció ante el Tribunal Revolucionario. El auto de acusación, redactado por Fouquier-Tinville, lo vinculaba a la deserción de Dumouriez y le censuraba en particular haber desaprobado la muerte del rey. Le imputaba asimismo haber hecho fusilar a oficiales y soldados por faltas leves. La fuente contrapone a este cargo otra versión de los ajusticiamientos: los soldados habrían sido castigados tras haber saqueado, en Espira, relojerías, templos y casas religiosas.

Un documento fechado el 9 de abril desempeñó un papel determinante. Ostentaba una firma atribuida a Custine y servía para sustentar los cargos formulados contra él. El general negó haberlo redactado, dictado o suscrito. Los peritos calígrafos declararon que la firma había sido imitada a partir de otra rúbrica auténtica del general y que presentaba los signos característicos de una falsificación. En la crónica de Champagnac, este examen desvirtúa frontalmente el empleo que la acusación hizo de la esquela; no obstante, el texto no transcribe el informe pericial ni el acta íntegra de la audiencia.

Varios testigos de cargo articularon otras imputaciones, que el autor atribuye al odio o a la ambición. Declararon igualmente testigos de descargo, contándose entre ellos el general Miranda. Concluidas las declaraciones, el acusador público asimiló a Custine con Dumouriez y recapituló los cargos. El general respondió por sí mismo respecto a sus operaciones militares; su defensor, Tronson-Ducoudray, debía alegar seguidamente sobre los demás extremos. El relato presenta ambas intervenciones como una defensa enérgica, para recalcar a continuación que ni la elocuencia del letrado ni los descargos del general alteraron el fallo.

En la noche del 27 de agosto, el jurado se pronunció en favor de la acusación sobre tres cuestiones, con mayorías respectivas de diez votos sobre once, de nueve y de ocho. El presidente conminó al público a abstenerse de toda muestra de aprobación o censura, recordando que el reo pertenecía en adelante a la ley. Custine retornó a la sala bajo escolta. Sus defensores, a quienes el cronista describe abatidos por la pesadumbre, habían abandonado el estrado. Tras oír la sentencia, el general aseveró que moría con la conciencia limpia.

Concluida la sesión, oró de rodillas en la secretaría durante dos horas y rogó a su confesor que pasase la noche junto a él. Escribió a su hijo, exhortándolo a procurar en el futuro la rehabilitación de su memoria. Al día siguiente fue conducido al cadalso y pereció a los cincuenta y tres años de edad. Corría el año de 1793. El hijo a quien había encomendado su memoria no tardaría en verse obligado a defender su propia vida.

La condena del general no puso término al drama familiar. Su hijo fue arrestado y compareció a su vez ante el Tribunal Revolucionario. Champagnac achaca este procesamiento al temor de que pretendiera vengar a su padre, si bien no aporta documento alguno que acredite tal designio. Un único testigo, Vincent, lo acusó de haber rehuido a los patriotas, frecuentado a contrarrevolucionarios y tomado parte en los planes de su progenitor. Interrogado acerca de sus pruebas, hubo de reconocer que no hacía sino repetir rumores oídos y cuanto, a su juicio, era del dominio público.

La audiencia se centró primordialmente en el examen de cartas interceptadas. El hijo había confiado al correo del general una misiva destinada a su padre. Expresaba en ella su honda inquietud ante los reveses militares; interrogado al respecto, arguyó que la caída de Condé y la amenaza sobre Valenciennes entrañaban el riesgo de suministrar nuevas armas a los adversarios de su padre. Le había informado asimismo sobre la composición del nuevo Comité de Salvación Pública, explicando que semejantes noticias atañían directamente a un jefe de ejército y no demostraban conjura alguna. Manifestó no haber tratado a los diputados girondinos sino en los comités a los que acudía para gestionar los asuntos de su padre, ignorando por completo sus intenciones.

El joven había sido enviado asimismo ante el duque de Brunswick al estallar la contienda. Aclaró que se le había encomendado ofrecer a dicho general extranjero el mando de los ejércitos franceses. Declaró haber creído servir a su patria al emprender tal gestión, sin abrigar conocimiento de eventuales fines encubiertos. Hizo valer que contaba entonces veintitrés años y que resultaba inverosímil que se le hubiesen confiado propósitos secretos. Según la crónica, cuando el presidente dio lectura a su correspondencia de modo parcial, el hijo exigió que las cartas fuesen exhibidas íntegras, sosteniendo que se las mutilaba para abrumarlo.

