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Justicia y escándalos · Inglaterra

Jenny Diver, la ladrona que mudaba de nombre

Mary Young, llamada Jenny Diver, aprende el oficio de carterista entre las multitudes de Londres, concierta sus disfraces y transita entre Londres, Bristol y Virginia. Detenida en repetidas ocasiones, regresa siempre a los lugares de paso. Una víctima la apresa tras la sustracción de trece chelines y un penique; condenada en el Old Bailey, es ejecutada el 18 de marzo de 1741, según el Dictionary of Irish Biography; Borrow consigna 1740.

En una capilla de Old Jewry, los fieles se ponen en pie al término del sermón. Mary Young, a quien sus cómplices llaman Jenny Diver, se halla sentada entre dos ancianas. Aparenta un avanzado estado de gravidez y oculta manos y brazos postizos bajo sus ropajes. En el instante en que ambas mujeres se yerguen, les arrebata sus relojes de oro y los desliza a un compinche situado en el banco contiguo. Este hurto dista de ser una improvisación solitaria: un hombre ha reservado asiento entre la congregación, otro hace las veces de criado y Jenny ha ensayado minuciosamente su papel.

La crónica de George Borrow sitúa el inicio de esta historia mucho antes de dicha escena. Nacida en el norte de Irlanda, Mary pierde a sus progenitores a edad temprana. Una anciana la acoge y la cría. Al alcanzar la adultez, se reúne en Londres con una compatriota llamada Anne Murphy, quien le propone compartir aposento en Long Acre. Mary intenta ganarse el sustento con la aguja, pero escasea la labor y el dinero no alcanza. Murphy le deja entrever otra forma de subsistencia, con la condición de guardar riguroso secreto.

Al caer la noche, la conduce a una reunión cerca de St Giles. La gavilla vive del hurto de faltriqueras en los concurridos accesos a los teatros y demás recintos públicos. Aquella primera velada, los ladrones reúnen ochenta libras en metálico y un valioso reloj de oro. Mary aún no ha aprendido el arte de escamotear los caudales ajenos; le entregan diez guineas, porción inferior a una parte equitativa. Acepta la norma y se incorpora a una disciplina donde el adiestramiento cuenta tanto como el arrojo.

Durante dos horas diarias, los miembros más avezados le instruyen en los ademanes del escamoteo. Borrow refiere que en pocos meses se convierte en una de las más diestras de la banda. El alias de Jenny Diver consagra semejante reputación. La crónica describe su ascenso como una cuestión de destreza técnica, disimulo y coordinación concertada: una cómplice distrae la atención, otra mano sustrae la prenda y el grupo se dispersa al punto entre la muchedumbre.

A las puertas de una capilla de Old Jewry, una multitud aguarda para escuchar a un afamado predicador. Jenny tiende la mano a un caballero, quien la toma para ayudarla a avanzar entre la apretura. Ella aprovecha el contacto para deslizarle una sortija de diamantes. El hombre no advierte la pérdida hasta después de abandonar el templo; declara entonces que la mujer a quien acababa de socorrer bien pudo haberlo despojado. El gentío impide dar con su paradero. Esta proeza persuade a sus socios de otorgarle en adelante una parte igual del botín, aun cuando no hubiese intervenido directamente en el latrocinio.

Las gacetas acaban por volver sus golpes harto notorios. En vez de reiterar las mismas estratagemas en Londres, la cuadrilla decide trasladarse a Bristol durante la feria de estío. Mary y Anne Murphy se presentan allí como esposas de acaudalados mercaderes; el amante de Mary asume el papel de lacayo. Los cómplices alquilan estancias en posadas diversas y convienen en que, de ser aprehendido alguno, los demás procurarán su liberación haciéndolo pasar por persona de intachable reputación. El grupo se desplaza, pues, pertrechado de una patraña común dispuesta para servir de coartada.

De regreso en Londres, Mary contrata a un criado auténtico, mientras su favorito adopta el porte de un caballero. Alquila un aposento próximo a Covent Garden, a escasa distancia de los teatros. Los ladrones perpetran tropelías en otras ciudades y regresan luego a la capital, donde arrecia el peligro de ser reconocidos. Finalmente, Mary es detenida bajo la acusación de robo de faltriquera. Es conducida a Newgate, donde permanece cerca de cuatro meses antes de su deportación. Aun entre rejas, Borrow refiere que emplea una crecida suma en adquirir géneros hurtados. Al embarcar rumbo a Virginia, su cargamento de fardos casi basta para colmar una carreta.

