Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Inglaterra

Los hombres de la recompensa

En 1754, Stephen M’Daniel, John Berry, James Egan (alias Gahagan) y James Salmon orquestaron un falso asalto contra el propio Salmon con el fin de lograr la condena de Peter Kelly y John Ellis y cobrar así las primas ofrecidas por la captura de salteadores de caminos. La trama fue sacada a la luz por Thomas Blee; tras dos procesos sucesivos, uno de los conjurados murió y otro sufrió gravísimas heridas a consecuencia del ensañamiento popular en la picota.

Cerca del cuarto mojón, en el camino de Deptford, James Salmon aguardaba en la penumbra con dos pares de calzones de cuero bajo el brazo. Peter Kelly lo divisó al borde del sendero y se aproximó; según el testimonio de Thomas Blee, Salmon le entregó de inmediato sus pertenencias y le suplicó que no le hiciera daño. Kelly tomó las prendas, un pañuelo y una tabaquera. La escena presentaba todas las trazas de un robo en despoblado; no obstante, había sido milimétricamente preparada por un grupo de individuos resueltos a prender después a los presuntos ladrones y embolsarse la recompensa legalmente prometida.

Blee ocupaba el centro neurálgico de esta farsa. Antiguo compinche de John Berry, trabajaba a sus órdenes y residía bajo su mismo techo. Cuando Berry y Stephen M’Daniel le exigieron que buscara muchachos «para el camino real», Blee se mostró reticente en un primer momento: un asunto anterior, el caso Kidden, le había enseñado con amargura el alto precio que podía costar la codicia de una prima. M’Daniel lo conminó mediante amenazas. Pocas jornadas más tarde, ambos hombres lo despacharon en busca de reclutas por las callejuelas y mercados de Londres.

A mediados de julio de 1754, Blee volvió a reunirse con Berry y M’Daniel en el jardín de una taberna, próxima al letrero de Sir John Oldcastle. James Salmon, de oficio sastre de calzones de cuero, se hallaba allí. Convinieron en tender la celada en un paraje situado entre el fielato de New Cross y Deptford, junto a la señal de las cuatro millas. El vecindario de Greenwich había ofrecido veinte libras a quien prestara auxilio para capturar a un salteador de caminos. El incentivo público, concebido para alentar la acción judicial, se transmutó así en el móvil del complot.

Berry propuso incorporar a James Egan en calidad de perista: él recompraría los efectos que los mozos despojaran a Salmon. Con el propósito de asegurar el ulterior reconocimiento de las piezas, la partida dispuso los indicios con antelación. Salmon taladraría su pañuelo con cuatro agujeros, uno en cada esquina; los calzones llevarían una marca oculta bajo la pretina. M’Daniel facilitaría una singular tabaquera y una moneda menuda, que Egan señalaría con una lezna de zapatero. No había aún salteadores a la vista, pero los despojos destinados a atestiguar el delito ya estaban rigurosamente inventariados.

Blee dio con Peter Kelly y John Ellis en el mercado de Fleet. Kelly contaba unos veintiún años; Ellis, deshollinador, apenas una veintena. Blee les insinuó al principio la ocasión de sustraer una partida de lienzo blanco en las inmediaciones de Deptford, sin desvelarles jamás que la presa real debía ser Salmon. Gastaba algunos peniques en ginebra y cerveza para mantenerlos a su lado. Cuando Berry manifestó el deseo de observarlos, Egan se adelantó unos pasos, los examinó con disimulo y regresó asegurando que servirían para el plan. Los cerebros de la trama evitaban comprometerse mostrándose juntos en compañía de los muchachos.

La empresa, empero, hubo de demorarse. Ellis se vio envuelto en una redada de carteristas; en Pied-Horse Yard, el gentío enfurecido lo zambulló en el pilón, y Blee afirmó que la turba estuvo a punto de matarlo. Blee acudió a socorrerlo; M’Daniel le advirtió que no le quitara el ojo de encima. Por prudencia, Berry aplazó el asalto hasta el lunes siguiente: de haber sido apresados en viernes, los jóvenes habrían pasado el domingo en el calabozo y habrían podido hablar. Aquel retraso convirtió los preparativos en una vigilia vigilada.

Llegada la mañana convenida, Berry entregó a Blee cinco chelines para que los exhibiera ante los muchachos como fruto de su propio trabajo. Asimismo, dio media corona a Salmon, destinada a engrosar la relación de lo sustraído. Blee condujo a Kelly y a Ellis a tomar cerveza y pan, y luego a comer un pedazo de cordero en Borough Market. Los entretuvo demorando la marcha antes de enfilar hacia Deptford. Blee sostendría siempre que los mozos aún ignoraban que iban a despojar a Salmon y no a robar telas.

