Jean Vial había sido asesinado en Provenza. Cuatro hombres fueron acusados; dos yacían en presidio y dos andaban prófugos, entre ellos un tal Jourdan. La sentencia se ejecutó en persona contra los dos reos presos, y en efigie contra los dos contumaces: Jourdan y cierto Gaspard.
El velo que aquel fallo arrojaba sobre la inocencia de Jourdan, refiere la Gazette, no tardó en rasgarse. Camino del suplicio, los dos reclusos afirmaron que Jourdan no había tomado parte, ni directa ni indirectamente, en el asesinato, y que nada supo de él ni antes ni después. Un auto del primero de junio mandó que sus declaraciones fuesen unidas a los autos del proceso.
Mas Jourdan nada supo de ello; no tuvo más noticia que la de su condena. Erró de comarca en comarca durante algunos años en compañía de un hijo, que contaba a la sazón quince de edad; este acabó por avecindarse en España, entró en una casa de comercio y llegó a ser uno de sus principales socios.
El hijo jamás olvidó a su padre. Anhelaba regresar con él a Francia y procurar su rehabilitación. Escribió, pesquisó, tomó informes, y supo al cabo de las declaraciones de los dos ajusticiados, las cuales demostraban la inocencia paterna. Entonces, consigna la Gazette, negocios, comercio, amigos e intereses, todo quedó en olvido. Corrió al encuentro de su progenitor y le conjuró a presentarse ante sus jueces: «Si el rigor de las formas y la gravedad de la acusación os someten a una prisión transitoria y a un fatigoso proceso, yo compartiré con vos su peso. ¿Por qué el orden judicial no me consiente sobrellevarlo a mí solo?». El padre se arrojó en sus brazos, y el hijo lo condujo de nuevo a Aix, a las plantas de la justicia.
Restaba, empero, una cuestión de derecho: ¿no era ya demasiado tarde? Todo crimen prescribe ordinariamente a los veinte años. Mas, cuando la condena ha sido ejecutada en efigie, la prescripción se amplía a treinta; y Jourdan, ejecutado en efigie veintinueve años atrás, se hallaba aún en plazo. Por sentencia del 19 de mayo de 1781, el Parlamento de Aix lo absolvió de toda culpa y cargo, con orden de impresión y fijación de edictos.
Un año más, y la ley lo habría puesto a cubierto de la pena sin restituirle el honor. Faltó un año apenas; bastó la piedad de un hijo.
Gazette des tribunaux, 1786, Parlement d'Aix, arrêt du 19 mai 1781 déchargeant le sieur Jourdan de l'accusation d'assassinat de Jean Vial.
