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Justicia y escándalos · Francia

El muro de Furnello

Lecci, 1899. Tras una antigua disputa de lindes y la muerte de dos hermanos Furioli, Martin y André Cirindini son juzgados por complicidad. La Gazette recoge las palabras atribuidas a las víctimas, los testigos que discrepan sobre la cronología y la luz, las coartadas de los acusados y las penas pronunciadas.

En Lecci, una querella de propiedad había distanciado a las familias Furioli y Cirindini antes de que el Tribunal de lo Criminal de Córcega fuera convocado para juzgar a dos hombres por complicidad en un doble asesinato. Entre el antiguo pleito y el veredicto de mayo de 1899, la crónica de la Gazette deja oír relatos que no coinciden en su totalidad: un acta de acusación, coartadas, palabras transmitidas de un moribundo y testigos que ni siquiera concuerdan sobre la hora en que despuntó el día.

La discordia se remontaba, según el acta de acusación, a un litigio de lindes entre ambas familias. El 21 de marzo de 1894, señalaba el documento, Marc-Marie Cirindini había sucumbido a los golpes de sus adversarios, mientras que Martin Cirindini y Jacques Cirindini resultaban heridos. Tres hermanos Furioli —Vincent, Jean y Jacques— fueron condenados después a trabajos forzados por aquellas agresiones; François fue absuelto. La Gazette presenta esta primera condena como el origen de una nueva enemistad. Sin embargo, durante su interrogatorio, Martin Cirindini vinculó su herida a un suceso de 1895. Ambas fechas pertenecen a la misma crónica; nada en las páginas conservadas permite armonizarlas.

La condena de los Furioli pareció aplacar los ánimos en un principio. El auto sostenía, no obstante, que dos de los Cirindini, respaldados por sus parientes Marc-Marie y Joseph Nicoli, profirieron pronto amenazas, sin que ese pasaje del documento los identifique por su nombre. Jacques Cirindini solicitó más tarde a Angelin Furioli un encuentro de reconciliación. Se reunieron en Croce de Lecci en abril de 1898 y acordaron, según la acusación, atender libremente sus quehaceres y vivir en buena armonía. Este pacto no se conoce aquí sino por el relato del ministerio público; la misma acusación le atribuía un designio engañoso e imputaba a los Cirindini el propósito de vengarse.

La noche del 21 de abril de 1898, François Furioli y su hermano menor Baptiste, de dieciséis años de edad, partieron hacia Capo di Lecci para despedirse de unos parientes que iban a emprender un viaje. Allí pernoctaron. Por la mañana, reanudaron el camino de regreso a su domicilio, acompañados por Jacques-André Furioli, agente ejecutivo del juzgado. El auto los hacía pasar por Furnello, donde seis hombres se habrían apostado tras un muro que orillaba el camino; ciertas aberturas practicadas en la mampostería les habrían servido de aspilleras. Al aproximarse los tres caminantes, los agresores habrían disparado en grupo.

Los dos hermanos fueron heridos de muerte. La reseña indica que Baptiste pudo contar y reconocer a los hombres emboscados. François fue hallado en agonía, con el fusil en la mano; Baptiste sobrevivió tres horas a sus heridas. La Gazette relata que señaló a los autores ante los gendarmes con quienes se cruzaron durante su traslado, y que luego reiteró los nombres a miembros de su familia. Estas palabras, decisivas para la acusación, nos llegan por mediación del periódico y de las declaraciones testificales: no constituyen un testimonio conservado de forma directa de Baptiste.

Es preciso reparar también en una fecha impresa que altera la secuencia temporal. El testigo Jacques-André Furioli es presentado como acompañante de las víctimas «la mañana del 22 de febrero», mientras que los párrafos precedentes sitúan la partida el 21 de abril y el regreso al día siguiente. Conservamos dicha lección sin corregirla. Otras declaraciones se contradicen en cuanto a la luz: Michel Poli afirma que el sol no había salido cuando encontró a Baptiste; Clorinde Michelangeli asevera que ya lo estaba; Paul Poli sitúa los disparos a las cinco o cinco y media, para añadir después que el sol ya había asomado cuando los oyó. La hora exacta de las detonaciones permanece, pues, incierta en esta relación.

El padre de las víctimas, Angelini Furioli, relató las viejas discordias, sin poder declarar nada sobre las circunstancias del ataque. Jérômine Furioli, la madre, declaró que su hijo le había nombrado en particular a André Cirindini. Dusoline Furioli, cuñada de las víctimas y prima de André, refirió de igual modo que Baptiste lo habría señalado. Estas dos mujeres no habían presenciado la emboscada: repetían las palabras atribuidas al herido. Jacques-André, que caminaba con los hermanos, había oído primero dos disparos y luego ocho o nueve; François le habría gritado: «¡Salvai!». Baptiste se habría encarado con los tiradores. El testigo añadió que nada había visto, ocupado como estaba en huir.

