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Justicia y escándalos · Alemania

El veredicto de Wolfenbüttel

En 1853, en Wolfenbüttel, la muerte de Mathilde Dombrowsky llevó a su esposo, el barbero Ernst Eduard, ante un tribunal del jurado. La crónica retrospectiva de 1861 desglosa las sospechas, la acusación, los descargos del reo, el veredicto de culpabilidad y los recursos posteriores.

El viernes por la noche, el barbero Ernst Eduard Dombrowsky llevó a su esposa una escudilla de sagú que él mismo había preparado. Mathilde se quejó de un ardor de estómago y se negó a beber nada que no fuera agua. No obstante, él la instó a terminar el tazón; cuando el vaso que contenía el resto se quebró en el horno, enjugó con esmero cuanto se había derramado. El 16 de abril, Mathilde falleció. Dos días más tarde, su padre exigió el examen forense del cadáver.

Nacida con el nombre de Karoline Friederike Angelstein, a la joven se la llamaba de ordinario Mathilde. Había contraído matrimonio con Dombrowsky en diciembre de 1850. Ocho años después del proceso, Willibald Alexis consagró a esta causa un capítulo retrospectivo de Der neue Pitaval. El compilador retrata una unión desdichada: atribuye al marido chanzas crueles, infidelidades y una avaricia que habrían herido a su mujer, si bien reconoce en esta el esmero en el gobierno de la casa y el cuidado de los hijos. La víspera de caer enferma, Mathilde habría confiado a una vecina que su esposo le había obsequiado una entrada de teatro y deseaba llevarla al baile de los tiradores. El lunes 11 de abril no pudo asistir al baile: el mal la había acometido tras el desayuno.

Dombrowsky acudió al festejo y bailó, mientras los primeros dolores de su esposa arreciaban. Algunos convidados le atribuyeron frases alusivas a un luto inminente; otros creyeron oírle decir que ella habría de morir, al igual que su primera consorte. Estas expresiones, recordadas a posteriori, avivaron las sospechas. El relato lo muestra, el viernes, acercando a Mathilde la escudilla de sagú; el sábado por la noche, tras el óbito, se asegura que fumó en la cámara mortuoria y luego bebió en compañía de un visitante. Habría insistido entonces en que no consentiría la práctica de una autopsia.

El padre de la difunta, Angelstein, encargado del padrón de beneficencia, solicitó el reconocimiento del cadáver. El 19 de abril, facultativos y un boticario procedieron a la autopsia y al análisis del contenido del estómago y de los intestinos. Los textos consignan que hallaron arsénico metálico en cuantía considerable —el acta de acusación precisará diecinueve granos en el estómago— y concluyeron que hubo envenenamiento. Un primer registro en el domicilio del barbero resultó infructuoso. El acta acusatoria data el 22 de abril una segunda pesquisa, durante la cual se descubrió una jarra con matarratas en la cocina y arsénico pulverizado en las faltriqueras de su bata. La acusación añadía que Dombrowsky había adquirido tiempo atrás «Fliegenstein», denominación dada entonces a dicho tóxico, aun cuando el encausado negó haberlo poseído jamás. Estas piezas, cotejadas con su denegación, ocuparon un lugar capital en la requisitoria fiscal.

El 2 de julio, el auto de procesamiento lo remitió ante el tribunal del jurado por el homicidio de su cónyuge. La instrucción ordenaba los indicios en doce puntos: las desavenencias conyugales, la repentina mudanza de conducta del marido antes de la dolencia, las compras previas de veneno, el hallazgo de arsénico en el cuerpo y en sus ropas, la preparación de las viandas, las manifestaciones proferidas durante la enfermedad y las circunstancias del fallecimiento. El escrito sostenía que la víctima había recibido repetidas dosis y que el reo dispuso de ocasiones para mezclarlas con el sustento. Se hacía constar asimismo que este habría retirado el recipiente tras los vómitos y desaconsejado la leche, que el fiscal presentaba como antídoto contra el arsénico. Señalaba, en fin, que habría hecho otorgar a su favor una donación el 12 de abril, al día siguiente de manifestarse los primeros síntomas. Estas aseveraciones conforman la tesis del ministerio fiscal; no deben confundirse con una confesión, pues Dombrowsky negó la autoría del crimen hasta el término del pasaje documental examinado.

