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Armes de la Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · CUISINE & LETTRES
Las 54 Historietas del Archivo · Toulouse y París, hacia 1792

La historia del tío y del hacha

Había amenazado a su tío. Lo vieron rondar con un hacha. Fue condenado. Poco después, se halló al verdadero culpable.

No es una causa judicial lo que la Gaceta refiere aquí, sino una historia que cierto abogado relató a los jueces para hacerlos estremecer. Defendía a un tal Marquais, preso desde hacía tres años por meras presunciones; y les refirió lo que un jurisconsulto de Toulouse, a quien un anciano padre había acudido a confiar la causa de su hijo, hubo de responder a aquel desdichado.

«¿Acaso dos testigos han visto a vuestro hijo disparar el tiro de fusil? —No, señor; pero median graves presunciones. —¡Presunciones, santo Dios! Escuchadme atentamente».

Un joven de los contornos de Toulouse pierde a su padre y a su madre; queda sin caudal y sin amparo. Un tío soltero y opulento lo prohija, lo cría con esmero; conviven así durante varios años, complacidos el uno con el otro. Mas un día, deseoso el mozo de agasajar a sus amigos, pide dinero a su tío. El tío le niega las monedas, pero le ofrece su morada y correr con los gastos del festejo. El sobrino se retira mohíno, vuelve a la carga y sufre una nueva negativa. «¿De modo que no consentís? —No. —Pues bien: os juro que he de vengarme». Y sale de la estancia profiriendo ademanes amenazadores.

Búscanlo en vano durante el resto del día. Al caer la tarde, reaparece, merodea en torno a la casa; lo ven entrar y salir; tiene el semblante sombrío y carga un hacha sobre el hombro. En lo más cerrado de la noche, el tío es muerto de un hachazo.

Todo acusa al joven: la reyerta, las amenazas, los ademanes, las idas y venidas, el hacha. Todo queda probado por la deposición unánime de varios testigos presenciales. Los jueces lo condenan; la sentencia se ejecuta. Y poco tiempo después, se descubre al verdadero asesino. El sobrino no era culpable.

«Marchad, buen anciano —concluyó el jurisconsulto—; id a contar esta historia a vuestros jueces, y sosegad el ánimo respecto a la suerte de vuestro hijo».

Añadía el letrado de Marquais que su cliente, en tres años de calabozo entre criminales, había permanecido como el más manso de los cautivos, y que en veinte ocasiones, cuando sus compañeros intentaron quebrar los grilletes, él permaneció inmóvil. No dice la Gaceta si la historia del tío y del hacha hizo temblar a los magistrados de 1792. Quedó, en todo caso, como una de aquellas fábulas verídicas que los letrados se transmitían para recordar que una presunción jamás equivale a una prueba.

Gazette des nouveaux tribunaux, 1792, alegato en favor del señor Marquais, preso desde hacía tres años.

Tal día como hoy en el Gabinete →