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Justicia y escándalos · Francia

El movimiento decisivo

El 19 de febrero de 1885, en la frontera belga cerca de Adinkerke, un duelo a florete entre el teniente Chapuis y el comerciante Eugène Dekeirel desemboca en un desenlace mortal. Los testigos discrepan sobre el papel de la mano izquierda de Dekeirel; en Douai, los jurados responden negativamente a las preguntas de asesinato y de lesiones voluntarias con resultado de muerte. La crónica retrospectiva del Pitaval expone las versiones contradictorias y defiende abiertamente la absolución.

En el segundo asalto, en las inmediaciones de Adinkerke, el teniente Chapuis recibió la estocada que habría de costarle la vida. En cuanto al ademán que precedió al impacto, los testimonios diferían: dos testigos de Chapuis declararon que la mano izquierda de Eugène Dekeirel había desviado o asido el florete; los acompañantes del comerciante no pudieron corroborar dicha versión, y el médico no supo precisar qué había visto. La herida mortal, por su parte, no ofrecía controversia alguna. En Douai, los jurados respondieron «no» a ambas cuestiones penales.

El drama se originó durante la noche del Martes de Carnaval de 1885, en el Café du Sac de Dunkerque. La crónica retrospectiva del Pitaval sitúa la escena hacia las cuatro de la madrugada. Varios oficiales compartían mesa, entre ellos el capitán Picard y Chapuis, teniente de paisano en el 110.º Regimiento de Línea; en otras mesas departían jóvenes comerciantes, entre los cuales figuraba Eugène Dekeirel. El hermano menor de este, Gaston, entró acompañado de una cantante enmascarada que vestía un dominó azul. Chapuis abandonó su asiento y se acercó al grupo de los negociantes.

A juicio del cronista, el teniente comenzó a bromear con la joven, le pidió que mostrara la dentadura y luego se inclinó hacia ella para hablarle al oído. La mujer no pareció ofenderse y replicó al mozo del café en tono jocoso. Sin embargo, Dekeirel consideró que el desconocido se dirigía a la acompañante de su hermano con una familiaridad inadmisible. Le requirió que la dejase en paz. Chapuis le respondió que carecía de modales; Dekeirel, ofendido a su vez por el insulto, le retó a batirse.

La reyerta podría haberse zanjado en ese punto. El capitán Picard reconoció a Dekeirel, a quien tenía por un hombre cabal, y medió en la disputa. Recordó que las licencias del carnaval excusaban a veces palabras que en otras circunstancias habrían resultado improcedentes, e instó a Chapuis a lamentar lo dicho si había excedido los límites. Ambos caballeros salieron al exterior, cambiaron unas palabras y se estrecharon la mano. Según la versión que Dekeirel ofreció posteriormente ante el tribunal, Chapuis deploró haberle tratado con aspereza y manifestó que no había sido su intención ofenderle. La reconciliación parecía consumada.

Fue entonces cuando Gaston Dekeirel, que había oído parte de la conversación, reavivó el altercado. Aseveró que Chapuis acababa de negar que hubiera presentado excusas. El teniente confirmó que había retirado una expresión hiriente, pero negó haber solicitado perdón y declaró que jamás lo haría. Eugène Dekeirel exigió de inmediato una disculpa por escrito; en su defecto, reclamó batirse al día siguiente. Picard no intentó una segunda mediación. El Pitaval achaca parte de este fracaso al cansancio y a la agitación nocturna; observación que atañe a su comentario editorial y no a una constatación judicial.

El 18 de febrero, dos oficiales, los tenientes Baubouin y Guillonnet, se entrevistaron con los representantes de Dekeirel: el comerciante Bates y Heyße, director de una sucursal del Crédit Lyonnais. Estos sostenían que su representado había sido agraviado y propusieron inicialmente la pistola. Los padrinos de Chapuis juzgaron tal arma desmedida para una disputa nacida de una mera palabra, pero advirtieron que, de recurrirse a la pistola, su camarada no dispararía para intimidar: exigiría revólveres, seis intercambios de disparos, veinticinco pasos, avance y libertad para apuntar. Los padrinos de Dekeirel desestimaron tales condiciones. Finalmente, las partes acordaron el florete, pactando un combate que debía prolongarse hasta que uno de los adversarios quedara impedido de continuar.

