En Marylebone Fields, William Marple y Timothy Cotton interceptaron a una carnicera que transportaba sus viandas hacia las mansiones de varios caballeros. Registraron su cesta y se apoderaron de un hermoso cuarto de carnero, que reservaron para la comida del día siguiente, tras lo cual vaciaron su bolsillo. La mujer había declarado carecer de dinero; al descubrir los siete chelines que llevaba consigo, Marple la golpeó, reprochándole haber mentido.
El cronista sitúa este episodio entre las primeras fechorías de Marple, cuyos comienzos habían apuntado hacia un destino muy distinto. Nacido de padres acomodados y bien considerados, recibió una instrucción general en escuelas urbanas y rurales. Llegado a la edad de aprender un oficio, probó suerte en varios y cambió de parecer tres veces antes de asentarse con un carpintero. Antes de concluir su aprendizaje, se enamoró de una joven y contrajo matrimonio; su maestro, enterado del enlace y de otras circunstancias que la fuente no detalla, entró en conflicto con él, y ambos se separaron.
Marple profesaba un hondo apego a su primera esposa, a quien el redactor describe como virtuosa y laboriosa. Según la crónica, su influencia transformó al joven: trabajó con regularidad, subvino a sus necesidades y compartió el hogar con ella. Mas la mujer murió. El relato sitúa la recaída en sus antiguos hábitos una vez que los primeros arrebatos del duelo se hubieron disipado; no se consigna fecha ni pormenor alguno de aquel fallecimiento. Marple abandonó entonces la ciudad para instalarse en una aldea cercana, donde se unió a una mujer a quien la fuente retrata como ávida de dinero y vestidos lujosos. Es en este periodo donde el cronista ubica sus primeros métodos ilícitos para procurarse caudales.
La identidad de sus primeros cómplices suscitaba dudas. Se consideraba de ordinario que un tal Rouden lo había arrastrado al delito, extremo que Marple negaba. El autor reconoce su incapacidad para determinar quién lo condujo en primer término al camino real y deja abiertas dos explicaciones: la influencia ajena o las inclinaciones y necesidades del propio Marple. Semejante reserva contrasta con la certidumbre moral que impregna otros pasajes de la narración. La noticia pasa a describirlo como uno de los ladrones más activos de la cuadrilla, ensañándose tanto con los pobres como con los acaudalados.
Otra empresa criminal provino de un joven cuyo tío gozaba de gran hacienda. Aquel pariente se mostraba dispuesto a contribuir al bien verdadero de su sobrino, pero rehusaba costear sus dispendios. El sobrino y un segundo individuo propusieron a Marple un plan para desvalijar al pariente. Marple y el sobrino penetraron en la vivienda y perpetraron el robo; su compinche montó guardia a la puerta. Se apoderaron de unas treinta y seis guineas, repartidas en tres porciones iguales. Marple no tardó en ser detenido y conducido a Newgate por este hecho. Sin embargo, el tío rehusó encausarlo para no comprometer a su propia sangre. La crónica no señala, pues, veredicto alguno en este primer asunto: indica únicamente que el deudo desistió de proceder contra Marple. Esta clemencia familiar no puso fin a las tropelías reseñadas por la fuente, la cual asegura que Marple cometió después entre treinta y cuarenta asaltos en un breve intervalo.
El cronista sostiene que abominaba de la embriaguez, mas atribuye sus crímenes a los gastos ocasionados por el trato con ciertas mujeres. Entre aquellas compañías figuraba Elizabeth Lion, presentada como manceba de Jack Shepherd; Marple la halló, según la fuente, tan desvergonzada que acabó por no tolerar su presencia. Al llegar su desgracia, la tildó de la peor de las criaturas. No volvió a frecuentar a mujeres de semejante condición antes de desposar a una segunda mujer, cuya apostura y reputación alaba el cronista; Marple declaró que ella ignoraba por completo el modo en que él se procuraba el dinero. El relato no transmite el nombre de ninguna de las dos cónyuges.
Timothy Cotton había ejercido en sus inicios un oficio honrado. Sus padres, humildes pero rectos, le procuraron una educación conveniente y lo instruyeron en el comercio de aves de corral. Había trabajado con esmero, obteniendo lo suficiente para sustentar a su familia sin abrigar mayores pretensiones. Aquel menester le permitía hasta entonces vivir con decencia. Más adelante frecuentó a ciertas mujeres a las que el cronista achaca la ruina de su tiempo y de su hacienda. Así explica el redactor que recurriera a medios más expeditivos para allegar fondos. Cotton y Marple habían sido condiscípulos en la escuela. El primero no habría cometido más de cinco robos antes de su captura, tres de ellos en compañía de Marple.
El asalto en el camino de Hampstead fue la segunda de sus empresas conjuntas mencionadas en el texto. Detuvieron un carruaje y despojaron a sus ocupantes. Tres caballeros llegaron poco después a caballo. Marple les encañonó con una pistola y les conminó a proseguir su marcha a toda prisa. Mas el pánico les hizo interpretar la orden como una exigencia de entregar sus bienes, por lo que se llevaron de inmediato las manos a los bolsillos. Marple, ajeno a este equívoco, les repitió con mayor aspereza que se alejaran. Tan pronto comprendieron el mandato, los tres jinetes partieron al galope. La noticia no consigna que fuesen robados, pero preserva la confusión entre la orden de huir y la expectativa de ser expoliado.
Poco después, ambos compañeros atacaron a Stout, criado del capitán Trevor. Le arrebataron su sombrero, dos libras de manteca, las hebillas de los zapatos, cinco chelines con seis peniques y algunos otros efectos de escaso valor. Por este robo, Marple y Cotton fueron prendidos y conducidos a la siguiente sesión del Old Bailey. El cronista juzga que las pruebas resultaban concluyentes; los dos reos fueron declarados culpables y sentenciados a muerte. Fue este proceso el que determinó directamente su condena, mientras que los restantes delitos componen la relación de sus antecedentes.
Bajo el peso de la sentencia, Marple se mostró menos turbado de lo habitual en los condenados, según refiere el observador. Confesó numerosos delitos por los que no había sido juzgado, al margen del despojo de Stout. Declaró haber golpeado a ciertas víctimas sin poner en riesgo sus vidas, según aseguraba, y suplicó que le perdonasen y rezasen por él. Lamentaba sobremanera haber faltado al respeto a su madre y menospreciado los consejos que ella le prodigara. Estas confesiones no precisan la identidad de las restantes víctimas ni las fechas exactas en que tuvieron lugar los hechos.
Cotton, por su parte, manifestó una mayor sensibilidad y arrepentimiento en sus jornadas postreras. Ambos insistieron en un punto: sus esposas jamás habían tomado parte en sus asuntos, no los habían aconsejado ni conocían en modo alguno sus crímenes. Distinguían así a sus legítimas consortes de las otras mujeres a quienes el cronista atribuía una funesta influencia. Conviene preservar estas palabras como su propia declaración, sin pretender desentrañar lo que cada una de las esposas sabía en realidad.
Marple y Cotton fueron ajusticiados el 24 de marzo de 1729. El primero contaba unos treinta años; el segundo, cerca de veinticinco. La sucesión de despojos descrita por la fuente abarca desde la cesta de una humilde vendedora hasta los bienes de varios viajeros y los de un criado; las condenas registradas se sustentaron, con todo, en el robo cometido contra Stout. La crónica les achaca otras transgresiones y confesiones tardías, pero el término judicial de sus vidas que ha llegado hasta nosotros permanece circunscrito a este proceso.
