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Justicia y escándalos · Inglaterra

La caja de los papeles de la señora Dawson

Nativo de Windsor, James How acumula estancias en prisión, es condenado a la deportación y luego falsifica una carta para eludir los trabajos forzados. Juzgado por el robo de cinco libras en casa de John Spence, se niega en un principio a declararse culpable o inocente, para luego confesar su culpa. Bajo sentencia de muerte, afirma haber robado la platería de la señora Dawson, delito por el que Eleanor Reddey fue condenada tras una confesión que luego retracta. How restituye los papeles, pero afirma que la platería está fuera de su alcance; es ejecutado el 11 de septiembre de 1728.

El expediente de James How no concluye con el robo por el cual fue juzgado, sino con unos legajos que confió al capellán de la prisión, solicitando que fueran custodiados para su legítima propietaria. Entre ambos extremos median una acusación controvertida, una tentativa fallida de excarcelar a un preso de Newgate y una súplica de indulgencia que no podía proceder de la persona a quien iba dirigida.

How era oriundo de Windsor, en el condado de Berkshire. Sus progenitores, personas honestas de condición acomodada y modesta, se esmeraron en su educación, la cual, a juicio del cronista, le habría capacitado para desempeñar con provecho casi cualquier oficio. Él, sin embargo, prefirió la ociosidad al trabajo constante. Convertido en una carga insostenible para su familia, fue enviado a la mar. Su constitución robusta y su arrojo le valieron pronto ciertos ascensos a bordo; sirvió incluso en el buque insignia del almirante y fue tenido por un joven apto para prosperar. Dicha perspectiva se desvaneció en cuanto puso pie en tierra firme.

How se reencontró con antiguos compañeros. Estos le presentaron el robo de faltriqueras como el atajo más rápido para costear unos dispendios que atribuían al afán de placeres. Él prestó oídos a sus razones y, según la relación, pasó en adelante a apropiarse de cuanto hallaba a su alcance. Al cabo de unos pocos años, pasó reiteradamente por Bridewell y por diversas cárceles; el cronista enumera las vejaciones y castigos corporales que en aquel tiempo acompañaban a tales privaciones de libertad. Tras varias estancias en Newgate por delitos de menor cuantía, How fue finalmente convicto de felonía y condenado a la deportación ultramarina.

A fin de esquivar el traslado forzoso a las colonias, falsificó una misiva que atribuyó a un caballero de alta cuna. El escrito ordenaba, conforme al relato, que fuese puesto en libertad para que pudiera prestar servicio útil en uno de los navíos de Su Majestad. La superchería quedó al descubierto. Fue condenado a dos años de trabajos forzados en Bridewell; no obstante, al ser conducido allí, el carcelero rehusó admitirlo. Los administradores del penal ya le conocían y temían que soliviantara al resto de los reclusos sugiriéndoles vías de fuga. How fue devuelto por tanto a Newgate, donde cumplió el término prescrito. La crónica no especifica en qué fecha recobró la libertad ni mediante qué disposición judicial.

Se limita a consignar que reanudó de inmediato sus robos. Convertido en salteador nocturno y ladrón de moradas, fue arrestado y acusado de haber sustraído cinco libras en la vivienda de John Spence. En las siguientes sesiones del tribunal, se formalizó el pliego de cargos contra él y fue presentado ante la barra de la justicia. How adujo en primera instancia que se le habían hecho proposiciones para sonsacarle revelaciones, y demandó ser admitido como testigo de la Corona. El tribunal le advirtió que no entraría en componendas con un reo ante los estrados: formulada la acusación, debía declararse culpable o inocente.

How insistió en reclamar la condición de testigo y se negó a responder a los cargos. El tribunal le advirtió que semejante terquedad no le granjearía clemencia alguna y que sería sentenciado como mudo a una pena más severa que la estipulada si resultaba convicto. Él replicó que sólo podía morir una vez y que el modo poco le importaba. Se dictó una providencia conforme al procedimiento previsto para los procesados contumaces que rehusaban responder; refiere el texto que fue retirado de la sala para ser sometido al apremio de la prensa de pesos. Empero, antes de que el castigo se consumara materialmente, suplicó un plazo hasta la mañana siguiente para reflexionar. Le fue otorgada la tregua. Al día siguiente, se declaró culpable.

Hallándose ya bajo sentencia de muerte, un proceso por sustracción de platería devolvió el nombre de How ante la presencia del Ordinario, el capellán de la prisión. La señora Dawson había sufrido el expolio de dos jarras de plata, dos cubiletes, una copa, un cucharón de ponche, siete libras y dieciséis chelines en metálico, además de un crecido número de papeles que estimaba de gran valor. Sus sospechas recayeron en Eleanor Reddey, quien fue detenida. Reddey confesó en un primer momento haber franqueado la puerta durante la noche a William Read, quien se habría apoderado de los caudales mientras ella vigilaba las inmediaciones. Fue condenada; Read, encausado a su lado, resultó absuelto, precisando la fuente que no se adujo prueba alguna contra él.