La vista oral dio comienzo el 28 de julio. Dombrowsky contaba cuarenta años. Interrogado sobre sus antecedentes, relató su aprendizaje de barbero, sus traslados entre Dresde, Berlín, Brunswick y Wolfenbüttel, y sus dos enlaces matrimoniales. El presidente le recordó una antigua condena por haberse reservado parte de un cobro percibido en Berlín; el acusado admitió el hecho, mas impugnó haber sido expulsado de Prusia. Al ser inquirido acerca de Mathilde, reconoció que carecía de instrucción, pero que había sido una hacendosa ama de casa y buena madre para sus hijos. Negó haber incurrido en desapego moral; no obstante, a una pregunta sobre sus deberes conyugales, concedió que acaso no hubiera podido brindarle cuanto ella esperaba.

En lo concerniente a la salud de su esposa, aludió a antiguos cólicos y aseveró que ella rehusaba la asistencia médica. El presidente le advirtió de que varios testigos declararían en sentido opuesto. Dombrowsky sostuvo que era reacio a llamar a los médicos. Aseguró igualmente que Mathilde bebía ron en ocasiones, si bien declinó señalar a las personas que, según su versión, la habrían iniciado en la bebida. La crónica puntualiza que los testigos llamados a estrados no ratificaron semejante hábito. Afirmó también encargarse él mismo de los recados y de la cocina, y rebatió las versiones sobre sus ausencias del hogar. En su relato del lunes 11 de abril, evocó un desayuno a base de salchichas y aguardiente tomado en presencia de tres aprendices del sastre Winter. Negó haber salido por la mañana, contra el testimonio de un declarante que afirmó haberlo visto fuera de casa. Por su parte, el acta de acusación situaba los primeros síntomas con posterioridad a dicha colación.

Un antiguo rumor se cernía ya sobre el óbito de su primera esposa, arrebatada por el cólera en 1850. A decir del compilador, una exhumación decretada en abril de 1853 no reveló rastro alguno de veneno. En el proceso por Mathilde, la acusación condensaba la cuestión sometida al jurado en estos términos: ¿causó Dombrowsky deliberadamente y con premeditación, por medio de veneno, la muerte de su cónyuge?

Los miembros del jurado se retiraron a las tres y media y regresaron tras cuatro horas de deliberación. Su portavoz proclamó un veredicto afirmativo. Explicó que habían ponderado la cuestión con gravedad, sin animadversión ni favor, y que los hechos y las declaraciones testificales los habían conducido a tal resolución, pese al dolor que les causaba condenar a un semejante. Semejante manifestación no desvelaba los motivos individuales ni la fuerza probatoria atribuida a cada indicio; confería al veredicto la forma colectiva de una íntima convicción jurada. El fiscal interesó acto seguido la pena capital, sosteniendo que la ley vedaba al tribunal cualquier atenuación. El defensor de Dombrowsky admitió que el código amparaba dicha pretensión, mas invocó una práctica jurisprudencial que, a falta de confesión, habría impedido hasta entonces a los jueces decretar la muerte. Subrayó que el establecimiento del jurado había alterado los fundamentos de la prueba penal e imploró que tal evolución, unida a la trascendencia de condenar a muerte, gravitara en la resolución; si a los jueces les estaba vedado ponderarlo, abrigaba la esperanza de que el duque ejerciera la prerrogativa de gracia.

El tribunal pronunció la pena de muerte por decapitación. En los considerandos consignados, los magistrados indicaron que el veredicto del jurado constituía la base indispensable de su fallo: no les correspondía reexaminar las pruebas directas o indirectas que lo habían forjado. Agregaron que el código sancionaba con la muerte el homicidio por veneno y el perpetrado contra un pariente próximo, sin concederles facultad para mitigar la pena. Dombrowsky interpuso un recurso de nulidad, redactado por su letrado y suscrito de su mano, en el que impugnaba señaladamente la capacidad legal de uno de los jurados. El tribunal de casación desestimó el recurso el 20 de septiembre, tras haber entrado asimismo en el examen del fondo de la causa.

Una primera petición de indulto fue denegada el 3 de octubre por el duque Guillermo. En su providencia, este juzgaba infundadas las objeciones a la pena capital y estimaba que los debates no arrojaban duda alguna sobre la culpabilidad. Dombrowsky dedujo una segunda súplica; fue rechazada el 10 de octubre, y la ejecución quedó fijada para el día 14. Nuestra selección documental concluye en esa fecha señalada.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Relación retrospectiva de Willibald Alexis, publicada en 1861, ocho años después de la vista de la causa. Los únicos extractos consultados comprenden las páginas impresas 1–16 y 92–96; no constituyen el capítulo íntegro ni una transcripción literal de las sesiones del juicio.

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