En la mañana del 3 de julio de 1689, el molinero Thomas Lange no respondió a las llamadas de su familia. La criada enviada a buscarlo al granero y al establo regresó gritando que se había ahorcado. Su esposa, Marie, corrió a avisar a los allegados del pueblo y anunció que se había quitado la vida. El hermano del difunto, Hans Lange, hizo llamar de inmediato a la bailía principesca de Altenburgo. Los primeros testimonios no señalaron ningún ruido sospechoso durante la noche; en consecuencia, los magistrados asumieron la hipótesis del suicidio. Fue preciso que los rumores y las contradicciones se entrelazaran para que el caso volviera a abrirse.
La familia Lange explotaba desde hacía generaciones un molino harinero en Fockendorf, a orillas del Pleisse, no lejos del camino de Leipzig. Thomas lo había heredado a finales del siglo XVII y se había casado con Marie en 1675. El matrimonio tenía varios hijos, pero la convivencia se había vuelto difícil. El molino no prosperaba. Thomas reprochaba a su mujer su conducta hacia los mozos de molienda; Marie sostenía que él no sabía gobernar la hacienda y desoía sus consejos. Tanto el pastor como el intendente local tenían noticia, según la crónica, de sus desavenencias.
La víspera del deceso, Thomas había regresado con paso lento de la taberna del pueblo, donde había pasado un rato contemplando el baile de los demás. Dejó instrucciones para acarrear madera al día siguiente, cenó con los niños y los criados y se desvistió junto a la estufa. Dijo que se marchaba a dormir y pidió que apagaran la luz por escasez de aceite. Marie lo siguió; la sirvienta y la niñera se instalaron en la estancia contigua con los pequeños. Por la mañana, todas se levantaron a la hora acostumbrada. Thomas, sin embargo, no apareció en ninguno de los lugares donde las gentes de la casa pensaron buscarlo.
Las autoridades procedieron a una primera inspección e interrogaron a los presentes. La joven niñera, Sybille Sangloff, tenía quince años; el mozo de cuadra, Christoph Köhler, contaba dieciocho. Ambos, al igual que Marie y la criada Anna Rüger, declararon no haber oído nada insólito durante la noche. Christoph Kresse, que se había cruzado con Thomas ante la taberna, lo describió como ensimismado; su hermano y otros vecinos compartían la sospecha del suicidio. El consistorio autorizó un sepelio apartado y sin honras, pues el suicidio se consideraba entonces una falta religiosa. El asunto parecía zanjado.
No permaneció así por mucho tiempo. El informe levantado en el lugar suscitaba interrogantes y los murmullos recorrían la aldea. La conducta de Marie y de Martin Müller, un antiguo mozo del molino, llamó la atención. Los vecinos sabían que habían mantenido tratos íntimos. Martin había abandonado Fockendorf en la Navidad de 1688, después de que Thomas los sorprendiera juntos, pero había regresado en varias ocasiones. El 29 de junio de 1689 se había encontrado con Marie en Altenburgo. Habían acudido juntos a una taberna de vinos y, poco después, Martin volvió a dejarse ver por los contornos del molino.
Las pesquisas señalaron varios hechos que no cuadraban con la idea de una muerte voluntaria. El molinero había trabajado con normalidad y cenado aquella misma noche. Había anunciado su retiro a la cama, pero fue hallado en un cuarto trastero donde no acostumbraba a dormir. Su esposa no pareció inquietarse por su ausencia del lecho conyugal. Martin, por su parte, fue el primero en pregonar entre los habitantes del pueblo vecino que Thomas se había suicidado; la noche siguiente volvió al molino y pasó un tiempo con Marie. Reunidos estos indicios, la bailía principesca consideró sospechosos a ambos amantes y ordenó su detención.
El relato publicado asegura que Marie confesó desde el primer interrogatorio, tras las exhortaciones del pesquisidor, y que luego instó a Martin a hablar. Según su declaración, el designio había germinado durante el encuentro en Altenburgo, mientras hablaban de la mala armonía conyugal y de la imposibilidad de vivir juntos algún día. Habían planeado hacer pasar la muerte de Thomas por un suicidio. La primera noche prevista, la presencia de clientes en el molino se lo impidió, por lo que aplazaron el plan dos días. La crónica sitúa entonces en la noche del 2 de julio la ejecución de su designio.
