Annette Giroud había partido en busca de un haz de leña que su tía no había podido traer consigo. Apenas le bastaría, según la crónica judicial, una media hora. A las cinco de la tarde, la joven no había regresado. Se encontró el haz aún en su sitio, luego su cofia y su delantal arrugados, y al poco un zueco en la espesura. Por la mañana, tras una noche de pesquisas, los lugareños descubrieron su cadáver en un antiguo horno de cal. El proceso subsiguiente no descansaría en testigo alguno que hubiese presenciado el crimen, sino en los minutos en que el acusado se halló a solas junto a la senda que Annette debía tomar.
La Gazette des Tribunaux sitúa los hechos en Chozeau, en el departamento de Isère. Su entrega de los días 25 y 26 de mayo de 1874 da cuenta de las audiencias celebradas el 19 y 20 de mayo ante el tribunal de lo criminal. El encausado, Jean Quincieux, apodado Matelot, contaba treinta y nueve años y era labrador. El acta de acusación refiere que vivía en Chozeau y trabajaba con otros hombres en el bosque de la Cura, cerca del paraje donde fue hallada la doncella. El periódico emplea asimismo la grafía «Chezeau» para designar la heredad donde residía la tía; conservo las formas de la crónica sin pretender dirimir dicha variante.
Mariette Giroud, llamada Annette, tenía dieciocho años. Vivía con su tía, la viuda Barberieux, propietaria de una casa en Chezeau. El 15 de enero, mediada la tarde, su tía la envió al bosque de la Cura, distante unos setecientos metros, para recoger una gavilla de leña. Annette partió hacia las cuatro y cuarto. A las cinco, viendo que no regresaba, su tía mandó a dos vecinos en su busca.
Hallaron el haz, pero no a la muchacha. Su cofia y su delantal yacían abandonados en las inmediaciones, ajados; una atadura del haz había sido deshecha. Los vecinos volvieron a prevenir a otros habitantes y se reanudaron las pesquisas con faroles hasta cerca de las once de la noche. Solo se descubrió entonces un zueco. A primera hora de la mañana del 16 de enero, los vecinos se congregaron de nuevo al llamamiento de la autoridad municipal.
Aparecieron una redecilla y luego un escarpín antes de que unas huellas en el suelo condujeran a la partida de búsqueda hasta un antiguo horno de cal, oculto en una densa maleza. El cuerpo estaba escondido en una de las aberturas: la cabeza y los hombros introducidos en el horno, el resto cubierto de piedras y de la tierra roja característica de la excavación. La crónica sitúa en el centro de la instrucción esta tierra bermeja, pues volvería a manifestarse sobre las ropas de un hombre de la aldea. La acusación describía también el camino hacia la fosa como un rastro reconstituido a posteriori: un surco y varios objetos hallados a cierta distancia entre sí habían guiado a los vecinos hasta el horno. El periódico no confiere a cada uno de estos efectos un valor autónomo; los inscribe en una pesquisa librada por varios grupos, tras una primera batida interrumpida a las once y reanudada a las cinco de la madrugada. El paraje no se descubrió, pues, mediante confesión alguna, sino al término de una progresión colectiva, desde el lindero del bosque hacia el horno abandonado.
La autopsia concluyó que la muerte fue debida a estrangulamiento mediante una ligadura de madera flexible retorcida alrededor del cuello. El acta de acusación asevera seguidamente que Annette había sufrido violencias sexuales; distingue los actos que sitúa antes del óbito de aquellos que presume posteriores. Esta reconstrucción es la transmitida por el diario a partir de las comprobaciones médico-legales y del ministerio público. No procedió del testimonio directo de observador alguno.
