En el invierno de 1775, en Covent Garden, George Barrington intenta sustraer al príncipe ruso Orloff una tabaquera de oro engastada en diamantes, valorada por Pelham en treinta mil libras. Orloff lo sujeta por el cuello; en medio de la confusión, Barrington restituye la alhaja a su dueño. Según Camden Pelham, el príncipe rehúsa denunciarlo tras escuchar su relato sobre unos pretendidos estudios de medicina y una familia honorable. Un magistrado le dirige una severa reprimenda y lo pone en libertad. La escena marca el tono de la crónica: un ladrón diestro, un orador persuasivo, favorecido en ocasiones por el indulto. Con todo, Pelham le atribuye asimismo un lance de salvamento en alta mar cuya veracidad resulta incierta.
Las primeras páginas de Pelham sitúan el nacimiento de George Waldron en 1755, en Maynooth, atribuyéndole un padre orfebre y una madre costurera. En la versión de Pelham, el joven ingresa en una escuela de Dublín gracias a un dignatario de la Iglesia de Irlanda, quien costea su instrucción y manutención. Tras una riña con un condiscípulo de mayor edad, George lo apuñala con un cortaplumas. El temor al castigo lo empuja a la fuga. Antes de partir, sustrae dinero a su preceptor y un reloj de repetición, encaminándose luego a Drogheda por el camino real.
En una posada entra en contacto con una compañía de cómicos de la legua. Su director, Price, había sufrido condena de deportación y vivía a la sazón exiliado en Irlanda. Se convierte en el mentor del joven fugitivo, quien abandona el apellido Waldron por el de Barrington y se incorpora a la compañía. En pocos días memoriza el papel de Jaffier en Venecia preservada y lo interpreta en un pajar abarrotado de público. Sin embargo, el grupo carece de fondos. Barrington entrega a la compañía el reloj robado; esta lo vende y reparte el beneficio. Poco después, varios comerciantes de Derry son desvalijados durante la feria; Pelham tasa el botín en cuarenta guineas en metálico y ciento cincuenta libras en billetes. La compañía abandona la plaza; en Ballyshannon, Barrington comprende que el carterismo le reporta mayores ganancias que las tablas. En Derry se había encariñado asimismo con la actriz que encarnaba a Belvidera. Esta había huido de Coventry a los dieciséis años con un teniente de marina que la abandonó en Dublín, tras lo cual Price la acogió en la compañía. Su relación, apunta Pelham, no concluyó sino con la muerte de la joven, ahogada a los dieciocho años al cruzar el río Boyne.
Comienza entonces a cultivar la estampa del «caballero carterista», haciendo ostentación de la soltura propia de un hombre de fortuna. Al ser arrestado y condenado Price, Barrington se traslada a Dublín, donde hurta principalmente al amparo de la noche. Reconocido en unas carreras en el condado de Carlow, restituye los efectos sustraídos y elude la acción de la justicia. En 1773 pasa a Inglaterra. En Ranelagh se mezcla con la concurrencia y se apodera, según Pelham, de caudales pertenecientes al duque de Leinster y a sir William Draper, amén de un reloj. Se reúne con sus amistades sin infundir sospecha alguna.
Dos años más tarde, Barrington frecuenta ciudades balnearias haciéndose pasar por caballero de ilustre cuna. Concurre asimismo a la corte el día del natalicio de la reina disfrazado de clérigo; allí arrebata diversas pertenencias, entre ellas la venera de diamantes de un noble, y abandona palacio sin ser importunado.
Las advertencias no refrenan su conducta. Descubierto en la Cámara de los Lores, es expulsado por un ujier y posteriormente encarcelado por no poder satisfacer la fianza. Al salir libre, despoja a una dama en el teatro de Drury Lane. Pelham fecha en 1777 su condena a trabajos forzados en los pontones de Woolwich por un periodo de tres años. Su buena conducta le vale una remisión de la pena y recupera la libertad al cabo de un año. Menos de seis meses después es detenido por un robo en la iglesia de San Sepulcro; en esta ocasión, según Pelham, la sentencia es de cinco años en los pontones.
Barrington se sume entonces en la desesperación y se asesta una puñalada en el pecho con un cortaplumas. La herida es profunda, pero no resulta mortal. Un visitante de alta alcurnia, acudido a enterarse del estado de los reclusos, se conmueve ante su debilidad y obtiene un indulto a condición de que abandone el reino. Se le facilitan fondos para regresar a Dublín. Poco después se le acusa de haber robado el reloj y el dinero de un noble en el coliseo; ante la insuficiencia de pruebas, resulta absuelto. Deja Dublín rumbo a Edimburgo, regresa a Londres y acaba recluido en Newgate por haber quebrantado la condición de su gracia. Más adelante se le detiene por sustraer la bolsa del señor Le Mesurier en Drury Lane, pero consigue zafarse del alguacil. Mientras los letrados tramitan su proscripción legal, Barrington recorre el norte bajo diversas apariencias: eclesiástico, médico itinerante, viajero distinguido. Arrestado en Newcastle, es conducido de vuelta a Londres mediante un mandamiento de habeas corpus; la orden de fuera de la ley queda anulada y, a falta de un testigo capital, sale absuelto. Vuelve entonces a Dublín y regresa más tarde a Inglaterra, donde vuelve a ser sorprendido en un hipódromo.
El Australian Dictionary of Biography sitúa el juicio de Old Bailey el 15 de septiembre de 1790 e identifica el robo de un reloj con cadena de oro en las carreras de Enfield. Pelham señala como víctima a Henry Hare Townsend y transcribe un extenso alegato en el que Barrington lamenta que sus actos y palabras hayan sido invariablemente interpretados en su perjuicio. Es sentenciado a siete años de deportación; sigue a esto el traslado con destino a Botany Bay.
Pelham convierte después la travesía en una escena de salvamento heroico: según su relato, un grupo de presidiarios habría intentado apoderarse de las armas y Barrington habría derribado a uno de ellos de un palancazo antes de custodiar el pasadizo. El capitán lo habría recompensado con una orden de pago de cien dólares en el cabo de Buena Esperanza. El Australian Dictionary of Biography advierte de que la prensa de la época ya le atribuía el sofocamiento de un motín, pero que los hechos reales no se correspondían con dicha versión. El pasaje debe leerse, por consiguiente, como una leyenda adherida a su figura y no como un hecho histórico comprobado.
En la relación de Pelham, el capitán recomienda a Barrington ante el gobernador. El Australian Dictionary of Biography ubica su llegada a bordo del Active en septiembre de 1791 y su nombramiento como condestable principal de Parramatta en 1796. Pelham recoge también que desempeñó funciones de vigilancia sobre los presidiarios con un sueldo anual de cincuenta libras. Sitúa su retiro en 1801 a causa de la pérdida de sus facultades mentales; el ADB, en cambio, fecha su dimisión en 1800. Fallece en 1804. La crónica entreteje de este modo la carrera efectiva, la anécdota y la leyenda.