Pronunciada la condena, Reddey aseveró ser inocente y aseguró que su primera declaración le había sido dictada por ciertos vecinos. Según su versión posterior, estos la habían persuadido de confesar y delatar a Read bajo la esperanza de salvarse testificando contra su presunto cómplice; habría claudicado por temor a que, de no hacerlo, le cargaran a ella toda la responsabilidad del crimen. Declaraba haber suscrito dicha manifestación ante el juez Jackson. La crónica nos sitúa así ante dos versiones irreconciliables: una confesión de coautoría y, tras el fallo condenatorio, un desmentido absoluto. No consta pesquisa ulterior, ni reapertura del proceso, ni prueba independiente que dirima el dilema. La absolución de Read se presenta como el fruto de la orfandad probatoria en su contra, al tiempo que Reddey había sido condenada sobre la base de su propia manifestación. La retractación tardía no alteró, en los testimonios conservados, la suerte de la causa; deja, con todo, en la penumbra si la admisión inicial respondía o no a la verdad. Conviene advertir asimismo que esta impugnación sobreviene cuando Reddey ya está condenada, en el preciso instante en que How, pendiente ya del cadalso por un delito ajeno, pretende conocer de primera mano el paradero de los efectos desaparecidos.

How intervino entonces proclamando haber sido él mismo quien despojó a la señora Dawson. Sostuvo hallarse en posesión de buena parte de la platería y de la casi totalidad de los legajos, y se ofreció a restituirlos si la dama gozaba del valimiento necesario para impetrar un indulto en su favor o en el de Reddey. El capellán le hizo ver que la señora Dawson carecía de potestad para otorgar semejante gracia y le exhortó a enmendar el daño en la medida de sus fuerzas. How se negó al principio a devolver la menor cosa, salvo que mediara un beneficio personal o para la mujer condenada. Semejante regateo no acreditaba por sí solo la inocencia de Reddey; sin embargo, proyectaba sobre la sentencia ya recaída una duda de bulto que el cronista deja sin resolver. La fuente no refiere que How fuese enjuiciado por el asalto a casa de Dawson, ni que compareciera por nuevos cargos ante el tribunal. Su declaración se produce durante su cautiverio bajo sentencia de muerte; tiene, por ende, el valor de una tardía reivindicación de autoría, mas no la fuerza de un veredicto judicial en la causa de la platería.

A medida que la hora de la ejecución se aproximaba, How modificó su actitud para con el clérigo. Le manifestó que la platería ya no obraba en su poder, pero que los papeles le habían sido entregados dentro de una caja. Hizo entrega de esta y encareció que se guardaran con extremo celo, por ser conocedor del precio que tenían para su dueña. La crónica no pormenoriza el contenido de tales legajos, ni aclara si la caja llegó efectivamente a manos de la señora Dawson. Tampoco consta que la vajilla argéntea fuese recobrada, que se elevara súplica de perdón o que se incoara una nueva investigación tras el depósito de la arqueta. De este modo, la restitución anunciada quedó manca y su curso envuelto en el misterio: los papeles pasaron a manos del ministro de Dios, las piezas de plata permanecieron inalcanzables y la víctima no obtuvo en las páginas del relato desvelo judicial sobrevenido.

En el patíbulo, el 11 de septiembre de 1728, How pareció desvelarse sobre todo por desvanecer cualquier sospecha en torno a su esposa, a quien la crónica no da nombre. Murió con cerca de treinta y ocho años. La historia deja en suspenso el destino de los legajos entregados al capellán, la suerte de la platería que How decía fuera de su alcance y el desenlace final que aguardaba a Eleanor Reddey.

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Fuente consultada íntegramente. El único año explícito es el de la ejecución de How: 11 de septiembre de 1728; no se precisan fechas de los robos ni del juicio. How es condenado por el robo de cinco libras en la vivienda de John Spence; se niega al principio a responder a los cargos, recae sobre él la providencia prevista para los reos contumaces y se declara culpable al día siguiente. La pena de prensa de pesos se consigna como sentencia o trámite dispuesto por la ley; no debe afirmarse que llegara a aplicarse físicamente antes de que cambiara su alegato. En la causa independiente de la señora Dawson, Eleanor Reddey confiesa en primera instancia haber ayudado a William Read y, tras ser condenada, asevera que su declaración le fue impuesta por unos vecinos; Read resulta absuelto por falta de pruebas en su contra. How se atribuye luego el robo, pero no consta veredicto alguno contra él por dicho asunto. Entrega los papeles y asegura que la platería está fuera de su poder, sin que se conozca el desenlace judicial para la víctima ni el destino de Reddey. La esposa de How no es nombrada en el texto, y la crónica guarda silencio sobre la suerte final de Reddey.

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