Un sello de pago bastaba para dar por saldado un vencimiento que jamás había sido abonado. En las obligaciones de la Villa de París, unas marcas apócrifas y unas rúbricas falsificadas convertían así un título incompleto en un valor formalmente liberado. El 13 de agosto de 1875, tres hombres comparecían ante los tribunales por tales maquinaciones. Gabriel Lagutaire reconocía haber mandado confeccionar los sellos y haberlos estampado junto a firmas fingidas; no obstante, atribuía la urdimbre a cierto Dormois, a quien señalaba como el verdadero instigador. El ministerio público sostenía, por el contrario, que Dormois no era sino el falso nombre bajo el cual el propio Gabriel había negociado los títulos.
La ley de 18 de abril de 1869 había facultado a la Villa a emitir 753 623 obligaciones amortizables a razón de cuatrocientos francos; el suscriptor debía satisfacer por ellas 345 francos mediante desembolsos escalonados. Cada resguardo provisional consignaba los plazos de vencimiento y reservaba casillas destinadas a los timbres que acreditaban cada entrega, rubricados por el empleado que percibía la suma. Las oficinas municipales llevaban un registro contable concebido para fiscalizar el canje de los títulos provisionales por los definitivos. El acta de acusación recordaba que el incendio del Hôtel de Ville, acontecido en mayo de 1871, había reducido a cenizas dichos libros. Diversos individuos, según la acusación, se aprovecharon de la desaparición de los registros para estampar marcas fraudulentas y negociar títulos que distaban de estar totalmente desembolsados.
Hacía constar el fiscal que Gabriel Lagutaire admitía haber obtenido un beneficio de 240 000 o 250 000 francos en determinadas operaciones, suma que la propia acusación consideraba inferior al quebranto real. Los primeros títulos intervenidos condujeron las pesquisas hacia Raymond Fillion y hacia un comisionista llamado Féchot. En octubre de 1871, Fillion encomendó a Jules Lagutaire que le procurase obligaciones del empréstito municipal. Jules acudió a casa de Féchot en compañía de su hermano Gabriel, a quien presentó bajo la identidad de Dormois. Gabriel adujo que acababa de llegar de Inglaterra y que precisaba enajenar los títulos con premura. No pudiendo Féchot adelantarle más que quinientos francos, Jules lo condujo ante Fillion, quien consumó la compraventa de las obligaciones.
La maniobra no tardó en repetirse. Conforme al acta de acusación, cerca de un millar de títulos viciados pasaron por manos de Féchot a lo largo de aquella serie de operaciones. Gabriel los enajenaba parapetado tras el patronímico de Dormois y extendía de su puño y letra los correspondientes recibos. Más adelante, Féchot y su cónyuge reconocieron formalmente a Gabriel como el individuo que Jules les había presentado. Gabriel no tuvo más remedio que admitir que había estampado los sellos apócrifos y las firmas falsas en las obligaciones traspasadas a Féchot, así como haber suscrito los recibos bajo el nombre de Dormois. Con todo, porfiaba en sostener que Dormois era una persona distinta, el auténtico promotor de la estafa. Jules, por su parte, negó rotundamente haber presentado a su hermano con semejante alias.
En mayo de 1873, las sospechas policiales recayeron sobre Jules respecto a su participación en la falsificación. El comisario Macé lo citó a su despacho y lo amenazó con el arresto inmediato. Jules prometió dar con el paradero de Dormois, a quien señalaba como el culpable exclusivo; merced a ello, eludió el ingreso en prisión. El 24 de mayo emprendió la fuga rumbo a Ginebra, adonde acudió Gabriel tres días después para reunirse con él. Ambos hermanos aguardaron en territorio helvético el curso de la instrucción incoada en París. Por aquel entonces, los investigadores aún no habían desentrañado el grado de implicación de Gabriel en el fraude. El auto de sobreseimiento dictado el 12 de julio de 1873 clausuró aquel primer sumario por falta de indicios bastantes, sin prejuzgar los nuevos elementos que habrían de sobrevenir.
Al año siguiente, las obligaciones reaparecieron en manos de diversos tenedores. La crónica sitúa una nueva serie de operaciones en Ginebra. Allí, Gabriel mandó troquelar cuños que imitaban los de la prefectura del Sena, estampándolos luego sobre títulos que Jules le suministraba. Thenadey, un agente de negocios que compartía aposento con Gabriel, se cuidaba de dar salida a las obligaciones, ya fuere en Suiza o en Francia. A ojos de la acusación, los cometidos encajaban con precisión milimétrica: Jules facilitaba los resguardos con escasos desembolsos, Gabriel falsificaba las marcas para simular su completa liberación y Thenadey los colocaba entre los adquirentes.
