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Justicia y escándalos · Alemania

Las pruebas del sendero

En junio de 1859, Emilie Lotheisen es hallada muerta a orillas del Rin; un acompañante llamado Nolte niega haberla acompañado durante la excursión cerca de Asmannshausen. En la crónica retrospectiva publicada en 1871, la instrucción judicial sigue los rastros, los objetos, las cartas impugnadas y los títulos al portador desaparecidos hasta la condena y ejecución de Nolte en enero de 1861.

El domingo 26 de junio de 1859, a las cuatro de la madrugada, la señora Blando partió de Asmannshausen para comprar pan en Rüdesheim. De regreso, advirtió que una cerca de viñedo había sido rota junto al Bingerloch. Tras las tablas, un charco de sangre; más abajo, un bastón y una sombrilla manchados. El barquero Franz Forschner vio a su vez un segundo reguero, un pañuelo ensangrentado y una mantilla negra desgarrada. En la orilla, también las piedras exhibían huellas cárdenas. Los objetos y el suelo parecían indicar que un cuerpo había sido arrastrado hasta las aguas; no decían aún quién había sufrido el golpe, ni a manos de quién.

Los hombres que recorrieron luego el paraje descubrieron nuevos indicios: estacas quebradas, pisadas en la tierra, un arma contundente cuyo pomo de plomo se había desprendido y una navaja de varios filos. El nombre «Schmidt» aparecía grabado en una de las hojas. Cerca del muro se recogieron varias llaves; una de ellas parecía abrir un mueble. Los pesquisas tomaron nota de las ropas dispersas, los jirones y las manchas, y siguieron hasta el camino las señales dejadas por la sangre. La corriente del Rin se había llevado el cadáver, y la investigación daba comienzo con objetos desprovistos de dueño. Un jornalero declaró haber oído lamentos hacia las diez de la noche anterior; otros viandantes no habían reparado en nada.

Cuatro días después, el 30 de junio, fue hallada una mujer flotando a la orilla del agua, cerca de Asmannshausen. Pese a las laceraciones del rostro y a las vestiduras rasgadas, varios lugareños la reconocieron como la dama vista cinco días antes en compañía de un hombre en el Niederwald. Una singularidad selló la identificación: el nombre completo de Emilie Lotheisen, acompañado de un año, había sido bordado con perlas de oro en sus medias. La relación de los hechos reseña una contusión en la cabeza, heridas en las manos y múltiples cortes en el cuello, el pecho y el vientre; añade que el examen forense atribuyó la muerte a una lesión abdominal que provocó una hemorragia letal. El cuerpo certificaba la identidad y la violencia; el móvil quedaba por desentrañar.

Emilie, nacida en 1820 en la aldea prusiana de Udorf, había heredado bienes de su padre, pero las deudas mermaron su patrimonio. Residía en Kassel, alternando alojamientos en casas de conocidos, y llevaba consigo títulos de renta. El capítulo estima que poseía dos documentos por un valor conjunto de setecientos táleros: una obligación del Estado prusiano y un título de la caja de crédito de Hesse. Ambos faltaban tras su muerte. Las llaves halladas a orillas del Rin correspondían a varias estancias que ella había ocupado en Kassel. Aquellas coincidencias daban nombre a ciertos objetos y dibujaban un posible robo; aún no identificaban al acompañante.

Una pista surgió de Wiesbaden. El 29 de junio, un hombre llamado Nolte había facturado un baúl con destino a Hamburgo, a nombre de Emilie Lotheisen, en lista de correos. El registro de una posada reveló que Johann Heinrich Nolte, propietario sin ocupación fija según el compilador, se había hospedado en una habitación con una joven a la que presentó como su hermana. Los testigos de la posada hicieron coincidir sus siluetas y vestimentas con la pareja avistada junto al Rin. Nolte, no obstante, había regresado solo, cubierto de polvo y extenuado. A una testigo le aseguró que su compañera estaba con unos conocidos en Fráncfort; a otro, que se hallaba en Mannheim o Heidelberg. Estas respuestas contradictorias despertaron sospechas, pero la instrucción aún debía probar si la pareja había recorrido efectivamente el sendero donde se fijaron los rastros.

Nolte negó haber ido a Asmannshausen o al Niederwald el 25 de junio. Relató que Emilie se había despedido de él en la estación de Wiesbaden, que la había esperado en vano y que luego había viajado a Fráncfort y Homburg. Afirmó haber pasado la noche con una mujer y haber regresado al día siguiente. Tres cartas dirigidas a sus antiguos anfitriones y al secretario privado Zinn en Kassel, suscritas con el nombre de Emilie y fechadas el 27 de junio, fueron despachadas en Fráncfort al día siguiente. En ellas se anunciaba un viaje a Hamburgo en compañía de una dama acaudalada y se daban instrucciones sobre los enseres dejados en Kassel. Nolte alegaba haber recibido una cuarta misiva de Emilie, extraviada desde entonces, y conservaba el sobre matasellado en Fráncfort el 28 de junio; sostenía que dicha carta le ordenaba expedir el baúl a Hamburgo. El capítulo refiere que los peritos atribuyeron a la mano de Nolte las tres cartas y la caligrafía de la dirección del sobre; el papel y el formato de las epístolas de Kassel coincidían con los de otra carta remitida por él. Los cocheros de ómnibus desmintieron asimismo la parada en Homburg y la propina de la que él decía acordarse. La correspondencia con la que pretendía exculparse se trocaba, para la acusación, en una maniobra para dilatar el descubrimiento del crimen.

Otras declaraciones lo situaron de nuevo junto a Emilie. La pareja había partido de Wiesbaden el 25 de junio, tomado el ferrocarril hacia Rüdesheim y luego una barca hacia Asmannshausen. Un guía los condujo al Niederwald; varios testigos los recordaban en las hospederías. Al anochecer comieron y bebieron en casa de la señora Fischer, antes de reanudar a pie el camino hacia Rüdesheim sobre las nueve de la noche. Los declarantes describieron a Nolte por su facha, su acento westfaliano y sus ropajes; varios lo reconocieron con diverso grado de certidumbre. Un herrero, Kaspar Trenz, declaró haberse cruzado con él en la noche subsiguiente, desprovisto de bastón, con las perneras del pantalón mojadas y cubiertas de polvo hasta la pantorrilla. Aquel detalle cuadraba con las marcas junto al río, si bien se trataba del testimonio de un hombre que no había advertido la coincidencia hasta conocer la noticia del homicidio.

El bastón y la navaja constituyeron otro pilar de la causa. Nolte sostuvo que el bastón hallado en las viñas no era el suyo y que jamás había poseído semejante navaja. Sin embargo, varios testigos recordaron el bastón que él portaba antes de los hechos: una pieza rematada en su extremo inferior por una contera de latón. El pomo de plomo recogido en el lugar del suceso se había desprendido de él, y varios comparecientes reconocieron el bastón roto. El artesano Schmidt reconoció con fundada certeza en la navaja manchada de sangre un ejemplar vendido a Nolte, quien admitió haber adquirido una similar, si bien afirmó que la suya había quedado en Kassel. Nunca apareció. La llave hallada junto al escenario abría, según las diligencias de cotejo, una cómoda empleada por la pareja en Wiesbaden; Nolte había mandado forjar una nueva copia el mismo día de su regreso y ofreció versiones divergentes sobre el extravío de la original.

Los títulos desaparecidos engarzaron los indicios materiales con el móvil económico. La crónica afirma que Nolte envió a sus acreedores la obligación de doscientos táleros y vendió, bajo la rúbrica «H. Nolte», el título prusiano de quinientos táleros a un banquero de Fráncfort. Negó habérselo arrebatado a Emilie y sostuvo haber adquirido de ella el otro título en Wiesbaden; mas, a juicio del compilador, fue incapaz de justificar de forma verosímil tal adquisición. El dinero le sirvió luego para saldar ciertas deudas y emprender viajes. Antes del crimen, los acreedores le apremiaban y sus proyectos de enlace con damas de fortuna habían fracasado o amenazaban con salir a la luz. Este móvil corresponde a la reconstrucción fiscal: la penuria de Nolte y la tenencia de los documentos no bastaban, por sí solas, para recrear con exactitud el golpe fatal.

En los interrogatorios, Nolte se mantuvo en una terca negativa. Explicó que las manchas de sangre de sus ropas procedían de las sanguijuelas que se había aplicado el 27 de junio para aliviar sus varices; arguyó haber colocado un paño empapado sobre su pantalón para preservar el mobiliario. El compilador confirma que en efecto se le aplicaron sanguijuelas en dicha fecha, pero rebate la justificación de las manchas y vincula las prendas con la observación del herrero Trenz y con los intentos de lavado constatados por la policía. Según el texto, durante su prisión provisional, Nolte solicitó a un compañero de celda que enviase, tras ser excarcelado, dos cartas fechadas en Hamburgo a los alcaldes de Asmannshausen y Rüdesheim. En ellas debía confesarse el crimen aduciendo que el autor navegaba ya en alta mar, lejos del alcance de la justicia. Prometió pagar al presidiario; asimismo intentó, por mediación de reclusas, presentar a un falso testigo que corroborase su coartada en Homburg. El cronista agrupa estos episodios como ardides destinados a despistar la acción de la justicia; procede, no obstante, deslindarlos del veredicto dictado por el jurado.

El jurado de Hanau declaró a Nolte culpable de haber dado muerte a Emilie Lotheisen para apoderarse de sus caudales, desoyendo sus protestas de inocencia. El tribunal lo condenó a la pena capital por decapitación, y la instancia superior confirmó el fallo. Su letrado solicitó el indulto, alegando en particular que semejante castigo no se habría impuesto en el ducado de Nassau, territorio donde se perpetró el crimen. El soberano desestimó la clemencia. En vísperas del suplicio, el pastor lo exhortó por última vez a confesar; Nolte replicó evocando el perdón concedido al buen ladrón en la cruz, sin admitir jamás los hechos. El 11 de enero de 1861 fue conducido al cadalso cerca de Hanau y decapitado. La crónica concluye con el juicio moral y piadoso de su autor. El procedimiento forense, por su parte, clausuró la causa sin haber arrancado la confesión del reo.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

El capítulo «Der Proceß Nolte, ein Mord an den Ufern des Rhein. 1859» se halla en las pp. 368–421 del XXX. Theil, Dritte Folge, Sechster Theil, segunda edición de Der neue Pitaval (Leipzig: F. A. Brockhaus, 1871). La portada señala que la obra fue fundada por J. E. Hitzig y W. Häring [Alexis], y continuada por el Dr. A. Vollert; no atribuye este capítulo a un autor individual. El extracto íntegro transcrito por OCR ha sido leído y cotejado con las páginas del facsímil consignadas en los metadatos; no constituye un sumario judicial original. Las valoraciones psicológicas y religiosas corresponden a la voz narrativa de la compilación.

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