En Neauphle-le-Château, un señor feudal podía hacer comparecer a una madre y a su hija bajo la acusación de robo tras haberlas acosado de querella en querella. Hicieron falta varios años, múltiples resoluciones y una tenaz perseverancia para que el tribunal le ordenara sufragar la manutención de la criatura nacida de la joven y pagarle una indemnización. El capítulo del Nuevo Pitaval que relata este caso es una compilación retrospectiva, plagada de juicios morales y pormenores dramatizados. Refiere, no obstante, una precisa concatenación de diligencias procesales, cuyas fechas y alcances deben distinguirse de las violencias imputadas.
Hacia 1775, Guillaume-Jacques Germain Durel de Vidouville se había establecido en una amplia residencia aislada, a las afueras de Neauphle. La crónica lo describe como un hombre acaudalado, titulado y rodeado de servidumbre, cuyas visitas a la iglesia y limosnas dominicales le habían granjeado fama de benefactor. Pidió a la madre de Marie-Anne Marchebout, de quince años, que le enviara a su hija para coser lencería. La madre accedió, convencida de que el empleo se avenía a la destreza de la muchacha y de que la labor sería bien retribuida.
El texto sostiene que Durel intentó primero ganarse la confianza de Marie para luego forzar su voluntad. Refiere que la muchacha logró zafarse de él en una primera ocasión, pero que un criado la persuadió de volver presentándole lo ocurrido como una chanza y asegurándole la inminente partida del amo. Al día siguiente, Durel, que no se había marchado, la retuvo en la casa. La obra califica esta primera agresión de violación; conviene preservar aquí la naturaleza de este testimonio: la compilación lo relata y añade que nueve testigos confirmaron gran parte de los hechos expuestos por la familia, si bien no reproduce el acta de tales declaraciones ni sentencia penal alguna que imponga una condena por estupro o violación.
La joven regresó en diversas ocasiones a la mansión, según la crónica, antes de que su familia descubriese el trato que mantenía con Durel. Sus padres le prohibieron terminantemente volver a ver al señor. No obstante, ella marchó a su encuentro en Versalles, donde él le había prometido reunirse; su padre la localizó y la condujo de vuelta al hogar. Durante el trayecto, Durel se cruzó con ellos, mas desistió de arrebatarla por la fuerza ante la presencia paterna. Encomendó entonces a un criado que la hiciera regresar. La tentativa fracasó y el sirviente fue detenido por los allegados de Marie; declaró haber acudido por orden expresa de su amo.
El capítulo desgrana otros episodios en los que Durel intenta volver a ver a la muchacha. Da con ella durante un paseo, se la lleva en carruaje con el auxilio de sus hombres y la traslada a Normandía. En cierto momento, le revela que está casado; más tarde ella conoce a la esposa legítima, quien, según el compilador, le advirtió que su marido ya había asediado a otras jóvenes. Posteriormente, Marie se sabe encinta y procura regresar junto a su madre. El texto atribuye a Durel amenazas y violencias cuando ella se niega a permanecer a su lado. Se trata de elementos narrativos del compilador y de las quejas vertidas por la familia, no de comprobaciones fácticas aislables en los autos de una causa judicial.
En enero de 1776, los progenitores de Marie entablaron un procedimiento para obtener su restitución. El capítulo señala que el tribunal de bailía de Pontchartrain dictó, el 11 de enero, un auto que les permitía formalizar su demanda judicial y recuperar provisionalmente a su hija. Un alguacil la reintegró al domicilio familiar. Marie dejó atrás los bienes y el compromiso de pensión que Durel le había otorgado. Poco después de su regreso, reveló su estado de gravidez y sus padres interpusieron formal querella contra el noble.
Fue entonces cuando el litigio tomó un cariz peligroso. Durel acusó a su vez a Marie y a su madre de haberle sustraído diversos efectos. Un jinete de la mariscalía que frecuentaba la casa del señor levantó, según el Pitaval, un atestado conforme a su versión. Al hallarse enfermo el juez ordinario, Durel logró que un abogado de su círculo lo sustituyese. El texto asegura que este interino instruyó la causa en su provecho y libró una orden de arresto contra las Marchebout. No se transcribe el tenor de la providencia ni el nombre del letrado, por lo que el lector no puede constatar de manera independiente el modo en que se adoptó tal decisión.
Guillaume Causse, otro criado, intentó más tarde penetrar en la casa familiar para llevar a Marie ante su señor. Los parientes y varios vecinos se lo impidieron. El mozo reconoció hallarse al servicio de Durel, aunque negó haber recibido el encargo de raptar a la muchacha. La familia Marchebout presentó una nueva denuncia. Se tomó declaración a quince testigos, refiere el compilador, y se expidió una nueva orden judicial contra Durel. Este eludió la prisión al obtener otro despacho que le permitió defenderse en libertad. Las diversas reclamaciones acabaron acumulándose, si bien su enmarañamiento dificulta hoy deslindar la cronología.
La familia, por su parte, se hallaba bajo la amenaza del mandamiento de detención por el supuesto robo. Madre e hija comparecieron voluntariamente ante la justicia y prestaron declaración. Durel, en cambio, no instó la ejecución de la orden que había obtenido. La compilación refiere que una sentencia del 27 de marzo de 1776 las eximió de la acusación de hurto, remitiendo al procedimiento principal su petición de indemnización. A continuación, el procurador general elevó el asunto al Parlamento de París para anular una resolución tachada de vicios de forma; Durel interpuso asimismo recurso de apelación.
El pleito no concluyó, pues, con una condena penal contra el noble por las violencias referidas. El fallo que el compilador sitúa al término de las apelaciones, pronunciado el 19 de febrero de 1777, impuso a Durel la obligación de cuidar del hijo de Marie y criarlo en la religión católica, rindiendo cuentas trimestrales al procurador del rey. Le exigió igualmente consignar 6000 libras en concepto de indemnización ante un notario, a beneficio de la joven. La sentencia condenó además a Durel y a Marie a abonar tres libras cada uno a los presos de la Conciergerie, y conminó a Durel y a su criado Guillaume Causse a abstenerse de incurrir en nuevas violencias semejantes.
El relato alude a otra resolución, de fecha 27 de mayo de 1776, relativa a la querella por robo, que se dice anulada por defecto de forma, al tiempo que señala que Marie y su madre resultaron absueltas y Durel fue condenado a otros daños y perjuicios. Las fechas y cuantías de estas decisiones intermedias no concuerdan con claridad con la secuencia expuesta con anterioridad en el texto. No deben confundirse con la indemnización de 6000 libras fijada en 1777. Esta incertidumbre documental no empaña el extremo más nítido de la resolución: el señor feudal debió contribuir al sustento del vástago e indemnizar a Marie; mas no recibió, en la crónica conservada, pena criminal alguna por los abusos alegados.
En su origen, el portalón de la casa solariega separaba a la joven costurera de su familia y de cualquier amparo inmediato. Con el paso de los años, aquella puerta mudó de sentido: hubieron de franquearla padres, testigos y oficiales de justicia, mientras las sucesivas providencias facilitaban y luego entorpecían el acceso a la ley. La opulencia de Durel convertía la querella en un empeño azaroso y el proceso en una carga gravosa, a juicio del cronista. El desenlace de 1777 quedó circunscrito a obligaciones civiles y a la prohibición de reincidir en las agresiones; no obstante, en las páginas del Pitaval, aquella sentencia impidió al menos que la causa quedara sepultada bajo la imputación de robo esgrimida contra la madre y la hija.