El banquero Favre recibió veinticinco obligaciones que ostentaban los dos primeros pagos reglamentarios, correspondientes a 145 francos. El financiero rehusó adelantar más de mil francos. Los títulos fueron remitidos al Crédit lyonnais, cuyos dependientes advirtieron una mención de abono fraudulenta y dieron parte a la autoridad judicial. Favre interpuso querella en Ginebra contra Gabriel y Thenadey, consumándose la detención de ambos. Los reos indemnizaron al banquero, quien retiró la acción penal, permitiendo a la sala instructora dictar un auto de sobreseimiento. Empero, el ministerio fiscal francés sostenía que aquella resolución no quebrantaba la asociación criminal: dieciocho obligaciones más, colocadas ante Favre o ante otro banquero, fueron embargadas con posterioridad en París, en las dependencias del Crédit lyonnais, en la casa Witzel y en la oficina del agente de cambio Laurent.
En julio de 1874, Thenadey remitió siete títulos a un tal Tripier, en París. Le encarecía indagar si pesaba sobre ellos orden de retención, si cabía obtener su canje definitivo y si la Villa los admitiría en ventanilla. En la prefectura se constató de inmediato la falsedad del sello de entrega. Tripier alertó de ello a Thenadey, quien le respondió trasladándole una nota de Gabriel. La fiscalía vio en este cruce de despachos la prueba irrefutable de que ambos conspiraban al unísono para adulterar y colocar el papel. Thenadey fue arrestado en Lyon el 13 de enero de 1875; llevaba consigo cuatro obligaciones espurias.
Thenadey se escudó en su buena fe. Afirmaba haber ignorado en todo momento las artes clandestinas de Gabriel. El ministerio público le reprochó su estrecha intimidad, la convivencia en una misma alcoba y el hallazgo en dicha estancia de los sellos clandestinos y de los títulos que Gabriel manipulaba. Jules alegaba asimismo que su hermano era el único artífice de la manipulación de los valores negociados. Reconocía los desplazamientos a Suiza, los encuentros con Gabriel y la tenencia de resguardos alterados, pero justificaba todo ello por la pesquisa del esquivo Dormois, a quien se había comprometido a desenmascarar en 1873. Consigna la crónica que esta versión fue sostenida en una misiva dirigida al comisario Macé.
El proceso volvía así a su enigma cardinal: ¿era Dormois un cómplice real o la máscara tras la cual Gabriel había colocado los efectos y cobrado los caudales? Los esposos Féchot identificaban sin titubeos a Gabriel; los recibos coincidían con su grafía; los informes caligráficos le atribuían las firmas del primer lote de obligaciones. Respecto a los títulos posteriores, la acusación esgrimía las reuniones en territorio helvético, los sellos mandados abrir en Ginebra, las negociaciones con la banca y los cuatro títulos intervenidos a Thenadey. Gabriel reconoció haber viciado los efectos incautados, a excepción de los primeros noventa y dos; el acta señalaba, empero, que el peritaje gráfico le imputaba igualmente las rúbricas de aquella primera remesa. Continuaba, con todo, invocando a un tercero llamado Dormois. El relato no pormenoriza los informes de estrados ni los alegatos completos de la defensa; consigna únicamente que el abogado general sostuvo los cargos y que los tres defensores articularon sus recursos por separado.
El jurado debió pronunciarse sobre 1940 cuestiones. Declaró a los tres encausados culpables, si bien sólo apreció circunstancias atenuantes en favor de Thenadey. La sala condenó a Jules y a Gabriel Lagutaire a la pena de diez años de trabajos forzados a cada uno; Thenadey fue sentenciado a tres años de prisión correccional. Tan diversas penas reflejaban una gradación de la severidad penal, mas refrendaban la culpa indiscutible de los tres artífices de la trama.
Los primeros títulos habían circulado merced a los recuadros concebidos para testimoniar el pago efectivo. Destruidos los libros matrices, fue fácil reproducir aquellas improntas y negociar los títulos sin freno. A los inspectores no les correspondió verificar asientos contables, sino desenredar una prolija trama de intermediarios, recibos, huidas y grafías superpuestas. El nombre de Dormois, presentado por los reos como la clave última del misterio, no fue más que la postrera sombra tras la que Gabriel intentó eludir el peso de la ley.
Nota documental: Gazette des Tribunaux del 15 de agosto de 1875, p. 786, vista del 13 de agosto ante el tribunal de lo criminal del Sena. La transcripción procesal normalizada se atiene al resumen del acta de acusación y al sucinto veredicto; los cargos y las pruebas se recogen estrictamente como constan en el expediente de la causa. Los debates íntegros y los informes de estrados no figuran reproducidos en dicha entrega de la gaceta. El auto de acusación impreso arroja un término de los hechos fechado el 30 de abril de 1869, incongruente con el inicio de las maniobras en octubre de 1871; la narración conserva esta discordancia cronológica sin corregirla mediante conjeturas. El primitivo sobreseimiento dictado en París en julio de 1873 y el librado en Ginebra tras el desestimiento de la querella se distinguen con precisión de la sentencia condenatoria pronunciada en 1875.