El relato señala que Dekeirel lamentó el acuerdo: habría preferido la pistola, arma que consideraba menos peligrosa. El cronista objeta que un lance al florete de tal naturaleza no se tenía en Francia por un duelo a muerte; apreciación que no atenúa el riesgo real de las armas elegidas.

Al día siguiente, el 19 de febrero, los contendientes se trasladaron a territorio belga, junto a la frontera, en las cercanías de Adinkerke. Los testigos y un médico militar los acompañaban. La suerte dirimió los puestos y las armas; Dekeirel obtuvo, según las actas, la posición juzgada más ventajosa. Los combatientes se despojaron de sus ropas hasta quedar en camisa y pantalón. Chapuis solicitó conservar un estrecho cinturón de cuero que sujetaba sus calzones; se le concedió el permiso. Estos pormenores se incorporaron más tarde a la causa para describir las circunstancias en que tuvo lugar el lance, sin que demostrasen por sí mismos una intención homicida.

En el primer asalto, Dekeirel tomó la iniciativa. Tras unos compases, Chapuis afirmó haberle alcanzado en la pierna. Dekeirel lo negó. Se despojó de los pantalones y el médico examinó la piel: no halló lesión alguna. El Pitaval refiere que el acusado sospechó entonces que Chapuis solo pretendía comprobar si llevaba una coraza bajo las prendas. El duelo se reanudó.

El segundo pase fue tan vertiginoso que los recuerdos de los presentes se dividieron. Baubouin, testigo de Chapuis, declaró haber visto la mano izquierda de Dekeirel desprenderse de la espalda y golpear la hoja contraria para apartarla, en el mismo instante en que el comerciante asestaba su estocada con la diestra. Sostenía que, de no haber mediado esa maniobra, el teniente habría herido a su contrincante. A su entender, el ademán contravenía las reglas. Guillonnet, el otro padrino de Chapuis, afirmó que Dekeirel había asido el florete del teniente con la mano izquierda antes de hendírselo bajo el pecho; también él consideraba el acto ilícito y el ataque voluntario.

Los testigos de Dekeirel no ratificaron dicha apreciación. Heyße vio moverse la mano, pero creyó que el contacto con el acero había sido involuntario. Bates no pudo certificar que Dekeirel hubiese tocado o sujetado el arma; describió un movimiento maquinal, producido en la confusión del cuerpo a cuerpo. El médico militar, que había atisbado un movimiento del brazo izquierdo, no supo precisar en qué había consistido. La obra no tacha de mendaz a ningún testigo; con todo, sus deposiciones no permiten reconstruir la trayectoria exacta de cada brazo.

Chapuis quedó gravemente herido en el hígado. El sumario le atribuye una reacción inmediata: increpó a Dekeirel por haber sujetado su florete y tachó el ademán de asesinato. Dekeirel rechazó al punto la acusación. Presentaba, él también, una leve herida en el índice izquierdo. Para la defensa, esta raspadura demostraba que la mano pudo haber tropezado con la hoja en una parada refleja; para la acusación, respaldaba la tesis del contacto con la espada. Tres facultativos debatieron después la forma y la disposición del corte. Concluyeron que el filo había rozado el dedo, pero sus dictámenes no demostraban que la mano entera hubiese apresado la hoja.

Chapuis falleció pocos días más tarde. La muerte no disipó la incertidumbre sobre el ademán que precedió a la estocada, y fue precisamente en torno a esa duda donde se concentró el juicio. Dekeirel compareció ante el tribunal de lo criminal de Douai durante la última semana de mayo de 1885, bajo una acusación de asesinato que, según el sumario, fue modificada en el curso de los debates. La cuestión no radicaba únicamente en averiguar si su florete había herido de muerte a Chapuis: la estocada era un hecho indiscutible. Procedía dilucidar si había apartado deliberadamente el arma del adversario, contraviniendo una regla convenida o reconocida, y si tal infracción podía acarrear una condena penal.

Los maestros de armas discreparon acerca del empleo de la mano izquierda. Unos censuraban su uso para apartar la punta antes de herir; otros sostenían que la defensa refleja era un recurso conocido en diversas tradiciones de esgrima. El dilema trascendía la técnica: si las reglas del duelo no gozaban de un reconocimiento unánime, ¿cómo podía acreditarse una transgresión voluntaria?

