El viajero llegó a Hare Hatch hacia las cuatro de la tarde. Una hora después, según su testimonio, tres barqueros lo habían despojado de su reloj, de su dinero y de sus billetes, para luego arrastrarlo hasta una zanja al borde del camino. Afirmaba que lo habían atado, amenazado de muerte si gritaba y abandonado a su suerte. Chandler sostuvo que permaneció tres horas en aquella fosa, lo bastante cerca del camino como para oír pasar los caballos, antes de avanzar a saltos, con pies y manos atados, a lo largo de casi media milla cuesta arriba. Ya entrada la noche, se topó con un pastor que cortó sus ataduras. Su primera pregunta fue dónde hallar a un condestable.
Aquel relato no se había improvisado en el camino. William Chandler, hijo único de un hacendado de las inmediaciones de Devizes, estaba a punto de concluir su pasantía en leyes. Para abrir su propio bufete, la crónica le atribuye un designio: acumular caudales y reclamar después al «hundred» —demarcación local a la que la ley hacía responsable de las pérdidas sufridas en ciertos asaltos— la indemnización por un robo inventado por él mismo. Así expone Pelham el mecanismo del asunto, sin erigirlo en regla general aplicable a todo latrocinio.
Chandler ya se había procurado fondos por diversas vías. Había convencido a su padre de que concertaba un ventajoso matrimonio, merced a lo cual este le traspasó una heredad valorada en cuatrocientas libras. A su principal, el procurador Hill, le aseguró que un tío acaudalado de Suffolk le había adelantado quinientas libras. Acto seguido, solicitó a Hill otras quinientas libras a fin de prestarlas contra una hipoteca sobre una finca cerca de Enford. Hill le exigió garantías: Chandler le ofreció entonces una hipoteca sobre sus propias tierras. Para dotar de verosimilitud al proyecto proyectado, negoció con una tal Mrs. Poor un préstamo garantizado por los bienes que esta poseía en Enford.
La cita para entregar los fondos y recibir las escrituras se fijó para el 25 de marzo de 1748. Desde la víspera, Chandler convirtió parte del dinero en billetes de menor cuantía. Los títulos formaban, según decía, un fajo demasiado abultado para llevarlo escondido bajo las ligas; cambió, pues, una suma de cuatrocientas cuarenta libras y mudó después un billete de cuatrocientas libras en la banca de Sir Richard Hoare. Regresó al despacho de Hill con tres pagarés que sumaban cuatrocientas libras. A petición suya, su maestro anotó las fechas y los números de serie. Chandler abandonó el bufete hacia el mediodía del 24 de marzo, un día antes del encuentro previsto con Mrs. Poor.
En el paraje donde afirmó haber sufrido el asalto, Chandler dejó avisos con señas tan precisas de los ladrones que un testigo creyó reconocer a tres hombres que habían pasado cerca de su casa. El alcalde de Reading, con quien coincidió fortuitamente en la ruta, recordó asimismo haber visto a unos barqueros cerca de Maidenhead. El condestable Richard Kelly tomó declaración y cursó las primeras notificaciones. Chandler regresó después a la posada donde se había apeado, refirió su desgracia al tabernero, anunció que demandaría al hundred y pidió una cena opípara regada con un cuenco de ponche.
A la mañana siguiente regresó a Londres y solicitó el auxilio de Hill. El procurador le devolvió el registro de los números y lo remitió al banco para bloquear los billetes. Chandler no acudió. Prefirió adquirir un jarro de plata en la platería de Tufley, pagando con un billete de cien libras que acababa de recibir de Hoare. Explicó a Hill que la entidad bancaria había cerrado sus puertas a causa del incendio de Cornhill. Cuando compareció allí al día siguiente, entregó a los empleados una lista en la que se habían alterado las fechas y numeraciones de los tres billetes, sosteniendo después que había aportado la copia fidedigna. En realidad, Chandler había conservado el registro original redactado por Hill y entregado al banco una relación falsificada.
