El proceso de Ruan gira en torno a un hombre, dos partidas de nacimiento y tres mujeres a quienes el diario da por vivas. La tercera no se halla presente: habiendo prestado ya testimonio en Argel, no precisa comparecer de nuevo. Ante el estrado, otras dos esperan su turno, llegada una de Bona y la otra de El Havre. Su presencia compele a la sala a formular una pregunta harto concreta: ¿qué nombre había facilitado el acusado para que cada una de ellas se creyera unida a un hombre libre?
La vista da comienzo el 9 de febrero de 1874 ante el tribunal de lo criminal del Sena Inferior. El acta de acusación leída por el secretario presenta a Jean-Baptiste-Noël Dufour, nacido el 25 de diciembre de 1824, hijo de Marguerite Dufour. Contaba con un hermano, Denis, nacido el 30 de noviembre de 1832. La crónica lo describe como un antiguo oficial de peluquería que se proclamaba inventor de una pomada «de las mil estaciones». En 1847, según el auto, había sufrido una condena de tres meses de prisión por hurto.
Dufour no se allana de entrada a reconocer dicho nombre. Lo admite en la audiencia, tras haber sostenido durante largo tiempo que él era Denis, el hermano cuya identidad había usurpado. La instrucción sumarial, refiere la crónica, había confrontado a entrambos hombres y sus fotografías; asimismo, había localizado al auténtico Denis. Ante el jurado, Dufour termina por confesar su verdadera filiación. La presidencia lo interroga sobre los asientos de estado civil: en 1868, en El Havre, había contraído nupcias con Louise-Adélaïde Hébert bajo el nombre de su hermano, manifestando haber nacido en Uchizy el 30 de noviembre de 1832. Por entonces ya se hallaba formalmente casado. El auto de procesamiento deslinda dos cargos: haber proporcionado con falsedad al oficial del registro civil el nombre y la fecha de nacimiento de Denis, y haber contraído un nuevo matrimonio sin mediar la disolución del primero. El cargo por falsedad testimonial recae, pues, en las menciones asentadas en una partida específica; la causa no confunde este matrimonio de El Havre con el de Argel, sobre el cual ya recayó sentencia.
Aquel primer matrimonio data de 1853, si bien la reseña del proceso discrepa sobre el lugar: el encabezamiento lo ubica en Bona, mientras que el acta de acusación sitúa el enlace en Clussey. Marie Gautheron corrobora en su deposición la fecha del 3 de enero de 1853, sin especificar el lugar. Manifiesta haber cohabitado con Dufour en Bissy-la-Mâconnaise y posteriormente en La Ciotat. Tuvieron tres hijos, dos de los cuales fallecieron a edad temprana. El 5 de febrero de 1865, salió a recoger a su hijo a la escuela; al volver a su domicilio, su esposo se había esfumado. No volvió a dar con él hasta Argel, según su testimonio, en el momento preciso en que iba a desposar a otra mujer, la señorita Tanse. Su comparecencia desbarató la proyectada unión. En el juicio de Ruan, el magistrado presidente la señala como la única esposa legítima viva.
Refiere la acusación fiscal que, tras abandonar a Marie, Dufour marchó a Bona en 1865 presentándose como célibe ante un individuo de nombre Faure, cuya hija pretendía en matrimonio. Marie compareció y dio al traste con el compromiso. Añade el relato que regresó a La Ciotat, donde perpetró un robo con fuerza y huyó acto seguido a África. A contar desde febrero de 1867, sus allegados dejaron de tener noticia de él. Tales son los extremos que expone el ministerio público; la relación periodística no entra en pormenores sobre las diligencias de dicho hurto ni sobre la estancia en tierras africanas.
En El Havre, Dufour se hace pasar por Denis. Se desposa con Louise-Adélaïde Hébert el 7 de febrero de 1868. Dos meses más tarde, desaparece. Hébert servía de cocinera en casa de un tal señor Roux; declara que se unieron tras dos meses y medio de cortejo. Un miércoles por la mañana, su marido le aseguró que iba a desempeñar sus labores en casa de la señora Enault, peluquera en la calle de la Vierge. Al ver que no retornaba, acudió a la dirección indicada: no dio con él en aquel lugar. Le informaron de que había embarcado rumbo a Nueva York. Con el fin de recabar los documentos requeridos para las nupcias, señala la deponente, se había valido del auxilio de la Sociedad de San Francisco Regis.
