El carruaje dispuesto para llevarse a Anne Bracegirdle parte sin ella. En Drury Lane, Page se interpone y el capitán Richard Hill desenvaina su espada; Lord Mohun permanece a su lado. Pocas horas después, el actor William Mountfort, a quien Hill considera su rival ante los afectos de Bracegirdle, caerá herido de muerte. Mountfort está casado con otra mujer.
Nos hallamos en el 9 de diciembre de 1692. Hill acusa a Mountfort de entorpecer sus pretensiones con Bracegirdle. Desde hace varios días, no cesa de repetir que se vengará. Un testigo, George Powell, afirma haberle oído declarar que ansiaba la sangre de Mountfort; John Hudson refiere palabras semejantes. Elizabeth Sandys evoca una cena en la que Hill amenaza con apuñalar al comediante si este opone resistencia a sus designios. Según ella, Mohun promete entonces «respaldar a su amigo». Estas frases no bastan por sí solas para probar un concierto criminal, mas imprimen a la velada un rumbo inquietante.
El lance se había iniciado cerca de Lord Craven’s house, cuando Bracegirdle regresaba con su madre y con Page. Dos soldados la arrancan del brazo de este último; otros se abalanzan sobre el grupo. La madre se aferra al cuello de la joven y cierra el paso hacia el coche. Page corre en busca de socorro. Hill desenvaina, golpea a Page y a la madre, y luego conduce a Bracegirdle hasta su morada, con una mano puesta sobre ella y la otra esgrimiendo el acero. Llegado ante la casa, amenaza de nuevo a Page. La muchacha ha escapado al rapto, mas no al arbitrio de quienes pretenden decidir su destino y con quién habrá de vivir.
Frustrado el secuestro, Hill y Mohun montan guardia frente al alojamiento de Bracegirdle, en la calle Howard. Han despedido a los soldados, pero ambos caballeros permanecen allí. La casa está en vilo. Mary Page cruza la calle para advertir a la señora Mountfort de que convendría mandar llamar a su esposo o procurarle una escolta. Bracegirdle y los suyos saben que Hill va armado; ignoran si Mountfort ha recibido la advertencia.
Pese a todo, el actor emboca la calle. Las versiones de los testigos divergen desde el primer instante. Según la señora Brown, Mohun abraza a Mountfort, le asegura el gran aprecio en que lo tiene y su deseo de evitar toda pendencia. Le explica que media una disputa entre Hill y Bracegirdle. Mountfort responde que ignora el asunto y reprocha a Mohun que se mantenga al lado de semejante individuo. La señora Brewer oye a Hill exigirle que desenvaine; Mountfort obedece. No sabría decir si la herida sobreviene antes o después de este ademán. La señora Page, que había marchado a prevenir a la familia, oye de pronto gritos de «¡asesinato!». Mountfort entra en su casa apoyándose en ella, dice que Hill lo ha matado y se desploma.
Otros testigos describen una escena breve, tenuemente iluminada en mitad de la calzada. Mary Page afirma que solo Hill empuñaba el acero desnudo cuando vio a ambos pasearse frente a la casa. Más tarde, advierte que Mohun también va armado. La sirvienta de Bracegirdle, Elizabeth Walker, declara haber visto a Hill y a Mountfort cruzar dos o tres estocadas; Mountfort grita que está herido y arroja su espada, que tiene la hoja rota. Hill huye. Mohun permanece en el lugar y se entrega al alguacil. Un vecino, Edward Warrington, ve batirse a los adversarios, pero las mujeres que los rodean le ocultan el comienzo del lance.
Mountfort no sobrevive a la herida. La crónica judicial consigna que el acero penetró profundamente cerca del pecho derecho. El actor expira al día siguiente. La acusación sostiene que Mohun secundó a Hill con un propósito deliberado y lo ayudó a abordar a la víctima. De haber concertado ambos el ataque, la presencia de Mohun equivaldría a una participación criminal, aun sin haber asestado golpe alguno. La causa, por tanto, no se limita a dilucidar quién empuñaba el arma; debe determinar si Mohun se hallaba allí como cómplice o si se vio arrastrado a una querella que Hill tornó sangrienta.