La cuestión definitiva versó sobre su complicidad con el general. El hijo contestó que jamás había conocido en su padre otro designio que el de servir a la República y que sólo había permanecido junto a él en el ejército de forma fugaz. El presidente Dumas estimó, por el contrario, que un hijo en constante epistolario con su progenitor no podía ser ajeno a sus maquinaciones. El defensor protestó advirtiendo que no era lícito condenar a un hombre sobre semejante presunción, aun cuando hubiese conocido los designios paternos. Champagnac refiere que parte del auditorio aguardaba la absolución; el fallo, con todo, fue la muerte.

En su prisión, el hijo escribió a su esposa, Delphine. Le confiaba su desvelo por su porvenir y el de su vástago, le encarecía que lo educase lejos del vicio y aseguraba no sentir remordimiento por faltas que no creía haber cometido deliberadamente. Añadía haber perdonado a cuantos se habían regocijado con su condena. Fue ejecutado el 4 de enero de 1794.

Ambos litigios no fueron idénticos. En el caso del padre, la acusación descansaba en el mando militar, la rendición de Maguncia y una esquela impugnada por los peritos; en el del hijo, se apoyaba sobre todo en correspondencias interpretadas como pruebas de complicidad y en un testigo que admitía fundarse en habladurías. Entre una y otra vista, una carta había mudado de sentido: el padre veía en ella el lazo que permitiría reivindicar su memoria; ante los jueces del hijo, el epistolario familiar se erigió en uno de los argumentos capitales de la complicidad.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

La esquela devuelta

Novela corta criminal de ficción: en Lyon, un maestro de postas es hallado muerto tras la desaparición de un billete que supuestamente denunciaba una conspiración. Su hija, Marguerite Solier, descubre que la firma fue imitada por el escribano que instruye el proceso de un capitán. Para salvar a un joven correo acusado de traición, deberá cotejar las caligrafías antes de que los legajos perezcan en las llamas. Personajes y hechos de ficción. ¿Quién falsificó la esquela y quién asesinó al maestro de postas? ¿Le seduciría este misterio entre tribunales y postas de diligencias?

Cargando votos…

novela

El mapa del Este

Esta novela policíaca de ficción arranca con el asesinato de un cartógrafo militar cuyo plano secreto se ha volatilizado. El capitán Étienne Marval resulta acusado de haber vendido las posiciones de su ejército al enemigo, mas la tinta de las copias incautadas difiere de la de sus órdenes de servicio. Jeanne Vernet, hija de un encuadernador, sigue el rastro del correo reservado y descubre que uno de los testigos orquestó el crimen para encubrir un contrabando de armas. Todos los personajes y acontecimientos son ficticios. ¿Quién mató al cartógrafo y dónde yace el original? ¿Le interesaría esta trama de pesquisas políticas?

Cargando votos…

trilogía

Las tres declaraciones

Una trilogía criminal de ficción concebida en torno a tres causas judiciales cruzadas por testimonios contradictorios: la muerte de un impresor, el incendio de un polvorín y el asesinato de un correo que portaba órdenes alteradas. En cada volumen, la acusación cercena a un miembro de una misma estirpe, pero los indicios señalan hacia un confidente que vende secretos a ambos bandos. Louise Derval, hija de un antiguo actuario, recopila las piezas de convicción antes de las vistas. Personajes y delitos enteramente ficticios. ¿Logrará desenmascarar al delator antes de que enmudezca el último testigo? ¿Acompañaría esta saga de procesos e investigaciones?

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Fuente consultada íntegramente. El capítulo refiere dos procesos distintos: el de Adam-Philippe Custine, general de cincuenta y tres años, en 1793, y el de su hijo, ejecutado el 4 de enero de 1794. La noticia del padre consigna una condena dictada el 27 de agosto de 1793 a las nueve de la noche, señala que fue llevado al suplicio al día siguiente y luego reitera el 27 de agosto como fecha de su muerte; el relato público sólo retiene el año; la incoherencia se preserva en esta nota de archivo. En el juicio del padre, el texto afirma que los peritos admitieron la falsedad de la firma de la esquela del 9 de abril, y que el general Miranda testificó en su favor. El hijo fue acusado por un testigo único, Vincent, cuyo testimonio descansaba en rumores; su vista examinó las cartas interceptadas y su misión ante el duque de Brunswick. Champagnac es manifiestamente contrario al régimen revolucionario y retrata a padre e hijo como víctimas de un proceso político: los cargos de conjura, los móviles achacados al tribunal y sus juicios de facción permanecen imputados al cronista. El capítulo añade luego causas separadas relativas a los generales Brunet, Houchard, Beysser, Westermann y Biron; quedan excluidas con arreglo al marco estricto de padre e hijo. Cotejo en public360 y relatos cap400: no se halló legajo previo sobre Custine padre, su hijo o estos dos procesos. La coincidencia nominal de Delphine (aff-33658, causa Anastay, 1892) constituye un homónimo sin identidad ni hecho compartido.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete