«Mantengo que entregué los 1000 francos y los 6500 francos al señor Magen». Así lo declara Loiseau ante los miembros del jurado. El oficial replica que es víctima de una calumnia. Entre ambos hombres, la Sala hace circular una nota incautada en el domicilio de Loiseau: este afirma que en un principio había consignado allí el nombre completo de Magen, para luego rasparlo y no dejar más que una inicial. El presidente observa que la huella del raspado resulta palmaria. Sin embargo, la inicial, las sumas y las palabras cruzadas de dos procesados no bastan para resolver la causa en ese instante.
El 3 de julio de 1874, la Audiencia de lo Criminal del Sena abre el juicio contra la casa Cahen-Lyon por delito de corrupción de funcionarios públicos. La prensa precisa que este nuevo proceso deriva de una causa previa por fraudes en los suministros militares. Cahen-Lyon, condenado a cinco años por la jurisdicción correccional, ha burlado la acción de la justicia y será juzgado en rebeldía. Otros veintidós acusados ocupan sus asientos en el estrado. La Gazette los divide en dos grupos: los empleados de la firma, imputados por cohecho activo, y los oficiales encargados de los pertrechos, acusados de haber aceptado las dádivas.
La acusación se articula en torno a una relación mercantil que presumía de hallarse al servicio del ejército. La empresa disponía de dos establecimientos: una oficina en París para los pertrechos menores y un taller en Montplaisir, en las proximidades de Lyon, destinado a los efectos de vestuario y al gran equipo. Lambert dirigía la sección de pertrechos menores en París; Bazoin había estado al frente de la casa de Lyon antes de que Loiseau lo relevara en 1870. Matifas y Lagut ejercían de viajantes de comercio. Dentro de este engranaje, los contratos pasaban necesariamente por manos de oficiales que fiscalizaban las provisiones o intervenían en su recepción.
Al inicio de los debates, las versiones comienzan a bifurcarse. Bazoin niega las entregas reprochadas relativas a Magen y Pépin, si bien admite que a este último se le facilitó un uniforme. Loiseau asegura, por el contrario, haber desembolsado diversas cantidades a los oficiales y sostiene haber entregado más de 7000 francos a Magen. Este lo desmiente. Matifas y Lagut reconocen haber efectuado pequeñas gratificaciones, pero las presentan como descuentos de uso corriente en el comercio, desprovistas de toda intención de doblegar las decisiones de las juntas. Los oficiales, por su parte, niegan haber percibido dádiva semejante.
El contable Mathieu aporta una justificación más general de semejante práctica. Afirma haber conocido desde siempre estas compensaciones, destinadas a resarcir los quebrantos o dispendios de los oficiales contables, y las califica de simples corretajes. El presidente le recuerda que él mismo fue objeto de procesamiento, del cual quedó exento en virtud de la prescripción. Acto seguido, le da lectura a una misiva dirigida por Mathieu a Cahen-Lyon, en la que el contable evoca el compromiso de su corresponsal de abonarle veinte francos diarios al dos y medio por ciento sobre los suministros de lencería y calzado, margen aparte de las entregas que debían reservarse a los «C… y M…». Mathieu reconoce su propia letra. El presidente le pregunta si acaso tales iniciales aluden a los capitanes y mayores; el testigo replica que no puede aseverarlo ocho años después. Reitera que creía lícita la comisión. Cuando el presidente le echa en cara la repulsa indignada de ciertos oficiales, Mathieu contesta que en ocasiones topó con hombres de trato brusco. El presidente le hace notar que aquellos eran, precisamente, quienes lo ponían en la calle.
La declaración degenera en la crónica de un altercado. Mathieu relata que un capitán llegó a expulsarlo; sostiene que él mismo exigió ser conducido al retén y que rehusó salir de allí mientras no se le diera satisfacción. El lance concluyó, según sus palabras, con una puerta franca y su salida forzosa. El fiscal general recuerda que el compareciente permaneció cincuenta y cuatro días en incomunicación en Mazas durante la Comuna. La crónica judicial no convierte este episodio en prueba concluyente de cohecho: retrata ante todo a un testigo controvertido, cuyas explicaciones sobre las comisiones se tambalean frente a sus propios escritos.
Pépin reconoce haber recibido una prenda de vestir de la firma. En lo tocante a los 500 francos que la acusación asocia a su alojamiento, aclara que su vivienda distaba mucho de los talleres y que la casa se hizo cargo de cinco trimestres de un alquiler tasado en 400 francos anuales. Asegura que su superior jerárquico lo había facultado, hasta cierto punto, para aceptar dicho arreglo. Se escucha a los intendentes Lefrançois y Testa antes de que la presidencia aborde la pieza relativa a Magen.
