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Imposturas y fortunas · Francia

La tienda que ya no existía

En París, trece acusados comparecen por estafas de vino y carbón organizadas en torno a comercios efímeros y sucesores de paja. El Tribunal Correccional absuelve a Salles, Chabroulais, Causse y a la viuda Maillard; otros nueve reciben penas diversas.

El proveedor hallaba en efecto una tienda en la dirección indicada, pero, al llegar el vencimiento del pago, ya no encontraba allí al comerciante que había cursado el pedido. Se presentaba un sucesor, como si el negocio hubiese cambiado de manos; las mercancías, por su parte, ya se habían esfumado. La crónica de la vista del 14 de agosto de 1875 resume de este modo el engranaje de una serie de estafas atribuidas a trece auverneses a los que el periódico bautiza como la «Banda Negra» o la «Banda de los Auverneses». Los acusados aparentaban regentar tiendas al por menor; recibían vino y carbón al por mayor y, acto seguido, los locales se vaciaban y los rostros cambiaban.

En la 9.ª Sala del Tribunal Correccional de París, bajo la presidencia del señor Thirouin, el banquillo de los acusados reunía a Battut, Salles, Giroux, Douzel, la viuda Jeantot, Goudal, Chabroulais, Causse, Bonnel, la mujer Patrice, Rames, la viuda Maillard y Patrice. La crónica comenzaba con una apostilla burlona sobre su origen y su acento; pertenece a los prejuicios del diario, no a la prueba del proceso. El acta de acusación, en cambio, describía establecimientos temporales, firmas prestadas y «sucesores» encargados de desviar la atención de los negociantes perjudicados.
Ciertas tiendas existían de verdad, pero solo por un tiempo; su realidad material reforzaba la apariencia de solvencia, sin garantizar que el despacho perdurase.
Según la crónica, todos salvo Causse y la viuda Jeantot contaban ya con condenas previas; no se ofrece aquí pormenor alguno sobre aquellas causas anteriores. Los acusados también se prestaban las firmas y se avalaban recíprocamente, lo cual otorgaba a los comercios una apariencia de fianza. La acusación distinguía varios cometidos, sin que cada encausado interviniese en cada uno de los seis hechos desglosados.

El más antiguo de los episodios detallados en el artículo se remonta a septiembre de 1874. Battut, establecido ya en apariencia en la calle de las Abbesses, pasaje de l’Arcade, obtuvo dos toneles de vino de Quenender. Debía pagar al contado, refiere el diario, pero vendió de inmediato su despacho; Giroux se convirtió en el complaciente comprador. Por las mismas fechas, Goudal, Chabroulais y Causse se hacían pasar por tratantes de vino en tres direcciones distintas: la calle de Clignancourt, la calle de Bellune y la calle de Provence. Battut los presentó al mismo comerciante, quien suministró dos toneles a cada uno. Una parte del vino entregado a Goudal fue retirado el mismo día por Giroux; Chabroulais vendió su fondo de comercio a los pocos días y Causse se esfumó.

En noviembre, Battut se presentó en casa de Amberny provisto de una factura impresa con las señas del comerciante, que decía haber recibido de Pagès. Se presentaba asimismo como tratante de vino y carbón y regentaba, al menos temporalmente, un despacho en la calle de las Abbesses. Le fueron entregados dos toneles de vino. Salles le había facilitado su firma para acreditarlo; el pagaré entregado a Amberny jamás se abonó. La maniobra se sostenía en muy pocas certezas visibles: unas señas impresas, un despacho abierto por un tiempo y una firma que otorgaba crédito a quien la tomaba prestada.

El 1 de noviembre, según el artículo, Battut obtuvo cuatro mil kilos de carbón de Arnoult. Se presentó en la misma tienda como comerciante de vinos y carbón. El pago debía hacerse al contado; un pretexto sirvió para aplazarlo. Dos días después, el carbón había desaparecido y el negocio estaba vendido. En el momento de la entrega, el mayorista creía tratar con un comerciante establecido; a la hora de cobrar, solo quedaba una dirección en la que el comerciante ya no se hallaba.

En diciembre, el mismo artificio adoptó ante Fouquerolles dos formas sucesivas. Douzel presentó a Battut como tabernero y obtuvo para él un suministro de cuatro toneles de vino. Acto seguido, Douzel regresó bajo el nombre de Jeantot, afirmando regentar un negocio en el número 40 de la calle de la Roquette. La viuda Jeantot regentaba allí por entonces un establecimiento de vinos y comidas. Douzel exhibió ante Fouquerolles la tarjeta de clientes del negociante y obtuvo otros cinco toneles. Ambas operaciones jugaban con la reputación de un comercio auténtico y con la identidad de un tratante que no era quien decía ser.

El caso Fontaine fue más allá de un simple suministro. Cinco acusados —Bonnel, el matrimonio Patrice, Rames y la viuda Maillard— habrían concertado la compra del fondo de comercio vinícola de Fontaine, en el número 4 de la calle Sibour. Patrice presentó a Bonnel como un tratante de vinos establecido en la calle de Abbeville y dueño también de un depósito de maderas en Saint-Ouen. Añadió que la señora Desoil, que en realidad era la mujer Patrice, entraría como socia de Bonnel aportando capital. Rames, que no guardaba parentesco con Bonnel, desempeñó el papel que le habían asignado en la trama. Fontaine aceptó la venta del negocio a Bonnel y Desoil por 2500 francos.

El precio nunca se pagó, según la acusación. A los pocos días, Bonnel fingió una reventa a la viuda Maillard; dos semanas más tarde, se suponía que esta revendía el negocio a Duconseil, quien lo traspasó a su vez. Al compás de estas cesiones sucesivas, Bonnel desapareció. Fontaine perdió el valor de su comercio. La sucesión de propietarios revestía la regularidad formal de un acto mercantil; sin embargo, jamás desembocaba en el pago acordado. La crónica vio en ello una componenda, en la que las firmas y las garantías aparentes circulaban entre las mismas personas.

En enero de 1875, Battut había cambiado de domicilio. Se presentaba en el número 16 de la calle de Trévise, donde había fingido instalarse tras la cesión simulada de su anterior taberna. Mérard le despachó vino por valor de 85 francos en botellas de litro. Días después, Battut vendió la tienda a un sucesor a quien el texto llama «Donzel», mientras que escribe Douzel en los otros pasajes. Este último se presentó a su vez y obtuvo vino en botellas de litro por otros 65 francos. El artículo no aclara esta variación en el nombre, que debe permanecer visible.

Estos seis asuntos no eran, según señalaba la Gazette, más que los principales. El informe del fiscal habría sacado a relucir otros hechos análogos, y varios acusados respondían además de quiebras fraudulentas cuyo vínculo con la asociación parecía más lejano. El diario consignaba que los encausados no negaban los hechos materiales, sino que alegaban su buena fe. El ministerio público sostuvo la acusación; varios letrados asumieron la defensa. La crónica no pormenoriza todos los alegatos ni permite reconstruir los debates más allá de los pasajes recogidos.

La sentencia deslindó a los trece nombres congregados al inicio. Salles, Chabroulais, Causse y la viuda Maillard resultaron absueltos. Battut fue condenado a quince meses de prisión y 50 francos de multa; Giroux, a quince meses y 50 francos; Douzel, a dos años; la viuda Jeantot, a seis meses; Goudal, a tres meses; la mujer Patrice, a tres meses; Rames, a tres meses; Patrice, a ocho meses. En cuanto a Bonnel, inscrito con este apellido en la lista de acusados, el fallo imprime «Bonnet»: quince meses y 50 francos de multa. Tal disparidad gráfica no debe encubrirse bajo una certeza que el texto original no proporciona.

El engranaje atribuido a la cuadrilla no era tanto el de una tienda como el de su constante sustitución. Un escaparate, una factura, una firma o la respetabilidad de un tercero bastaban para obtener el género; cuando el proveedor acudía a cobrar, el nombre del titular había cambiado y las mercancías habían volado con él. En la sala de justicia, cuatro procesados salieron absueltos y nueve condenados a penas diversas. La Gazette no reproduce los considerandos del tribunal; deja traslucir, sin embargo, tras cada traspaso, el mismo dilema para los comerciantes: ¿quién se había quedado en verdad con el género y quién respondería de la deuda?

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Relato basado en la crónica de la Gazette des Tribunaux del 15 de agosto de 1875, vista del 14 de agosto, 9.ª Sala. El exordio del periódico incluye mofas hacia los auverneses; tal burla de época no se asume como descripción objetiva. Las seis operaciones expuestas proceden del acta de acusación o de la crónica de prensa. El texto original fluctúa entre Douzel y Donzel, así como entre Bonnel en el encabezamiento y Bonnet en el fallo; se han conservado estas discrepancias gráficas. El periódico no reproduce los fundamentos jurídicos del tribunal ni los detalles de las quiebras accesorias.

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