El atestado inicial describía un cuerpo hallado en un aposento de desahogo, medio arrodillado y vestido solo con una camisa; los pantalones y la gorra yacían en el suelo. Los magistrados advirtieron asimismo un herraje fijado en la pared, marcas oscuras en el cuello y seis pequeñas lesiones cutáneas en la parte baja de la espalda. Tales detalles no constituían por sí mismos una prueba concluyente, pero alimentaron las dudas provocadas ya por la estancia donde Thomas había sido encontrado y por la ausencia de ruidos advertidos en la casa. Ningún testigo había visto lo ocurrido durante la noche. La primera versión descansaba, pues, en la apariencia de la escena y en el juicio preliminar de los deudos; la investigación posterior debió cotejar esa impresión con los vínculos entre los sospechosos, sus actos al día siguiente y sus declaraciones.
En sus confesiones, según las refiere la crónica, Marie y Martin detallaron luego un artificio urdido para simular el suicidio. Marie afirmó haberse cerciorado de que su marido dormía antes de hacer subir a Martin. Lo estrangularon juntos en el lecho conyugal y luego trasladaron el cadáver hasta el cuarto trastero. Allí, un descuido interrumpió la tramoya: nada se había preparado para colgar al difunto. Martin tuvo que clavar un herraje en la pared; pese al ruido, los moradores de la casa sostenían no haber percibido nada. Los acusados atribuyeron las lesiones de la espalda al traslado del cuerpo, golpeado contra un umbral o un banco. Después dispusieron las ropas en el suelo para abonar la hipótesis del suicidio. Su intención era que la niñera lo buscase primero en las dependencias exteriores y que Marie fingiese enterarse de la muerte en el último instante. La narración vincula así las incongruencias del atestado a un escenario compuesto a posteriori. Conviene no perder de vista, empero, la índole de la fuente: el texto de 1847 recoge las declaraciones obtenidas tras los interrogatorios, sin testigos presenciales del crimen ni autopsia, y las envuelve en un juicio moral sobre los procesados.
El tribunal remitió las actuaciones al Schöppenstuhl de Jena, colegio de juristas encargado de dictaminar sobre la pena. Los jueces condenaron a Marie Lange a morir ahogada en un saco y a Martin Müller a ser ejecutado en la rueda; en la gradación penal de la época, esta segunda sentencia se juzgaba más severa. Las autoridades locales consultaron al colegio acerca del destino de los despojos tras la ejecución y sobre la disparidad de los castigos. La respuesta invocó los fueros y costumbres de la tierra y ratificó las sentencias. El expediente no ofrece, por tanto, solo una pesquisa sobre una muerte dudosa; ilustra asimismo el peso del derecho consuetudinario en el modo de penar y sepultar a los reos.
Martin no se resignó a ese desenlace. Su padre encomendó a un abogado un memorial de defensa en el que se impugnaba la certeza del crimen a falta de autopsia. Argüía asimismo que la relación de su hijo con Marie no podía juzgarse como un adulterio común. Dos colegios de letrados, en Jena y en Leipzig, desestimaron el alegato. Estimaron que la ausencia de examen post mortem no invalidaba los restantes elementos de autos, singularmente las confesiones, y que la fama o el pasado de Marie nada restaban a la culpa de Martin en el homicidio. La resolución no se fundó, por ende, en que el adulterio entrañara de por sí la certidumbre del delito, sino en la imputación y en las declaraciones relativas a la muerte de Thomas.
Ambos reos ratificaron sus confesiones ante el tribunal público y no interpusieron ulterior recurso, según el cronista. El 17 de agosto de 1689, Marie fue ahogada en un saco cerca de Fockendorf; Martin sufrió el suplicio de la rueda y su cuerpo quedó expuesto en ella. La crónica añade que mostraron arrepentimiento. El cadáver de Marie fue enterrado en el mismo paraje del patíbulo; el de Martin permaneció sobre la rueda junto a su fosa. La fuente no da cuenta de ninguna investigación posterior que pusiera en entredicho el veredicto.