Al caer la tarde, Salmon se apostó en el camino. Refiere Blee que Kelly le increpó para saber qué llevaba; Salmon, fingiéndose aterrorizado según las actas, le entregó dócilmente los calzones y las menudencias preparadas. Los tres marcharon a una posada de Kent Street, donde pernoctaron. A la mañana siguiente, Blee guio a los jóvenes hasta la posada del Spread Eagle y se ausentó con el pretexto de buscar el almuerzo. Se reunió entonces con Berry, Salmon y Egan en el White Bear. Egan se presentó poco después ante los muchachos haciéndose pasar por comprador de los calzones. Tras examinarlos, ofreció cinco chelines y simuló haber extraviado su propia tabaquera; preguntó entonces a Kelly y Ellis si querían venderle la suya. La moneda, marcada del mismo modo, completaba el lote probatorio que la conjura requería hacer constar.

Los jóvenes quedaron entretenidos jugando a los bolos mientras Blee iba y venía entre ellos y el resto de la gavilla. Berry ordenó a Blee que le trajese su capote, olvidado en la posada. En el Spread Eagle, M’Daniel se abalanzó sobre Kelly, pregonó que portaba mandamiento judicial en calidad de agente de la ley y ató a Kelly y Ellis con una soga. De camino a Greenwich, los instó a confesar e inquirió por el paradero del tercer hombre; prometió favorecerlos en cuanto pudiera, desatarlos al llegar a Deptford y enviarlos de regreso por vía fluvial. Los muchachos negaron haber arrebatado guinea alguna a Salmon. Sin embargo, los efectos encontrados en su poder o vendidos a Egan parecían apuntalar de forma irrefutable la acusación urdida en su contra.

En Greenwich, el escribano requirió a M’Daniel que firmara el compromiso de sostener la acusación contra los presos. Este se negó, alegando que le resultaría imposible comparecer ante el tribunal de distrito. El actuario tomó entonces juramento a Blee. Más adelante, Egan juró que tampoco se personaría contra Kelly y Ellis, vanagloriándose de que le bastaría con cambiar de parroquia para sustraerse a su obligación legal.

A primeros de agosto, Joseph Cox, alto condestable de Blackheath, tuvo noticia de que un fabricante de calzones había sido asaltado y de que dos mozos yacían en la prisión de Maidstone. Tras dos o tres jornadas de pesquisas, detuvo a Blee en Newgate Street el 9 de agosto. Durante la travesía en barca hacia Greenwich, Blee se allanó a revelarlo todo. Cox lo condujo ante un magistrado; la delación quedó consignada y rubricada ese mismo día, y ratificada bajo juramento el 13. Esa misma noche, Cox obtuvo órdenes de arresto contra M’Daniel, Berry, Salmon y Egan. Se le aconsejó custodiar a Blee en secreto hasta que concluyera el juicio de Kelly y Ellis. Cox relató que viajó a Maidstone e ingresó en la sala durante la vista mientras Blee permanecía oculto fuera de la villa; desde allí escuchó a Salmon y a sus adláteres declarar sin pudor contra los dos jóvenes.

Kelly y Ellis fueron declarados culpables en las sesiones de Maidstone. Borrow consigna el 13 de agosto de 1754 en el extracto del expediente y en la copia del auto aportada por Cox, si bien este último sitúa el 15 de agosto la vista que presenció. Los documentos compilados por Borrow no permiten zanjar esta discrepancia cronológica. Kelly y Ellis habían señalado a Blee como partícipe en el robo; la delación de este se erigió de inmediato en la prueba de cargo capital contra los cuatro promotores. Puso al descubierto las reuniones clandestinas, las sumas repartidas y los efectos marcados. Otros testigos corroboraron los vínculos entre los inculpados y las piezas decomisadas: Serjeant aseguró haber visto una caja idéntica a la que le mostrara M’Daniel, y Kirby creyó reconocer la suya. El asalto padecido por Salmon había sido concertado mucho antes de que Kelly y Ellis se cruzaran en su camino.

