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Justicia y escándalos · Francia

El capital que nunca entró en la caja

En París, la sentencia del caso de la Caja y del periódico «L’Épargne» confronta un capital de cinco millones declarado por los fundadores con unas imposiciones que el tribunal declara ausentes de la caja. La Gazette da cuenta de las aportaciones, las circulares, las suscripciones simuladas, los valores confiados y las responsabilidades atribuidas a cada procesado. El fallo condena a Lauze, Alègre, Fontbouillant, Dussaux y Dalverny a distintas penas; varios procesados más quedan absueltos. La crónica se ciñe a esta sentencia y excluye la causa independiente de las Termas de Enghien.

La sentencia del Tribunal Correccional de París comienza con una contradicción de cifras: la sociedad de la Caja y del periódico «L’Épargne» se dice constituida con un capital de cinco millones de francos, pero los desembolsos que sus fundadores habían declarado no aparecen en la caja. La discordancia entre el capital escriturado y el dinero efectivamente entregado constituye el núcleo del proceso. En su reseña de las vistas de los días 15 y 16 de mayo de 1872, la Gazette des Tribunaux reproduce una sentencia que desgrana las operaciones, los llamamientos al público y las condenas. La sociedad había pregonado su solidez mediante escrituras notariales; el tribunal examina qué se ocultaba tras ellas.

El encabezamiento del número del 18 de mayo anuncia al mismo tiempo la causa de «L’Épargne» y la del Kursaal y el Grand Hôtel de Enghien. La Gazette precisa, no obstante, que se trata de dos procedimientos distintos. A la cabeza de la resolución reproducida, indica que se declara en rebeldía a Lauze, Dussaux y Dalverny. La presente crónica se detiene en la resolución recaída en el asunto de «L’Épargne», antes de que el periódico aborde la causa separada de las Termas de Enghien. Esta distinción reviste importancia, pues ciertas sociedades y acusados reaparecen en ambos sumarios. En la sentencia de «L’Épargne», las operaciones con las empresas de Enghien figuran entre los hechos examinados; no por ello, sin embargo, se funden los dos litigios en un solo pleito.

El tribunal remonta el origen de la empresa a 1868. Refiere que Lauze, ya condenado por estafa por el tribunal de Riom en 1864 y al borde de la quiebra en 1867, concibió entonces la idea de fundar un periódico financiero en París. Al no poder asumir él mismo la gerencia, persuadió a Fontbouillant, empleado de su casa de banca de la calle Feydeau, para que desempeñara el cargo. La publicación atrajo suscriptores y clientes mediante reclamos de altos vuelos. Según los considerandos de la sentencia, ciertos valores confiados a «L’Épargne» se aplicaron en provecho de la empresa sin que sus propietarios lo supieran ni lo hubieran consentido. Las querellas menudearon; el déficit superaba ya el millón.

Para conjurar la catástrofe, Lauze pretendió transformar el periódico en sociedad anónima. La sentencia sitúa su constitución el 14 de septiembre de 1869, bajo la razón de «Caisse et journal l’Épargne». Su objeto social combinaba la caja, el periódico y la emisión o negociación de títulos. El capital anunciado ascendía a cinco millones, dividido en diez mil acciones de quinientos francos. Fontbouillant aportaba el periódico, su clientela y su ajuar mobiliario; Alègre y Lauze figuraban entre los suscriptores. La resolución judicial puntualiza que el conjunto aportado por Fontbouillant fue tasado en un millón de francos y representado por cuatro mil acciones liberadas de 250 francos. Se trataba, por tanto, de una estimación atribuida al periódico, a su clientela y al mobiliario, no de un desembolso en numerario. En la misma acta, los fundadores declaraban haber ingresado en caja la cuarta parte del capital suscrito; el tribunal constata que tal desembolso jamás entró en ella. Se inscribieron otros nombres para cubrir el resto del capital. Las cifras del sumario no son meras columnas olvidadas: permitían presentar como consumada una operación en cuya caja no constaban los ingresos anunciados.

La sentencia afirma que los fundadores y suscriptores habían declarado desembolsada la cuarta parte de las acciones, esto es, setecientos cincuenta mil francos, cuando ningún ingreso equivalente se había verificado en la caja social. Alègre sostuvo haber aportado una suma de consideración. El perito y los autos, resume la Gazette, acreditaban que ciertamente se habían entregado cien mil francos a un dependiente de Lauze, pero que procedían del Crédit Foncier y pertenecían a la sociedad del Kursaal de Enghien. Sirvieron para adquirir títulos con el fin de acallar ciertas reclamaciones y sofocar denuncias. La sentencia, por ende, no considera dicha suma como una aportación personal y regular a «L’Épargne».

