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Justicia y escándalos · Francia

La promesa de Gœpp

El sastre Henri Feldtmann intentó obligar a regresar a su hogar a sus hijas y a Madeleine Léger, quienes habían huido tras los avances incestuosos cometidos contra Victoire. En una última visita, el 24 de marzo de 1823, mató a la primogénita e hirió a las otras dos mujeres. El jurado lo declaró culpable de asesinato premeditado y de dos tentativas de homicidio; su recurso de casación fue desestimado y fue ejecutado el 21 de mayo.

El 24 de marzo de 1823, Henri Feldtmann compró un cuchillo de cocina en el muelle de la Ferraille y se dirigió a la vivienda de sus dos hijas. Se le sirvió café. Retomó, una vez más, el asunto que había desunido a la familia: pretendía que regresaran con él. Victoire se negó. Durante dos horas, las mujeres le opusieron la misma negativa serena. Al final, ella le declaró que preferiría morir antes que volver. Feldtmann empuñó el arma que llevaba oculta. Cuando se abrió la vista oral, la justicia debió discernir entre un homicidio, dos tentativas y las palabras de un padre que, ante los miembros del jurado, arrojaba la culpa sobre aquellas a quienes había atacado.

Victoire se hallaba aún al cuidado de un ama de cría cuando su madre falleció, en 1801. Su padre, Henri Feldtmann, ejercía el oficio de sastre. Poco después de la muerte de su esposa, inició una relación con Madeleine Léger, de cuya unión nació una segunda hija, Élisabeth-Constance. Ambas niñas se criaron bajo el mismo techo. Madeleine cuidó de cada una de ellas como si fueran sus propias hijas. Feldtmann, que profesaba la religión reformada, encomendó la instrucción de las jóvenes al pastor Gœpp. El cronista retrata a Victoire como modesta y cándida, animada por un sincero anhelo de virtud. Durante varios años, el propio Feldtmann había ofrecido a sus hijas lecciones y ejemplos virtuosos. Con ocasión de la primera comunión de Victoire, Gœpp le prometió solemnemente su benevolencia y su amparo. Aquella promesa vinculaba al pastor con la primogénita antes de que la familia se dispersara. Madeleine veló por las dos muchachas y partió con ellas en cuanto Victoire dejó de hallarse a salvo bajo el techo paterno.

Cuando Victoire alcanzó la adolescencia, su padre comenzó a dirigirle avances incestuosos. Ella opuso resistencia e intentó ocultar a los demás la conducta paterna, según refiere Champagnac. Al comprender que permanecer en la misma morada no la mantendría al resguardo, abandonó la casa paterna junto con Élisabeth y Madeleine. Aquella marcha distaba de ser un mero desencuentro pasajero. Feldtmann las buscó, dio con su nuevo domicilio y acudió en repetidas ocasiones para exigirles que regresaran. Cada visita renovaba la misma demanda y concluía con una repulsa; la firmeza de Victoire resultaba inquebrantable.

La mañana del lunes 24 de marzo, las dos jóvenes ya estaban levantadas; Madeleine permanecía aún en el lecho cuando se anunció la llegada del padre. Ella se levantó. Se le ofreció desayuno, y Feldtmann aceptó una taza de café junto a ellas. La colación no interrumpió el propósito de su visita. Instó de nuevo a sus hijas y a Madeleine a que regresaran a su lado. Cada una de ellas se opuso. Victoire, sentada junto a la chimenea, mantenía la misma compostura sosegada que en las negativas precedentes. Élisabeth se hallaba en el centro y Madeleine enfrente, mientras el padre permanecía de pie, de espaldas al hogar de leña y con los ojos fijos en Victoire.

La conversación se prolongó cerca de dos horas. Victoire mantuvo su negativa. Según el acta de acusación, terminó por afirmar que preferiría morir antes que volver. Feldtmann replicó: «¡Tú serás la causa de que muera en el cadalso!». Y añadió a renglón seguido: «Eres obstinada… serás mi perdición». De inmediato, extrajo del bolsillo el cuchillo de cocina que guardaba escondido y lo hundió en el pecho de Victoire. La herida fue mortal de necesidad.