Paul de Cassagnac y Anatole de la Forge, cuyos pareceres habían circulado antes de la vista, defendían una interpretación rigurosa: emplear la mano libre para desviar la espada convertía el lance en desleal, cuando no en criminal. Otros maestros aducían que un desvío instintivo no debía confundirse con una treta premeditada. Los médicos, por su parte, podían certificar una herida en el dedo, pero no reconstruir por sí solos los movimientos de los combatientes. El cronista expone estos pareceres y toma partido en favor de Dekeirel: juicio que pertenece al Pitaval y que no debe asumirse como la conclusión imparcial de los hechos.

La acusación se sustentó en los testimonios de Baubouin y Guillonnet, en la denuncia postrera de Chapuis y en los dictámenes de los maestros de armas que proscribían la mano izquierda. La defensa subrayó la brusquedad del ataque, las divergencias entre los testigos, la ausencia de un reglamento común probado y la posibilidad de un acto reflejo de conservación. Arguyó asimismo que la herida en el dedo de Dekeirel resultaba compatible con un choque violento contra la hoja, sin que probase que la hubiese asido para desarmar a Chapuis.

Se sometieron dos cuestiones al veredicto del jurado: ¿había cometido Dekeirel un asesinato? En su defecto, ¿había inferido voluntariamente golpes o heridas a Chapuis que causaron su muerte? Según la crónica, los jurados regresaron al cabo de un cuarto de hora con sendas respuestas negativas. El veredicto fue, por ende, la absolución judicial. El Annuaire du duel de 1891 confirma el lance mortal del 19 de febrero, pero omite todo dato sobre la sentencia.

Así las cosas, el proceso no demuestra que el ademán de Dekeirel fuese ciertamente involuntario; pone de manifiesto que los jurados no apreciaron asesinato ni lesiones voluntarias con arreglo a las preguntas planteadas. El Pitaval transforma este desenlace en un alegato contra el duelo: si las reglas resultan inciertas —sugiere—, mal pueden servir para castigar a un hombre por una falta intencional que el juicio no logró acreditar. Sin embargo, este razonamiento deja intacto el dilema más elemental y pavoroso: ¿por qué dos hombres, tras una reyerta de taberna y una fallida reconciliación, creyeron que debían confiar su honor al filo de las espadas?

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Capítulo completo «Das Duell zwischen dem Lieutenant Chapuis und dem Kaufmann Dekeirel. Zweikampf oder Mord? Dünkirchen. 1885», páginas impresas 1–24, líneas OCR 13583–14654 inclusive; el título del capítulo sucesivo, Lesnier, comienza en la línea 14655 y ha sido excluido. La crónica sitúa el lance el 19 de febrero de 1885 en suelo belga, cerca de Adinkerke, y el juicio de Douai en la última semana de mayo de 1885. Da cuenta de las dos cuestiones planteadas al jurado (asesinato; en su defecto, golpes o lesiones voluntarias con resultado de muerte), ambas desestimadas tras una deliberación de apenas quince minutos. El Annuaire du duel (1891), p. 122, ratifica la fecha, la graduación en el 110.º regimiento, el combate a espada y la herida mortal; describe asimismo un desvío del arma con la mano izquierda, sin determinar la intención ni el resultado procesal. Una referencia indexada en Le Salut Public del 26 de junio de 1892 menciona en una breve que Dekeirel fue absuelto; al no haberse podido consultar el documento original, este dato no se emplea como corroboración contrastada. Otro registro para el Evening Star del 7 de septiembre de 1885 parece aludir a una demanda civil de un franco de indemnización promovida por los allegados de Chapuis; la página no se examinó y no se ha localizado fuente francesa alguna sobre dicha causa civil. Esta hipótesis no contrastada no se incorpora al cuerpo del relato ni se confunde con la absolución en sede criminal. El OCR antiguo presenta errores propios de la tipografía Fraktur y alternancias entre las grafías Dekeirel y Deleirel; no ha sido cotejado carácter por carácter con el facsímil. El cronista del Pitaval toma partido decidido por la absolución, por lo que sus deducciones no deben tenerse por hechos objetivos.

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