La querella que reabre la causa judicial parte del cuñado de Louise. La secuencia cronológica vacila en la crónica de tribunales: su inicio asevera que en 1871 la familia de la segunda esposa, tras leer la relación de la vista de Argel, formuló una nueva denuncia; más adelante, puntualiza que un ejemplar de Le Petit Journal, fechado el 23 de abril de 1873, sirvió para que Coffin reconociera al esposo fugitivo de su cuñada. La pieza periodística no permite armonizar tales extremos, que mantengo aquí por separado. El juicio de Argel se había saldado con una condena por bigamia a resultas del matrimonio con Antoinette Gougualous, formalizado el 20 de abril de 1871. El auto de comparecencia de Ruan atiende al enlace de El Havre y a las falsas manifestaciones que lo hicieron factible. Los testigos y una serie de documentos rubricados por Dufour determinan su identidad, según la crónica, pese a que insiste en alegar su inocencia.
Ante la concurrencia, el presidente enumera a las tres mujeres desposadas de manera sucesiva; una de ellas, Gougualous, se halla ausente del tribunal por haber testificado ya en la causa de Argel. Gautheron y Hébert, por su parte, se hallan presentes. La primera replica con un dejo de amarga ironía a la pregunta de si es la consorte de Dufour: preferiría con creces que fuese otra. La gaceta repara en los detalles de sus atuendos y en las facciones de sus rostros. Tal apreciación concierne a la pluma del cronista y no a los legajos judiciales. Lo capital para el tribunal reviste mayor simpleza: cada una identifica sin vacilación al procesado y sitúa la fecha y circunstancia de su propio matrimonio.
Hébert narra la espantada; el presidente la interroga sobre el modo en que Dufour obtuvo los legajos, recordándole después que había utilizado las partidas pertenecientes a su hermano. Dufour guarda silencio. Instado por la presidencia a explicar por qué se casaba con aquellas mujeres para abandonarlas de inmediato, responde: «No sabía lo que hacía». La crónica consigna la hilaridad de la sala. Asimismo, refiere diversas señas particulares aducidas por Hébert para la identificación: un tatuaje con el busto de una dama, una antigua cicatriz contraída en su etapa castrense y las orejas perforadas. Se convoca a más testigos a fin de afianzar la identidad, si bien el articulista juzga su declaración baladí una vez mediada la confesión.
Otra mujer acude a ilustrar un designio nupcial frustrado. Louise-Adélaïde Lullier, viuda Nuet, regentaba un establecimiento de peluquería en el que Dufour había prestado servicios. Fallecido su cónyuge, él le propuso contraer matrimonio; ella habría accedido «una vez cumplidos los nueve meses de luto». Le requirió caudales con el pretexto de una pomada que presentaba como invención propia: le facilitó trescientos francos destinados a adquirir redomas, prestándole después otros quinientos francos más cinco francos para un aprendiz. Al esfumarse, dejó atrás su fotografía. Un cofre que supuestamente guardaba un juego de tocador no albergaba, según ella, sino botones viejos y algo de hilo. No figura entre las desposadas: la crónica explicita que únicamente pretendió casarse con ella.
En Ruan, el ministerio fiscal demanda un riguroso castigo conforme a la ley. El letrado Samuel Frère asume la defensa, si bien la crónica omite el tenor de sus alegatos. Tras el resumen del presidente, el jurado halla culpable a Dufour. El tribunal lo condena a ocho años de trabajos forzados, a los que impone diez años suplementarios de vigilancia de la alta policía una vez extinguida la condena corporal. Pesaba ya sobre sus espaldas una condena a ocho años de reclusión impuesta en Argel por su matrimonio con Gougualous; esta segunda causa juzga el vínculo celebrado en El Havre al amparo del nombre de Denis.
La crónica procesal yuxtapone el casamiento con Gougualous, sentenciado en Argel, y el cargo sustanciado en Ruan a propósito de la unión de El Havre. No detalla las deliberaciones de Argel: se limita a recordar el fallo condenatorio y a consignar que Gougualous ya había depuesto. En Ruan, Gautheron y Hébert se relevan ante los miembros del jurado; Lullier relata por su parte una demanda conyugal que no llegó a consumarse. El acta levantada en El Havre, el hermano localizado y los reconocimientos presenciales constituyen los pilares que la crónica destaca para probar la suplantación y la bigamia. El relato nada esclarece respecto a la suerte que corrieron andando el tiempo aquellas mujeres ni la pomada llamada a enriquecerlas. Se clausura con la imposición del castigo, dejando tras de sí un reguero de nombres usurpados y fugas sin remite.