En Virginia liquida sus mercancías y disfruta durante un tiempo de una existencia desahogada. No obstante, comprende que las mañas que le valieron fortuna en Inglaterra rinden escaso provecho en dicha colonia. Se encariña con un joven que se dispone a regresar a Londres y lo acompaña a bordo. El navío se halla todavía en Gravesend cuando ella desvalija cuantos bienes tiene a su alcance. Finge hallarse indispuesta y solicita desembarcar. Apenas pisa tierra firme, huye a paso presuroso. La relación calla la suerte corrídale al mancebo; muestra aquel vínculo reducido a una mera ocasión de rapiña y fuga.

Mary recorre luego las comarcas del país y reanuda sus raterías. Al regresar a Londres, sus antiguos secuaces han desaparecido. Frecuenta entonces la Bolsa Real, los coliseos, el puente de Londres y otros parajes concurridos. Sobre dicho puente es sorprendida en flagrante robo a un viandante y declara llamarse Jane Webb ante el magistrado. El testigo que la prendió confiesa asimismo que un desconocido le ofreció cincuenta libras para que no compareciera en juicio. Una mujer asevera haber visto a Mary desvalijar a más de veinte personas en esa misma jornada. Con todo, el auto de su condena anterior no es aportado a los autos: se la juzga por el hurto presente, por valor inferior a un chelín, y es condenada por segunda vez a la deportación ultramarina.

Mary regresa de dicho destierro en menos de un año. El relato de Borrow no se detiene en las circunstancias de su retorno ni en los medios que lo propiciaron; la reencuentra en Londres, activa de nuevo en los parajes de mayor tránsito. En Sherborne Lane, una mujer camina sobre unos maderos dispuestos sobre el arroyo de la calle. Un hombre le toma la mano con el pretexto de ayudarla a vadear el paso y le aprieta los dedos con fuerza. Al amparo de este ademán, Mary le sustrae trece chelines y un penique. Esta vez, la víctima advierte al instante el despojo, la sujeta con firmeza por el vestido y la conduce a la guardia.

Al día siguiente, el Lord Mayor la remite a Newgate para ser juzgada en el Old Bailey. El jurado la halla culpable de hurto alevoso. Es sentenciada a la pena capital. Borrow relata que en la mañana de la ejecución se muestra serena, mas pierde el temple cuando el verdugo se aproxima para ajustarle el nudo corredizo. Recobra cierta compostura y parte hacia Tyburn en un carruaje de luto, asistida por un eclesiástico. Ora largamente antes de ser ajusticiada, el 18 de marzo de 1741 (la relación de Borrow consigna 1740). Según la crónica, sus restos fueron sepultados en St Pancras por deseo expreso de la reo.

Los brazos postizos habían simulado la quietud de una dama mientras sus manos verdaderas obraban el despojo. Los nombres fingidos habían resguardado a Jenny de sus condenas pretéritas. En Sherborne Lane no fue menester identificar aquel semblante ni reconstruir sus singladuras: a una mujer le bastó advertir el latrocinio y asir a la ladrona por los pliegues de su saya. Tras los relojes de oro, la sortija de diamantes y los cargamentos transportados allende los mares, el proceso se clausuró por trece chelines y un penique.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

El capítulo de Borrow lleva por título «Mary Young, alias Jenny Diver, for privately stealing. — 1740» y sitúa la ejecución el 18 de marzo de 1740. El Dictionary of Irish Biography data la ejecución el 18 de marzo de 1741 y puntualiza que la relación del capellán de Newgate (Ordinary of Newgate) impresa en 1741 consigna por yerro 1740; The London Archives documenta asimismo un proceso instruido en 1741. El año editorial adoptado es 1741; el slug y el identificador de la causa retienen la referencia impresa pretérita en aras de la estabilidad archivística. El relato sigue a Borrow y hace constar la discrepancia sin dirimir de modo definitivo su origen.

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