Michel Poli, que acudió tras escuchar las detonaciones, encontró a Baptiste, quien le habría dicho que «tutti elli» eran sus asesinos, sin nombrarlos. François Pietri, vecino del alcalde, fue enviado en auxilio de los dos jóvenes. Halló a François sin vida y ayudó luego a trasladar a Baptiste. La gendarmería detuvo la comitiva y recogió, a tenor de la crónica, la declaración del moribundo, que acusaba a seis homicidas. Así pues, ciertas voces transmitían nombres y otras una acusación colectiva; varios testigos habían escuchado los disparos, pero ninguno había divisado a tirador alguno.

Al abrirse la sesión del juicio, solo comparecieron dos acusados: Martin Cirindini, de sesenta y cinco años, y André Cirindini, de veintinueve, yerno de Jacques. Otros cuatro hombres figuraban como implicados en la causa, según las diligencias previas, pero permanecían ausentes del banquillo. La acusación sostenía que los dos presentes habían tomado parte en la empresa común, aun cuando sus desplazamientos pudieran situarlos en apariencia en otro lugar en el momento de los disparos.

Martin explicó que se había trasladado desde Sainte-Lucie de Porto-Vecchio hasta Porto-Vecchio pasando por Traggio, donde Joseph Nicoli debía solventar asuntos de familia. Negó su participación. La Gazette lo describía como un hombre sin condenas anteriores y de buenos antecedentes, aun señalando un carácter altivo y orgulloso; advertía asimismo la herida de su brazo, cuyas postas no habían podido ser extraídas y que le dificultaba el manejo de la mano. André sostenía que se hallaba en Sainte-Lucie a las diez de la noche y que luego había salido temprano hacia Conca, donde acababa de llegar su tía. Varios testigos lo habían visto en dicho camino. La acusación replicaba que este trayecto no excluía su presencia en Furnello antes de emprender la marcha.

Ambos hombres proclamaron con energía su inocencia y aportaron testimonios en apoyo de sus coartadas. Frente a ellos se alzaban las palabras atribuidas a Baptiste, las antiguas enemistades y la tesis de una participación concertada. El padre de las víctimas no podía arrojar luz material sobre el ataque; el compañero de camino no había visto a nadie; las declaraciones de la familia descansaban en las manifestaciones del moribundo. La fuerza de la acusación radicaba en su coincidencia, y las coartadas, en parajes donde Martin y André habían sido vistos efectivamente. La crónica no ofrece el pormenor de cada careo ni las respuestas individuales del jurado.

El letrado Nivaggioli intervino por Augustin Furioli, constituido en parte civil; el fiscal general Angeli sostuvo la acusación; los letrados Decori y Maestracci asumieron la defensa de los acusados. El jurado los declaró culpables de haberse hecho cómplices del doble asesinato perpetrado contra «Baptiste François Furioli» —el fallo imprime ambos nombres sin conjunción copulativa— y les reconoció circunstancias atenuantes. El Tribunal condenó a Martin a veinte años de reclusión y a André a veinte años de trabajos forzados. Asimismo, los condenó a abonar un franco en concepto de daños y perjuicios a Angelin Furioli.

El titular de la Gazette hablaba de doble asesinato y el veredicto impreso lo reiteraba; sin embargo, la fórmula que designa a las víctimas, truncada o singular a nuestros ojos, sigue siendo la del periódico. La sentencia pone término a estas páginas acotadas. Nada dicen de un recurso de casación, de un indulto ni de la suerte postrera de los condenados. Lo que pervive es una condena por complicidad dictada contra dos acusados presentes, al cabo de un proceso en el que las testificales, los recuerdos de una vendetta familiar y las coartadas no lograron disipar todas las discordancias del relato.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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Las piedras de Furnello

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Artículo íntegro acotado a las columnas indicadas de las pp. 556 y 557. Crónica judicial de época, no expediente judicial completo. El acta de acusación sitúa la muerte de Marc-Marie Cirindini el 21 de marzo de 1894; Martin atribuye su herida a un proceso de 1895. Estas lecturas discordantes se han conservado. El trayecto de los hermanos Furioli se ubica los días 21 y 22 de abril de 1898, pero Jacques-André Furioli figura como acompañante el 22 de febrero; esta contradicción se mantiene. Las declaraciones discrepan en torno a la salida del sol. El veredicto imprime «Baptiste François Furioli» sin «y»; no se ha introducido corrección alguna.

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