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Justicia y escándalos · Inglaterra

La prenda en el pozo

En la mañana del 22 de junio de 1817, Ann White fue hallada muerta en un pozo de Newchurch. Embarazada y anhelante de desposar a John Nuttall, su pretendiente, su cuerpo presentaba marcas que el cirujano atribuyó al estrangulamiento antes que al ahogamiento. Una amenaza referida y el testimonio de otro recluso condujeron al veredicto de culpabilidad; el juez aseveró que la identificación del reo descansaba por entero en este último relato.

A las tres de la madrugada, Alice White advirtió que su hermana no se hallaba en el lecho. Descendió, registró la casa y llamó a su madre. Afuera, junto al brocal del pozo, vieron asomar del agua una bata y parte de una enagua azul. Concluyeron de inmediato que pertenecían a Ann. Su cuerpo no fue devuelto a la casa hasta las siete; yacía sin vida.

Alice se había acostado entre las nueve y las diez; Martha y otra de las hermanas permanecían aún en pie. Ann, entretanto, se vestía para disponerse a recibir a su amante. La noche avanzó sin que Alice supiera si Nuttall se había presentado ni lo acontecido a la intemperie. La crónica no precisa cuándo fue extraído el cadáver ni quién lo trasladó; únicamente hace constar que llegó al hogar hacia las siete.

Ann White contaba algo más de veintitrés años y se hallaba encinta. Desde hacía unos seis meses, John Nuttall, de veinte años, acudía a visitar a la familia en Sunnyfield. Moraba en Harvesthills, a cinco minutos a pie, bajo el techo de su padre y junto a sus hermanos. Alice lo veía presentarse con regularidad en busca de su hermana, de ordinario los sábados entre las once de la noche y la medianoche, y a veces más tarde. Ann anhelaba el matrimonio; Alice declaró que caía en el abatimiento cuando el enlace parecía demorarse de nuevo. La relación de Borrow sitúa el fallecimiento el 22 de junio de 1817, sin precisar el día de la semana en el testimonio de los deponentes.

El pozo era lo bastante somero como para que parte de las ropas permaneciera a la vista. John Hayworth describió una balsa de unos cuatro pies de longitud, dividida por una losa vertical. El agua apenas alcanzaba seis pulgadas y un cuarto por un lado, y pie y medio junto a la cabeza de Ann. Reposaba sobre el vientre. Sus ropas estaban derechas, en absoluto descompuestas; no se apreciaba sangre. En torno a ella, las huellas de sus zuecos indicaban, según Hayworth, que había forcejeado. En el cuello advirtió, por delante, las marcas de un pulgar y un dedo, y por detrás, la impronta de una mano entera. Estimó inverosímil que un adulto hubiese perecido ahogado de manera accidental en semejante poza.

El cirujano Joseph Lees detalló otras lesiones: contusiones en la frente, la nariz, el mentón, las rodillas y un codo; manchas sumamente oscuras por encima de los codos, como si los brazos hubiesen sido oprimidos por una ligadura o una materia flexible; huellas dactilares bajo los codos; una herida interescapular. En el cuello, las incisiones de las uñas habían penetrado con profundidad. Durante el examen halló extravasación sanguínea en torno al encéfalo y ningún fluido en pulmones ni estómago. Atribuyó el óbito a la constricción de la tráquea y de los vasos cervicales, no a la inmersión. Preguntado sobre su pericia, admitió ejercer de forma autónoma desde hacía solo un lustro. Cotejó los signos de asfixia y estrangulamiento al tiempo que los distinguía del ahogamiento: sostuvo no haber observado jamás este último sin agua en los pulmones, trayendo a colación incluso un percance en un arroyo de cuatro pulgadas donde sí la había hallado. Su dictamen forense no nombraba al agresor, mas rebatía la tesis de una caída fortuita.

Unas palabras pretéritas confirieron a la vista una posible causa. A comienzos de abril, mientras excavaban una zanja, el vecino James Ashbrook inquirió a Nuttall si acudiría a la feria. Nuttall adujo que debía ahorrar caudales. Ashbrook lo interrogó respecto a las jóvenes de Sunnyfield. Nuttall le solicitó entonces una suma en préstamo. El vecino consintió, aunque requirió conocer el destino de dicho dinero. Nuttall habría hablado de «dar a luz a un niño», y tras asestar un puñetazo en tierra, exclamó que mataría a Ann en un rapto de furia. La frase transmitida no acreditaba lo acaecido en el pozo; otorgaba, empero, al ministerio público la constancia de una advertencia previa, proferida hallándose ya Ann en cinta.

En las sesiones de los tribunales de Lancaster, el 4 de septiembre de 1817, la parte acusadora expuso dicha amenaza junto a las conclusiones del facultativo. El juez, con todo, deslindó las evidencias de violencia de la prueba que acreditaba la identidad de su autor. Dicha imputación descansaba principalmente en el testimonio de John Knowles, otro encausado que aguardaba ser juzgado por una acusación criminal. Knowles refirió que Nuttall le había confiado una riña con Ann en el corral del pajar, tras regresar de la morada de un camarada. Ella le habría requerido si la desposaría; él habría argüido haber abonado los derechos para la publicación de las proclamas matrimoniales. Se habría suscitado un altercado, sucedido de golpes, estrangulamiento y el posterior acarreo del cuerpo hasta el pozo. Tales revelaciones se habrían producido en prisión: Knowles había ingresado dos días después que Nuttall. La relación las transmite a través de la deposición de este compañero de encierro.

Knowles relató en verdad dos versiones sucesivas. En la primera, Nuttall incriminaba al padre de Ann: aseveraba haberlo visto llevar a su hija bajo el brazo y arandarla al pozo. Él mismo habría regresado luego a acostarse, enterándose del desenlace al día siguiente. No obstante, a la mañana inmediata de sus pláticas, Nuttall habría rogado a Knowles que se llegase al patio y le transmitió su desasosiego. Fue entonces cuando, a decir de este coacusado, relató haberse personado ante la ventana, la disputa suscitada en torno a la paternidad de la criatura y el casamiento, y la subsiguiente violencia. Ningún otro compareciente presenció la agresión. El juez subrayó, por ende, que la fijación de la autoría dependía enteramente de Knowles. La imputación dirigida en primer término contra el padre de Ann no constituía un testimonio autónomo: pertenecía igualmente a las confidencias que Knowles atribuía al procesado.

El jurado halló a Nuttall culpable. La crónica no abunda en pormenores sobre la sentencia; refiere que fue ajusticiado el sábado posterior a su condena y que confesó su falta antes de ser colgado del patíbulo. El registro de la causa deja de este modo yuxtapuestas dos especies probatorias de índole dispar: las marcas corporales que constataban una violencia y rebatían la muerte accidental según Lees, y el relato de Knowles, que engarzaba tales sevicias a la mano de Nuttall. Fue esta última testificación, con sus sucesivas confesiones, la que el magistrado presentó como la pieza dirimente en la identificación del reo.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Lectura íntegra por agente IA del extracto OCR local desde el epígrafe «John Nuttall, for the murder of Ann White» hasta el último párrafo referente a la ejecución y a la confesión atribuida a Nuttall (líneas 13898–14031 inclusive), antes del siguiente título, «The Ashcrofts». Borrow data el deceso el 22 de junio de 1817 y la celebración de las sesiones judiciales el 4 de septiembre de 1817; no se ha efectuado ninguna verificación independiente de tales fechas. El capítulo consigna el veredicto, la ejecución el sábado subsiguiente y una confesión con anterioridad al ahorcamiento. No se consultaron el volumen completo, facsímiles ni piezas procesales originales.

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