El 26 de marzo, Chandler hizo insertar en las gacetas la relación de quince billetes, ofreciendo cincuenta libras si se recuperaba la totalidad o una suma proporcional si aparecía una parte. Esa misma tarde retiró los anuncios y se llevó consigo los ejemplares. Tres días más tarde publicó en la London Gazette el aviso legal preceptivo del robo, mas omitió el detalle minucioso de los billetes que sí había consignado en las demás hojas. En mayo formuló querella jurada ante un juez de paz en compañía de Hill. También allí faltaba la relación pormenorizada de los títulos.
El 18 de julio de 1748, Chandler demandó al hundred ante un jurado especial reunido en Abingdon. Tras doce horas de audiencia, los jurados le concedieron novecientas setenta libras, a expensas de dirimir una cuestión de derecho relativa a si la descripción publicada en la Gazette resultaba suficiente. El veredicto le era propicio, pero su firmeza dependía aún del criterio del Tribunal de Pleitos Comunes. Entretanto, Chandler temió que lo ventilado en la vista levantase sospechas. Se retiró a Colchester, donde su cuñado Humphry Smart regentaba una posada, y se asoció con él. Con el fin de ocultar su paradero, dispuso que la correspondencia se remitiera a nombre de «Thomas Chandler» a Easton, Suffolk, con orden de depositarla en The Crown, en las inmediaciones de Colchester.
Hill, que pronto debía sostener la cuestión de derecho en estrados, le instó a comparecer en Londres. Chandler multiplicó las evasivas. No obstante, los billetes reaparecieron: doce de ellos fueron presentados en bloque al banco, tras haber sido adquiridos en Ámsterdam, el 31 de octubre de 1748, por el corredor Barnard Solomon a un inglés llamado John Smith. Smith apenas había permanecido unos días en Holanda y había viajado en compañía de un mercader apellidado Casson. Este último facilitó de Smith una descripción fisonómica idéntica a la de Chandler. Al instarle de nuevo Hill a regresar para aclarar lo sucedido, Chandler se negó rotundamente.
Los jueces del Tribunal de Pleitos Comunes anularon ulteriormente el veredicto civil. Chandler no había hecho constar los números de los billetes en la Gazette ni los había ratificado bajo juramento ante el juez de paz; a falta de una identificación idónea, la pretensión del demandante fue desestimada sin acordarse nuevo juicio. Aquel fallo no condenaba aún a Chandler por el falso robo. No obstante, se halló el pliego fraudulento que Chandler había depositado en el banco. Al examinarlo, Hill comprendió que había sido objeto de un engaño. El cotejo de los libros del banco con los registros de Hoare permitió reconstruir las sucesivas transferencias de los billetes. Hill partió hacia Colchester resuelto a prender a su antiguo pasante; tras registrar la posada que este administraba, debió emprender el regreso de vacío.
Chandler había divisado a sus perseguidores. Huyó de Colchester con destino a Coventry, donde tomó una modesta hospedería. Deseoso, según apunta el cronista, de reintegrar parte del dinero a Hill, le remitió ciento cincuenta libras desde Nottingham. El matasellos permitió situar su paradero en Coventry. Acusado de perjurio por la declaración prestada bajo juramento ante el juez de paz, fue detenido en virtud de mandamiento judicial y trasladado a Abingdon. El 22 de julio de 1750 compareció para responder del pliego de cargos; haciendo valer una prerrogativa procesal que la crónica confirma, obtuvo el aplazamiento de la vista hasta las siguientes sesiones del tribunal de circuito.
Al año siguiente, la causa se reanudó ante la corte. En esta ocasión, los testimonios y los documentos acopiados en su contra terminaron por convencer al jurado. El 16 de julio de 1751, Chandler fue condenado a siete años de deportación ultramarina, tras cumplir tres meses de prisión en la cárcel del condado. Aquel negocio, comenzado con una falsa imputación dirigida contra tres barqueros inocentes, se cerró sobre el mismo juramento que Chandler había formulado con su propia voz.
