No hallará el lector en esta causa ni crimen de sangre, ni veneno, ni siquiera un culpable en la acepción común del término. Merece, no obstante, su lugar en estas páginas, pues plantea una cuestión que solemos juzgar enteramente moderna.
Un oficial vidriero de la villa de Comines, llamado de Buigne, fue apresado en mitad de la noche por un jinete de la mariscalía y conducido a las cárceles de Lille. No había cometido delito alguno, ni falta conocida. Y allí permaneció cautivo más de un mes.
Acudió en primer término a la Gobernanza de Lille para conminar al jinete a confesar en virtud de qué orden lo había prendido. La Gobernanza no se juzgó competente y rehusó pronunciarse. El vidriero apeló entonces ante el Parlamento de Flandes por denegación de justicia, y obtuvo providencia para emplazar al soldado. Fue entonces cuando el preboste general de la mariscalía compareció en persona junto a su subordinado, manifestó que este no había obrado sino en cumplimiento de sus órdenes y sostuvo que solo cabía querellarse contra él ante el tribunal de la Condestablía, la jurisdicción propia y exclusiva de las gentes de armas.
En torno a este punto gravitaban los alegatos en Douai. El abogado del vidriero, el letrado Merlin, suscribió un dictamen de admirable limpidez: la mariscalía —escribía— fue instituida para velar por la seguridad pública, no para turbar con impunidad el sosiego de los particulares. Su fuerza no es un arma librada al capricho de su arbitrio; salvo en caso de flagrante delito, no puede actuar sino en virtud de mandamientos expresos de la autoridad soberana o judicial. Citaba al efecto la ordenanza de 1778, la declaración de 1714 —que vedaba a los oficiales de la mariscalía prender a persona con domicilio conocido sin previa sumaria y mandamiento judicial, so pena de indemnizar los perjuicios causados— y un auto de reglamento de 1705.
La Gazette no revela el desenlace. Solo sabemos que un modesto vidriero de Comines, desprovisto de fortuna y valedores, osó sentar en el banquillo a un preboste general, y que un abogado llamado a convertirse en uno de los grandes jurisconsultos de la Revolución le prestó su pluma. Arrancado de su lecho en la noche y sin motivo, únicamente demandaba que le dijesen por qué.
Gazette des tribunaux, hacia 1783, Parlamento de Flandes: causa del llamado de Buigne contra un jinete de la mariscalía y el preboste general (dictamen del letrado Merlin).