El caso de Magen se le antoja al presidente como el más espinoso. Recuerda que el apunte intervenido a Loiseau lo vincula a 1000 francos y a otra partida, formulada en el pliego como 6500 francos. Magen responde que Loiseau ha vertido calumnias contra él a lo largo de la instrucción y ante el propio tribunal. Admite una suma de 85 francos por concepto de calzado, respecto a la cual el presidente declara que el inculpado ha dado explicaciones satisfactorias. Por lo demás, Magen conjetura que Loiseau retuvo el dinero y lo asentó en los libros como si se lo hubiese entregado en mano. Afirma gozar de 12 000 francos de renta, llevar una vida sobria y no haber menguado jamás en su lealtad como militar.
Loiseau se ratifica en su acusación. Aduce que al principio anotó el nombre entero de Magen en la cuartilla para luego rasparlo, movido por un escrúpulo de conciencia y con el propósito de no delatar a un antiguo camarada. Añade que, interrogado en diligencias previas, pretendió despistar las sospechas antes de avenirse a confesarlo todo. En el asiento consta, según se lee en estrados, «1000 francos» y «6500» por reparaciones. Magen clama al cielo; Loiseau asegura apegarse a la verdad. Aún declaran cinco testigos más antes de que se suspenda la sesión.
Ocho días después, los debates dan paso a los informes de conclusiones. El 10 de julio, el ministerio fiscal desiste de la acusación contra el mayor Vidal y el capitán Burger. Las demás defensas rebaten tanto la certeza de los hechos como su tipificación jurídica. En favor de Lambert, el letrado Carraby sostiene que las dádivas imputadas, de ser ciertas, jamás retribuyeron actos propios del cargo; pinta a su patrocinado como un simple capataz desprovisto de trato con la oficialidad y recuerda su intachable hoja de servicios durante la guerra. El abogado de Bazoin señala que el mero procesamiento ha surtido ya el efecto de una severa advertencia y que su defendido siempre procedió de buena fe.
El letrado Ferré defiende a Loiseau alegando que no hizo sino acatar las directrices de su principal y que los libramientos se verificaban seis, ocho o doce meses después de recibidas las mercancías. A su juicio, escapaban por ende al marco de las contratas. Arguye asimismo el defensor que Loiseau se vio arrastrado a incriminar a sus coacusados cuando su primera intención había sido ponerlos a resguardo. Por lo que toca a Matifas, el letrado Landier contrapone a la imputación de engaño una interpretación puramente mercantil de la correspondencia: los géneros ofrecidos en primer término aventajaban en calidad a la muestra, mientras que los restantes se ceñían al pliego de condiciones reglamentario. Justifica las comisiones como atenciones heredadas de un antiguo uso forense y comercial.
Al día siguiente, el letrado Oscar de Vallée asume la palabra por Magen. Se traba una prolongada controversia sobre el derecho de los acusados a lucir sus condecoraciones en la vista. La fiscalía sostenía que el auto de procesamiento suspendía semejante prerrogativa; el abogado invoca, en sentido contrario, el dictamen de 1826 y recuerda que Magen acabó retirándose las insignias tras la reconvención del presidente. Regresa luego al fondo del asunto: según su tesis, el asiento en el papel y la mera declaración de Loiseau constituyen el único indicio de cargo contra su mandante. Otros letrados asumen la defensa de Pépin y Maniel combatiendo las pruebas o alegando las autorizaciones de sus mandos. El 11 de julio, se suspende la audiencia para la conclusión de las defensas.
El 13 de julio, los últimos letrados toman la palabra por Monbey, Doublet, Lourcines, Parnajon, Thomas y Manceaux. La Sala escucha el resumen del presidente y el jurado se retira a deliberar. A las siete y media de la tarde, regresa al hemiciclo con un veredicto de no a todas las preguntas formuladas. El presidente pronuncia la absolución de los procesados y decreta su inmediata puesta en libertad. La Gazette retrata a los oficiales estrechando las manos del jurado entre vivas muestras de gratitud, arropados por sus familias que acuden a abrazarlos. La nota raspada había conservado su huella. La crónica judicial no desvela los motivos íntimos del jurado; consigna tan solo sus contestaciones negativas y el fallo absolutorio consiguiente.
Nota documental: crónicas selectas de la Gazette des Tribunaux, correspondientes a las sesiones del 3, 10, 11 y 13 de julio de 1874, publicadas del 4 al 14 de julio. El presente relato se fundamenta en extractos expresamente delimitados de las ediciones de los días 4, 5, 11, 12 y 13-14 de julio; los números restantes obran en archivo sin que conste su lectura íntegra. La Gazette resume el pliego acusatorio y los informes de las partes sin recoger las razones particulares de los miembros del jurado. Las partidas monetarias mencionadas en la vista se atribuyen a los testimonios de quienes las invocaron; tanto la nota leída por Loiseau como la pregunta elevada por la presidencia coinciden en la cifra de 6500 francos respecto a Magen.
