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Justicia y escándalos · Escocia

La caja para los doctores

En Edimburgo, en diciembre de 1828, William Burke y Helen M’Dougal comparecen ante la justicia por la muerte de Mary Campbell, conocida como Docherty. Los vecinos relatan una noche de gritos; un testigo vincula a Burke con una caja entregada en el museo del doctor Knox, y Hare confiesa la asfixia. El jurado condena a Burke pero emite un veredicto de «Not Proven» para M’Dougal.

A las diez de la mañana del 24 de diciembre de 1828, William Burke y Helen M’Dougal tomaron asiento ante el Tribunal Supremo de Justicia de Edimburgo. Desde el alba, una muchedumbre no dejaba de congregarse a las puertas; la policía, reforzada por dos regimientos, mantenía el orden en torno al palacio de justicia. El auto de acusación vinculaba tres muertes: Mary Paterson, fallecida en la primavera; James Wilson, apodado Daft Jamie, asesinado en octubre; y Margery M’Gonegal, también llamada Docherty en el documento procesal, acogida en casa de Burke el último día de octubre. Correspondía al fiscal demostrar no solo que la mujer había muerto de forma violenta, sino que su cadáver había sido entregado para la disección.

Los jueces decidieron juzgar de forma separada los distintos cargos del auto. Comenzaron por el que atañía a Docherty, el único que señalaba conjuntamente a ambos acusados. Burke y M’Dougal se declararon no culpables. El folleto que relata el proceso insiste en la conmoción que embargaba a la opinión pública y sostiene que el jurado supo mantenerse al margen de ella; la sala, empero, no podía ignorar la gravedad del desenlace. Los testigos habrían de describir una velada transcurrida en una sola estancia, una forastera ajena al vecindario, gritos que rasgaron la noche y, a la mañana siguiente, explicaciones que carecían de concordancia.

Ann Black relató que había visto a Docherty en la morada de Burke el viernes 31 de octubre. La mujer decía buscar noticias de su hijo y carecía de dinero. Aseguró que Burke le había prometido comida y un lecho. Black la vio comer, y luego beber con los demás; la forastera parecía ligeramente ebria, pero gozaba de buena salud. Más tarde, oyó ruidos en la vivienda colindante, semejantes a una disputa entre Burke y Hare. Al día siguiente, cuando Black preguntó qué había sido de la anciana, M’Dougal respondió, según su testimonio, que la había echado por haberse mostrado demasiado familiar con William.

Aquella respuesta no fue la única versión recabada durante la mañana. Otra vecina afirmó que M’Dougal le había hablado de una riña entre ambos hombres y reiterado que había puesto a Docherty de patitas en la calle. Burke, entretanto, rociaba con whisky el techo y los alrededores de la cama, pretextando que deseaba vaciar la botella para ir a buscar más. Había paja esparcida al pie del lecho. Dos vecinas habían escuchado, pues, la misma explicación: Docherty se habría marchado tras haber desagradado a la dueña del lugar. Restaba hallar a esa mujer a quien nadie había visto salir.

Hugh Alston, tendero de comestibles, se hallaba cerca del pasaje aquella noche. Entre las once y la medianoche, oyó a dos hombres hablar en voz alta, y luego a una mujer gritar «¡asesinato!» y pedir auxilio a la policía. Corrió en busca de un agente, pero no halló ninguno; al desandar lo andado, ya solo percibió susurros. Alston no vio a nadie golpear a la mujer ni forcejear en el suelo. Su declaración fijaba un estrépito y una hora aproximada, mientras que la ausencia de un policía en el momento de su regreso cerraba la puerta a cualquier constatación inmediata.

David Paterson, conserje del museo del doctor Knox, desveló ante el tribunal el itinerario que conducía desde la alcoba hasta el mercado de cuerpos. La víspera, Burke le había hablado en voz baja de una «cosa» para los doctores, cerca de la paja donde se hallaba la cama. Paterson no vio entonces cadáver alguno. Al día siguiente, Burke y Hare llevaron un bulto metido en una vieja caja de té hasta las dependencias del doctor Knox. Paterson recibió cinco libras para entregárselas y las repartió entre ambos; otra suma debía seguir tras el examen del cuerpo. Cuando la policía abrió el paquete, halló en él a una anciana, doblada sobre sí misma para caber en la caja, con sangre en la boca. Paterson juzgó que el aspecto sugería estrangulamiento o asfixia, sin advertir ninguna señal exterior que explicase por sí sola la muerte.

El testimonio de Mrs. Gray vinculó los últimos instantes de Docherty con el hallazgo del cadáver. Se había alojado unos días en casa de Burke. El viernes por la noche, dejó a la anciana cantando y bailando con M’Dougal y Hare. Al regresar a la mañana siguiente para recoger unas medias de su hijo, vio que Burke prohibía acercarse a la paja y esparcía whisky por la estancia. Más tarde, ella y su esposo descubrieron el cuerpo debajo. Gray declaró haber encontrado el brazo de Docherty y luego haber visto sangre en torno a su boca. Al abandonar la casa, pidió explicaciones a M’Dougal. Esta le habría ofrecido dinero para comprar su silencio, llegando a prometerle diez libras semanales; Mrs. Gray aseveró haberlo rechazado y haber avisado a la policía.