Una primera junta general nombró a Alègre y a Denizet para examinar la aportación de Fontbouillant. Su dictamen, fechado el 18 de septiembre, cifraba los beneficios netos del periódico en cuatrocientos quince mil francos y aconsejaba la aprobación de la aportación. Ahora bien, el tribunal juzga estas cifras intencionadamente falseadas. Pocos días después, una asamblea que se suponía congregaba a los suscriptores declaró fidedignas la lista de acciones y las imposiciones, y definitivamente constituida la sociedad. El fallo subraya un reparo elemental: la apariencia de comprobación la urdían las mismas personas interesadas en hacerla pasar por buena.

La captación de fondos públicos prosiguió. Diversas circulares anunciaron la nueva sociedad y sus supuestas ganancias. Prometían reservar a los suscriptores veinte mil acciones suscritas al cincuenta por ciento, al precio de doscientos cincuenta francos. El tribunal se apoya en los libros y documentos intervenidos para contraponer a semejante promesa la realidad de las suscripciones. Un estado hallado en el despacho de Alègre consignaba tres mil ciento treinta y nueve acciones; las matrices indicaban que se habían desprendido tres mil quinientas. Según el cálculo adoptado en el fallo, la cuantía distraída variaba en función del número exacto de títulos colocados. La Gazette conserva ambos importes en lugar de dirimir la divergencia.

El 8 de marzo de 1870, a pesar de las dificultades, una junta aprobó un balance cerrado al término del mes de diciembre precedente. Arrojaba un beneficio de ciento un mil trescientos cuarenta y ocho francos y un dividendo de siete francos con sesenta y nueve céntimos por acción. El perito estimaba, por el contrario, que la sociedad arrastraba ya entonces un déficit de cuatrocientos tres mil francos. Una circular difundió después unos resultados que la sentencia tacha de quiméricos y anunció que acababa de asegurarse la participación en un gran empréstito de Estado. Lauze, Alègre y Fontbouillant, asevera el tribunal, conocían la desastrosa situación y sabían que la sociedad tocaba a la catástrofe.

Los caudales recaudados no permanecieron en los límites prometidos a los suscriptores. La sentencia refiere que los valores y títulos confiados a «L’Épargne» fueron disipados en perjuicio de sus dueños. Describe a Lauze y Alègre como los principales rectores de las operaciones, habiendo firmado Fontbouillant las circulares y tomado parte en el negocio. Reprocha a Alègre, en particular, el desvío de unos trescientos setenta y tres mil francos pertenecientes a «L’Épargne» y recibidos en calidad de mandato. Entre los perjuicios enumerados en los cargos admitidos, el tribunal cita asimismo a la sociedad de las Termas de Enghien y a diversos suscriptores del empréstito nacional. Tales sumas corresponden a la sentencia de «L’Épargne»; el proceso separado instruido a continuación sobre las Termas queda al margen de esta relación.

La responsabilidad no se hizo extensiva indiscriminadamente a cuantos nombres figuraron en las escrituras o circulares. El tribunal absolvió a Denizet, Francingues, Ariès, Gelin, Lacoste y a la señorita Darjou de las pretensiones de la acusación. Estimó que Dussaux y Dalverny tenían conocimiento de las maquinaciones fraudulentas y les habían prestado su concurso para simular las suscripciones y los ingresos. La sentencia califica de desdibujado el papel de Fontbouillant, pero juzga que no podía desconocer la criminalidad de los actos en que tomó parte. Deslinda así las responsabilidades individuales, en lugar de confundir las firmas congregadas en un mismo negocio.

Lauze fue condenado a cinco años de prisión, cinco mil francos de multa y cinco años de sujeción a la vigilancia tras extinguir la pena. Alègre recibió quince meses y tres mil francos de multa; Fontbouillant, cuatro meses y quinientos francos; Dussaux, un mes; Dalverny, quince días y cincuenta francos. Todos fueron condenados solidariamente al pago de las costas procesales. Estas resoluciones clausuran la sentencia publicada el 18 de mayo. Más abajo, la Gazette anuncia una causa independiente sobre las Termas de Enghien. En este juicio, el tribunal dirimió los asientos contables de «L’Épargne»: el capital suscrito, las imposiciones declaradas, las circulares y el dinero confiado a la caja. La cifra impresa había abierto el crédito; el cotejo de las cuentas lo clausuró para siempre.

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Relato original basado en la reseña de la sentencia publicada por la Gazette des Tribunaux el 18 de mayo de 1872, p. 488, columnas 3 y 4. El diario distingue la causa de «L’Épargne» de la relativa a las Termas de Enghien; esta última queda fuera del objeto del presente estudio.

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