La crónica concede al móvil un lugar preeminente, mas cuanto consigna al respecto pertenece en primer término al relato de la acusación. Quincieux habría albergado un odio enconado contra la familia Giroud y codiciado a Annette, quien lo habría rechazado tras previas tentativas de violencia. El periódico refiere además que el auto evocaba actos anteriores contra otras jóvenes y contra su propia hija, que contaba a la sazón menos de trece años. Estos antecedentes se exponen en la reseña de la vista; el texto no ofrece, para cada uno de ellos, un veredicto independiente que pudiera confundirse con la condena fallada en mayo de 1874.
La cronología del bosque debía conferir a estas sospechas su andamiaje judicial. El 15 de enero, Quincieux había faenado con varias personas cerca del lugar del crimen. Se fueron marchando sucesivamente; la última partió hacia las cuatro y cuarto. Según la instrucción, Quincieux permaneció solo hasta la llegada de Annette, acaecida pocos instantes después. Habría podido verla aproximarse al haz de leña. Él sostenía no haber visto ni oído nada, por haberse encaminado a otro bosque de su propiedad, a diez minutos de allí.
No regresó a su morada, según el fiscal, hasta las seis, si bien pretendía haber vuelto a las cinco. No acertó a justificar esa hora de ausencia. Al día siguiente, cuando los vecinos hicieron redoblar el tambor para organizar las partidas de auxilio, no preguntó por qué se les convocaba ni tomó parte en ellas. Con todo, cuando el juez de paz le conminó a señalar el lugar donde yacía el cadáver, Quincieux lo condujo en línea recta hasta el horno de cal. Para la acusación, este conocimiento exacto del paraje resultaba abrumador; la defensa aducía que los hechos no descansaban sino en meras presunciones.
La blusa que vestía Quincieux el 15 de enero proporcionó un indicio material. El acta de acusación señala rastros de tierra roja, en particular sobre un botón, y asevera que esta tierra era idéntica a la de la excavación, no hallándose tal suelo en las fincas del encausado. La Gazette reseña además que varios vecinos quedaron impresionados por su congoja al día siguiente y que se despidió de su familia en el instante de su arresto. Estas observaciones pueden arrojar luz sobre la instrucción; tomadas por separado, no constituyen una visión directa del crimen.
En la audiencia, Quincieux negó los cargos y sostuvo no haber visto nada en el bosque. Treinta y tres testigos depusieron en estrados. El procurador general solicitó un veredicto afirmativo sin circunstancias atenuantes. El letrado Grolée, y luego el letrado Charbonnier, se aplicaron a demostrar que la acusación se fundaba en conjeturas y no en hechos plenamente acreditados. El tribunal escuchó ambas posturas antes de retirarse el jurado.
Tras más de una hora de deliberación, los jurados respondieron afirmativamente a todas las cuestiones planteadas, pero concedieron circunstancias atenuantes. El tribunal condenó a Quincieux a trabajos forzados a perpetuidad. Es este el término que refiere el artículo: da cuenta de la resolución de mayo de 1874, sin consignar recurso alguno ni vicisitudes posteriores.
En este proceso, el haz de leña permanece como punto de partida y centro neurálgico del teatro de los hechos: había quedado abandonado junto a la cofia ajada, con su atadura rota; la ligadura leñosa habría servido para el estrangulamiento; finalmente, la tierra del antiguo horno de cal reapareció en la blusa. Ninguno de estos objetos habla por sí solo. La crónica los confronta con los horarios, los desplazamientos y las respuestas del acusado, mientras la defensa rebate la solidez de tales concordancias. El jurado hizo suya la acusación en todas sus partes, atemperando no obstante la pena merced a las circunstancias atenuantes.
Nota documental: relato adaptado de la crónica de la Gazette des Tribunaux, que resume el acta de acusación, las diligencias médico-legales reseñadas, las declaraciones testificales y la sentencia. Los hechos pretéritos aducidos contra Quincieux quedan adscritos al documento reproducido. El artículo da cuenta de una condena a trabajos forzados a perpetuidad y no refiere curso ulterior alguno. Texto OCR del periódico extraído del PDF de la ENAP; la grafía de las poblaciones fluctúa en la crónica original.