La acusación contaba asimismo con el relato de William Hare, presente en la habitación. El ministerio fiscal le advirtió de que debía decir la verdad bajo pena de sanción. Hare declaró que se había peleado con Burke durante la velada y que había empujado a Docherty, ebria, contra un pequeño taburete. Burke, según dijo, se arrojó entonces sobre ella, la asfixió y ocultó su cuerpo bajo la paja. Hare reconocía, de este modo, haber estado presente sin haber intentado intervenir; su testimonio resultaba capital para el tribunal y profundamente interesado para quien lo prestaba.

La esposa de Hare corroboró parte del relato, pero sus palabras no disipaban todas las lagunas. Dijo haber visto a Burke sobre la víctima, sin poder precisar si ejercía presión sobre el pecho o sobre la boca. Relató también que M’Dougal se había referido a una «presa» destinada a los doctores. Los facultativos llamados a examinar el cuerpo no hallaron enfermedad natural ni herida capaz de explicar el deceso. El doctor Black concluyó que se trataba de una muerte violenta por sofocación; el doctor Christison juzgó la violencia sumamente probable. La prueba pericial médica respaldaba el homicidio sin identificar, por sí sola, la mano ejecutora.

Al concluir las declaraciones de los testigos, la cuestión de la credibilidad se convirtió en el eje de los alegatos. El Lord Advocate sostuvo que los testimonios conformaban una secuencia coherente. El letrado defensor de Burke replicó que el hecho mismo del crimen descansaba en Hare y su esposa, cuya participación e interés hacían sospechosa su palabra. En nombre de M’Dougal, Cockburn arremetió igualmente contra el testigo que, tras haber admitido un asesinato, buscaba a su juicio salvar el pellejo imputando otro a terceros. El presidente del tribunal se dirigió largamente al jurado; la crónica reseña que su instrucción duró dos horas y media.

A las ocho y media, los miembros del jurado se retiraron a deliberar. Cincuenta minutos después, declararon a Burke culpable; en cuanto a M’Dougal, dictaron el veredicto escocés de «Not Proven», que no declaraba su culpabilidad. El tribunal condenó a Burke a ser ejecutado el 28 de enero y ordenó que su cadáver fuera entregado a los anatomistas. El magistrado recordó la promesa de comida y lecho hecha a Docherty. Ella buscaba a un hijo; el hombre que le franqueaba su puerta preparaba, según la acusación admitida, la venta de sus restos. La corte reservaba a Burke una disección pública, volviendo contra él el mismo destino que había impuesto a su víctima.

El 3 de enero de 1829, una declaración atribuida a Burke ante el sheriff enumeró dieciséis víctimas, entre ellas Paterson, Daft Jamie y Docherty. En ella acusaba a Hare de haber tomado la parte más activa en los crímenes. Aquella nómina ensanchaba el relato de los delitos, sin llegar a constituir dieciséis sentencias judiciales. Para los deudos de los desaparecidos, abría sobre todo nuevos interrogantes: ¿quién había dado cobijo a su pariente, quién había reconocido sus despojos, dónde había ido a parar?

El panfleto describe finalmente la ejecución. Una masa de gentes se había congregado desde el amanecer en torno a Lawnmarket; sus alaridos acompañaron al reo. Algunos espectadores reclamaban también a Hare y a Knox. La condena de un solo hombre no había extinguido la cólera colectiva contra todo aquel comercio. Tras la horca, hubo quienes intentaron llevarse un pedazo de cuerda o una astilla del ataúd. La policía contenía a los que pugnaban por alcanzar el cuerpo. El hombre que había entregado a Docherty a los anatomistas se convertía, él mismo, en objeto de una última codicia.

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La fuente íntegra consultada es la transcripción completa de Wikisource del folleto West-Port Murders!, de 7 422 palabras, desde el título hasta FINIS. La portada consigna Falkirk y T. Johnston, sin mención de fecha; el texto reproduce, en particular, una declaración fechada el 3 de enero de 1829. El panfleto es una crónica coetánea, no el acta judicial oficial, y contiene comentarios editoriales de corte sensacionalista. Los testimonios se atribuyen a dicha transcripción. El proceso juzgó el homicidio de Mary Campbell, conocida como Docherty; el auto de acusación incluía otros dos cargos que el tribunal dispuso ventilar por separado. En esta causa, Burke fue declarado culpable y M’Dougal obtuvo el veredicto de «Not Proven». La confesión añadida tras la narración del suplicio permanece como una manifestación recogida por el panfleto, no como una sucesión de veredictos judiciales.

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