El 1 de marzo de 1755, ante el tribunal de Old Bailey, los cuatro individuos fueron juzgados en primer término como cómplices del robo. El jurado emitió un veredicto especial, reservando al criterio de los magistrados la cuestión de si los hechos encajaban estrictamente en las leyes invocadas. Los doce jueces determinaron que dichos textos no amparaban la acusación en los términos en que había sido formulada, por lo que ordenaron incoar un nuevo proceso por conspiración. La segunda causa correspondió al turno de febrero de 1756. Borrow fija la audiencia el 28 de febrero, bajo el mandato del lord mayor Slingsby Bethel. El jurado declaró nuevamente culpables a los cuatro encausados. En esta segunda vista, Blee añadió un pormenor omitido con anterioridad: Berry le había confesado que aguardaba apostado tras el mojón de las cuatro millas y que presenció personalmente la ejecución del robo. En esta ocasión, el cargo se ceñía explícitamente a su concierto para inducir la comisión del delito con el propósito de cobrar las recompensas.

El fallo los condenó a siete años de reclusión en Newgate, a dos comparecencias en la picota para cada uno y a la prestación de fianzas de buena conducta. M’Daniel y Berry fueron expuestos en la picota cerca de Hatton Garden el 5 de marzo. La multitud los lapidó con piedras y otros proyectiles; el sheriff y el carcelero tuvieron que intentar guarecerlos desde un balcón. Tres días después, Egan —también llamado Gahagan— y Salmon fueron conducidos a la picota de Smithfield. Una lluvia de conchas de ostra y pedruscos se abatió sobre ellos. Egan sucumbió a los traumatismos; Salmon sufrió heridas de extrema gravedad en la cabeza. La pena dictada por la justicia era la vergüenza pública, pero el furor popular la transformó en un suplicio mortal.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

Los cuatro agujeros del pañuelo

En Londres, una costurera de ficción recibe de manos de un vecino un pañuelo perforado con cuatro agujeros. La guardia acude poco después a exigirle que reconozca la prenda durante un arresto cuyas circunstancias le parecen sospechosamente preparadas. La mujer debe elegir entre proteger al hombre que le da sustento y desvelar lo que sabe sobre la recompensa prometida a quienes delatan a los salteadores. El personaje y su pesquisa son fruto de la invención, pero la novela corta se inspira en la fabricación de pruebas del caso M’Daniel. Elija Novela corta para seguir el rastro de un único objeto que pasa de mano en mano.

Cargando votos…

novela

El precio del testimonio

Un deshollinador ficticio recorre los mercados y figones de Londres cargando con un secreto involuntario: su nombre figura en una deposición judicial capaz de salvar a un inocente y condenar a otro. Un antiguo ladrón le ofrece ocupación antes de exigirle que corrobore una versión de los hechos de la que solo presenció una parte. La novela se aparta de la biografía de Kelly y Ellis para retratar a una familia expuesta al presidio, a la penuria y a las coacciones del hampa. Elija Novela para explorar el coste de una palabra empeñada bajo coacción.

Cargando votos…

trilogía

Los hombres de la recompensa

Tres novelas vinculadas siguen sucesivamente a una viuda al frente de una taberna de postas, a un condestable forzado a dilucidar a qué delator conceder crédito y a un antiguo recluso que afronta las secuelas de una vieja prima de captura. Sus tramas, personajes y dilemas son enteramente ficticios; el sumario de M’Daniel opera como sustrato histórico y no como plantilla documental. Cada volumen examina una promesa distinta: el dinero, el amparo y la posibilidad de empezar de nuevo. Elija Trilogía para adentrarse en un friso sobre los engranajes de la justicia, sus oscuros colaboradores y las vidas que la ley deja atrás.

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La declaración testifical de Blee fue suscrita el 9 de agosto de 1754 y ratificada bajo juramento el 13. Borrow asigna el 13 de agosto al veredicto contra Kelly y Ellis, mientras que Cox sitúa el 15 la sesión que presenció: discrepancia irresoluble con las fuentes disponibles. El título del proceso reproducido en vLex data el 1 de marzo de 1755 el primer juicio por complicidad previa al delito, y no la segunda vista por conspiración. Borrow ubica esta última el 28 de febrero, bajo el mandato municipal de Slingsby Bethel, sin precisar el año en dicho pasaje; las comparecencias en la picota del 5 y 8 de marzo acontecen a continuación. La signatura de Old Bailey t17560225-48, consignada en la nota 16 del estudio académico Before the Trials: William Hone and the Rise of the Watchdog Press, remite al periodo de sesiones de febrero de 1756. La referencia del turno judicial no determina el día exacto de la vista. Root consultó dicha signatura en el repertorio indexado; el acceso directo a los fondos de Old Bailey falló (cache miss y posterior error HTTP 403), sin consulta directa del documento primario. No se examinó ningún facsímil del Gazetteer. La referencia cronológica de 1755 designa el primer enjuiciamiento. Ficha de la Wellcome consultada por el autor; facsímil no examinado.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete