La Gazette lo retrata como a un monstruo que acaso no conoció semejante, y refiere a su respecto atrocidades que no se copiarán en estas páginas. Nos limitaremos a consignar aquello que mejor ilustra el pavor de toda una comarca.
Blaise Ferrage, apodado Seyé, era albañil, natural de Cescau en el condado de Comminges, de cortísima estatura pero de una fuerza extraordinaria. Por temor a la justicia, huyó a la edad de once años a las montañas de Aure, vecinas de su tierra, y eligió por guarida, a la manera de los osos, la oquedad de una roca en la cresta de una montaña. Desde allí descendía a los campos, de los que llegó a ser el más terrible azote: robaba el ganado y las aves de corral, y acometía sobre todo contra las mujeres, a las que perseguía a tiros de fusil. Llegó a afirmarse que se había vuelto antropófago.
Dio muerte a un mercader de muelas de molino español, al que había atraído hasta su cubil con el engaño de guiarlo hacia Francia. Prendió fuego al pajar, repleto de bestias, de un hacendado que había intentado hacerlo prender, y se deleitó contemplando el incendio. Andaba armado con una canana de pistolas, un fusil de dos cañones y una daga, y bajaba a la villa más cercana para proveerse de pólvora y plomo; la guardia de la mariscalía no osaba ponerle la mano encima.
La leyenda ya había tomado el relevo. Se contaba que llevaba oculta entre los cabellos una hierba que corroe el hierro, conocida únicamente por un pájaro, el carpintero; para procurársela, se clavaba una tabla sobre el hueco del árbol donde anidaba el ave, y se aguardaba a que esta regresase con la brizna en el pico para desasir los clavos.
Fue capturado merced a la traición de un falso camarada, quien fingió huir con él a la serranía; a este hombre se le había prometido el indulto, y varias comunidades de vecinos habían reunido fondos para premiar a quien lo entregase. Seyé logró escapar una primera vez, pero fue apresado de nuevo, desorientado en la noche de sus montañas.
El juez castellano de Castillon lo condenó a expirar en la rueda y a ser arrojado a las llamas. El 12 de diciembre, el Parlamento de Languedoc confirmó la sentencia con excepción del fuego: su cuerpo sería colgado de las horcas patibularias y el fallo fijado en edictos en Cescau, en Castillon y en Tolosa. Fue ajusticiado el día 15, a las cuatro de la tarde; se había triplicado la guardia y la ciudad entera acudió al suplicio.
No se olvida al niño de once años que un día huyó hacia las cumbres, ni a la comarca que, durante años, atrancó sus puertas al caer la tarde.
Gazette des tribunaux, Parlamento de Languedoc, sentencia del 12 de diciembre (Blaise Ferrage, apodado Seyé).