Anne Bracegirdle relata la agresión sufrida, el carruaje apostado, los soldados que la apresaron y a Hill escoltándolas a ella y a su madre con la espada desnuda. Asegura que el capitán clamaba venganza contra Mountfort. Diversas voces confirman que los dos hombres montaron guardia luego ante su puerta. La acusación colige de las amenazas de Hill y del frustrado secuestro un móvil evidente para arremeter contra Mountfort, mediando la promesa de Mohun de auxiliar a su amigo. No obstante, Bracegirdle no alcanza a ver quién asesta el golpe fatal.
La defensa de Mohun presenta sus propios testigos. Aseguran que el lord hablaba con elogio de Mountfort días antes, celebraba su talento escénico y deseaba brindar con él. Elizabeth Walker corrobora que Hill estaba armado y afirma haber presenciado la refriega, mas los declarantes no concuerdan sobre la posición de Mohun en el instante decisivo. La criada abandonó el servicio de Bracegirdle tras la primera vista local. Dice que le infundieron temor a ser maltratada y encarcelada a causa de su testimonio. Semejante ausencia atiza las sospechas, pero su explicación llega por fin ante los pares: confiesa haberse ocultado por miedo, y no por haber sido sobornada ni amenazada.
Durante las sesiones, los lores interrumpen las deposiciones para consultar a los magistrados qué constituye en derecho la complicidad de asesinato. Aquel que conoce las amenazas y acompaña al agresor con tal propósito puede ser juzgado culpable, aun cuando no hiera por su propia mano. En cambio, la mera presencia no basta si el encuentro es fortuito y no se acredita auxilio alguno. Los jueces distinguen así entre hallarse junto a un amigo y secundarlo para perpetrar un crimen. Con todo, la doctrina no resuelve el dilema capital: ¿acudió Mohun para respaldar a Hill contra Mountfort, o se limitó a seguirlo en un altercado nacido del rapto malogrado?
El 31 de enero, Mohun es conducido desde la Torre de Londres hasta Westminster Hall, precedido por el verdugo con el hacha. Comparece ante la Cámara de los Lores en calidad de par acusado de haber auxiliado, instigado y asistido a Hill. El acta de acusación describe la herida en el costado derecho y señala a Hill como el ejecutor del golpe. Este marco solemne no disipa la penumbra de los testimonios: la traslada al debate jurídico entre los pares, llamados a examinar no solo la presencia material de Mohun, sino la intención que esta revelaba.
El juicio se prolonga varios días. Los testigos sitúan a los hombres en la calle, refieren las amenazas de Hill y describen la herida; ningún relato permite recomponer cada movimiento. Mohun admite haber permanecido junto a Hill, pero sostiene no haber intervenido en la agresión. La mayoría de los pares hace suya esta distinción. El 4 de febrero, sesenta y nueve lo declaran no culpable; catorce lo hallan culpable. Queda en libertad. Richard Hill sigue siendo señalado por varios testigos como el autor del golpe mortal, pero aquel proceso no juzgaba su causa.
El veredicto deja una cuestión estrecha, mas decisiva, en el corazón del pleito: hallarse presente, tras haber prometido sostener a un amigo, ¿significa haber tomado parte en sus actos? Para la Cámara de los Lores, las pruebas no demostraron con suficiente claridad que Mohun compartiera el designio homicida. Bracegirdle escapó al carruaje; Mountfort pereció en el umbral de su morada. Entre ambos sucesos median palabras sombrías, una espada rota, testigos a quienes se hurtó la vista y un noble absuelto. La crónica se detiene aquí, sin desvelar el ulterior destino judicial de Hill.