Élisabeth había quedado paralizada de estupor ante lo que acababa de sufrir su hermana. Feldtmann se revolvió entonces hacia ella para herirla a su vez. Madeleine se abalanzó sobre el brazo del agresor y desvió el golpe; la menor resultó herida, aunque con menor gravedad. Se entabló un forcejeo entre las mujeres y él. Madeleine fue alcanzada también de forma leve. Los vecinos, alertados por el estruendo, irrumpieron en la estancia y redujeron a Feldtmann. Este dejó caer el cuchillo y manifestó que no albergaba intención alguna de huir.

Victoire conservó el aliento suficiente para abrir la puerta y arrastrarse hasta el rellano del primer piso. Allí cayó desplomada, inconsciente, y expiró poco después.

Feldtmann compareció el 23 de abril ante la audiencia provincial del Sena. Durante la lectura del acta de acusación, Madeleine, llamada a declarar en calidad de testigo, se desvaneció presa de la emoción. Feldtmann, por su parte, permaneció imperturbable, según apunta Champagnac. Su interrogatorio, refiere el mismo cronista, estuvo jalonado de explicaciones incoherentes e imputaciones escandalosas. Negó haber albergado una pasión culpable hacia Victoire y procuró justificar su conducta achacándole desórdenes morales y falta de probidad. Vertió asimismo graves acusaciones contra Madeleine. Las dos mujeres se vieron así expuestas a los infundios del reo tras haber sufrido sus puñaladas.

El pastor Gœpp prestó testimonio acerca de las confidencias recibidas, ya fuera por boca de la madre de Feldtmann o de la propia Victoire, relativas a los asedios que padecía la joven. Explicó que había realizado gestiones ante la prefectura para prevenir nuevos desmanes y que había visto al acusado la víspera del crimen. A su juicio, Feldtmann ya no parecía dueño de sus facultades cuando discurría sobre la relación con su hija; lo comparó con un hombre dominado por una idea fija, incapaz de gobernar su imaginación una vez que esta se extraviaba en ella. Las demás deposiciones aportaron escasos elementos de juicio, según consigna Champagnac. No obstante, el jurado debía responder por separado a las cuestiones relativas a la muerte de Victoire y a las violencias ejercidas contra Élisabeth y Madeleine.

El fiscal sostuvo que ninguna pasión, por extrema que fuese, podía exculpar semejante crimen. A la defensa solo le restaba una vía para intentar sortear la pena capital: rebatir la premeditación y presentar a Feldtmann como un hombre arrastrado por una fuerza irresistible antes que guiado por su libre albedrío. El debate judicial contrapuso así el acto deliberado a la supuesta enajenación repentina. Tras una prolongada deliberación, los miembros del jurado respondieron afirmativamente a todas las preguntas. Lo declararon culpable de asesinato premeditado en la persona de Victoire y de tentativa de homicidio contra Élisabeth y Madeleine. Fue condenado a muerte. Interpuso recurso de casación, pero fue desestimado.

El 21 de mayo, Feldtmann fue ejecutado en la plaza de Grève. La impasibilidad de la que había hecho gala a lo largo de las vistas decayó por completo, según refiere el cronista, al llegar el instante de subir al cadalso. Los verdugos hubieron de sostenerlo para que salvara los peldaños. Champagnac anota que parecía muerto incluso antes de ser decapitado, él, que con tanta frialdad se había conducido durante todo el proceso judicial.

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Lectura íntegra del capítulo VII16 (fuente local work/cap400/sources/champagnac/tome-7-chap-16.txt; SHA-256 d0b62d469677eb5e08b06aff2acee105a7c98c6d2fb5b8ebb128fd10f7c970bc; fuente local 1235 palabras). El cronista recoge los avances incestuosos cometidos contra Victoire y su huida con Élisabeth y Madeleine; el relato no incluye ningún detalle morboso ni revictimiza a las afectadas. La última visita aconteció el 24 de marzo de 1823; la acusación pormenoriza el desayuno, las dos horas de conversación y el ataque. El pastor Gœpp declara sobre las confidencias de Victoire o de la madre de Feldtmann y sus gestiones ante la prefectura de policía. Su valoración sobre las facultades de Feldtmann se atribuye al testigo, sin incurrir en diagnósticos retrospectivos. El jurado lo halló culpable de asesinato premeditado contra Victoire y de tentativas de homicidio contra Élisabeth y Madeleine; pena de muerte, recurso desestimado y ejecución en la plaza de Grève el 21 de mayo de 1823.

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